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Deportes: windsurf
Deportes Windsurf En los últimos años, las playas se han visto plagadas de los practicantes de un nuevo y llamativo deporte acuático, el windsurf. Como sucede con multitud de deportes, éste está importado de Estados Unidos, donde comienza a practicarse hace ya más de 13 años, en las costas de Florida y el Caribe. INVENTO HOLANDÉS. El inventor de ésta mezcla de surf y deporte de vela fue un holandés que vendió la patente a los americanos, que fueron los pioneros en la comercialización de las tablas. Es a principios de los años 70, superadas las dificultades iniciales cuando las casas dedicadas a la fabricación y venta de materiales deportivos comienzan a distribuir estas tablas por distintos países europeos. Uno de los primeros en los que comienza a hacer furor es en Francia, que posee en la actualidad el mayor número de licencias. En España comienza a introducirse entre los años 1977 y 1978, debido sobre todo al turismo procedente de los países en los cuales ya se practicaba y también debido a las casas importadoras de material deportivo. Las zonas españolas preferidas por los iniciadores de este deporte fueron la Manga del Mar Menor, Marbella y Canarias, desde donde se extendió rápidamente a nuestro país. El auge del Windsurf hace que nazca la Secretaría Nacional, integrada dentro de la Federación Española de Vela. La promoción del wind la realizan a través de ia organización de regatas y competiciones a nivel local o nacional y mediante la celebración del Campeonato de España. Existen dentro de éstos cuatro categorías, según el peso del tripulante de la tabla. En Ligeros el peso del participante no supera los 70 kilos, Pesados, sobrepasa los 75 kilos. Las otras dos modalidades son mujeres y júnior. Debido a la gran cantidad de tablas existentes en el mercado no existe un modelo homologado, ni tampoco unas medidas oficiales, tan solo es preciso que posean una cédula de flotabilidad que concede el Ministerio de Industria. TIPOS DE TABLAS. En las regatas hay dos tipos de tablas, denominadas respectivamente división 1 y división 2. Las primeras son las más sencillas y fáciles de manejar debido a su diseño, totalmente plano en la zona de rozamiento con la superficie del agua, son las que se utilizan en los inicios del wind. Las tablas de división 2 son netamente de competición, la superficie de rozamiento con el agua es redonda, con lo cual su estabilidad es muy baja, por lo que sólo pueden ser utilizadas por participantes con un alto grado de pericia. Todas las tablas existentes son del mismo material, están compuestas de una fibra de vidrio, que puede ser más o menos resistente. La vela es de dracón, material utilizado en todos los deportes de vela, aunque también existen algunas de fibra de poliuretano. El mástil y el resto del armazón que sustenta la vela son de aluminio. Como en todos los deportes en los que intervienen otros factores además de la pericia, en el windsurf hay unas normas de seguridad que deben ser respetadas por los participantes. En épocas de frío es necesario llevar traje y botas isotérmicas, en los campeonatos y regatas oficiales es obligatorio el uso del chaleco salvavidas, también es recomendable, aunque no está permitido en competición, el uso de un arnés que permite al tripulante sujetarse al mástil de la vela y no sustentar todo el peso del mismo con los brazos.
30 oct 2015
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Problemas
Problemas José E. Segarra El pardillo y el burro Un pobre pardillo decidió un día darse una vuelta en un carro tirado por un burro. Andaba normalmente cuando el burro se paró de repente, y cuando nuestro pardillo le increpó, quedó sorprendido al oír al burro decir: -"{Rebuzno inicial). Para que voy a tirar si cuando yo ejerzo la fuerza ocurre que, según las leyes de Newton, el carro va a ejercer sobre mí una fuerza igual y de sentido contrario que me va a impedir el movimiento. (Rebuzno final de frase)". Y bien, lector, ¿Qué le contestarías tu al burro? Cálculo matemático Sea una función de variable pura definida a la sombra de un vector. En esto que aparece un logaritmo peneriano dispuesto a derivarla por el método general. El logaritmo a toma por el punto de inflexión y la abate 90° sobre su punto de apoyo, la función ve con asombro como el logaritmo saca entre paréntesis un factor común que toma proporciones crecientes sobre dos volúmenes esféricos. En un instante de tiempo la función queda derivada, satisfecha y con la matriz cuadrada. -Se pide: a) Comente las ventajas y desventajas de derivarla en un espacio euclídeo o en un campo de vectores. b) Determinar la profundidad de penetración siendo el rozamiento cojonudo y el tiempo ilimitado, c) ¿Qué se puede decir sobre un cateto que traza continuamente tangentes sobre los senos de una menor complementaria? -Datos: Cte de Young: tiende acero. Temp. (°K): mucho calor, uf.
