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El aprendiz visto por una teleco
El aprendiz visto por una teleco uando me entrevisté con Luis Bassat para ser su consejera en el programa “El Aprendiz”, me vino a la cabeza, además de la alegría por la oportunidad de vivir la experiencia que se me presentaba, la pregunta: ¿delante de la cámara yo?, pero si lo que puedo saber de la TV está relacionado con canales de video, de audio, transmisión de señal, modulaciones, filtros… En los días siguientes, por mi memoria de ingeniero iban pasando los recuerdos profesionales de los años 80 y 90 del pasado siglo, y de mi participación en el lanzamiento y desarrollo de la telefonía móvil en España. Y recordé que, mientras estaba en la escuela, sorprendentemente apenas había estudiado la telefonía móvil. En aquella época tan solo empezaba a hablarse de comunicación en celdas y, en cambio, sí había estudiado con cierta profundidad la TV digital. Curioso, la TV digital comienza a instalarse en nuestros hogares 20 años después, cuando la telefonía móvil tiene ya una penetración del 96% . En cualquier caso, yo había vivido la telefonía móvil y la TV detrás de la mesa de estudio, la mesa de despacho, las salas de reuniones con directivos, ingenieros y abogados, y esto era diferente, porque suponía vivir la televisión delante de la cámara, con maquilladores, estilistas, técnicos de imagen, técnicos de sonido, técnicos de producción, dirección del programa, realización… Todo un equipo de profesionales que son los que realmente hacen real que veamos una imagen. Era la comunicación por televisión, pero no desde los diseños de los circuitos, ni desde el tratamiento de la señal, sino desde el lugar que finalmente vemos en la imagen. Y ahora confluían, en la experiencia que iba a vivir, esas preguntas que solemos hacernos los ingenieros: el cómo y el por qué de las cosas. Una oportunidad de vivir en primera persona la teoría y la práctica del gran medio de comunicación de masas, que es la TV. Y yo iba a ser atrapada por las tripas de la cámara, en lo que se me imaginaba una especie de trampa mortal, de “dama negra” venenosa, como una red, no de circuitos, sino de tela de araña. En los días siguientes, me fui dando cuenta de que mi formación de ingeniero de telecomunicación, me daba un bagaje inicial. Regina Knaster Ingeniera de Telecomunicación El aprendiz visto por una teleco Muchos habéis tenido la oportunidad de ver en “La Sexta” el programa “El aprendiz”, un atractivo talent show, emitido ya con éxito en la NBC estadounidense y en la BBC británica. En esta ocasión en el programa, bajo la batuta de Luis Bassat, 16 jóvenes compiten por triunfar en el mundo de la empresa y conseguir un trabajo en Grupo Bassat Ogilvy España, premio final de la versión española de este concurso. Pero Bassat ha contado con dos consejeros en este programa, que han acompañado en todo momento a los concursantes. Una de ellas, Regina Knaster es ingeniero de telecomunicación. En este artículo nos narra su experiencia frente a la cámara, integrando un equipo de 200 personas que trabajan al unísono para llegar a los telespectadores. C TECNOLOGÍA Y SOCIEDAD. El aprendiz visto por una teleco La gestión de situaciones complejas y estrategias de negociación El equipo de diseño y el equipo técnico, incluyendo vestuario maquillaje y peluquería, todos maravillosos profesionales, como a lo largo de dos meses de rodaje pude apreciar, tenían el propósito de vestirme, maquillarme y peinarme, como una autentica “dama negra” o, en el mejor de los casos, como una especie de “Cruella de Vil”, que intenta despellejar a los 18 concursantes, como cachorrillos de dálmata, para hacerme un abrigo de piel. Una dura negociación que afrontar, con zapatos de tacones infinitos, camisas, vestidos, ojos negros y librando alguna propuesta arriesgada de cuero apretado y maquillaje y peluquería de mujer fatal. Y algo más, yo también era sonido e imagen. Me sentía “tendido de cable” en la sala de juntas, en la que estaba microfonada y ocultaba el micrófono pasando el cable entre la ropa para que no fuera visible por la cámara. Tenía “la petaca” y sabía “a priori”, que ponerla en “mute” me permitía cierta libertad para hablar sin ser escuchada por 100 personas que no veía, y que sabía en todo momento me escuchaban y veían a mí. Eso sí, instantes tardaba alguien en venir a decirme que no “me cogían” y que había problemas de sonido