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Artículo BIT
BIT cumplió 100 números
BIT cumplió 100 números an sido muchos años de esfuerzo de todo el Colegio y la Asociación para mantener vivo este vínculo entre nuestros profesionales, la sociedad y el sector en el que nos desenvolvemos. Cuando BIT se creó, era un sentir general la necesidad de contar tanto con un órgano de expresión, como con un lugar común, una plaza Mayor en donde todos los ingenieros de telecomunicación pudiéramos encontrarnos y debatir sobre aquellos temas que nos han ido preocupando a lo largo de los anos. De esta forma, la revista ha contribuido a dar forma a un Colegio y una Asociación que, como cuentan los pioneros, tuvieron serias dificultades en sus inicios, cuando la sociedad no acababa de situar nuestro quehacer. La supervivencia de la revista a lo largo de estos cien números ha sido posible gracias al apoyo del sector, de las empresas que lo forman, de los compañeros que con tanta dedicación han trabajado y trabajan en el día a día o han contribuido y contribuyen con sus artículos desinteresadamente. Como característica a destacar, hay que decir que BIT es una revista que en su mayor parte, está realizada con aportaciones de los mismos ingenieros tanto en temas técnicos como de ocio, cultura u opinión . La versatilidad de nuestros ingenieros escritores ha permitido que BIT sea un medio útil y de entretenimiento y que represente al sentir de toda nuestra profesión. En cuanto a la fiesta de presentación de BIT 100, es muy de agradecer el respaldo recibido por parte de todos, profesionales, empresarios, autoridades que tuvieron la gentileza de arroparnos con su presencia, como queda constancia en el reportaje gráfico. A todos quiso agradecer, en su breve intervención el director de BIT y Vicedecano de COIT/AEIT, Enrique Gutiérrez Bueno su apoyo y su presencia, junto con el Decano y presidente, Jorge Pérez
30 oct 2015
Artículo BIT
El espacio público de numeración telefónica
Alberto Domingo Ajenjo Jose Javier Esteban Yago El espacio público de numeración telefónica l espacio público de numeración telefónica es, al igual que el espectro de frecuencias, un bien nacional escaso. Como tal, constituye un recurso estratégico para operadores, proveedores de servicios y usuarios, y la responsabilidad de su gestión y administración debe recaer en un organismo independiente de los operadores. Para los operadores, un plan de numeración telefónica adecuado permite realizar el encaminamiento de las llamadas de manera eficaz y eficiente. Los proveedores de servicios y los usuarios asocian a los números de teléfono un valor subjetivo relacionado con la utilidad de éstos para identificar el tipo de servicio al que se accede o, incluso, al destinatario final de la llamada. La disponibilidad de números de fácil memorización (como el 900 123.123) o de códigos cortos sencillos (003) posiciona favorablemente a quienes puedan utilizar los mismos como parte de su imagen corporativa. En España se va a producir una coincidencia parcial entre tres hechos muy significativos relacionados con el espacio de numeración: la inminente incorporación de nuevos operadores de telefonía fija, la implantación de un nuevo plan de numeración (cuya primera fase comienza en Zaragoza a principios de 1997) y el traspaso de las competencias en materia de gestión y administración del plan y del espacio de numeración a la Dirección General de Telecomunicaciones (y, en concreto, a la recién creada Subdirección General de Recursos Escasos). El espacio público de numeración Actualmente, en España, los números de teléfono son, tal y como muestra la figura 1, de nueve dígitos, siendo el primero de ellos siempre el 9 (el prefijo de acceso a la red interurbana y a otros servicios, tales como telefonía móvil o servicios de red inteligente). La marcación puede hacerse a 9 dígitos (llamadas interprovinciales, a teléfonos móviles o a servicios de Red Inteligente, tales como servicios 900, 906, etc.), a 7 dígitos (llamadas intra provinciales en provincias con gran parque telefónico) o a 6 dígitos (llamadas intra provinciales en provincias con parque reducido). También es posible acceder a servicios especiales mediante códigos cortos (tales como el 091 para llamadas a la policía o el 003 para acceso a información telefónica). Todos los códigos cortos han estado situados en el segmento 0XY, aunque comienzan a aparecer los primeros en el segmento 1XY (tales como el 112, para servicios generales de emergencia), motivado fundamentalmente por la necesidad de acomodarse a las disposiciones de la Unión Europea en este sentido. Vistas así las cosas, el espacio asociado al plan de numeración vigente en nuestro país tiene una capacidad teórica máxima aproximada de 108 números telefónicos distintos. Esto es, de unos 100 millones de números, más otros 100 números adicionales en el segmento 0XY. Sin embargo, ningún número de abonado debe comenzar por 9 (colisionaría con el prefijo interurbano que antecede al indicativo de la provincia) ni por 0 (colisionaría con el dígito inicial de los códigos cortos 0XY), por lo que el espacio disponible queda limitado aproximadamente a unos 80 millones de números (algo menor, teniendo en cuenta otras restricciones de segundo orden). En un país con unos 40 millones de habitantes y en torno a 20 millones de líneas instaladas, un espacio de 80 millones de números parecería más que suficiente para cubrir las necesidades previsibles a corto y medio plazo, incluso teniendo en cuenta la incorporación de nuevos operadores (tales como Retevisión o los futuros operadores de cable), el crecimiento espectacular de los servicios de telefonía móvil, la aparición de nuevos servicios o la posibilidad de varios números por línea que permite la RDSI. Sin embargo, esto no es así (en Reino Unido, por ejemplo, se cambió el plan cuando había 17 números por habitante, mientras que en España hay escasamente 2 números por persona), y el plan de numeración está, en España, prácticamente exhausto a nivel global, y en condiciones críticas en zonas localizadas, tales como Zaragoza. Veamos por qué. Segmentación y fragmentación del espacio de numeración Es altamente deseable que el usuario que llama por teléfono tenga una indicación suficientemente aproximada del tipo de servicio al que accede y, sobre todo, del precio aproximado que puede esperar pagar por la llamada. También es