30 oct 2015
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Música: Ravel versus Debussy
Luis Piedra del Palacio Ravel versus Debussy Si en un número anterior de BIT nos referíamos al binomio Bach-Haendel, hoy queremos hacerlo a otro que, si estéticamente está muy alejado del anterior, es tan confuso como él en una primera aproximación: el formado por los franceses Debussy (1861-1918) y Ravel (1875-1937). En el cómodo afán de encasillamiento que nos tienta siempre, es frecuente catalogar a ambos como impresionistas y quedarnos tan tranquilos. Pero es preciso ahondar un poco más porque las cosas no son tan simples, máxime cuando Ravel ha sido presentado durante mucho tiempo como imitador de Debussy; ello es un grave error, pues Ravel tenía el suficiente talento para no tener que imitar a nadie. Para empezar, Debussy era un poético, introvertido y exquisito soñador en el que toda su música está como acolchada, sin falsos entusiasmos procedentes de líneas sonoras fuertemente marcadas y contrastadas. Ravel en cambio es un acusado extrovertido, y en consecuencia su música es más brillante, concreta e incisiva que la de Debussy. Ravel es objetivo y concreto en su expresión; Debussy es subjetivo y difuso. El directo realismo de Ravel se recorta con unos perfiles claros y muy definidos. Debussy busca en cambio sugerir un mundo fantasmal, evanescente, como visto a través de un cristal empañado. Por otra parte, Debussy es un revolucionario permanente, pues realmente fue él quien abrió definitivamente las puertas del fecundísimo imperio de la libertad en la elección de los medios sonoros. Libertad que ha ido evolucionando a todo lo largo del siglo XX, hasta llegar a la época actual. Retrata en música el maravilloso mundo de las sensaciones, creando un nuevo camino lleno de innovaciones orquestales y armónicas en el que la tonalidad ya no es ni fundamental ni ese universo absoluto del que dependía hasta entonces toda la música. La tonalidad era para Debussy sólo un material sonoro más entre otros, iniciando así la gran revolución musical del siglo XX: la anulación de la tonalidad. En él la melodía pierde importancia; pasan a primer plano los acordes que describen un ambiente, acordes ambiguos, incompletos y poco definidos, que presagian la música atona En su expresión, Debussy, tierno amante de la naturaleza, reproduce en sonidos las indefinibles concordancias entre naturaleza e imaginación; plasma misteriosas ensoñaciones o visiones fantásticas con plena libertad de medios. Ravel en cambio es un auténtico humorista musical que se gozaba en jugar con la música venciendo dificultades que él mismo se creaba; de ello se podrían poner múltiples ejemplos, pero por citar sólo una obra muy popular, pensemos en su conocidísimo "Bolero", en donde la buscada y repetitiva pobreza melódica —en una obra que dura veinte minutos— queda arropada con una riqueza tímbrica asombrosa, lograda mediante una orquestación que alcanza la categoría de obra maestra. Ravel es cerebral, dicho sin ánimo peyorativo; es un gran técnico de la música en el que frecuentemente el lenguaje es un fin en sí mismo. Debussy es un intuitivo que toma el lenguaje musical sólo como un medio para expresar lo que su poética inquietud necesita decirnos. Si Debussy es el compositor que mira al futuro, Ravel mira al clasicismo; Debussy es un punto de partida, Ravel es un perfectísimo ,' delicado resumen en quien los nuevos estilos despiertan más curiosidad técnica que receptividad. Muchas cosas se podrían decir de ambos compositores. Añado sólo que así como Debussy es el impresionismo pictórico de Renoir o de Monet hecho sonido —pues todo en él está como tamizado por una ligera bruma, de tal modo que en vez de desarrollar sus poéticas ideas lo que hace es llenarlas de manchas de color—, Ravel es más bien el fauvismo pictórico un tanto agresivo de Henry Matisse hecho sonido, lleno de contrastes violentos. Debussy, en fin, es un verdadero genio; Ravel es un músico de primerísima fila, con enorme talento. Ravel supera a Debussy en "oficio", en refinamiento, en maestría técnica; pero Debussy es superior en aliento poético, en intimismo, en un planteamiento estético de la expresión musical que ha dejado honda huella en el siglo XX. Audiciones comparadas: Debussy: 1.- "Nubes", dé los Nocturnos para orquesta. 2.- "La catedral sumergida", y "Fuegos de artificio", de los 24 preludios para piano. 3.- "El mar", impresiones sinfónicas para orquesta. 4.— "Fiestas", dé los Nocturnos para orquesta. 5.- Sonata en Sol menor, para piano y violín. Ravel: 1.— "Bolero", para orquesta. 2.- "Gaspard de la nuit", para piano. 3.- "L'enfant et les sortiléges", para solistas vocales, coro y orquesta. 4.- "Feria", cuarto tiempo de la Rapsodia Española para orquesta. 5.— Sonata para piano y violín.
