Las operadoras de cables submarinos y su papel en unas telecomunicaciones mundiales liberalizadas Puede que esta revista y los que colaboramos en este informe especial dedicado a los cables submarinos hayamos esperado demasiado para explicar las características de un nicho o subsector de las telecomunicaciones, interesante y atractivo por muy diversos motivos, pero algo atribulado hoy por la fuerte ralentización en la que ha entrado el sector en su conjunto. Hasta hace unos meses las operadoras de cables submarinos intercontinentales formaban un poderoso grupo de compañías emergentes al que se le auguraba un brillante futuro. Estaba, y está, formado por un reducido número de empresas entre las que se pueden citar: Global Crossing, Tycom, 360, Emergia, Level 3 (que se está saliendo en la actualidad de este negocio), Williams (incluido en este grupo con muchas reservas), GTS (ya desaparecida), FLAG Telecom y algunas otras, entre las que se pueden incluir compañías operadoras de cables submarinos locales tales como Islalink, empresa privada emergente que acaba de anunciar la finalización de un cable submarino entre la península y Mallorca. Todas ellas son poseedoras de cables submarinos de fibra óptica, utilizados para suministrar capacidad de transmisión a otras operadoras. La mayoría de ellas han sido constituidas en los últimos 6 u 8 años, a la vista de las oportunidades ofrecidas por un entorno mundial liberalizado, por la explosión de las compañías punto.com, que deslumbró a los mercados hace varios años, y por una expansión, que se esperaba impresionante, de los servicios de banda ancha. Un subsector con futuro Hoy algunas de esas compañías están pasando por malos momentos. Global Crossing, que podría considerarse como la primera empresa de este grupo, por ejemplo, buscó el pasado 29 de enero la protección de la declaración de suspensión de pagos y anunció una reestructuración profunda de sus actividades mundiales con entrada de nuevos accionistas en su capital social. La compañía 360, casi sin llegar a operar y tras una rápida construcción de cables alrededor del mundo, se declaró en bancarrota a mediados del año pasado. GTS dejó de operar hace algunos meses, habiéndose repartido sus activos entre varios otros operadores. Level 3 ha pasado por graves dificultades que la han llevado a detener algunos de su proyectos de expansión mundial y a retirarse silenciosamente de algunos de los mercados en los que había comenzado a actuar. Y Williams también parece tener algunos problemas en su funcionamiento. Las restantes muestran menos dificultades, pero su actividad, empezando por su cotización en bolsa, se ve fuertemente afectada por los problemas de sus competidores. De la lista indicada anteriormente Emergia, que explota el cable SAM-1, construido alrededor de Sur y Centroamérica, marcha razonablemente bien, entre otras cosas porque es propiedad casi al 100 % de Telefónica y tiene un amplio mercado cautivo formado por todas las subsidiarias de Telefónica en esa parte del mundo. Esta empresa no cotiza en bolsa, por lo que se encuentra también al abrigo de la volatilidad actual de esta institución generadora de financiación. Tycom, empresa que ha adquirido relevancia mundial como fabricante e instalador de cables submarinos y como suministrador de servicios de operación y mantenimiento de dichos cables, para lo cual dispone de la mayor flota actual de buques cableros, anunció hace algún tiempo su entrada en el negocio de operadoras habiendo construido ya algunos cables para su explotación. Su presencia en el mercado parece estar garantizada por el hecho de pertenecer a Tyco, un gigante norteamericano con grandes recursos. El fortalecimiento de esta empresa comenzó a finales del pasado año con la compra de todas las acciones en bolsa de Tycom por parte de Tyco y su posterior salida del mercado de valores. En las últimas semanas se ha anunciado además el cambio de nombre de Tycom que pasa a denominarse Tyco Telecommunications y, también, su posible incorporación a una de las grandes divisiones en las que se ha estructurado el poderoso grupo Tyco, en concreto, la División de Electrónica. FLAG Telecom, por último, es una operadora de cables submarinos intercontinentales, notable por muchos motivos. Está acostumbrada en primer lugar a batir récords, tales como poner en marcha el cable submarino más largo de la historia, el denominado FLAG Europe Asia (FEA) entre el Reino Unido y Japón: más de 28.000 kilómetros de cable submarino a través, literalmente, de los siete mares. Instalar en el Atlántico Norte el cable de mayor capacidad jamás instalado: el FA-1 de 5 Terabits/s y dotado de tecnología DWDM. O, ser el primer cable privado que llegó a China. FLAG es además una empresa que no se ha dejado arrastrar por las exuberancias de los mercados