Artículo BIT
Música: Edgar Varese, ese gran desconocido
Edgar Varese ese gran desconocido En el núm. 10 de BIT (Mayo 1980), decíamos que era imposible pronunciarse sobre la música de nuestros días sin conocer, entre otros, la obra de Edgar Varese. Pues bien, ¿quién es musicalmente Edgar Varese? La contestación a esta pregunta no se puede lograr, al menos en España, por la asistencia a conciertos en vivo; nuestro yermo panorama no da para tanto. Si pensamos que Brahms fue empezado a oir y a ser algo familiar allá por los años cuarente, que a Mahler se le empezó a conocer aquí no hace más de diez o quince años, y que es ahora cuando Bruckner está empezando a figurar en la programación de nuestros conciertos, pensar en Varese en este sentido parecería algo de marcianos. Una vez más se nos presenta el disco como el gran vehículo cultural cuya bella misión es llenar lagunas que de otro modo permanecerían secas e ignoradas; algo que se relaciona con nuestro comentario aparecido en el núm. 16 de BIT (Junio 1981). Varese fue un músico francés nacido en 1883, pero que se afincó en los Estados Unidos. El gran problema de su creación artística fue componer música en su espíritu para unos medios que no existían todavía; Varese siempre sintió en su obra la necesidad de nuevos medios de expresión, se negaba a someterse exclusivamente a sonidos ya oidos, buscaba nuevos medios técnicos que pudieran prestarse a cualquier expresión del sentimiento, y en este sentido fue un auténtico pionero. En una palabra, presentía la colaboración del músico y del ingeniero de sonido, lo que hoyes ya normal pero no lo era cuando él empezó a plantearse estos problemas allá por los años veinte, ni casi cuando murió en 1965. Habríamos de citar varias obras de Varese para centrar su figura como punta de lanza en el avance de su arte, en ese deseo sincero de expresarse con el lenguaje idóneo para reflejar tanto la vda que bullía en su interior como el inquietante mundo en que estaba inmerso. Quizá las dos más significativas sean "Ionización" y "Déserts". La primera, fechada en 1931, está escrita para dos sirenas y 37 instrurrentos de percusión. "Iomzación" choca profundamente al auditor, pues no estamos acostumbrados todavía, ni siquiera desde el punto de vista fisiológico, a esta música percusiva; sin embargo, la percusión, tal como Varese la concibe en esta obra, nos habla en el lenguaje que exige la época actual. La percusión, como esencia sonora, tiene una vitalidad que no tienen otras familias de instrumentos; su ataque de los sonidos es rápido, se percibe cortante, inmediato, como la vida que nos rodea; es por lo tanto reflejo de nuestra época. Y así esta obra, sorprendente e innovadora, ha creado una escuela de hacer música que no se comprendería sin conocer el pensamiento y la estética de Varese. La segunda citada, "Déserts", esta fechada en 1954, y es la primera obra que pudo realizar -cuando ya. tenía 71 años! - utilizando las técnicas de registro sonoro y manipulación sobre banda magnética. El propio compositor escribía que escogió este título porque le sugería no sólo los desiertos físicos del espacio exterior asociados con la esterilidad, el alejamiento, o la existencia más allá del tiempo, sino también ese lejano espacio interior en donde el hombre se enfrenta consigo mismo en un mundo de misterio y de soledad esencial. La obra, en la que con un conjunto instrumental formado por viento y percusión se intercalan dos bandas magnéticas de "sonido organizado" electrónicamente, es un magistral reflejo de la ascesis, de la desnudez existencial del mundo de hoy, de la angustia que el compositor nos señala con las palabras anteriores. Algo realmente importante como o bra de arte de nuestro tiempo, y sobre lo que larrentablemente no nos podemos extender por falta de espacio. Y un dato para la historia: el estreno en París constituyó un formidable escándalo, mayor aún que el producido en 1913 en el msmo lugar cuando se estrenó "La consagración de la primavera" de Stravinsky. El que ame la música, y más en general, el que ame las manifestaciones del espíritu del Hombre, no puede permitirse ignorar obras como la de Varese. No, quizás, para que "le gusten" -por lo menos a las primeras de cambio-; para eso es mejor, claro, un Concierto de Mozart o una Sonata de Beethoven, que captamos enseguida por una multitud de razones, entre las que ciertamente no es la menor la genialidad de sus autores como exponentes de un espíritu musical quintaesenciaoo cuya expresión nos resulta hoy familiar. Pero pensemos que estas obras fueron también vanguardistas en el momento de su creación; las obras actuales, como por ejemplo las de Varese, han de ser conocidas y acogidas con el interés de algo vivo, de algo que, en la medida en que el tiempo las vaya decantando y haciendo penetrar, llegarán también a ser familiares para el oyente del futuro. Luis Piedra del Palacio
30 oct 2015