deseable, aunque menos prioritaria, la indicación de la zona geográfica a la que llama. Esta información está presente en el número de teléfono. De un simple vistazo es posible deducir si la llamada es local (6 ó 7 dígitos), interprovincial (9 dígitos, comenzando siempre por 9X, siendo X distinto de 0), si es un servicio de red inteligente (9 dígitos, comenzando por 90, siendo el 900 para llamada gratuita, 901 y 902 para coste compartido, 903 y 906 para tarificación adicional, etc.), o si es un servicio especial (comenzando por 0, tal y como el 091 o el 003). Igualmente resulta posible, aunque es cada vez más problemático en el plan actual, saber si el número llamado pertenece a un abonado a un servicio móvil. Asimismo, se tiene una indicación bastante clara del coste de la llamada. Incluso en los números de abonado local hay cierta información geográfica de detalle (no siempre conocida por todos). Un usuario puede saber que al llamar a un número local que comience por 319 desde el centro de Madrid incurre en el coste de una llamada metropolitana, mientras que si marca un número de abonado que comience por 854 (Guadarrama) incurrirá en el coste de una llamada provincial (varias veces más cara). El hecho que permite que esta información esté implícita en el número de teléfono es la organización jerárquica del espacio de numeración, que se consigue a base de segmentar el espacio disponible en diferentes subconjuntos, asignando cada uno de ellos a un propósito concreto. Las figuras 2 y 3 muestran cómo está segmentado el espacio de numeración en España, en la actualidad. Al ser una organización jerárquica, esta segmentación se repite en niveles inferiores de la jerarquía y, por ejemplo, el espacio de numeración asignado a telefonía fija se subdivide a su vez entre las diferentes provincias, éstas a su vez entre zonas metropolitanas y provinciales, etc. La segmentación no sólo es útil para el usuario, que obtiene rápidamente la información que necesita sobre el servicio accedido. También es útil para el operador, que sabe, sin más que procesar los dígitos iniciales, a qué central debe encaminar la llamada y cuál es la tarifa a aplicar al usuario que llama y/o al abonado que recibe la llamada. Un efecto inmediato de la segmentación es la fragmentación del espacio disponible, que impide que un segmento asignado a un servicio concreto pueda ser utilizado por otro (lo que haría perder la información implícita en el número, pudiendo inducir a confusión). La consecuencia directa de la fragmentación es la pérdida de eficiencia que se produce cuando ciertos segmentos no alcanzan ocupaciones elevadas mientras que otros se agotan, y la segmentación impide aprovechar el espacio remanente no utilizado. Así, para un plan de numeración concreto, existe un compromiso entre la información contenida en un número cualquiera y la eficiencia en la utilización del espacio global. Cuanto mayor sea la información presente en el número (mayor estructuración del plan de numeración), mayor será la probabilidad de que al crecer la demanda de manera desigual en los diferentes segmentos alguno de ellos quede prematuramente agotado, y mayor será también la probabilidad de que nuevos servicios no previstos inicialmente tengan dificultades para encontrar un "hueco" en el plan de numeración (salvo que se reserve un espacio excesivo para la incorporación de futuros servicios). Cuando un plan de numeración concreto llega a agotar el espacio de numeración disponible en uno o varios de los segmentos definidos es preciso reestructurar el plan (cambiando los segmentos existentes, lo que puede inducir a incertidumbre para los usuarios en lo que respecta a la información presente en el número) o crear uno nuevo que se apoye en un espacio de numeración mayor (lo que se logra generalmente a costa de aumentar el número de dígitos que el usuario tiene que marcar para efectuar una llamada). Un cambio de plan, aunque es algo a veces necesario y totalmente dentro de la normalidad, constituye una situación poco deseable, sobre todo si implica un cambio del número de abonado para muchos usuarios. Los cambios de número se traducen en dificultades y costes adicionales para operadores y usuarios (incluyendo las modificaciones necesarias en los equipos terminales), en múltiples llamadas equivocadas y en muchas llamadas no efectuadas (que, con frecuencia, llevan aparejadas pérdidas de contactos y de oportunidades concretas de negocio). FORMATO EJEMPLOS USO 9-XY-ABMCDU 9-1-319.74.19 Marcación nacinal completa a 9 dígitos (llamadas interprovinciales, en el ejemplo, al teléfono del COIT de Madrid) 319.74.19 Marcación provincial a 7 dígitos (provincias con prefijo de 2 dígitos, en el ejemplo, al teléfono del COIT de Madrid) 12.34.56 Marcación provincial a 6 dígitos (provincias con prefijo de 3 dígitos) 900-123.123 Marcación de servicio de red inteligente a 9 dígitos (en el ejemplo, cobro revertido automático) 907-123.123 Marcación de servicio de telefonía móvil celular (en el ejemplo, un abonado de Airtel) 0XY 07-NIS Acceso a la red internacional (en el ejemplo, NIS es el número E.164 internacional significativo) 091 Servicio de emergencia (policía nacional) 025 Acceso a servicio de directorio telefónico internacional Fig. 1. Marcación telefónica dentro del Plan de Numeración Vigente Situación actual en España El Plan de Numeración Vigente en España, concebido y gestionado hasta hace poco por Telefónica, ha cumplido su propósito con eficiencia durante muchos años. En la actualidad, sin embargo, las limitaciones derivadas de su diseño en épocas con requisitos muy diferentes acotan su validez actual y futura. Los principales factores que han abocado a esta situación son los siguientes: * El crecimiento heterogéneo de la demanda de números en las diferentes provincias, llevando a una situación crítica en puntos tales como Zaragoza o Murcia, y excesivamente desahogada en otros como Soria o Palencia. * El enorme crecimiento de determinados servicios, tales como la telefonía móvil, que han rebasado las previsiones iniciales, agotando rápidamente el espacio de numeración previsto para tales fines. * La reciente incorporación de nuevos operadores (tales como Airtel Móvil), y la inminente incorporación de otros (como Retevisión o los futuros operadores de voz sobre redes de televisión por cable), que solicitarán nuevos códigos de acceso y espacio de numeración