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Música: Goethe y Beethoven
TIEMPO LIBRE Música Luis Piedra del Palacio Goethe 3" Beethoven En el año que acaba de terminar se ha cumplido el ciento cincuenta aniversario de la muerte de Goethe en Weimar. Fecha crucial ésta de 1832, que explica, aún más que la fuerte personalidad de Goethe, la tirante e incomprendida relación que siempre existió entre éste y Beethoven, derivada de la eclosión romántica asociada a la fecha citada. En estas breves líneas quiero hoy analizar el por qué de esa tirante relación, pues se sabe que estos genios nunca se entendieron. A los intentos de aproximación del músico hacia el literato respondió siempre éste con un despectivo gesto de olímpica superioridad. Hay por lo menos dos razones para ello, sin contar el hecho de que ambos estuvieron enamorados de la misma mujer, Bettina B rentano. Primera razón: al orgullo artístico de Beethoven -aunque a veces arropado con una aparente humildadle sentaba malla luz propia que irradiaba Goethe, y por otra parte la cima intelectual que el poeta ocupaba en la sociedad de su tiempo no pod ía tolerar la sombra que pudiera hacerle el músico de Bonn. Eran dos cimas frente a frente, pero es que además Beethoven era, humana y artísticamente, el abismo para Goethe. Porque el músico fue el único que; con ocasión de su encuentro personal en Teplitz en julio de 1812, se atrevió a hablar duramente a Goethe; y Goethe sabía que Beethoven tenía razón. Es conocido el episodio en que, estando Goethe y Beethoven paseando por Teplitz, aparecen viniendo por el mismo camino la emperatriz, los duques y toda la corte. Goethe se aparta a un lado sombrero en mano, y los saluda reverenciosamente, en tanto que Beethoven, balanceando los brazos, no desvía su camino del de los príncipes, y pasa entre" ellos como un bólido. Luego se para y espera a Goethe, que sigue haciendo sus reverencias, y le increpa al llegar: "Le he esperado porque le respeto como se merece; pero Vd. les ha hecho demasiado honor". "Ellos podrán muy bien colgarle a alguien una condecoración honorífica, pero el condecorado no . habrá mejorado con ello ni I el espesor de un cabello. Sin embargo, lo que nunca podrán ser ni fabricar en un Goethe o un Beethoven". Goethe comenta en otra ocación acerca de Beethoven: "Su talento me ha llenado de asombro. Pero su personalidad es desenfrenada. Quizá no está equivocado cuando juzga detestable al mundo; pero con eso no lo hace mejor ni para él ni para los otros". y es que Beethoven siempre combate, se golpea a cada paso, se lastima, pero no vacila en mantener la frente alta. Goethe en cambio nunca combate ni discute; se pliega frente al obstáculo, y todo lo más evita por orgullo o debilidad el cuerpo a cuerpo, huyendo sin volver la cara. La segunda razón, relacionada con la fecha de 1832 citada al principio, es que la formación musical de Goethe era cerradamente tradicional, en el sentido de no admitir novedades y de considerar todo arte nuevo como enfermizo y decadente. Por eso la primera música romántica tenía que ser ajena a Goethe, quien no pasaba de Mozart. A Mozart sí llegaba, pues aunque fue un genio precursor en muchos aspectos, era más un resumen y un perfeccionamiento de la música europea tradicional. y Goethe no era lo bastante músico para ver en Beethoven lo que vemos hoy, el imperial dominio de la voluntad sobre los elementos desencadenados. Sí lo era para ver ese desencadenamiento romántico y sentirse despavorido; el deseo del arte romántico de recoger la interioridad anímica, lo inc"ierto y lo abismal, había de parecerle patológico y deforme. Este cambio le sorprend ió sin duda porque iba contra sus principios de claridad y de explicitud, de indiscutible primacía del concepto y la idea sobre la sensación. "Brota de la música de hoy, -decía en 1831-, una fuerza que se adueña de todo y que nadie puede explicar". Goethe no comprend ía esta música; no la comprend ía, pero le daba miedo. En 1811 Goethe oye la música de Egmont, que Beethoven le envió junto con una atenta y casi servil carta. La opinión de Goethe puede resumirse en esta frase, que pronunció al oír la música: "Para nosotros los viejos (Goethe ten ía entonces 53 años y Beethoven 41) es cosa de volverse locos cuando vemos en derredor nuestro todo este mundo en delicuescencia, que retorna a los elementos hasta que iDios sabe cuándo aparezca una renovación" ¿No hay aquí una secreta malevolencia hacia Beethoven, un instinto vital que se defiende, un rencor de quien se siente amenazado? En conclusión, Goethe es quien de los dos escond ía más debilidad moral. La figura moral, física y artística de Beethoven inquieta a Goethe, aunque por un momento le fascinó; por eso le apartó de su horizonte huyendo ante él, ?spondiendo a sus cartas coro el silencio. Y entretanto el arr"batado Beethoven, que jar:"ás toleíó que le faltasen a las consideraciones que él pensaba que le debían, que no le hubiese perdonado una actitud despectiva ni al dueño del mundo, nunca dio signos de rencor hacia Goethe; y es porque Beethoven admiraba a Goethe, a qu ien reputaba "a pesar de todo" el poeta más grande de Alemania. De esta forma, los dos grandes hombres pasan, uno junto a otro, sin verse. Uno, el que más quiere, sólo sabe lastimar al otro; y el otro, el que más comprende, jamás conocerá de verdad al primero, al único digno en verdad de él. Lo que se puede resum ir en la frase que Beethoven escribió mucho más tarde en su lecho de muerte: "Todos nos equivocamos, pero cada uno a su modo".
30 oct 2015