30 oct 2015
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Vinos: sobre el comer y el beber (bien, claro está)
Vinos Manuel Gamella Bacete Sobre el comer y el beber (bien, claro está) Es un hecho probado que el cuerpo humano necesita una apreciable cantidad de agua para disolver y asimilar los alimentos sólidos que ingiere. Sin embargo, el agua pura es, como sabemos, incolora, inodora e insípida, o sea, más bien sosa y aburrida. De manera que no es extraño que desde tiempos inmemoriales las culturas humanas hayan procurado alegrar esta necesidad recurriendo a los más variados brebajes. A nuestro alrededor coexisten gentes que amenizan sus comidas con infusiones, zumos, derivados lácteos, cervezas, alcoholes destilados, o incluso, Dios les valga, coca-colas. Todos están en su derecho, desde luego, pero, en mi opinión, ninguno de esos líquidos posee como acompañamiento, unas características en conjunto comparables a las que se encuentran en el vino o, mejor dicho, en los vinos. Digamos en primer lugar que el vino es, por sí mismo, un alimento. Esta cualidad no es que sea desdeñable, pero tampoco vamos a exagerarla. Un vaso de vino contiene, junto a una pequeña proporción de sales, vitaminas y proteínas, unas 30 calorías aprovechables (o un poco más si fuese dulce). La misma cantidad de leche entera viene a tener unas 70 calorías, de leche descremada unas 35, y de cerveza unas 36. Así que, contrariamente a lo que muchos eren, el vino engorda poco. De hecho existe en Alemania algún centro dietético especializado en regímenes de adelgazamiento a base de verduras y vino blanco. En dosis moderadas, el vino actúa como tónico general, contribuyendo grandemente a la sensación de bienestar que proporciona una buena comida. Actúa también como disolvente, mejor que el agua sola, facilitando la digestión de los alimentos más pesados. La sensación agradablemente ardiente que produce en la boca, estimula el apetito mejor que ninguna otra bebida, provocando esos deliciosos encadenamientos, como el del bocado de buen queso, que pide un trago de vino, que pide un nuevo bocado, y así sucesivamente. Por último ("last but not least"), la variedad incomparable de tipos de vino, nos ofrece la posibilidad de una verdadera labor creativa: la elección del vino adecuado para cada comida y hasta para cada plato. O también, ¿por qué no? , el plato adecuado para cada vino (no sé si habrá más vino o más platos). La simbiosis de un manjar y su vino acompañante produce un enriquecimiento mutuo de las sensaciones, hasta el punto de que conviene desconfiar de los juicios optimistas que suelen hacerse sobre vinos corrientes, pero bien arropados dentro de alguna merienda memorable. Llegados a este punto vale la pena hacer énfasis en que, también en esto de casar vinos con alimentos, las actitudes dogmáticas, no sólo descansan sobre argumentos endebles, sino que privan a quien las adopta del placer de los hallazgos propios. Más provechosa resulta la actitud de ir desarrollando por experimentación directa nuestro gusto peronal, admitiendo siempre un espacio de posibilidades múltiples antes de cada elección. Pero como sobre gustos sí hay mucho escrito, no voy a renunciar a dejar aquí unas cuantas ideas, basadas en el sentido común y en la experiencia, sin más pretensión que la de contribuir a una orientación general. La primera, y quizás la más firme, de estas ideas, se refiere a la conveniencia de que se mantenga un equilibrio, o más bien un respeto mutuo, entre los distintos sabores (entendiendo la palabra sabor de un modo amplio, como impresión sensorial), de manera que unos no avasallen a los otros, y pueda apreciarse bien toda la gama que nos ofrezca el conjunto. Por poner casos extremos, parece poco razonable matar con un vino de gran cuerpo, pongamos un tinto de Toro, la suavidad de una crema de espárragos o, a la inversa, anular con la solidez de una fabada, el aroma de un blanco joven de Alella. Teniendo en cuenta que las carnes suelen resultar más fuertes para el paladar que los pescados y que los vinos tintos suelen tener más cuerpo y aspereza que los blancos, alguien tuvo la ocurrencia de recomendar, como regla de oro, el asociar siempre a los tintos con la carne y a los blancos con el pescado. Pero ojo con estas simplificaciones, porque no es más consistente