geográfica previsiblemente en las zonas de mayor demanda, coincidiendo, por tanto, con las zonas donde la reserva actual de números ya está muy reducida. Además, estos nuevos operadores podrían solicitar números de "calidad" similar (igual longitud, similar formato, parecida memorabilidad) a los que usa ahora Telefónica, como método de evitar rechazo inicial por parte de los usuarios llamantes. Se han venido realizando pequeños cambios puntuales para poder acomodar en un plan casi agotado la demanda creciente en ciertas zonas y servicios. Estos cambios han pasado por la ampliación y disminución de segmentos geográficos de provincias concretas, y por la asignación de nuevos códigos de acceso a servicios con gran demanda (como el 929 o el 970 para telefonía móvil GSM). El resultado es un plan de numeración con poca capacidad de crecimiento, ciertamente desordenado y que puede ser confuso para el usuario. Así, por ejemplo, un usuario puede marcar el prefijo 906 para una llamada con tarificación adicional, y el 907 ó 908 para una llamada a un teléfono móvil. Puede marcar el 970 para llamar a un móvil de Airtel y el 971 para llamar a un abonado de Baleares. El 980 para una llamada a Valladolid y el 908 para una llamada a un móvil de Telefónica. Tampoco existe una relación clara entre los códigos cortos y el servicio al que se accede ni el coste que implica. El coste de una llamada al número 002 (asistencia técnica, coste de la llamada nulo), es muy distinto del coste de la llamada al 003 (información provincial y nacional, 8 unidades de tarificación por llamada) o al 025 (información internacional, 24 unidades de tarificación por llamada). Un problema fundamental del plan actual es su incapacidad para dar cabida, con carácter general y en condiciones de igualdad, a los nuevos operadores quienes, de no cambiar la situación, encontrarán dificultades para conseguir suficientes bloques de números y códigos cortos para dar servicio a sus abonados, especialmente en ciertas zonas geográficas. * Alberto Domingo Ajenjo es Doctor Ingeniero de Telecomunicación por la Universidad Politécnica de Madrid. En la actualidad pertenece a la División Aeroespacial de la empresa SENER Ingeniería y Sistemas, S.A., donde ejerce las funciones de Director de Proyecto del Estudio sobre el Espacio Público de Numeración Telefónica. * Jose Javier Esteban Yago es ingeniero de Telecomunicación por la Universidad Politécnica de Madrid y funcionario de carrera del Cuerpo Superior de Sistemas y Tecnologías de la Información de la Administración del Estado. En la actualidad ejerce las funciones de Consejero Técnico en la Subdirección General de Gestión de Recursos Escasos de Telecomunicaciones de la DGTel. El nuevo plan de numeración Consciente de las limitaciones del plan actual, la Administración ha realizado ya algunas actuaciones con vistas a la implantación a corto plazo de un nuevo plan de numeración en España. El nuevo plan arranca con la experiencia de Zaragoza, prevista para febrero de 1997, y culminará con su implantación a nivel nacional durante 1998. Algunas de las actuaciones realizadas han sido las siguientes: * Realizar diversos estudios sobre los aspectos concretos de gestión del plan de numeración en entornos competitivos, incluyendo temas tales como la selección de operador, la problemática derivada de la introducción de servicios de portabilidad numérica y la creación y organización de una oficina encargada de la gestión del plan y la asignación de bloques de números a los operadores, entre otros. * Asumir las competencias en materia de gestión y administración del espacio público de numeración y del plan de numeración telefónica, que son ejercidas a través de la recién creada Subdirección General de Gestión de Recursos Escasos de Telecomunicaciones de la DGTel. Los objetivos perseguidos durante la elaboración del nuevo plan de numeración son, fundamentalmente, los siguientes: 1. La creación de suficiente espacio de numeración para albergar la demanda presente y futura durante un número razonable de años. 2. La identificación de mecanismos que permitan la incorporación de nuevos operadores y servicios en condiciones de igualdad competitiva. 3. La ordenación del plan de manera que maximice la información implícita en el número y, en concreto, permita asociar claramente números a servicios. 4. La minimización de los costes y molestias para los operadores y los usuarios y, en especial para estos últimos, evitar, en la medida de lo posible, cambios drásticos en los números de abonado. 5. La identificación de la estructura y mecanismos de funcionamiento de una oficina de administración del espacio público de numeración como un recurso nacional estratégico, de carácter limitado y escaso, que tenga en cuenta tanto las necesidades de operadores, proveedores de servicios y usuarios como la evolución de la regulación nacional e internacional (y, en especial, la europea) en esta materia. Conclusión Existe en estos momentos una oportunidad única para preparar en España el entorno de numeración que permita la integración de nuevos operadores, proveedores de servicios y servicios en términos de igualdad de oportunidades y siguiendo criterios de disponibilidad, objetividad, igualdad y transparencia. Este entorno ha de tener en cuenta un pasado histórico (caracterizado por la presencia de un único operador en régimen de monopolio) que ha dado como resultado un panorama actual muy concreto, difícil de modificar radicalmente sin poner en peligro la estabilidad del sistema. Pero, a su vez, es preciso ser muy consciente de las necesidades tanto inmediatas como previsibles, y que nacen de la reciente política liberalizadora y de los rápidos cambios en el contexto tecnológico y social, no sólo a nivel nacional sino, también, con carácter europeo. El resultado del proceso de integración debe garantizar tanto la igualdad de oportunidades de establecimiento y crecimiento para los diferentes actores involucrados, como también la adopción de las medidas necesarias para minimizar el impacto negativo sobre los usuarios y sobre los costes asociados. Sin embargo, aunque este último factor pueda considerarse como de trascendental importancia, no debe ser la excusa que impida la incorporación de nuevos operadores y servicios que, en un futuro próximo, sin duda redundarán en beneficio para todas las partes implicadas (y, especialmente, sobre el usuario).
