La gestión a intromisión histórica que la llamada gestión ha tenido en las carreras de ingeniería ha sido una cuestión de facto. Es indiscutible hoy en día la inclusión de asignaturas relativas a la economía, la organización de empresas y la gestión de proyectos en los planes de carrera de las ingenierías, precisamente por el perfil y la orientación profesional demandados por el mercado. Distante de los análisis deterministas, la gestión en la ingeniería, sin embargo, puede pensarse en términos filosóficos, aunque sea someramente y por la relevancia en la vida del ingeniero –también de Telecomunicaciones. La manida gestión –management– es un término cuya ambigüedad impide casi tomarla en serio. El mismo estándar ITIL1 recurre a ella en todos y cada uno de los procesos que describe. Pero sus traducciones habituales: dirigir, coordinar, organizar, conducir… pueden interpretarse a la luz de la filosofía. Gestionar es ocuparse de, pero también preocuparse de asuntos varios. Heidegger condensa en su concepto Sorge, habitualmente traducido por José Gaos como cura, el sentido de salir al encuentro de algo de manera solícita, es decir, en el mismo sentido en el que alguien pro-cura algo. Entre otras, la gestión incluye la planificación de contingencias y gestión de riesgos –para preocuparse– la gestión de incidencias y problemas, la resolución de conflictos, la gestión de cambios –para ocuparse– la gestión de calidad, el seguimiento y el control –para procurar una buena marcha en las tareas gestionadas–... Gestionar se entronca así con la actividad humana primordial que es atender a los hechos –aquellos que suceden y aquellos que el ser humano lleva a cabo– con especial cuidado y esmero. El mismo Ortega y Gasset habla de que vivir es entre otras cosas ocuparse, salir al encuentro de lo que acontece, desde nuestra perspectiva y circunstancia, para proyectarnos al futuro, haciendo futurición. No resulta lejana una definición de la gestión como actividad que parte del entorno para ocuparse de lanzar hacia el porvenir el destino de una empresa humana. Y su batería de acepciones recorre desde tan alta aspiración, hasta el cotidiano y vulgar hacer gestiones, como quien hace recados. Para realizar una aproximación a cualquier concepto y en particular cuando se trata de obtenerla desde una mirada especialmente filosófica, se emplean distintos métodos en su aproximación. Para entender lo que es la gestión, por ejemplo, se puede profundizar en su origen etimológico, prefilosófico, adentrarse en su uso cotidiano, o recurrir a lo que la heurística entiende hoy por gestión... Precisamente de la gestión de proyectos y ciclos de vida se puede destilar la moraleja del modelo en espiral, L FILOSOFA INGENIERO La gestión Gestionar es ocuparse de, preocuparse de, pero no sólo de proyectos, grupos de personas, o empresas, sino de los hechos en general, como auténtico camino para volverse más auténtico, más propio –Selbst–, y su análisis empuja necesariamente a una revisión bajo la óptica filosófica. Javier Jurado Ingeniero de Telecomunicación y estudiante de Filosofía “Es indiscutible hoy en día la inclusión de asignaturas relativas a la economía, la organización de empresas y la gestión de proyectos en los planes de carrera de las ingenierías” de Bohem para la ingeniería del software. Esta técnica consiste en la aproximación cada vez más concreta y elaborada de las fases típicamente desarrolladas en el clásico modelo lineal o en cascada con revisiones periódicas cada vez más concluyentes y concretas, engrosando el contenido, concreción y especificidad de sus fases. Repaso del ángulo y cada vez menor radio. Así es como, precisamente, se aproxima para comprender y dar respuesta a ciertas cuestiones esenciales el llamado método de Jericó de Ortega y Gasset: Tenemos que conquistar la idea de Nación como los hebreos Jericó, dando vueltas en derredor de sus muros, vueltas cada vez más apretadas y, claro está, de cuando en cuando haciendo sonar las trompetas2. Es posible que para realizar tal aproximación debiéramos sumergirnos en la experiencia cotidiana de la tarea de la gestión que, como insisten los formadores, no se trata de algo improvisado, sino nutrido de metodologías y herramientas concretas. Pero también es cierto que todas ellas atienden al sentido común implícito en un conjunto de métodos heurísticos reflexionados reposada e inteligentemente, y ante todo experimentados, enfrentados a la incertidumbre de los acontecimientos para los que fueron creados. Desde esta necesidad pragmática, probablemente el paralelismo más acertado se encuentre en la necesidad de gestionar para comprender qué es la gestión, al igual que se requiere de filosofar para comprender qué es filosofía. Así lo afirman muchos filósofos, y lo redunda el mismo Zubiri parafraseando a Kant: Aunque no sea exacto lo que decía Kant, “no se aprende filosofía, sólo se aprende a filosofar”, resulta absolutamente cierto que sólo se aprende filosofía poniéndose a filosofar.3 ¿Y qué cabría extraer en un sentido filosófico, al menos a grandes rasgos, de la gestión? La ingeniería de las Telecomunicaciones, otra vez desde su faceta más técnica, puede mostrarnos explicaciones que extrapolar a la gestión general de proyectos, moraleja filosófica que fluye y subyace a ambas. Un ejemplo sencillo es el de los fenómenos de la multiplexación (en tiempo, frecuencia, código…), la conmutación o el enrutamiento. La ingeniería sabe que estas técnicas resultan fundamentales para la administración correcta de los recursos a compartir por distintas comunicaciones y, en cierto modo, como para el caso de la multiplexación en el tiempo, TDMA, funcionan como auténticos moderadores