de capitales de los últimos años y que ha practicado una política financiera cautelosa. Su situación de endeudamiento es muy razonable y sus ventas se han mantenido relativamente bien en un año difícil como ha sido el 2001, lo cual le ha permitido mantener un EBITDA positivo en los cuatro trimestres de dicho ejercicio. Los resultados de su salida a bolsa a primeros del 2000 fueron excelentes y posee liquidez suficiente para afrontar largos periodos de baja actividad de los mercados de capacidad. La mayoría de los analistas financieros la señalan como uno de los valores más atractivos --dentro de la atonía general de los valores de telecomunicaciones-- de las bolsas de Nueva York y Londres en las que cotiza, a pesar de que, como en el caso de muchas otras empresas, sus acciones se han visto penalizadas y arrastradas por lo ocurrido en el sector de las telecomunicaciones en los últimos meses. Tipología de empresas Las telecomunicaciones hoy son complejas y difíciles de analizar en todos los sentidos. Diversas oleadas de cambios tecnológicos, la fuerte liberalización del sector y la convergencia e integración con los mundos cercanos de la Información-Informática y los Medios de Comunicación, por citar sólo tres de los fenómenos que han actuado sobre ellas, las han dejado prácticamente irreconocibles si se comparan con la situación existente sólo seis u ocho años atrás. En esa época, la actividad de todo el sector coincidía exactamente, en el caso concreto de España, con la actividad de una sola empresa: Telefónica, que ya se había vuelto compleja por haber incorporado a sus actividades la transmisión y conmutación de datos, por estar introduciendo a gran velocidad la tecnología digital en sus redes y por diversificar enormemente la oferta de servicios. Todavía, no obstante, resultaba fácil analizar aspectos diversos relacionados con el funcionamiento de las telecomunicaciones. Era mucho más fácil, por ejemplo, determinar la facturación total del sector, mano de obra empleada, valor añadido, porcentaje de las telecomunicaciones en el PIB nacional y muchos otros aspectos relacionados con la evaluación y medida general de la actividad. También resultaba fácil explicar y describir la red de telecomunicación nacional y su funcionamiento, y hacer consideraciones tendenciales sobre su expansión. Igualmente era relativamente sencillo saber en qué consistía una empresa operadora de telecomunicaciones y de qué partes se componía. En la actualidad todo eso es mucho más complicado, empezando por la distinción entre unos tipos de operadoras y otros. En el mundo existen hoy miles de empresas operadoras y, a pesar de los intentos de diferenciarse de muchas de ellas, la tarea se manifiesta complicada. Da la impresión de que al final todas las compañías tienden a ser operadoras globales, incluyendo su presencia internacional, a pesar de haber empezado especializándose en ciertas áreas parciales de los negocios de telecomunicación. Tal es lo que ocurre con los llamados carriers’ carriers, u “operadoras de operadoras”, empresas nacidas en principio para suministrar servicios a otras operadoras y que nunca, por definición, tienen como cliente al denominado usuario final de las telecomunicaciones. No están nunca, por decirlo de otra manera, en la última milla, es decir en el bucle local que lleva los servicios de telecomunicación hasta las familias, SOHOS y empresas. Tampoco suelen participar en los servicios de conmutación, aunque esto está cambiando aceleradamente a medida que la conmutación desaparece como actividad centralizada de las redes de telecomunicación. Compañías como GTS o Global Crossing, por ejemplo, empezaron como carriers’ carriers pero muy pronto anunciaron su intención de dirigirse a todo tipo de clientes con las dificultades que eso entraña, como veremos más adelante. Las operadoras de cables submarinos son genuinos carriers’ carriers. Sus clientes son siempre otras operadoras y sus servicios consisten básicamente en el suministro de infraestructuras de transmisión a larga distancia. Puede haber carriers’ carriers que suministren a otras operadoras capacidad a larga distancia mediante cables o redes terrestres, por lo que el cable submarino no tiene por qué ser definitorio de un carriers’ carriers. Digamos que el conjunto es carriers’ carriers y el subconjunto operadora de cable submarino. Una empresa de cables submarinos es un carriers’ carriers, pero hay muchos carriers’ carriers que no prestan servicios intercontinentales y no poseen, por tanto, cables submarinos. Para hacer más complicado el asunto, hay carriers’ carriers que proporcionan circuitos punto a punto a cualquier destino mundial, incluyendo las conexiones intercontinentales, sin ser propietarios de cables submarinos. Simplemente adquieren capacidad en cables