una ternera a la plancha que una marmita de atún, ni un tinto claro manchego que un blanco del Priorato. Mucho más complicada y, sobre todo, más personal, es la cuestión de los tipos de sabores que se combinen. Las soluciones más evidentes, como, por ejemplo, la de unir vinos muy secos con almendras 0 vinos dulces con los postres, no son necesariamente únicas, y siempre cabe intentar contrastes más imaginativos. Como segunda consideración, parece lógico pensar en una cierta correspondencia entre la excelencia del manjar y la del vino acompañante. Desde luego, un caviar del Caspio puede pasar dignamente con un blanco Colmenar, pero cuando se ha pagado mil duros por la latita, por un poco más, bien puede legarse con un cava brut nature. Por la misma razón, es tonto chorrear con vino barato un guiso que vayamos luego a acompañar con un Rioja de reserva. Es curioso en este sentido, que unas dos terceras partes de las botellas de más de sesenta duros, se consumen en restaurantes, siendo así que la mayor parte de las comidas ocurren a domicilio, y que esas mismas botellas, descorchadas por un maitre, ven aumentado en dos o tres veces su precio. Parece darse un cierto descuido por la calidad del vino casero, frente a un ánimo más rumboso a la hora de elegir cuando se está fuera de casa, a veces por cuenta de la empresa, claro. Una tercera sugerencia es la de guardar algún respeto hacia los hábitos populares locales. Digo algún respeto, no una adoración ciega que impida toda innovación. Los pueblos también se equivocan y hay veces que sus costumbres sólo reflejan sus carencias. Sin embargo, las tradiciones desarrolladas y mantenidas durante siglos, suelen irse puliendo, por un proceso casi natural, hasta alcanzar una armonía entre personas, materiales, climas y paisajes, imposible de improvisar. No hay que olvidar que la gastronomía no constituye un saber aislado, sino que se relaciona con todo el resto de la cultura. Un buen plato de spaghetti regado con chianti clásico en la terraza de una trattoría boloñesa, o unas truchas de la Selva Negra con un blanco del Rhin junto a la catedral de Friburgo, o una centolla de la ría con un frasco de albariño a la salida de Cambados, proporcionan un placer, por disfrute de lo completo y lo auténtico, que trasciende con mucho a su base material. Si la ocasión se presenta, no perdamos estos goces por cerrarnos en las propias estrechas costumbres.
30 oct 2015
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Deportes: béisbol: un americano en España
Deportes Béisbol: Un americano en España El béisbol es el deporte nacional por excelencia en los Estados Unidos, sin embargo, su práctica no está todavía demasiado popularizada en todo el mundo y no ha conseguido la categoría de Olímpico a pesar del gran esfuerzo que los americanos realizan para su inclusión en las competiciones olímpicas. El origen del béisbol no está demasiado claro, ni siquiera para los propios americanos, este desconocimiento llevó a la creación en 1905 de una comisión senatorial para aclarar sus orígenes. La conclusión de dicha comisión fue que el inventor del mismo fue un general yanqui llamado Doubleday, cuando era alumno de la escuela primaria. El juego, en realidad fue introducido en Estados Unidos por los emigrantes ingleses, que practicaban un juego muy similar denominado rounders, por lo que Doubleday no hizo más que dibujar el primer diagrama de un campo de béisbol en forma de diamante, que es la que sigue conservando en la actualidad. Se puede definir el béisbol como el ajedrez de los deportes, ya que es uno de los que contiene un mayor número de reglas, sin conocerlas a fondo es muy difícil que un espectador novato pueda interesarse por un partido. Es un juego entre dos equipos, de nueve jugadores cada uno. Uno de los equipos ejerce en un momento determinado la función ofensiva y el otro defensiva, alternándose ambas a lo largo del partido. En béisbol existen diez reglas básicas que a su vez a se descomponen en otras muchas. El terreno de juego mide 27,43 metros de lado si bien los alrededores se prolongan sin límite. En cada una de las esquinas del campo se sitúa un punto denominado base. Existe una base denominada home, en la que se sitúa el jugador del equipo defensivo, provisto de un bate, se le denomina bateador. Enfrente se