30 oct 2015
Artículo BIT
Restos arqueológicos
Manuel Gamella Restos arqueológicos No es sólo que el tiempo huye, sino también que la memoria es traidora. Desde que escribí el artículo sobre la prehistoria de nuestro BIT para el número 100, una serie de piezas sueltas de excavación me han permitido ordenar un poco los acontecimientos de aquel pasado remoto y ahora puedo corregir y completar algo mi brumoso relato. a verdad es que no sé muy bien si esto tiene ya mucho interés, porque lo que importa es el futuro y ése ni se repite ni se adivina. Pero en cualquier caso la Historia (cualquier historia real) siempre satisface sanas curiosidades, y al menos da alguna idea de cómo pueden desenvolverse las cosas cuando se dan ciertas circunstancias. La primera pista que me iluminó está en el mismo número 100 de la revista, en la reproducción de la portada del primer número, el último de mi dirección, que tiene por fecha junio de 1978. Había creído yo recordar que el BIT-revista había surgido ya a principios del 76, recién constituida la primera junta posfranquista de la Asociación, pero no fue así. ¿Qué había pasado en esos dos años y medio?, reconstruyamos los hechos. Como un reflejo de la transición política general, la de nuestras instituciones corporativas también fue, como diría Marcelino Camacho, una "ruptura astillada", o sea, a trozos. Las juntas de gobierno de la Asociación y del Colegio se renovaban sólo en su mitad cada mes de diciembre, así que en la elección de 1975 la candidatura que se denominó democrática sólo cubrió el 50% de los cargos en la Asociación, incluyendo, eso sí, la presidencia con Angel Luis Gonzalo, y ni siquiera se presentó para el Colegio por la sencilla razón de que gran parte de los ingenieros más jóvenes no podíamos aún colegiarnos a falta del proyecto fin de carrera (la Asociación tenía más manga ancha). Para rememorar lo que ocurrió por entonces con nuestro boletín han venido en mi ayuda en estos días dos viejos amigos que, ¡por fin!, me han podido proporcionar copias de algunos ejemplares perdidos del dichoso BIT-hoja. Tengo así delante los números 3 (mayo de 1976), 9 (marzo de 1977) y 10 (abril de 1977) del Boletín Informativo de Telecomunicación, órgano ya oficial de la AEIT y del COIT, que mantenía el formato de hoja DIN A3 pero duplicada para mayor capacidad, aún sin el logo "televisivo" que, ahora deduzco, no debió introducirse hasta la aparición del número 1 del BIT-revista. Esta era la publicación que yo como director depositaba puntualmente en el Ministerio de Propaganda, digo de Información. De los números y las fechas se desprende que la frecuencia de salida debía ser ligeramente mayor que bimensual y, por una reseña del primer número del BIT-revista, parece que la última de estas hojas apareció en septiembre de 1977 (situemos las fechas: las primeras elecciones democráticas en todo el país habían sido en junio), por lo que en total se debieron producir unos doce o trece números (a ver si siguen apareciendo y llega a ser posible recopilar la serie completa). El BIT-revista fue pues un resultado trabajoso de la culminación de la transición en nuestras instituciones profesionales con la renovación total de sus juntas en las elecciones de diciembre de 1977, pero ¿cómo fue entonces el principio del BIT-hoja?. Felizmente tengo también delante la copia de uno de los ejemplares precursores. Tal como recordaba, tiene el formato de una sola hoja DIN A3, hábilmente plegada para su envío postal (con sello del Caudillo de 1"50) y con agujeros pensados para coleccionar en anillas. Sin embargo aún no se llamaba BIT (en abril de 1975) y estaba numerada como circular de la AEIT y del COIT, según la autorización que, como ya dije, obtuvimos de las viejas juntas los jóvenes ingenieros para difundir los "nuevos problemas de la ingeniería". Este número no era el primero, ya que en él se recoge la segunda parte de los resultados de una encuesta (hoy diría que refrescantemente tendenciosa) sobre esos "nuevos problemas". Tampoco debió ser el último de esa etapa, de modo que aún no sé cuántos hubo ni cuándo exactamente se empezó. Pero estamos tocando el fondo, estas circulares (de cuyos creadores equivoqué en mi artículo el apellido de Fausto Benito, perdón Fausto) sí son el origen primitivo de todo el tinglado, y su formato sirvió igualmente, con un oportuno oportunismo, para el folleto de la candidatura democrática en la campana electoral que inició el cambio dentro de la Asociación en diciembre de ese mismo ano. Los BIT-hojas, ya así llamados y numerados, constituyen por lo tanto una etapa intermedia de esta historia, inaugurada cuando, según recuerda Aquilino Morcillo en su artículo conmemorativo, los redactores del invento acudimos a él, como secretario aún de las juntas, para legalizar oficialmente el boletín tras el resultado de aquellas elecciones. El suceso pienso ahora que compuso una hermosa imagen de relevo generacional, resaltada incluso por la coincidencia de que el propio Aquilino había estado unos cuantos anos atrás entre los fundadores en la Escuela de otro BIT muy distinto, como él mismo nos relata. Las generaciones corrían muy deprisa por aquel entonces, y cada una traía sus propias novedades y sus cambios. Tengo la impresión de algo de esa dinámica se ha ido aflojando posteriormente, aunque admito que algo debe haber en ello de nostalgia por la juventud perdida. Quizás sería interesante discutirlo. Ya veremos.