submarinos existentes y la revenden tanto a otras operadoras como a sus clientes finales. Cable & Wireless o KPNQwest, serían operadoras de este tipo. Sus redes de capacidad tienen alcance mundial pero no operan ellas mismas ningún cable submarino. Y eso que, dicho sea de paso, Cable & Wireless tuvo desde 1983 hasta 1999 su propia filial de cables submarinos, Global Marine Systems Ltd, empresa vendida en ese último año a la entonces emergente Global Crossing. FLAG Telecom FLAG Telecom podría ser un ejemplo de operadora de cable submarino a utilizar como referencia. Hacía 1992, NYNEX, la antigua “Baby Bell” explotadora de las telecomunicaciones en el estado norteamericano de Nueva York, descubrió que había una fuerte escasez de capacidad de transmisión en el medio Oriente en general y en el Golfo Pérsico en particular, lo que hacía muy difícil conectar esta zona con Europa y Estados Unidos. Decidió resolver ese problema construyendo un cable submarino, pero además, identificó dicha escasez como una oportunidad de negocio y, teniendo en cuenta la ya extendida liberalización mundial, decidió construir el cable sin la colaboración de otras operadoras, como había sido lo habitual hasta entonces. Decidió invertir ella sola en el cable y vender posteriormente capacidad a cualquier operadora que lo necesitara, incluyendo las operadoras de los países por los que el cable discurriría. Más adelante, con la fusión de NYNEX y Bell Atlantic, el proyecto se amplió, diseñándose un cable submarino mucho más largo entre el Reino Unido y Japón. Se aprovechó además para crear una empresa totalmente independiente en la que se dio cabida a accionistas procedentes de los países en los que el cable iba a tocar, no relacionados, por cierto, con las telecomunicaciones. Nació así FLAG, denominación que es un acrónimo de “Fiberoptic Link Around the Globe”, con el único objetivo de construir el cable, operarlo y vender su capacidad a cualquier otra operadora que la necesitara. En Noviembre de 1997 el cable quedó totalmente terminado con un recorrido de más de 28.000 km, 17 estaciones costeras y presencia en 13 países. La empresa se consolidó como operadora de cables submarinos y muy pronto comenzó a desarrollar la vocación de circunvalar el globo terráqueo recogida en su nombre. En el verano del 2000, al primer cable siguió el FLAG Atlantic-1, entre Paris / Londres y Nueva York, el cual resulta ser el cable más moderno y de más capacidad instalado en el mundo, con un doble recorrido en el Atlántico Norte de más de 14.000 Km. Un tercer cable en el Nordeste de Asia, conectando Hong Kong, Taipei, Seúl y Tokio, ha visto la luz en los últimos meses, así como diversas ampliaciones y extensiones del cable FEA. La compañía, por otra parte, ha sido lo suficientemente prudente como para detener el proyecto de construcción del FLAG Pacific1, a la vista de las dificultades actuales del sector en todo el mundo. Al principio, los servicios de FLAG eran limitados, porque los cables sólo tocaban en las estaciones costeras y a ellas sólo llegaban, con algunas excepciones, las compañías operadoras dominantes. El servicio más generalizado era el de venta de capacidad en forma de IRUS (Derechos irrevocables de uso a la vida del cable). Un operador internacional podía adquirir, por ejemplo, 1 STM1 (155 Megabits/segundo) entre Londres y Japón por los 20 a 25 años de vida del cable; un DS3 (45 Megabits/segundo) entre Porthcurno (estación costera en el Reino Unido) y Estepona (estación costera en España), también a la vida del cable; un E1 (2 Megabits/segundo) entre Estepona y la estación costera en Italia situada en Palermo; y en general, cualquier capacidad entre cualquier par de estaciones costeras. Lo normal era vender estas capacidades a las operadoras dominantes que eran las que disponían de redes hasta las estaciones costeras o a otros operadores internacionales con capacidad de intercambiar tráfico con los operadoras dominantes. Al abrigo de la liberalización surgieron otras operadoras con capacidad de conmutación y de transmisión sólo en las grandes ciudades que enviaban su tráfico internacional a través de circuitos internacionales punto a punto alquilados normalmente a las operadoras dominantes. Las operadoras de cables submarinos buscaron entonces la forma de hacerse con redes propias o con capacidad en otras redes, desde las estaciones costeras hasta el centro de las grandes ciudades donde operaban las nuevas compañías de telecomunicaciones. Como dichas compañías comenzaban sus actividades con poco tráfico y sin saber muy bien si iban a tener o no éxito, se inclinaron por demandar circuitos en régimen de alquiler anual. Surgió así lo que con terminología del sector se llama servicios MBS (Managed Bandwithd Service o Servicio de Banda Ancha Gestionada). Algunas operadoras