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Filosofía: democracia económica versus democracia moral. A. Smith / E. Kant (2)
Filosofía Democracia económica versus Democracia moral. A. Smith/ E. Kant (2) El sentido de la historia aparece, en Adam Smith, dentro de una antropología donde el hombre se mueve por deseos, y todas sus acciones tienden a valorarse en un sistema que no tiene otro fin que el de producir hechos. Estos hechos estás justificados sólo si se toma a la vida material como el fin exclusivo al que ellos tienden. Los hechos, pues, son objetos y funcionan como objetos. Una silla, por ejemplo, es una cosa que está relacionada inmediatamente con su producción; se crea con unos medios que apuntan siempre a un deseo, a una necesidad nacida de unas previsiones en las que se reproducen la subjetividad, las predilecciones que el individuo siente. El sentimiento dirige la creación, haciéndola aparecer como buena. La elección nace de una razón, cuyos estímulos no están contenidos, a priori, en la conciencia; por el contrario, es esa predilección por el sentimiento la que crea la misma conciencia. La conciencia, el saber, es un saber del sentimiento, aún más, un saber para el sentimiento. Lo objetivo, lo generalizable, según esta teoría, lo que va a servir de base para explicar los hechos, son categorías extraídas de la producción de la vida material, tales como el egoísmo, la productividad, los beneficios, la escasez o el bienestar. Kant no pretende, como hace Smith, explicar los hechos refiriéndolos siempre a su actualidad; un hecho es algo que está directamente relacionado con la razón y, por ello, hay en él un ante-hecho; es decir, existe un algo que motiva al hecho para que se produzca de una manera determinada. Esta forma determinada que interviene en la creación del hecho es la que explica el porqué del mismo Todo hecho tiene, pues, como condición necesaria, la de poder ser explicado por una razón que lo piensa. El acto contiene, a su vez, a un pensamiento que lo explica y, en consecuencia, el carácter explicativo del acto es también el acto mismo. Si observamos un acto político cualquiera, por ejemplo, el establecimiento de un presupuesto económico, vemos que el legislador parte de unos supuestos que se consideran reales, y esa realidad bien pudiera ser la masa dineraria de que se dispone; esto sería el antecedente de lo que vendrá después: la aplicación del dinero a los fines a los que se destine. A primera vista, parece que la realidad es quien determina, de forma racional, lo que se puede hacer con el dinero; y que sólo existe un medio, el mejor, para conseguirlo. El cumplimiento del fin le ha sido encomendado, en este caso, a una razón técnica que opera con las disponibilidades y consigue el ajuste entre lo convenido y el resultado. El presupuesto parece que se hace real, que ha producido una racionalidad en el campo social, al distinguir de forma conveniente, útil, los beneficios del resultado. Esta sería la argumentación de Smith, pero, para Kant, la razón instrumental no explica del todo el hecho y, por lo tanto, para que el presupuesto fuera verdaderamente racional tendría que contener algo que no puede determinar la razón instrumental, la razón técnica. Ese algo es un a priori el ante-hecho que va a explicar el porqué de que lo que está bien hecho es bueno. El bien, no lo bien hecho, es el fin racional del proceso material (proceso técnico para Kant). De esta manera, todas las posibles aplicaciones, que son muchas, contenidas en un presupuesto, están a su vez puestas idealmente en el pensamiento, bajo una sola fórmula: la del bien como principio al que deben atenerse los hechos. Kant consigue con ésto que ningún hecho se escape del control de la razón, puesto que es en ella donde residen los principios de explicación suficientes y necesarios de los por qués de las cosas, mientras que las razones instrumentales pueden dar cuenta de los hechos sólo de manera parcial. En el caso de los presupuestos, "la verdad" fundada por los resultados habla exclusivamente, diría. Kant, con media lengua, puesto que dice 'solo que los medios usados para conseguir el fin fueron los adecuados, pero no habla para nada del fin mismo. Si destino una cantidad al presupuesto de defensa y otra al de educación, la razón instrumental podrá decir que el uso del dinero empleado fue correcto, pero no dice por qué era bueno emplear la cantidad que se empleó en ambos casos; desde el punto de vista técnico, las dos cantidades que aparecían en el presupuesto se podrían haber intercambiado sin que el resultado hubiera sido diferente. Sólo en el supuesto de que los usos de las cantidades' tuvieran que ser justificadas por otra cosa que no fuera el mero ejercicio de una técnica contable (fin técnico) y tuviera que explicar que su uso era "bueno", sólo en ese caso, las cantidades cumplirían el fin que la voluntad moral propone. Lo bien ' hecho se emplea sólo para hablar de los medios más adecuados, habla de la mediación técnica de los procesos, pero no expresa nunca "por qué" los fines son verdaderos. Para Kant, por lo tanto, la "verdad" de Smith y de los liberales basada en la fórmula de que lo que existe tiene una existencia necesaria que nace de los deseos del sujeto individual, no sirve. Kant entiende los hechos no como algo necesario sino como verdades que podían haber sido, aun sin cambiar sus circunstancias, de otra manera. La historia, suma de realidades, se desarrolla "así", como hecho que, una vez producido, no puede ser ya de otro modo. Porque la razón del hombre contenía dentro de ella, como parte de su propia función ese "así". El "así" no expresaba la forma exclusiva de las operaciones que la razón realizaba; era sólo una probabilidad entre otras probabilidades. Por eso, cuando se realiza el hecho histórico, vivo, actual, no niega su aparición la probabilidad de que ese mismo hecho se diera en forma distinta. La historia de los acontecimientos, lo que se llama historia real, es una forma de una historia más amplia, -la historia del hombre como ser racional—, donde los hechos ocurren dentro de un campo posible que contiene de forma unitaria —forma regida por el bien- todas las probables ocurrencias. En lo político, como parte de la historia, también se da lo que podríamos llamar política factual, y la política moral. La segunda se superpone a la primera, haciendo que los hechos tengan que justificarse en relación con ella. De esta manera, la realidad que tengo delante de mi, tomada como fin en si misma, hablaría sólo de su tecnicidad; es una realidad técnica en la que sólo se dan y sólo aparecen los hechos desde el punto de vista de su buena construcción. Por eso, los que se nos manifiesta de esa realidad, no implica que ella sea verdadera. Los actos tienen que aparecer siempre acompañados de una conciencia que los juzgue, y no vale decir que por el mero hecho de estar ahí son verdaderos. El estar ahí de un hecho político presupone estar de una manera en la cual el bien se de como fundamento del hecho.
30 oct 2015