30 oct 2015
Artículo BIT
La regulación de las telecomunicaciones en EE.UU.
Luis Molero La regulación de las telecomunicaciones en EE.UU. El Acta de las Comunicaciones de 1934 (47 USCS 151, 48 Stat. 1064) ha constituido durante algo más de 60 años, el marco legal en el que se ha basado la regulación de las telecomunicaciones en los Estados Unidos de América. Dicha . Acta se fundamenta en la existencia de estructuras legales diferentes y lo que es más importante independientes (tales como los textos que regulan las actividades de l os portadores comunes, radiodifusión y televisión por cable). Historia del acta El Acta de las Comunicaciones de 1934 No era en realidad, un documento nuevo. Fue estructurado como una integración de dos estatutos legales ya existentes: el Acta de Radio de 1927 (44 Stat 1162) y el Acta de Comercio Interestatal de 1887 (24 Stat. 379) con su enmienda de 1910 (el Acta Mann-Elkins, 36 Stat. 539). Incluso la agencia federal encargada de la gestión de las telecomunicaciones (l a FCC o Comisión Federal de las Comunicaciones) no era un concepto nuevo: no fue más que una modificación de la FRC (Comisión Federal de Radio), creada en 1927. Con anterioridad a 1934, la ICC (Comisión de Comercio Interestatal) constituía el organismo federal encargado de la regulación del servicio telefónico interestatal, así como del transporte ferroviario (es interesante constatar cómo desde su aparición, las telecomunicaciones han estado íntimamente ligadas al transporte ferroviario, debido a la supuesta relación existente entre el transporte de información en cualquiera de sus estados, y el transporte de seres humanos). La FRC se responsabilizaba de la regulación de l as comunicaciones por radio. Con anterioridad a los años 30, el 98% de las comunicaciones telefónicas eran intraestatales, lo cual justificaba l a suficiencia de un sistema basado en la jurisdicción estatal. El crecimiento de los operadores telefónicos, y el subsiguiente incremento de las comunicaciones interestatales obligaron al Congreso a modificar el sistema existente de regulación de las telecomunicaciones dando mayor preponderancia a la jurisdicción federal sobre a la estatal. El 26 de febrero de 1934 el Presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt publicó un mensaje pidiendo al Congreso que redactara una legislación comprensiva y la creación de una agencia federal con jurisdicción sobre comunicaciones por radio y por conductores. Como respuesta, el Congreso aprobó el Acta de las Comunicaciones de 1934. En dicha Acta se creó la FCC, que a partir de ese momento regularía las comunicaciones interestatales el internacionales (las comunicaciones intraestatales son reguladas a nivel estatal). Así mismo, se estableció una clara separación entre la jurisdicción del gobierno federal y el gobierno local y estatal; punto éste clave en la regulación de las telecomunicaciones en los EE.UU. Otros de los principales objetivos del Acta fueron: (1) Asegurar justicia y eficiencia, es decir el acceso sin ningún tipo de discriminación a un sistema de comunicación eficiente y a un precio asequible y razonable. (2) Servicio universal. Aunque este punto está relacionado con el anterior merece, por su importancia mención especial. Ya lo dijo el primer presidente de AT&T, Theodore N. Vail quien, en 1910 propuso un servicio telefónico que fuera "universal, [...] ofreciendo la oportunidad a cualquier suscriptor de comunicarse con cualquier otro suscriptor [...]". (3) Integración de los diversos documentos legales existentes anteriormente a 1934 y creación de un único entorno legal para la regulación de las telecomunicaciones en sus tres formas conocidas en la época en que el Acta fue redactado: telegrafía, telefonía y radiodifusión. El Acta, tal y como fue redactado en 1934, sería el documento regulador de la radiodifusión y de los portadores comunes. Ambas categorías quedaron definidas en dicho documento aunque de manera poco clara y, en el caso de ésta última, circular. Esta ambigüedad era discutiblemente necesaria, ya que el Acta no pretendía ser un texto específico, sino un marco legal de carácter general: quedaría en manos de los tribunales determinar la aplicación de las cláusulas del Acta a cada caso particular. Este carácter general y ambiguo crearía problemas más tarde, con la aparición de la televisión por cable en los años 40 y la necesidad de regular dicho servicio mediante una de las categorías existentes en el Acta de 1934. El Acta ha sido enmendado en numerosas ocasiones. Dichas enmiendas han sido tradicionalmente modificaciones de algún punto en particular, y cambios radicales se han dado en muy contadas ocasiones de entre las que cabe destacar las enmiendas de la televisión por cable de 1984 y 1992 y el nuevo acta de las telecomunicaciones de 1996. Televisión por Cable. Enmiendas de 1984 Y 1992 Los sistemas de televisión por cable en los Estados Unidos surgieron en los años 40 como una evolución totalmente natural de los sistemas de televisión comunitaria. De hecho; las siglas CATV se refirieron inicialmente, a los sistemas de televisión por antena comunitaria (Community Antenna TeleVision) aunque posteriormente se ampliaría su significado para referirse a los sistemas de televisión por cable (CAble TeleVision). Recordemos que los Estados Un idos, dada su gran extensión ha carecido tradicionalmente de una red de repetidores para radiodifusión como la existente en nuestro país. Existían por tanto numerosas poblaciones donde estos sistemas de televisión por antena comunitaria eran la única posibilidad viable de tener acceso a canales nacionales. De ahí el espectacular crecimiento