coloca un jugador del equipo contrario, denominado lanzador, que ejerce funciones defensivas. La distancia entre la base y el lugar en el que se sitúa el bateador es de 18,44. El resto de los jugadores del equipo ofensivo se sitúan fuera del campo, esperando que su jugador golpee la bola que le lanza, el pitcher los jugadores del equipo defensivo se emplazan alrededor del campo, con objeto de recuperar la bola lo más rápido posible, y así evitar que los jugadores contrarios consigan puntos. Los tantos se anotan cuando un jugador del equipo que batea consigue golpear la bola y correr desde el home hasta la primera base o la segunda si los jugadores tardan en recoger la bola. Además de conseguir puntos, que en béisbol se denominan carreras, existe la posibilidad de eliminar al bateador. Si el lanzador consigue que aquél no golpee la bola tres veces seguidas es eliminado y sustituido por otro jugador. Para que la bola sea válida, es necesario que el bateador la reciba en la superficie comprendida entre las axilas y la parte superior de las rodillas. El juego consta de nueve entradas y el equipo que consigue más carreras es el ganador. No puede terminar nunca un partido en empate y si se da este resultado al final de las nueve entradas es necesario que el juego continúe. Un elemento imprescindible para la práctica del béisbol es el guante necesario para recoger la bola, se coloca en la mano contraria a la utilizada para realizar el lanzamiento, material empleado para su fabricación es piel. bate, el otro elemento imprescindible, puede ser de tamaño variable, dependiendo de la fuerza de bateador. La bola es una esfera formada por hilo enrollado alrededor de un pequeño núcleo de corcho, goma o material similar, cubierto por tiras de piel blanca de caballo. Las ligas profesionales de Estados Unidos constituyen la competición más importante de béisbol. La gran final se celebra a mediados de otoño. El récord de espectadores se alcanzó en 1959, con 420.000 entradas vendidas en seis encuentros. Babe Ruth, detenta el récord de home run: 714 en más de 20 años de actividad.
30 oct 2015
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Vinos: tópicos típicos
Vinos Manuel Gamella Bacete Tópicos típicos Ponerse detrás de un mostrador con la sana intención de vender vinos resulta, entre otras cosas, una experiencia altamente recomendable para cualquier aficionado a la sociología recreativa. Por supuesto, los temas que se abordan no se limitan a la cuestión vinícola, pero como en esta sección sí que se trata sólo de eso, vamos a comentar algo aquí de los cuatro tópicos os países civilizados. Estados Unidos, donde más oídos, relativos al se ha pasado en pocos vino y a la sociedad Más significativa es la años de casi nada a española. Allá van: tendencia: hace sólo 15 unos 8 litros y se sigue años se tomaban aquí aumentando. En fin, 1. En España se bebe unos 80 litros, y desde bien está el moderar en mucho vino. entonces se ha cantidad si a cambio se Esta es una afirmación retrocedido gana en calidad, pero que los unos lanzan en continuamente, en esto ya es otra historia. plan de alabanza (¡lo que se pierden los extranjeros! ) y los otros como lamento favor de cervezas, whiskíes, cubatas y otros "tragos largos" a base de alcoholes de 2. En España se sabe beber vino. Esto suele decirse en el (¡Señor, Señor, que calidades más que sentido de que aquí no barbaridad! ). Las dudosas. Lo curioso es nos emborrachamos opiniones son libres, que esto se produce así como así (¡y el que pero veamos los bajo la influencia de la no sepa beber que no hechos. El consumo de cultura de masas de los beba! ).Mi muestreo vino por habitante y países anglosajones, en personal en este año, viene a ser en os que, sin embargo, el aspecto es bueno pero España de unos 50 consumo de vino se también es verdad que litros, por debajo de considera elegante; los borrachos más Francia, que va a la signo de clase en crónicos no suelen cabeza con más de 60, Inglaterra frente a la proveerse en tiendas y de Italia. Nos sigue de cerca Suiza con 48 y, cerveza proletaria, y especializadas, sino, bebida yuppy por donde les den del más ya más lejos, el resto de excelencia en los peleón o, cada vez más, TIEMPO LIBRE otros alcoholes. Desde luego el patrón de bebida mediterráneo, asociado a las comidas y