de cables submarinos terminan haciéndose con redes terrestres y con el tiempo, además, dichas redes se transforman en redes IP, con lo que el número de servicios ofrecidos aumenta considerablemente. La misión de las carriers’ carriers. Si uno se retrotrae a los años anteriores a la década de los 70, cuando las operadoras de telecomunicaciones eran sobre todo compañías de teléfonos y el monopolio nacional constituía la forma más generalizada de explotación de estos servicios, resulta muy fácil establecer las grandes áreas de que se componían dichas operadoras. Estaba, por un lado, el bucle local o bucle de abonado que constituía, y constituye todavía, esa última milla a la que ya se ha hecho referencia. Por otro, las redes terrestres extendidas por todo el territorio en que la compañía operaba, con su entramado de puntos de concentración, centrales locales y grandes centros de conmutación y con sus redes troncales (backbone) conectando unas ciudades con otras o unas centrales con otras. Por último existían las conexiones internacionales, incluidas las intercontinentales. Así como en las dos primeras áreas una operadora nacional era propietaria y responsable única de su red, en la tercera, es decir, en las conexiones internacionales de larga distancia, sobre todo las intercontinentales, casi siempre a partir de los primeros cables submarinos telefónicos, se adoptó la fórmula de construir dichos cables a través de un club o consorcio. Si se trataba de construir un nuevo cable a lo largo del Atlántico Norte, por ejemplo, diversas empresas operadoras (o PTTs, por lo que se refiere a Europa), explotadoras de monopolios en distintos países, por ejemplo BT, France Telecom, Telefónica y AT&T, se ponían de acuerdo, financiaban el cable, lo construían, creaban la organización de operación y mantenimiento y se repartían entre ellas la capacidad disponible. La capacidad de transmisión intercontinental adquirida por cada empresa entraba inmediatamente a formar parte del monopolio regional del que las mencionadas empresas disfrutaban. Cuando la liberalización se extendió en el mundo a partir del desmembramiento de AT&T en Estados Unidos en 1984, no resultó extraño pensar que esos cables construidos a través de clubes creados ad hoc pudieran ser objeto de la iniciativa privada. Si los cables diseñados y planificados por un club de empresas vendían toda su capacidad, antes incluso de comenzar a construirse, ¿por qué no iba a vender su capacidad a los operadores incumbentes tradicionales y a otros operadores nuevos surgidos al abrigo de la liberalización mundial, una empresa privada que construyera un cable?. Estas empresas podrían especializarse y conseguir dos objetivos generales, básicos para su éxito, e incuestionables para hacer desistir a las operadoras tradicionales de volver a plantearse la construcción de cables en forma de clubes. Dichos objetivos eran una calidad técnica indiscutible y un precio sin comparación con ningún proyecto alternativo. Para conseguirlo, las nuevas empresas contaban con la tecnología, incluyendo la fibra óptica submarina que resultó un hecho a partir de 1986, y su especialización, que las hacían diferentes a las operadoras globales en muchos sentidos. Estas operadoras, por ejemplo no necesitarían, como necesitan las operadoras orientadas a los clientes finales, costosos estudios de mercado, costosos call centers, complejos sistemas de facturación y poderosas organizaciones de venta, formadas por cientos y miles de personas. En mercados nacionales, por ejemplo el español, estas operadoras tendrían a lo máximo 10, 15 ó 20 clientes y su actividad comercial sería relativamente fácil y poco costosa. Otra cosa sería la red mundial en sí, desde el punto de vista técnico y su operación, aspecto en el que las operadoras de cable no pueden escatimar ni esfuerzos ni recursos. Puesto que sus redes constituyen la base de las redes de otras operadoras, la calidad de servicio y de funcionamiento tiene que alcanzar los estándares más exigentes. Calidad técnica y precio muy bajo serían, por tanto, sus dos grandes ventajas competitivas, pero para ello las operadoras de cables submarinos debían no abandonar su perfil. Muchas no han respetado esta regla y han terminado sucumbiendo. Transformarse en operadoras globales y orientarse a clientes finales partiendo de una estructura de cables submarinos intercontinentales, sin tener, como es lógico, redes locales y acceso a la última milla, puede que haya sido uno de los errores de bulto en los que han caído diversas operadoras de cables submarinos. Tratar de construir esa presencia local en todo el mundo y en cortísimos periodos de tiempo constituye otro error del mismo calibre. Además, claro está, de canibalizar a sus clientes naturales e introducir confusión y desorden en los mercados. Todo