que ésta tecnología ha tenido desde su concepción (en 1993, el 62% de los 94,2 millones de hogares americanos con televisión estaba conectado a un sistema de televisión por cable y los cables pasaban por el 97% de los hogares norteamericanos). En los últimos años estamos siendo testigos no obstante de una disminución en la expansión de los sistemas CATV debido, entre otras razones, a la aparición de tecnologías que compiten por un mercado económicamente atractivo: MDS (Multi-point Distribution Services), SMATV (Satellite Master Antenna Television), MATV (Microwave Master Antennae Television), LPTV (Low Power Television), y principalmente, DBS (Direct Broadcast Satellite, tecnología que permite ofrecer hasta 200 canales de televisión digital, con sonido calidad compact disk a un precio inferior al que actualmente pagan los usuarios de CATV). También ha sido decisivo el escaso servicio de atención al cliente debido al deseo de las compañías de cable de aumentar la base de clientes a toda costa a veces en detrimento de la atención a los mismos. Es paradójico observar cómo el despegue de los sistemas de CATV en España (un país, por otro lado, sin tradición en este tipo de sistemas) coincide con el declive que la televisión por cable está sufriendo en los EE.UU. en los últimos años. Lo que parece cierto es que los servicios adicionales que las compañías de CATV ofrezcan en nuestro país (tales como telefonía, transmisión de datos, video bajo demanda, acceso a Internet etc.) serán la clave de su éxito. Los sistemas de televisión por cable fueron regulados en un principio por las autoridades locales. La FCC no impondría su jurisdicción sobre este nuevo sector de las telecomunicaciones hasta 1965-1966, fecha en que impuso una prohibición a la importación de señal es de TV en los 100 mercados de mayor importancia salvo que se probase que dicha importación no perjudicaría el desarrollo de los sistemas de UHF. Dicha decisión fue llevada a los tribunales, los cual es declararon en 1968 que la FCC al tener plena potestad sobre los sistemas de radiodifusión, tiene también jurisdicción para regular l os sistemas de televisión por cable. A partir de ese momento comenzó la lucha por definir qué categoría de las definidas en el Acta de 1934 sería la mas apropiada para los sistemas de CATV: (a) la categoria de portadores comunes más estricta y controlada don de el servicio universal, el acceso sin discriminación, y el control de las tarifas son necesidades primordiales. Los sistemas de CATV no encajan perfectamente en esta categoría, ya que los usuarios de televisión por cable no poseen el control sobre el contenido de la transmisión. (b) la categoría de radiodifusión a los que se aplica un grado más al to de libertad de expresión (pero inferior al nivel de la primera enmienda aplicado a los sistemas de comunicación impresa). La regulación de los sistemas de radiodifusión quedó justificada por los tribunales en 1969 (Red Lion Broadcasting v. FCC., 395 U.S. 367), basándose en la premisa de la escasez de frecuencias (espectro radioeléctrico). Es cuestionable la validez de dicha hipótesis en sistemas de CATV. Debido a la presión por parte de las compañías locales de radiodifusión, la televisión por cable fue sujeta en sus comienzos a una regulación excesiva asignándole la categoría de portador común. Cabe notar la escasa imparcialidad con que la FCC adoptó sus decisiones para frenar el desarrollo de los recién creados sistemas de CATV y protegiendo así a los sistemas de radiodifusión a las que se supone que debía regular. Más tarde, en los años 70, debido al poder creciente de la televisión por cable, la FCC adoptó una postura más flexible, asignando los sistemas de CATV a la categoría regulatoria de radiodifusión. Ante la posterior decisión de los tribunales de que la televisión por cable y la radiodifusión no pueden ser regulados según el mismo criterio, debido a las grandes diferencias entre ambos sistemas el Congreso terminó adoptando en 1984 una nueva enmienda al Acta de las Comunicaciones de 1934 creando una nueva categoría para los sistemas de televisión por cable. Se podría decir que existen ciertas bases que justifican la regulación de los sistemas de televisión por cable: el uso que las compañías de CATV hacen de la propiedad pública (calles y aceras) la escasez física de espacio para ubicar los cables; la intrusión de la programación dentro de los hogares; o la supuesta característica de monopolio natural de los sistemas de televisión por cable, entre otras. Independientemente de estos motivos y debido a la tendencia desregulatoria existente en los EE.UU. a mediados de los anos 80, el Congreso decidió optar por una regulación flexible y de carácter procompetitivo de manera que se promoviese el crecimiento de los sistemas de CATV. Un ejemplo de este propósito fue la desregulación de las tarifas que permitió que el 97% de las franquicias fueran desreguladas desde Diciembre de 1986. Esta liberalización de las tarifas junto con la posibilidad de concesión de franquicias exclusivas creó una situación de "monopolio desregulado" una de las peores situaciones existentes. De hecho el Congreso de los EE.UU. encontró, en 1992, que "[...] desde la desregulación de las tarifas el precio mensual del servicio básico se ha visto incrementado en un 40 % o más, en el 28% de los subscriptores de televisión por cable [... ]". Esta conclusión junto con otras hizo que se redactase, en 1992, un nuevo texto legal para reforzar la regulación de los sistemas de televisión por cable. La enmienda de 1992 criticada por su excesivo carácter regulador, fue llevada a los tribunales en