a las relaciones sociales, resulta más equilibrado que el nórdico, orientado más a la evasión del fin de semana. Sin embargo es cierto que aquí, como en todas partes, el vino y las demás bebidas alcohólicas actúan también como drogas capaces de alterar en cierta medida la conciencia y a veces, desgraciadamente, la salud. No parece que el factor droga pueda extirparse por completo de ninguna sociedad, sino más bien que el problema está en abordarlo de una manera adulta, o sea, sopesando cada cual sus riesgos y sus compensaciones. A efectos estadísticos la OMS considera alcohólico al que ingiere a diario más de 120 gramos de alcohol puro (más o menos un litro de vino). Aunque cada persona es distinta, esto nos puede dar una idea de por donde anda un riesgo en el que ciertamente incurren muchos miles de españoles. Una buena educación desde la niñez resulta imprescindible, lo que no debe significar, en mi opinión, una actitud de extremismo antialcohólico. El peligro está en que no se adquiera un patrón de bebida equilibrado ni una actitud responsable en este asunto. La experiencia directa indica que muchos jóvenes se inician por su cuenta a base de vinos dulces, el peor camino para aprender a apreciar sabores, pero el más directo desde el caramelo infantil a la borrachera. 3. En España se entiende de vinos. Hay quien entiende, desde luego, pero un índice de que el nivel medio es más bien bajo lo da la impunidad con que tantos bares sirven mal vino a cuéntelas que la mayor parte de las veces ni siquiera se preocupan por saber qué están bebiendo. Al fin y al cabo este es el país del vino con gaseosa y así los esquemas predominantes suelen ser bastante simples. Los hay seudoecologistas (¡a mí démelo natural, no de química!), que ignoran que el vino naturalmente malo es aquí más barato que cualquier producto químico. Otros son localistas feroces (¡cómo el vino de mi pueblo, ninguno!).En Madrid suele darse el caso opuesto; se desconoce el vino local y se piensa que el vino de diario tiene que ser Valdepeñas y el caro siempre Rioja. Otro sector tiene criterios más personales, pero a menudo (¡ay! ), rascando un poco, asoman la oreja curiosos prejuicios, como los, digamos, sexuales (¡yo de rosados nada, ni chicha ni limona! ), oíos politiqueros (¡a mí ni vascos ni catalanes! ). Tampoco falta quien se aprende tres o cuatro marcas de las consideradas "seguras" y pisa fuerte con ellas por la vida. Un Rioja con nombre de marqués, debe así buena parte de su éxito en restaurantes a haberse hecho fama de que pidiéndolo nunca se queda mal. Pero no hay que desanimarse, la verdad es que en estos últimos cinco o diez años se ha avanzado bastante, a lo que no es ajeno el movimiento creciente de clubs, revistas, secciones de prensa, tiendas y aficionados dispuestos a no perderse el disfrute. Adelante hasta la victoria. 4. En España tenemos los mejores vinos. Cada vez que oigo esta frase, lanzada generalmente con el mayor fervor patriótico, temo que la arenga siga con lo de las mujeres mas mollares (las que besan de verdad) y los garbanzos más sabrosos (envidia del mundo entero). Y el caso es que sí que creo que en España hay cantidad de vinos excelentes, pero también los hay en Francia, Alemania, Italia y hasta en unos cuantos sitios más. En materia de vinos (también como en tantas otras), el planteamiento concursístico no tiene más sentido que el de que alguna marca luzca en sus etiquetas pintorescas medallas de exposiciones ya olvidadas. Y también los hay medianos y malos en cantidad. Falta mucho más cuidado, no ya sólo en la elaboración, sino además en la presentación y comercialización de los productos. Abunda el público con ideas triunfalistas en cuanto a la competitividad de los vinos españoles, una vez que se abran las puertas del Mercado Común. Pronto saldremos de dudas, pero cabe suponer, siendo realistas, que el resultado será variopinto. Prevalecerán marcas que sean capaces de hacerse un prestigio basado en la calidad y otras descubrirán que no sólo no engañan a nuestros vecinos, sino que algún vino extranjero puede quitarles chentes aquí mismo. Como bebedores conscientes podemos salir ganando, siempre que no caigamos en la pasión cutre por lo de dentro ni en el esnobismo lelo por lo de fuera. Y ojalá de paso nuestros vinos se hagan realmente mejores.