eso, dicho sea de paso, ha sido evitado por FLAG Telecom. Concebidas de forma correcta, las operadoras de cables submarinos son empresas básicas para la verdadera liberalización de los mercados de telecomunicaciones. Son, en realidad, las que pueden traer consigo la liberalización, ya que su actividad permite que los costes medios de las telecomunicaciones internacionales puedan descender por debajo de los costes de las redes previamente existentes. Cuando un operador internacional emergente se establece en un determinado país en las primeras etapas después de la liberalización, lo normal es que se oriente a proporcionar conmutación y transmisión internacional alquilando circuitos punto a punto al operador incumbente, que es el único que dispone de ellos. Al principio, el operador emergente puede obtener un beneficio debido a las altas tarifas internacionales existentes, pero a medida que el operador incumbente baja dichas tarifas se va quedando sin márgenes hasta que al final es echado del mercado si no viene un operador de larga distancia a bajar el coste del circuito punto a punto adquirido al operador dominante. Esa misión de bajar los costes medios del monopolio y permitir a otras operadoras desarrollarse y competir con las operadoras dominantes, es común a todos los carriers’ carriers. Para poder llevarla a cabo la competencia entre carriers’ carriers tiene que ser limitada ya que por el hecho de tener estas complejas infraestructuras intercontinentales costes marginales continuamente decrecientes, competir significa muy fácilmente llevar los precios a cero. La competencia entre infraestructuras que prestan unos servicios difíciles de diferenciar, como es el caso de la capacidad a larga distancia, puede llevar al desastre a las operadoras de cables de larga distancia, cuando son muchas de éstas las que se crean y cuando no se cumplen las expectativas de demanda de capacidad bajo las que los cables se construyeron. En los últimos años se ha dado la circunstancia excepcional de haberse generado una oferta desmesurada de financiación en el mundo de las telecomunicaciones, que ha llevado a la construcción de más cables intercontinentales de los que son necesarios a corto plazo. La oferta de capacidad en determinadas regiones, por ejemplo Atlántico Norte, es hoy muy elevada, a la vez que la demanda se ha contraído o no ha respondido a las expectativas. Históricamente las cosas fueron distintas. Los cables submarinos, inicialmente los telegráficos, y muy posteriormente los de telecomunicación, fueron abordados por la iniciativa privada. Algunos de ellos, como el primer cable transatlántico de telegrafía terminado de construir en 1866 (diez años antes de que Alexander Graham Bell inventara el teléfono), tras una epopeya humana de más de trece años, constituyen un hito sin precedentes comparable, según algunos, al proyecto Apolo que puso un hombre en la Luna. El TAT-1, como se denominó a ese cable, y los siguientes hasta llegar al TAT-14, recientemente puesto en marcha, fueron explotados con éxito por sus constructores, que no se enfrentaron nunca a la existencia de competencia, salvo la que supuso a partir de 1920 la combinación de la tecnología de comunicación por radio inventada por Marconi, con la telefónica inventada por Bell. Al igual que no es fácil hoy crear otra NASA tampoco lo era en aquellos años construir un cable alternativo en el Atlántico. La magnitud del proyecto y su, para la época, elevadísima financiación eran ya una insuperable barrera de entrada para otros competidores. Evolución de los cables submarinos Construir hoy un cable submarino intercontinental es relativamente fácil, como obra de infraestructura y como proyecto financiero. Los más de 28.000 km del cable FEA de FLAG Telecom requirieron una inversión de 1.500 millones de dólares y el más reciente y más avanzado FA-1, ha exigido unos 1.300 millones. Son inversiones importantes pero nada anormales para estos tiempos en los que se han creado grandes bolsas de capital por todos los rincones del mundo, hasta hace muy poco dispuestas para ser invertidas generosamente en negocios de telecomunicaciones. Precisamente, esa facilidad para la financiación de proyectos como la construcción de un cable submarino, una red terrestre completa o una red de telefonía móvil, además de la trivialización de la fabricación y el montaje de esas infraestructuras, que son fenómenos únicos de nuestra época, es lo que está haciendo que la competencia en los mercados de telecomunicaciones sea insoportable. En el Atlántico Norte, por ejemplo, existían hace dos o tres años unos 8 ó 10 cables tendidos entre Europa y Norteamérica en activo, además de otros 8 ó 9 ya retirados de uso. Entre estos últimos los primeros TAT, desde el TAT-1 al TAT-7. Desde esa fecha, unos 5 cables nuevos