numerosas ocasiones. Algunos de los apartados problemáticos fueron: la regulación de tarifas las reglas must carry y retransmission consent, los canales PEG (de carácter público educativo y gubernamental), y la regulación de programación indecente y obscena, entre otros. Debido a que se está viviendo una nueva etapa desreguladora en los Estados Unidos la regulación de tarifas impuesta en 1992 ha sido en su mayor parte eliminada en la enmienda más importante y más reciente: el Acta de las Telecomunicaciones de 1996. Acta de las telecomunicaciones de 1996 El .Acta de las Telecomunicaciones de 1996 (Pub L. .No. 104-104, 110 Stat 56) aprobado por el Congreso y firmado por el presidente Bill Clinton el 8 de febrero de 1996 es, sin lugar a dudas y con diferencia, la enmienda más importante al estatuto regulatorio vigente desde 1934. Su principal característica es el carácter procompetitivo y desregulatorio, que tiene como objetivo primordial el abrir definitivamente a la competición el mercado local (sección 251) y de Larga distancia (sección 271). Así mismo se pretende con este reciente texto eliminar la ambigüedad inherente en un sistema regulatorio definido hace más de sesenta años, cuando aún no existían ni la televisión por cable ni la telefonía móvil. Esta reforma del acta era, sin lugar a dudas un paso necesario dado el extraordinario crecimiento observado en las compañías de telecomunicaciones en la última década. Existían demasiadas restricciones y barreras artificiales (impuestas por el Congreso y por la FCC, y ratificadas por los tribunales) que impedían la entrada de nuevas empresas en el lucrativo sector de las telecomunicaciones. Estas limitaciones (como las impuestas por el juez Harold Greene en 1984 o las reglas de cross-ownership, entre otras) servían dudosamente al interés público mediante el control de las actividades anticompetitivas de los monopolios. Nuevos jugadores en el campo, así como nuevas tecnologías y aplicaciones, llevaron al Congreso a la decisión de eliminar la mayor parte de estas restricciones. Por fin, y tras casi 100 años de monopolio, parece posible la existencia de una multiplicidad real de ofertas en el mercado de telefonía local. ¿Qué beneficio obtendrán las compañías de telefonía local, a cambio de permitir que sus competidores utilicen su red local existente? Entre otros, la nada desdeñable posibilidad de entrar de lleno en el mercado de larga distancia, televisión por cable, y fabricación de equipos. Así mismo, las compañías de telefonía de larga distancia y las de televisión por cable podrán ofrecer servicio telefónico local directamente a los usuarios. A pesar de todo, lo realmente importan te no es lo que obtendrán estas compañías, sino el beneficio que supondrá para los usuarios: multitud de opciones, nuevos servicios, y, supuestamente reducción de precios. Ante este nuevo clima de competición, las compañías de telecomunicaciones están uniendo sus esfuerzos, anunciando alianzas como las de MCI y BT, Bell Atlantic y Nynex SBC y Pacific Telesis, USWest y Continental Cablevision, etc. Las reacciones al Acta de 1996 no se han hecho esperar. AT&T presentó el año pasado su solicitud para ofrecer servicio telefónico local en todos y cada uno de los 50 estados y argumenta que ya está preparada para ofrecer dicho servicio en algunas áreas de Michigan. También está llevando a cabo una serie de pruebas para ofrecer servicio telefónico local en California y planea iniciar este año una serie de pruebas para ofrecer servicio local en Chicago utilizando nuevas técnicas de bucle de abonado móvil MCI, por otro lado, ofrece en la actualidad servicio telefónico en 13 mercados locales. Cox Communications, una compañía de televisión por cable, también está realizando pruebas para ofrecer servicio telefónico local en 25 hogares de San Diego, California. Ameritech presentó el 2 de enero de este año, una solicitud ante la FCC para poder ofrecer servicio telefónico de larga distancia en Michigan. Algunos de sus potenciales competidores como AT&T argumentan que Ameritech aún no cumple con los catorce requisitos necesarios para que pueda entrar en el mercado de larga distancia (sección 271) entre los que figuran: posibilidad de interconexión; acceso no discriminatorio, portabilidad de números (posibilidad de mantener el mismo número y la misma calidad al cambiar de portador), y paridad de marcación (ausencia de códigos de acceso). A pesar de que la FCC ha denegado recientemente la petición de Ameritech la fiebre continúa y se esperan en los próximos meses numerosas peticiones de RBOCS (Regional Bell Operating Companies) para ofrecer servicio de larga distancia en sus regiones de servicio. Por otro lado Bell South, que ofrece servicios de comunicaciones a mas de 25 millones de personas en 17 países, ya ha firmado con tratos con más de 28 compañías para compartir su mercado local. No cabe duda que Bell South, al igual que muchos otros, está ya preparando el camino para una futura entrada en los servicios de larga distancia. Por fin ha caído el muro de Berlín de las telecomunicaciones como mencionó el vicepresidente Al Gore durante la firma del Acta. Si todo continúa como en los últimos meses, 1997 será un año de intensa actividad en cuanto a telecomunicaciones se refiere. Las alianzas y uniones ente operadores están a la orden del día y elegir correctamente al aliado será, en muchas ocasiones, la clave del éxito. Los gigantes de la información están jugando bajo nuevas reglas, ofreciendo nuevos servicios basados en nuevas tecnologías. Desgraciadamente, no todos pueden sobrevivir. Sólo queda esperar y ver quienes se proclaman vencedores.
