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Filosofía: Espinoza y la política absolutista del Barroco
Filosofía Juan Blanco Espinoza y la política absolutista del Barroco El modelo de hombre que traduce -en versión simplificada- las ideas filosóficas de HOBBES y los ideólogos poi íticos del Barroco, es un sujeto sometido, imperativamente, a unas leyes que han sido producidas, de forma mecánica, por la acción creadora del organismo social. Esta acción creadora nace de una violencia, generada por la voluntad del organismo humano, contra la naturaleza, para salvar su propia existencia. La sociedad se opone, por eso, a la naturaleza, de manera irremediable. Es una oposición utilitaria, conveniente a los intereses de los individuos particulares, que se sienten protegidos por ella. Por su medio, se consiguen soluciones seguras y se resuleve el . problema que esa época considera como el más importante, desde el punto de de vista de su supervivencia: la paz social y la seguridad individual. TIEMPO LIBRE Evidentemente, la propuesta hobbesiana para salvar la paz y la seguridad, involucra a la libertad, que es estigmatizada, porque el volumen de su potencia es tal que arrastra al sujeto humano hasta los límites de la destrucción y la muerte. Para Hobbes, la libertad, caso de producirse, actúa dentro de la naturaleza como una potencia espontánea, que motiva a los sujetos y los impulsa a buscar una conducta adecuada, a través de la cual dicho sujeto pueda desarrollar, de manera vigorosa, la fuerza de sus instintos. Pero -advierte Hobbes- mientras el individuo en la naturaleza se desarrolla, se han ido produciendo, a su alrededor, movimientos similares a los suyos; otros sujetos han intentado, también, individual izarse. Se crea, entonces, un campo de fuerzas antagónicas, de intereses encontrados. Su egoismo encuentra el obstáculo de los otros egoísmos, y la empresa que intenta realizar -la de su afirmación/individuaciónle resulta sumamente costo~a, porque tiene que derivar parte de sus energías físicas . y psíquicas hacia trabajos secundarios, aunque absolutamente necesarios, para proteger lo que ha conseguido. La situación del "hombre natural" es dramática. Pasa su vida recelando de los demás, buscando armas con las que hacer frente a sus contrarios, que son todos; guardando sus propiedades de las avaricias ajenas. En definitiva, es un estado de guerra de todos contra todos. Lo que es mejor en el estado de naturaleza, resultó ser lo peor para el hombre que vivía con los otros hombres. Es inevitable, por lo tanto, invertir esa lógica; si el sujeto humanó quiere seguir siendo, si quiere mantener sus pretensiones de existencia, es necesario convertir la lógica de lo peor en una lógica de lo mejor. De ese cambio de valores lógicos se derivan, a su vez, otros cambios que el sujeto debe asum i r de forma imperativa. El primero de todos, es que el hombre tiene que oponerse a la espontaneidad de su naturaleza, que debe encubrir sus instintos, someterse a un poder cultural -no natural- y, por lo tanto, externo, que pudiendo actuar de manera absoluta, transforme los impulsos naturales del sujeto en elementos neutrales, linguísticos, indiferentes a cualquier reacción que no le venga impuesta por las normas emanadas de ese mismo poder. La voluntad de sometimiento es la marca distintiva del individuo hobbesiano. Hombre razonable, hombre jurídico que actúa, desde el momento del pacto, en un terreno donde las voluntades de los otros se encuentran también sometidas a ese poder. El principio de igualdad se extiende sobre todas las cabezas, siendo el Estado, con su autoridad, el que ha creado el acuerdo, el que ha convertido en solidaridad el egoísmo. Lo solidario, sin embargo, necesita de lo poi ítico; es decir, sólo se entiende la solidaridad si se formula como solidaridad con lo político. En este caso, con el poder absoluto. Si para Hobbes la naturaleza debía estar sometida a la razón, representada por las fórmulas creadas por lo social, para SPINOZA la naturaleza y la razón eran partes de l{n todo, que se producían de manera absolutamente necesaria. Lo natural, lo instintual, entraba a formar parte, de igual forma que la razón, en la factura de cada sujeto orgánico; porque el sujeto es un modo de existencia, un ente que posee el suficiente grado de poder, no sólo para ponerse en existencia, sino, también, para conservarla. La naturaleza intenta preservar la vida, conservarse ella en el conjunto de las infinitas existencia que posee: tantas como especies e individuos se dan en el universo. Todas juntas y todo el poder que, unidas, representan, manifiestan lo que la naturaleza es. No existe, pues, un poder más amplio ni más profundo, que el de la Naturaleza. Al establecer Espinoza una relación firme entre razón y naturaleza, y al enunciar que las dos operan siguiendo el dictamen de una necesidad universal, está afirmando que las acciones que los hombres consideramos como malas, cuando enjuiciamos de forma moral, lo son sólo desde el punto de vista de una legalidad establecida por el hombre y para el hombre. Pero no desde la perspectiva de necesidad que se dan en el universo. En éste no hay moral idad, porque lo que se produce no mira a lo que debe ser, sino que pone todas sus energías en ser y su poder al servicio de su propia constitución. Todas las especies de la naturaleza funcionan de la misma manera, y cada una de ellas, para conservarse, puede oponerse al crecimiento de las otras. No hay maldad en este juego, hay sólo una necesidad que impone la existencia. Por lo mismo, lo poi ítico no consitituye para Spinoza un campo de actividad especial, capaz de segregar al hombre de la naturaleza, como pretend ía Hobbes, sino una forma de acción que el organismo necesita, en determinada fase de su desarrollo mental, para superar las oposiciones que se producen en el ambiente en que se desenvuelve. Lo poi ítico no crea un espacio de razón, porque la razón no tiene nada que ver en la formación de lo poi ítico. Es la parte pasiva del sujeto humano la que está representada en esa noción. Son las pasiones, los deseos, las vol iciones, las que crean las zonas pasivas del sujeto. Y por ellas y contra ellas se generan los estados, para contener, para mantener al sujeto dentro. de unos límites, de manera que no puede dañar a otros. Es una convención que se establece, un pacto que dura mientras convenga, pero que no establece otra legalidad ni impone más razón que la que se deriva de las circunstancias en que fue realizado. El poder es, por lo tanto, algo que alguien detenta porque conviene a una mayoría de sujetos sociales. Mientras se mantenga esta relación, el soberano dispondrá del poder necesario; pero si los individuos pierden la confianza en la gestión por la que se realizó el pacto, y le retiran su apoyo, perderá el poder. El pacto de Spinoza, pl no afectar a la razón, está fundamentado en lo transitorio de los intereses confluyentes. No se discute otro~rado de legitimidad ni, como en Hobbes, se ve al poder absoluto como garantía racional de supervivencia. El único poder racional, para Spinoza, está en la naturaleza. Estudiándola, se pueden extraer conclusiones que nos ayuden a poner en orden nuestra propia racionalidad.
30 oct 2015