han sido instalados en la zona, o están a punto de instalarse, elevando la capacidad de transmisión potencial disponible a más de 15 Terabits/s. De ellos, 4 son proyectos privados en manos de alguno de los carriers’ carriers mencionados anteriormente y uno construido en forma de club. Todos ellos están compitiendo fuertemente unos con otros, bajando los precios de manera muy acelerada. La sobrecapacidad actual está previsto que desaparezca en unos tres o cuatro años, si la revolución de los servicios de banda ancha termina siendo una realidad e Internet se desarrolla como está previsto. No sería extraño que eso sea así y de hecho las empresas que sobrevivan pueden tener un futuro muy brillante, auque de momento, algunas compañías de cables submarinos lo están pasando mal. Tal situación no se había dado en el mundo de los cables submarinos a través de la historia. De hecho, los cables submarinos anteriores a la época actual, han constituido, la mayoría de ellos, proyectos sólidos y rentables que han cumplido su ciclo de vida (entre 12 y 24 años) sin ningún problema y prestando el servicio para el que fueron construidos. La liberalización mundial de las telecomunicaciones y la euforia financiera bajo la que se ha producido está creando algunos problemas a corto plazo, pero los expertos más concienzudos indican que a medio plazo las aguas volverán a su cauce y las operadoras de cables submarinos tendrán éxito, y jugarán el papel destacado que les corresponde. Aunque es un terreno muy específico del mundo de las telecomunicaciones, la historia de la construcción y explotación de cables submarinos, está hoy muy bien documentada y resulta de mucho interés, en sus dimensiones, tecnológica, económica y empresarial. Hay bibliografía abundante de entre la que cabe citar dos referencias notables: 1) From Elektron to “e” Commerce, 150 Years of Laying Submarine Cables. Publicación compilada y editada por Stewart Ash en 2001 bajo el patrocinio de Global Marine, BT, ALCATEL y Cable & Wireless y 2) El mundo es uno. Del telégrafo a los satélites. Libro debido a la magnífica pluma de Arthur C. Clarke, el afamado autor de 2001. Odisea del espacio. De acuerdo con la primera de estas referencias, los 136 años de vida que van a cumplir pronto los cables submarinos transatlánticos (desde julio de 1866 hasta 2002), más los 14 ó 15 anteriores en los que se construyeron cables entre el Reino Unido y Francia a través Canal de la Mancha y en algunos otros puntos, se pueden dividir en cuatro grandes etapas. Es una historia llena de grandes proezas, en la que además se puede analizar con precisión la interrelación y el juego entre los avances tecnológicos, la iniciativa humana, la capacidad emprendedora de determinados individuos y determinadas naciones, las componentes económicas y financieras, e, incluso, el poder político. Todo empezó con un invento impresionante de la época moderna debido inicialmente a los ingleses y con cierto retraso, también a los americanos: el Telégrafo. William Fothergill Cooke, militar y hombre de negocios inglés y Charles Wheatstone, profesor del King’s College de Londres, pasan por ser los inventores de este sistema de comunicación basado en la electricidad y, sobre todo, por ser los que instalaron la primera línea telegráfica. Hecho ocurrido en el otoño de 1837 en Inglaterra, al instalarse en la vía de ferrocarril entre las ciudades de Euston y Camden, la primera línea telegráfica experimental. Cooke además creó en 1843 su propio servicio de telégrafo destinado al público en general, el cual llegó a ser ya en 1845 un negocio brillante. Wheatstone, como científico de primera magnitud que fue, participó en muchas aventuras tecnológicas de su época, casi todas relacionadas con la electricidad y el electromagnetismo, máximos avances tecnológicos del siglo XIX y primera parte del XX. En 1840 y 1841, cuando todavía colaboraba con Cooke, viajó a Bruselas y París para analizar y negociar la construcción de un cable submarino entre Inglaterra y Francia. Dicho cable terminó siendo una realidad el 28 de agosto de 1850, fecha que marca el comienzo de la actividad de los cables submarinos en Inglaterra y en el mundo. En los diez años que se necesitaron para convertir en realidad el sueño de la comunicación a través del océano, hubo que resolver muchas cuestiones tecnológicas, tanto en cuanto a la transmisión de señales eléctricas a distancia, como en cuanto a la fabricación y tendido de los cables e, incluso, a la del diseño y construcción de los buques cableros necesarios. Así como vencer las múltiples dificultades de financiación, de constitución de empresas diversas y de su gestión, necesario todo para poner en marcha la nueva industria de la comunicación a distancia. Hitos a destacar en los 152 años de vida de los cables submarinos, además