de un debate, otorgando turnos en distintos momentos a los participantes que pretenden comunicar. A pesar de que su tarea es efectivamente fundamental, una de las imperfecciones de los equipos de comunicaciones estriba en que su labor genera retardos no despreciables. Los mejores caracterizan su función lo más rápida e indetectablemente posible. Cuanto más transparente sea un multiplexador, un switch o un router, menos afecta su funcionamiento al rendimiento global de las comunicaciones. Valga la analogía: la tarea de la gestión –engrase de maquinaria, orientación de las velas– a la que la carrera profesional de un ingeniero tantas veces tiende, representa una función esencial para el porvenir de las empresas. Pero del mismo modo, ha de ser lo más transparente posible. Esto no quiere decir que no sea contundente, ni efectiva –el liderazgo ni se apoca ni se impone, despliega su asertividad–, pero sí que es conveniente que entorpezca lo mínimo posible, dado que es un excedente, en cierto modo, un notrabajo en el sentido directo; tan necesario que en general está mejor pagado que el habitual, pero a fin de cuentas un accesorio esencial, forma que conduce y da esencia y sentido al trabajo material –puro hilemorfismo. La gestión en general se atribuye a personas capacitadas para tomar decisiones, muchas veces en momentos de riesgos y sobretodo de incertidumbre4. Los directivos gestores se guían muchas veces por el instinto y la intuición; ante todo se demanda de ellos a la par que su dedicación y olfato, la responsabilidad de sus decisiones, y la elaboración de planes de contingencia La gestión “A pesar de que su tarea es efectivamente fundamental, una de las imperfecciones de los equipos de comunicaciones estriba en que su labor genera retardos no despreciables” ante posibles errores. Esto provoca que asociada a la gestión se sitúen problemas de estrés y en general de angustia ante la responsabilidad tomada. La decidofobia ha sido atendida con mucha antelación por la filosofía, trascendido dicho análisis a muchos otros ámbitos. Los existencialismos, por ejemplo, han redundado en la libertad absoluta que concierne al ser humano y que presupone que no existen modelos ni pautas que seguir para adecuarse y asegurarse una decisión acertada. A Sartre, y al mismo Ortega y Gasset, se les atribuyen distintos aforismos que concluyen en que el hombre está condenado a ser libre5. Estas teorías concuerdan con la realidad del mundo de la empresa en que, a la hora de tomar decisiones, quienes deben hacerlo se sienten reacios o sufren miedo cuando se presentan ante la situación que los obliga. Se respira al fondo la angustia filosófica: angst en Kierkegaard y Heidegger, náusea en Sartre, absurdo en Camus. La gestión rara vez cuenta con garantías de éxito, y lo otrora conveniente puede resultar escollo actual. La incertidumbre – desde el ruido a la racionalidad acotada6– abruma, y frente a ella la libertad absoluta –refrendada por el cargo que ostenta la gestión– implica una responsabilidad absoluta que produce congoja, angustia. Es cierto que esta toma de decisiones no redunda tanto en la moralidad de las acciones –aunque también– como en las consecuencias económicas, legales y de negocio. Sin embargo éstas pueden repercutir en el puesto de trabajo que mantiene a una familia o el prestigio de una carrera que puede mancillarse. De nuevo, resulta precisa la inteligencia emocional para entrever con sensibilidad la mejor opción y asumir con entereza las consecuencias y su responsabilidad. Y no se agota aquí la interpretación de la filosofía existencial fluyendo al fondo de la toma de decisiones: El coste de oportunidad, que compara una decisión tomada con las alternativas viables – oportunidades de negocio – por las que pudiera haberse optado, forma parte bajo la óptica filosófica de la misma angt-cambiar por angst,desasosiego por el hecho natural de que el ser humano libre en sus elecciones va perdiéndose inexorablemente aquello que no elige – relación esencial entre elección y renuncia. Una filosofía de la nostalgia parece discurrir por obras de diferentes autores conscientes de la pesadumbre de esa constante renuncia, inevitable cara oculta de la libertad de elección. Tras de lo bondadoso de su apariencia, la libertad de elección del gestor guarda tras de sí la versión profesional de la angustia existencial, en lo referente a una responsabilidad total sin apenas referencias, y en lo referente a la renuncia inevitable condensada en el coste de oportunidad. Con insultante brevedad concluyo, porque la manida gestión bien serviría de cajón de sastre para mucho más. Al fin y al cabo, la filosofía misma es gestión, actitud del filósofo que se enfrenta y gestiona los sucesos que experimenta para dar razón de ellos, explicarlos, desgranarlos, asumirlos o rendir cuentas de su sin razón. Notas 1 Information Technology Infrastructure Library como estándar de facto y metodología de las mejores prácticas en la gestión de TI. 2 Ortega y Gasset, J. Europa y la Idea de Nación . Alianza Editorial. 3 Xabier Zubiri. Prólogo a la primera edición de Historia de la Filosofía de Julián Marías. Alianza Editorial. 4 Álvarez J. F A grandes males, pequeños remedios: la gestión del riesgo. Versión Noviembre 2002 para UIMP-Valencia. UNED. Madrid. 5 Sartre J.P. El existencialismo es un humanismo en GÓMEZ, C., Doce textos fundamentales de la Ética del siglo XX, Madrid, Alianza, 2002. 6 Álvarez J. F El tejido de la racionalidad acotada y expresiva. Manuscrito, XXV (2) Michael B. Wrigley( ed.) (2002): Dialogue, Language, Rationality: A Festchrift for Marcelo Dascal. CLE/UNICAMP, State University of Campinas, Campinas, Sp, Brazil. La gestión