Artículo BIT
Banda Ancha. Relativo, aproximado y transitorio
Cuando reflexiono sobre la realidad de la “banda ancha” me viene a la memoria la sentencia, que leí hace algún tiempo, no recuerdo cuando ni donde, de que: “Todo es relativo, aproximado y transitorio ”. RELATIVO... Todavía permanecen los documentos normativos, adoptados por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) en la pasada década de los ochenta, que describían las conexiones en la Red Digital de Servicios Integrados (RDSI) de “banda estrecha”. Las diferentes opciones se situaban en el rango entre los 64 kilobit por segundo (kbit/s) y los 2 megabit por segundo (Mbit/s), admitiendo que por encima de esta velocidad empezaba la “banda ancha”. Quizá haya sido por la depreciación que todo lo contamina, o, mejor, porque cuando se adoptaron aún no existían soluciones generalizadas más allá de los 64 kbit/s que permitiesen disponer de referencias sobre la percepción del usuario en el proceso de transferencia de la información, lo cierto es que ahora las estrategias comerciales ponen el sello de “banda ancha” a cualquier conexión que supere ésta velocidad. Prescindamos de nuestro dogmatismo ingenieril y admitamos sin reservas que el mercado siempre tiene razón. Resultaría indiferente que intentáramos justificar que lo que hoy nos venden es, en teoría, “banda estrecha”. El usuario ha comprobado que fuera de la red telefónica conmutada (RTC) se logra una mayor rapidez en el acceso y en la transferencia de la información y acepta que lo que comercialmente se ofrece es “banda ancha”. Se confirma una vez más la tesis de que “lo importante no es tanto lo que es como lo que parece” y que al usuario lo que le motiva no es la tecnología que soporta el servicio que se le presta, sino el estímulo de unas soluciones que aparentemente resuelven sus necesidades o satisfacen sus expectativas. Insatisfechos con la lentitud de los 56 / 64 kbit/s del acceso de la RTC / RDSI, el usuario aprecia cualquier solución que mejore significativamente la rapidez para conectarse y para disponer de la información. En definitiva, es una percepción relativa basada en la experiencia anterior: compara lo nuevo con lo que antes tenía y acepta que lo que ahora le ofrecen es “banda ancha” independientemente de que sea por el par de cobre telefónico o el eléctrico, el cable coaxial de la TV o la conexión radioeléctrica (satélite, LMDS, UMTS o Wi-Fi). APROXIMADO... Con el tiempo, se olvidan las frustraciones de la RTC, se desvanecen los primeros entusiasmos de la “banda ancha” y, desde la nueva referencia, se experimentan algunas insatisfacciones que hacen que nos cuestionemos la velocidad que realmente se obtiene en las conexiones. Aprovechamos la oferta, todavía gratuita, que nos brindan algunos servidores especializados para utilizar sus herramientas de medida y comprobar la velocidad efectiva. Sucede que el resultado varía según la herramienta utilizada y que el dato obtenido depende del momento en que se realice la prueba. Cuando intentas comprender lo que realmente acontece, encuentras justificaciones que utilizan conceptos lógicos y gobernables en el diseño de una red de comunicaciones, como datos de control, protocolos, capas, niveles, probabilidad de concurrencia de diferentes usuarios; pero lo más relevante es la referencia al “clima” de Internet. El “buen o mal tiempo de la Red, los retardos, las turbulencias y las tormentas”, se convierten en los factores determinantes de la velocidad efectiva de las conexiones. Es cierto que en el esquema con el que nació y se desarrolló Inter- lu Tendencias BANDA ANCHA Relativo, aproximado y transitorio Javier Domínguez [email protected] BIT 144 ABR.