de los mencionados son: el tendido del primer cable transatlántico en 1866, tema al que ya se ha hecho breve referencia; el primer cable a través del Pacífico en 1902; el tendido del primer cable transatlántico telefónico en 1956; el primer cable submarino de fibra óptica tendido entre el Reino Unido y Bélgica en agosto de 1986 y los múltiples avances realizados desde entonces en tecnología de transmisión de altísima capacidad, incluyendo la tecnología DWDM. Consideraciones económicas Los carriers’ carriers, especialmente los que proporcionan conexiones intercontinentales, es decir, los operadores de cables submarinos, aportan a las telecomunicaciones elevados ancho de banda y larga distancia. La velocidad de transmisión, por otro lado, es la velocidad de la luz, la máxima posible hoy por hoy. Siendo, por otra parte, las telecomunicaciones globales por definición, y constituyendo hoy la fibra óptica un sistema de transmisión insustituible e inigualable, los cables submarinos son infraestructuras imprescindibles cuya importancia se verá cada día más acrecentada. Si tenemos en cuenta, además, que la tecnología de transmisión está elevando el ancho de banda o capacidad de transmisión a valores increíbles y que ello significa que no tiene sentido repetir dichas infraestructuras, sino compartirlas, las operadoras independientes de cables submarinos parecen la mejor solución para el conjunto del sector. Dichas operadoras constituyen las verdaderas “autopistas de la información”, de las que ahora se habla menos, pero que serán absolutamente imprescindibles para que Internet termine dando de sí todo el potencial que encierra, y la Sociedad de la Información y del Conocimiento dé paso a un nuevo mundo y a una nueva economía. En relación con esta cuestión es importante tener en cuenta que una infraestructura unitaria y completa, como resulta ser un cable submarino intercontinental, tiene características típicas de monopolio natural. Sus costes medios totales y sus costes marginales son continuamente decrecientes, lo que tiene dos significados de muy distinto sentido, dependiendo de que haya demanda o no y de que haya competencia o no. Si hay demanda suficiente o no existe ninguna competencia, el rendimiento del negocio es alto y continuamente creciente hasta que la capacidad se agote. Si no existe demanda, o la competencia es masiva, como ocurre en la actualidad, los precios serán continuamente decrecientes hasta que las empresas no puedan continuar y cierren. Como ejemplo concreto de esa dinámica de precios y costes, se pueden mencionar dos hechos recientes ocurridos en el mercado español. El primero tiene que ver con el descenso impresionante, y decididamente no bueno para nadie, de los precios de los circuitos internacionales. En abril de 1999, por ejemplo, cobraba Telefónica por un circuito de 2 Megabits/s, Madrid-Londres, la cantidad de 60.000 dólares mensuales. En esa fecha, dicho sea de paso, FLAG Telecom cobraba por la misma capacidad entre las estaciones costeras de Estepona y Porthcurno, en el Reino Unido, la cantidad de 60.000 pesetas mensuales. No disponiendo todavía de redes terrestres no podía, sin embargo, ofrecer un circuito punto a punto entre Madrid y Londres. Pero para la cuestión de precios que debatimos, lo importante es que los primeros circuitos internacionales del mismo tipo ofrecidos por primera vez en esa fecha por un nuevo carriers’ carriers establecido en España, salieron al mercado nada menos que a 10.000 dólares mensuales. Lo mismo ocurrió con otros destinos en Europa. Alguien se preguntará por el motivo de esa extraña política de precios y hay que decir que los que vivimos el fenómeno desde dentro nunca la hemos entendido del todo. Algunas pistas pueden indicarse a posteriori. La primera, que el precio de los circuitos internacionales, vendidos en principio a operadores internacionales no lo marcaba el mercado español sino el mercado internacional. En otras palabras, el circuito Madrid-Londres no se vendía en Madrid sino en Londres, y los mercados internacionales disfrutaban ya de mejores precios que el mercado español. La segunda es que en aquella época eran muy frecuentes las políticas agresivas de entrada en nuevos mercados, destinadas a quedarse rápidamente con un porcentaje alto de dicho mercado e impedir así que otros nuevos y posteriores entrantes lo tuvieran fácil. La tercera, por último, rebuscada, insólita y terriblemente peligrosa, como luego se ha visto, consistía en no llevar a los costes del producto las inversiones. O, lo que es lo mismo, sencillamente no amortizar. No se olvide a este respecto que la bolsa crecía exponencialmente y que muchas de las empresas emergentes estaban pensadas para salir rápidamente a bolsa y obtener unas plusvalías excepcionales. ¿ Para qué vamos a