30 oct 2015
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Deportes: motorismo: deporte y pasión
Deportes Beatriz Sánchez Motorismo: Deporte y Pasión El motorismo, en la actualidad, está dividido en tres modalidades, lo que da una mayor posibilidad de participación y práctica de este llamativo deporte. El trial, motocross y el todo terreno, constituyen un bonito espectáculo, tanto para ser espectador como practicarlo. El trial es la especialidad más accesible, ya que es la modalidad más fácil y también la más barata, para iniciarse en el motorismo de campo. El circuito para esta especialidad consiste en acotar un terreno que reúna una serie determinada de dificultades. Los pilotos deben realizar varias pasadas por los obstáculos y gana el que menos veces ponga pies en el suelo. Existe lo que se denomina falta grave: el hecho de poner los dos pies en el suelo o salirse con la moto de la línea marcada. La principal característica de un piloto de trial es el equilibrio. Las motos suelen ser más bajas y estrechas de lo habitual, el peso es muy pequeño y tiene una gran maniobrabilidad, su potencia ronda los 20 caballos. La especialidad opuesta al trial es el motocross. Durante un tiempo determinado, los pilotos han de dar el mayor número de vueltas a un circuito con subidas, bajadas, saltos, baches y toda 3uerte de dificultades. Gana el piloto que consiga dar más vueltas en el tiempo establecido. Para conducir una .moto de cross, en competición, nace falta un gran fondo físico, con una gran fuerza en los brazos, para poder dominar la potencia de los motores. Las mejores motos para su práctica no son de fabricación nacional sino japonesas o alemanas. El equipo es un poco más complicado y costoso que el de trial e incluye, además de las botas y el casco, un traje especial de cuero. Sin embargo, en el motorismo, la especialidad reina es el todo terreno, es la modalidad más espectacular de todas. Una carrera consta de tres fases; en la primera se realiza una salida desde un parque cerrado, donde las máquinas son verificadas antes de iniciarse la prueba. El recorrido debe realizarse lo más rápidamente posible, llevándose a cabo la cronometración del tiempo empleado. El circuito no puede ser reconocido por los pilotos con anterioridad. La aceleración es la segunda fase. El piloto sale de parado y recorre los 200 metros marcados lo más rápidamente posible. Por último se realiza el rallie, que es la verdadera carrera; en Los precios son muy ella hay que ir variados, dependiendo siguiendo una serie de de las cilindradas y del flechas y marcas, hasta fabricante. Para trial, llegar a un control a se pueden encontrar una hora determinada, motocicletas desde que sólo conoce el 240.000 pesetas. En lo piloto. Si se llega referente al motocross después o antes existe y el todo terreno, los una penalización de un precios varían mucho, punto por cada desde las 250.000 de segundo, aunque las nacionales como existen unos tiempos Bultaco o Montesa a de tolerancia para las 500.000 de la cada caso, Maico o Güera. La carrera discurre Existe además de la casi en su totalidad moto, todo un equipo por el campo, con una complementario e longitud próxima a los incluso obligatorio, 150 kilómetros. El como es el caso del ganador es aquel piloto casco, que puede que menos puntos haya alcanzar las 6.000 penalizado en los pesetas. Las botas, los controles horarios y guantes y en algún caso que menos tiempo haya el traje especial, es el invertido en la equipo completo para cronometrada. la práctica del motorismo o moto Las máquinas son muy verde. parecidas a las de cross, pero con ligeras modificaciones, que afectan a la caja de cambios; tienen instalación eléctrica, caballete y pueden circular por las ciudades, pues está homologada su matricuíación Las motos que en la actualidad se utilizan para la práctica de cualquiera de estas tres modalidades, son de fabricación nacional, debido en gran parte al alto precio de las de importación, y por otro lado, es mucho más fácil modificar una moto nacional para adaptarla a las necesidades del piloto.