-MAY. 56 2004 net, configurada como una red de redes donde no existen unas pautas que aseguren la calidad extremo a extremo, la velocidad realmente obtenida entre un origen y un destino depende del trayecto, variable a lo largo de la conexión, y de los equipos de los extremos. Para protegerse de las variaciones climatológicas de la Red, se implantan “túneles” para reducir los retardos; se perfeccionan las etiquetas de los “paquetes” para predeterminar y agilizar el enrutamiento; se instalan memorias “caché” para mejorar la percepción de la velocidad; se utilizan “pasarelas” para compatibilizar protocolos; y se propugna una nueva versión del protocolo IP para reforzar la seguridad y con capacidad para atender la previsible demanda de millones de direcciones. Con todo ello se está configurando un gran puzzle global, de innumerables piezas tan diversas e irregulares que cada vez resulta más complejo asegurar la calidad de las interconexiones, convirtiendo en una tarea imposible la predicción de su comportamiento. En estas condiciones sería frívolo solicitar del regulador unos criterios desde los que medir objetivamente la calidad de las conexiones de Internet, pero si que parece razonable pretender la definición de una referencia que permita evaluar el rendimiento de los accesos de “banda ancha” entre puntos controlados por el proveedor de dicho acceso. Un esfuerzo urgente y efectivo en aras de reducir y de controlar la aproximación de la velocidad obtenida respecto de la contratada, será reconocido como una muestra de rigor y seriedad en el desarrollo de la sociedad de la información. TRANSITORIO... A pesar de que estemos invadidos de mensajes que nos hacen suponer que lo que se ofrece detrás de la marca “banda ancha” ya es algo consolidado, lo cierto es que nos encontramos en una etapa muy incipiente donde existen muchas cuestiones sin resolver y siquiera sin plantear. Es una situación lógica ya que la oferta de conexiones de “banda ancha” surge a la sombra del despegue de Internet y ésta se encuentra todavía dando sus primeros pasos como muy bien describía José B. Terceiro en su artículo “La adolescencia de Internet” (El País; 13 de marzo de 2003). Es cierto que la Internet que ahora conocemos está siendo el elemento desencadenante de una nueva manera de entender y de globalizar la comunicación y el acceso a la información. Pero su complejidad incrementa el escepticismo sobre su idoneidad como soporte fundamental para el desarrollo de la sociedad de la información y refuerza las tesis de que será preciso desplegar una nueva Internet, desprovista del lastre del proceso de aprendizaje y de su utilización como banco de pruebas de multitud de desarrollos y de mejoras que permanecen y limitan la aplicación generalizada de soluciones más avanzadas. La nueva Internet deberá ser un instrumento de conectividad mucho más simple, amparada técnicamente por unas pautas que aseguren unas determinadas condiciones de calidad entre cualquier extremo y que faciliten la introducción global de nuevas funcionalidades o versiones. Frente a la tendencia de seguir complicando la Internet actual, favoreciendo su caos climatológico, habría que plantearse una estrategia menos ambiciosa pero técnicamente más sólida. No resultará fácil emular en IP las condiciones que hoy se brindan en las redes convencionales para la telefonía, la TV por cable o por radiodifusión, y existe el riesgo de hacerlo a costa de una complejidad de difícil gestión y con unos niveles de calidad de dudosa garantía. Tendrán que transcurrir varios años para que la tecnología IP alcance el nivel de calidad y de solidez que ofrecen las redes desarrolladas en el pasado siglo y que lucharán por permanecer activas durante mucho tiempo. En el camino surgirán nuevos conceptos tecnológicos que, junto con las opciones sociales y políticas, modificarán sustancialmente el panorama que ahora vislumbramos. Es muy probable que, en el futuro, deje de preocuparnos si lo que contratamos es “banda ancha” y cuál es la verdadera velocidad de conexión; lo importante será disfrutar del acceso a un sistema de relaciones que nos capacite para acceder a la información deseada de manera inmediata, como sucede cuando conectamos una lámpara al enchufe de la red de energía eléctrica y logramos que inmediatamente se ilumine la habitación. BIT 144 ABR.-MAY. 57 2004
30 oct 2015