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¿Cómo y dónde pensar y actuar?
¿Cómo y dónde pensar y actuar? Entre la ecología y las telecomunicaciones existe algún desencuentro pero ambas comparten una vocación multinacional, global que aconseja se miren, una a la otra, para aprender en el desafío de saber cómo y dónde pensar y actuar. Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación “Pensar globalmente y actuar localmente” es un antiguo aforismo ecologista con el que se pretendía evitar la toma de decisiones parciales (local) que derivasen en daños para el conjunto del planeta (global). Esta sentencia también fue utilizada para orientar estrategias empresariales en el ámbito multinacional y justificar así el lanzamiento de planes definidos desde la casa matriz, con una supuesta perspectiva global y con vocación de proyectarse hacia cada uno de los mercados locales. Ni siquiera los ecologistas coinciden actualmente en la bondad del eslogan: los hay que sugieren globalizar también la actuación; algunos reconocen la dificultad de elaborar y acordar un pensamiento global y proponen poner énfasis en la reflexión local para posteriormente consolidarla en un plan de acción universal; también están los que consideran que muchas acciones fracasan por la envergadura que implica su visión global; y otros inventan el término “glocalización” para acoger a todos sin convencer a ninguno. Estratégias de Gestión En el ambiente de las empresas también se observan, dependiendo de cada sector de negocios y de cada coyuntura, diferentes estrategias para gestionar su “multinacionalidad”. Las hay que adoptan un modelo plenamente centralizado en el que las decisiones y desarrollos se concentran, de tal manera, que los responsables de las subsidiarias se limitan a ejercer de meros agentes comerciales con un valor añadido muy pequeño. Para este tipo de empresa, con una intensiva integración de sus actividades, los eslabones de su cadena de valor se sitúan en aquellos lugares en los que se minimizan los costes y en sus estrategias se ignoran o se subestiman las diferencias entre sus diferentes mercados nacionales. En el extremo opuesto se sitúa el modelo multidoméstico en el que cada país actúa como una entidad cuasi autónoma y con capacidades para especificar sus productos, desarrollarlos o seleccionarlos, adaptarlos y gestionarlos; de alguna manera la empresa multinacional se configura como una “cartera de subsidiarias”. La relación con la matriz se concentra en los flujos financieros, la explotación de tecnologías de base y en la aplicación común de una serie de políticas de carácter muy general. Este modelo suele ser coyuntural para facilitar la adaptación a unas condiciones locales dominantes, como pueden ser: el marco regulatorio, las especificidades del mercado, las características de la competencia y unos recursos humanos todavía poco familiarizados con la cultura de la empresa matriz. Progresivamente, y al amparo del aprovechamiento de sinergias, se van introduciendo políticas y herramientas de gestión que pretenden reforzar la coordinación y un control más directo de las decisiones. Se constituyen severos tribunales que examinan las propuestas de inversión. Se instituyen procesos centralizados de compra que transitan por el difícil equilibrio de reconocer las diferentes sensibilidades de cada país y aceptar la prioridad de las industrias nacionales. Se armonizan los procedimientos contables y se homogeneizan los datos. Se crean “cuentas corporativas” con el objetivo de estimular la comunicación entre las empresas locales, reforzar la coherencia y asegurar la consolidación de los resultados. El objetivo perseguido es progresar hacia una creciente integración, configurando una estructura transnacional en la que algunas actividades estratégicas pueden estar repartidas pero con una estrecha coordinación para evitar repeticiones. Este proceso integrador exige una puesta en común de las realidades y expectativas de cada una de las subsidiarias y un compromiso de colaboración positiva que permita superar las diferencias derivadas de las especificidades de cada país. Hay empresas que optan por constituir una red de centros, cada uno de ellos ubicado en un lugar diferente y especializado en tareas determinadas, pero que atienden a las necesidades globales. Otra posibilidad consiste en configurar un nivel regional intermedio (supranacional) que consolida la estrategia integradora en un marco más limitado y, por tanto, más cercano a las sensibilidades de cada mercado local. Conclusión No se pretende agotar la descripción de todas las opciones. Además, la compatibilidad entre la realidad, el rigor y el sentido común pueden aconsejar la elección de estructuras mixtas o conceptualmente diferentes que evolucionen de acuerdo con las circunstancias. Pero, sí interesa destacar que el desarrollo y la utilización intensiva de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) son el instrumento que posibilita la adopción, modificación y flexibilización de cualquier modelo organizativo sin que los costes de coordinación e intercambio de información sean ya un factor determinante. Ahora que estamos rodeados de estímulos globalizadores, de tendencias deslocalizadoras y de organizaciones en red articuladas por el teletrabajo, dejan de tener justificación los eslóganes que, como el que se cita al comienzo de este artículo, propugnan estrategias rígidas y unilaterales. La realidad y su dinamismo exigen una gran capacidad para reinventar las organizaciones, entendidas éstas como mecanismos que permiten un uso más inteligente y racional de la información, compatibilizándolas con la adecuada tolerancia a la diversidad de las culturas y mercados. La ecología, definida como la ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos –entre los que están los grupos humanosentre sí y con su entorno, tanto físico como social, se enfrenta asimismo al desafío de dar respuestas a los problemas locales, contribuyendo al desarrollo sostenible del universo, pero sin condicionar su éxito a la hipoteca de grandes acciones. Surge así la visión de una ecología de las empresas multinacionales en la que las TIC son el instrumento determinante para resolver la cuestión de cómo y dónde pensar y actuar.
30 oct 2015