amortizar, decían, si esta empresa va a valer diez veces más que ahora en dos o tres años?. Argumento perfecto salvo que la bolsa comenzó a bajar de forma espectacular a primeros del 2000 y no ha dejado de hacerlo hasta ahora. La empresa en cuestión, que tan brillantes prácticas introdujo, como cabría esperar, hace tiempo que desapareció. Ni que decir tiene que Telefónica difícilmente pudo vender un circuito internacional punto a punto a otros operadores a partir de esa fecha. Otra cosa distinta son los clientes finales, grandes bancos y otros usuarios, con los que dicha compañía ha mantenido unas relaciones especiales y una estrategia de precios y servicios destinadas a no perderlos que le han dado muy buenos resultados. Los precios, por terminar la historia, no se quedaron en los 10.000 dólares mencionados. Siguieron bajando y hoy, un E1, es decir, 2 Megabits/s de capacidad punto a punto entre Madrid y Londres, se vende por menos de 1.000 dólares mensuales. El segundo hecho está teniendo lugar en la actualidad. Un operador español decide adquirir un STM4 (4x 1 STM1= 4x 155Megabits/s) entre Madrid y París. Se trata de un circuito importante y que como el mercado está bastante parado, despierta con rapidez la atención de todos. Resultado: más de 17 operadores están dispuestos a ofertar y partirse la boca por este pedido. Entre ellos hay de todas clases y colores, verdaderos operadores propietarios de redes, serios y sólidos, que cuidan la calidad y el servicio, operadores locales a los que les sobra capacidad internacional, propuestas increíbles de swapping, revendedores de capacidad establecidos como tales, oportunistas dispuestos a comprar y vender ad hoc, compradores y vendedores a ciegas, etc. Del precio al que finalmente se cerrará la operación es mejor ni hablar. ¿Pero qué decir del servicio que se prestará al usuario final?. En el mejor de los casos, que no habrá garantías de que sea el adecuado. Las telecomunicaciones, como servicio público de gran importancia que es, se habían ido construyendo a través de los años basadas en la seguridad, altos estándares de calidad y, entre otras medidas, redundancia y múltiples alternativas destinadas a asegurar el servicio en todas las rutas. Todo esto, no es que se haya perdido, pero se ha debilitado enormemente. Las redes de telecomunicación y sobre todo los circuitos internacionales son hoy más precarios que en otras épocas, salvo si los suministradores son verdaderos operadores, siendo el usuario el que sufre las deficiencias. Los mercados de las telecomunicaciones y las tecnologías de la información se encuentran hoy, según ciertos autores americanos, en una situación muy difícil a la que denominan “hipercompetencia”. Es una fase de evolución del sector complicada, y letal para muchas empresas, en la que es casi imposible competir con métodos tradicionales. Algunas de sus características son: la existencia de muchas más empresas de las que el mercado puede soportar, al menos a corto plazo; sobrecapacidad en todos los lugares a los que se mire; bajada continua de los precios de los productos; pocas posibilidades de diferenciación de los productos y servicios; contracción de la demanda de servicios de telecomunicación en general y muy baja demanda de los nuevos servicios en particular; incorrectas actuaciones reguladoras; fallos tecnológicos clamorosos; endeudamiento excesivo de las empresas; niveles increíblemente bajos del valor en bolsa de las compañías del sector y pérdida de interés de los inversionistas y de los bancos por las empresas de telecomunicación. Como consecuencia de todo ello, una generalización de las prácticas competitivas más perversas que transforman el mercado en un campo de batalla y la búsqueda de clientes en una caótica guerra de guerrillas en la que todo vale. Algo así como la vida animal en una charca africana y en sus aledaños cuando llega la sequía. De esa situación se saldrá poco a poco y de acuerdo con lo que la teoría económica dice al respecto. Todo sector maduro, dice tal teoría, tiende al oligopolio. El excesivo número de empresas actual irá disminuyendo por diversos procedimientos. Unas desaparecerán, otras serán adquiridas y otras se fusionarán. Esa es la dinámica que se viene observando en las telecomunicaciones desde hace meses. Las operadoras de cables submarinos, como es lógico, se encuentran sometidas a ella. Bibliografía Ash, Stewart (2001) Complilador y Editor: From Elektron to “e” Commerce. Global Marine, Bt, ALCATEL y Cable and Wireless. Barry-King, Hugh (1979) Girdle Round the Earth. William Heinman Ltd. London. Black, R. M. (1983) The History of Electric Wires and Cables. Peter Peregrinus. Bray, John (1995) The Communication Miracle. Plenum London. Clarke, Arthur C. (1996) El mundo es uno. 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