30 oct 2015
Artículo BIT
Música: la música es silencio
Música Luis Piedra del Palacio La Música es silencio Andaba yo estos días dándole vueltas al tema para este artículo cuando ha caído en mis manos un escrito de José Luis Martín Descalzo sobre el ruido y el silencio. Después de empezar diciendo que hemos tenido la desgracia de vivir en la época más ruidosa de la historia, y de desarrollar su idea con la profundidad y la agudeza que le caracteriza, inserta hacia el final el siguiente párrafo, que no me resisto a copiar: "Porque el verdadero silencio sólo se vuelve fecundo cuando permite un ahondamiento de la conciencia, un encuentro con lo más intenso de nosotros mismos". Creo que ese es el significado del silencio de la música. Porque aunque parezca paradoja, la música es silencio; silencio interior, fecundo silencio que nos cuestiona en lo profundo de nuestro ser, que relaja el alma del estruendo externo de la vida y del más grave estruendo interno -pasiones, ambiciones, preocupaciones, deseos, incoherencias— de nosotros mismos. También es silencio interior todo aquéllo en que la persona comienza a nacer de nuevo, en que se siente crecer espiritual y humanamente -un buen libro, una verdadera amistad, cualquier manifestación artística que alivie nuestra inquietud, una vocación profundamente enraizada y vivenciada-; pero para muchos el silencio le la música es la más levada expresión del trascendente del. que la música silencio para escuchada parece , porque la que se oye con alrededor es "música de fondo", o "música ambiental", o música le discoteca. Sin minusvalorar la función o relajante de una de estas músicas", o de otras paralelas, la verdadera música es otra cosa, y, para quedar en ella, dos de silencio: el y el interior. primero depende de iniciativa, y que sin él no el segundo. Pernos de buscarlo en a sala de conciertos o lado de nuestro equipo reproductor; isa búsqueda estará motivada por nuestro interés, por ese querer acercarnos a los que llena, —si hay un conocimiento previo—, 3 a lo que incite nuestra inquietud, —si ese es más o no -. En cuanto al segundo, el interior, 3s la esencia de la. Hay que estar a lo que la que escuchemos nos diga para poder ese silencio, esa comunicación —un caso más de "telecomunicación", se podría decir— que el compositor quiso dejar plasmada en su obra, y que se traducirá subjetivamente en las infinitas y matizadas sensaciones que la música es capaz de expresar, dependientes también del intérprete. Porque la peculiaridad de la música respecto a las otras Bellas Artes es que exige un tercer elemento, a veces distorsionante por desgracia, para que la música se haga realidad: el intérprete, puente imprescindible entre el compositor y el oyente. La música, en este aspecto del silencio que ella significa, no se puede intelectualizar ni explicar. Es una vivencia, y en este sentido cada uno sintonizaremos con nuestra distinta respuesta personal ante una misma obra. Viene aquí a propósito recordar esa conocida anécdota de Beethoven según la cual, en una ocasión en que el músico había interpretado ante un grupo de personas una de sus sonatas para piano, una dama le preguntó, después de elogiar superficialmente la obra: "Maestro, ¿y que ha querido significar con esta obra? Portoda respuesta, Beethoven se volvió a sentar al piano, repitió la audición de su sonata, y dijo: "Señora, significa esto". Quizá la más impresionante "música del silencio" que se ha creado sea el ultimo movimiento, "Adagio", de la Novena Sinfonía de Mahler, en donde la elocuencia de los silencios físicos señalados en la partitura tienen tanto o más valor que los sonidos reales, produciendo un clima de recogimiento enormemente personalizado. Es en el fondo una reflexión sobre la muerte como estímulo para empujarnos a vivir más y mejor, como dice Julien Green refiriéndose a Bach. También es importante el silencio contenido en la última de las Seis Piezas para piano, opus 19, de Schoenberg. Esta miniatura (no más de un minuto de duración) fue compuesta al regresar su autor del cementerio de Viena, donde había tenido lugar el entierro de Mahler. El ánimo de Schoenberg, agarrotado por el recuerdo de su amigo y maestro, no tuvo en esos momentos más desahogo que el puente espiritual de la vivencia musical común a ambos, y nos dejó una profunda reflexión, una impresionante reflexión sobre la tristeza esperanzada que le dominaba: Algo así como una dulce añoranza del amigo muerto. Pero podríamos citar muchos momentos "silenciosos" de la música. En realidad, todos lo son, cada uno a su modo. Incluso los más ruidosos y alegres, como por ejemplo el cuarto número, "La Celebración", déla Música para los reales Fuegos de Artificio, de Haendel, en donde la fanfarria de las trompetas, unida a la solemnidad de una rica percusión, nos comunica un sereno, fraternal y alegre deseo de comunión con los demás. O también, y en otra dimensión más interiorizada, cualquiera de los tiempos lentos de la música de cámara de Brahms. O también, el asombroso último tiempo de la Sinfonía Patética de Tchaikowsky, que después de la, un tanto externa y espectacular superficialidad del tercer tiempo, nos sume en una reparadora meditación sobre nosotros mismos. Y qué decir del Adagio de la Novena Sinfonía de Beethoven, o del Adagio Religioso (2o tiempo) del tercer Concierto para piano de Bartok, o del Kyrie y el Gloria de la Misa en Sí menor de Bach, o de la "Música callada" de Federico Mompou. O de o de y así hasta el infinito. Todos ellos, cada uno a su estilo, son en definitiva diferentes expresiones de oración, entendida en sus dimensiones humana y de diálogo con Dios. Y eso para mí es el silencio; el silencio de la música.
30 oct 2015