conmigo. Conocer “mute” era el problema. Se trataba de un concurso por un puesto de trabajo de seis cifras, aunque no exactamente un concurso de ofertas en el sentido en que, como ingenieros, estamos acostumbrados a presentar. Pero un concurso a fin de cuentas: competitividad, preparación, esfuerzo y trabajo. Entrevistas de trabajo con demostración de capacidad y habilidad para llevarlas adelante. Había una enorme sala de reuniones, un escenario impresionante para cualquier Consejo del más alto nivel de una gran compañía. El ambiente me resultaba más familiar (estaba detrás de la mesa) aunque también he de decir que, cuando vi la sala de juntas de Luis Bassat, no recordaba haber estado en una mesa tan grande, ni en un despacho tan impresionante, con aquellos tonos fríos que no daban lugar a la más minima calidez. Más podía parecer una muy elegante sala de quirófano. Y nosotros, Heinrich y yo, dispuestos a ser los ojos y los oídos de Luis a lo largo de las pruebas, para diseccionar nanométricamente la actuación de los aspirantes a aprendiz. Las piezas empezaban a encajar en un puzzle perfectamente orquestado por la excelente direc- “Yo había vivido la telefonía móvil y la TV detrás de la mesa de estudio y esto era diferente, porque suponía vivir la televisión delante de la cámara” TECNOLOGÍA Y SOCIEDAD. El aprendiz visto por una teleco tora del programa, Sonia Barros, por el magnifico realizador, Sergio Lazarov, por el director de producción, Ignacio Pérez-Tabernero y, cómo no, por los productores ejecutivos Guillermo Gómez y Bob Merrilees. Pero además, y especialmente cuando comenzó el rodaje, vi otro mundo técnico del que los ingenieros de telecomunicación no conocemos lo suficiente. Vi otro mundo relacionado con nuestro trabajo, o quizá consecuencia de nuestro trabajo, y que me pareció absolutamente espectacular, ya que hace que llegue un producto final a las televisiones. El programa ha movido a 200 personas, organizadas en torno a “Dirección” y “Producción”, con cuatro grupos de concursantes seguidos en todo momento, y en los mismos tiempos de acción, por cámaras, sonido, equipo de redacción y claro, por Heinrich y por mí. Es a partir de estas 200 personas de dónde parte todo un entramado de trabajo, una logística de actividades que incluye planificación de las pruebas, guionización, localizaciones, permisos, tiempos de desplazamientos de equipos, sincronización de cámaras y sonido, improvisación, organización… Muchas piezas independientes y dispersas entre muy diversos profesionales que dan como resultado una imagen, una voz, un instante de acción. Desde el punto de vista de distribución de tareas y funciones, Dirección gestiona el contenido, se encarga de los dossieres de las pruebas, de los guiones, de las normas, de la edición final del programa. Producción gestiona que todo lo que dirección establece por contenido sea posible de realizarse, preproducción y logística, lo que podríamos denominar el trabajo de campo. El equipo de realización, quizá lo que más despertó mi curiosidad, coordina una sala de juntas con ocho cámaras, una “móvil” con una mesa gigante llena de leds para control de cámaras y sonido; y en el exterior: cámaras, pértigas de sonido con “plumero” para atenuar ruido en la señal de audio, y las pruebas tipo: “hola, hola, me tienes..”, “no te cojo”, “cambio de canal”, “existe una fuerte interferencia con la señal de audio”… El rodaje de cada prueba, se realiza durante tres días, la primera jornada es de presentación de la prueba, formación de equipos, lectura de dossier y planificación. El segundo día de ejecución, y el tercer día de evaluación del trabajo de los equipos en la sala de juntas por Luis Bassat, donde un equipo gana y otro pierde. El equipo que pierde despide a un concursante. Un ritmo vertiginoso, de jornadas de dieciséis a dieciocho horas, con semanas continuas, ya que no se descansa, porque el sábado y domingo son lunes y martes, y donde pierdes la noción del día en que estás porque el rodaje no para. En algunos momentos, sentí que el trabajo y las jornadas continuas sin descanso eran tan intensas como los lanzamientos de compañías que había vivido muchos años atrás. “El programa ha movido a 200 personas, organizadas en torno a “Dirección” y “Producción”, con cuatro grupos de concursantes seguidos en todo momento, y en los mismos tiempos de acción, por cámaras, sonido, equipo de redacción y claro, por Heinrich y por mí”
30 oct 2015