30 oct 2015
Artículo BIT
Tecnologías de radio y TV en los Juegos Olímpicos
Eduardo Gavilán Estelat Tecnologías de radio y TV en los Juegos Olímpicos Los Juegos Olímpicos de Atlanta han tenido mala prensa en todo el mundo, lo que puede justificarse por algunos fallos de organización, especialmente en los transportes y en la señalización, y por el estrepitoso fracaso de los medios informáticos que durante muchos días no pudieron proporcionar una información adecuada y fiable de los Juegos. robablemente lo que se hizo mal ha oscurecido todo lo positivo de los Juegos de Atlanta, y de la parte positiva hay que destacar la impecable cobertura técnica de radio y televisión en todos los deportes. No podía ser de otro modo ya que Manuel Romero que se apuntó un gran éxito como responsable de todas las operaciones técnicas en la Olimpiada de Barcelona en 1992, ocupó un cargo similar en Atlanta - Director del AOB (Atlanta Olympic Broadcasting) - y además eligió la misma tecnología que en Barcelona, incluyendo los avances de cuatro años de evolución. Los millones de telespectadores que siguieron los Juegos por radio y televisión en todo el mundo son testigos de la excelente calidad de todos los programas producidos en Atlanta. Sin embargo solo los miles de profesionales que trabajaban en el IBC (Centro Internacional de Radiodifusión), y los que visitaron el Centro, pudieron recorrer la magnífica exposición retrospectiva de las tecnologías utilizadas para la cobertura de los Juegos. Manuel Romero tuvo la idea de organizar esta exposición para conmemorar el Centenario de las Olimpiadas, se ocupó personalmente de todos los detalles, facilitó algunos equipos de su propiedad y gracias a sus contactos consiguió generosas aportaciones de equipos y material filmado de todas las partes del mundo para la exposición. Todos los visitantes ilustres del IBC, empezando por la Reina de España, recorrieron y admiraron la exposición que, además, fue objeto de innumerables reportajes producidos por los organismos de radio y televisión que tenían su sede en el Centro. Estructura de la exposición La exposición se montó en una amplia zona abierta del IBC, a lo largo de una de sus paredes. Se podía recorrer en orden cronológico, empezando por el sector que agrupaba todo lo correspondiente a las Olimpiadas de Amsterdam, Los Angeles y Berlin, al que seguían otros grupos de tres Olimpiadas para terminar con un sector dedicado a Los Angeles y Seúl, y el último, exclusivamente para Barcelona. En la parte más próxima a los visitantes se alineaban una serie de monitores de televisión que presentaban continuamente escenas de las Olimpiadas del correspondiente sector para mostrar los medios técnicos empleados. Intercalados con los monitores, en unas vitrinas se exponían los objetos más pequeños tales como insignias, credenciales, entradas y pases así como recortes de periódico, folletos y manuales. Delante de las vitrinas se situaron equipos de todas clases utilizados en las distintas Olimpiadas y los receptores de aquellos años. La exposición presentaba claramente la evolución de la tecnología que, en el caso de las cámaras de televisión, se iniciaba con la voluminosa cámara con tubo iconoscopio utilizada en Berlín en 1936, pasando por las inglesas equipadas con tubos CPS Emitron y orticón-imagen de 4 pulgadas, con torreta de objetivos, las de color con tubos plumbicon y objetivo zoom, las ligeras cámaras para aplicaciones de ENG (periodismo electrónico) y, por último, las diminutas cámaras CCD utilizadas en Barcelona en 1992. Los micrófonos, los magnetoscopios, las cámaras de cine, los sistemas de cronometraje y otros muchos equipos expuestos en Atlanta completaban la inigualable panorámica retrospectiva de la tecnología en las Olimpiadas. Detrás de los equipos y en paneles verticales se colocaron fotografías, planos, mascotas, uniformes, banderines y otros objetos que completaban la exposición. Además de los valiosos equipos y objetos expuestos, se quiso dar a la exposición un carácter informativo y didáctico, y en los paneles se presentaron textos explicando la historia de las Olimpiadas desde 1896 y estadísticas y datos destacables de cada una de las Olimpiadas a partir de 1928. Por otra parte, en el exterior de las vitrinas se presentó también información sobre la situación general de la tecnología en los años en que se celebraron las Olimpiadas y su aplicación a la cobertura y transmisión de los Juegos. Estos textos de carácter técnico son los que figuran a continuación, traducidos del inglés, que se refieren a los diferentes sectores cronológicos en los que la exposición estaba dividida. Amsterdam (1928), Los Angeles (1932) y Berlín (1936) La radiodifusión sonora - o telefonía sin hilos como se la llamaba entonces - empezó en los primeros años de la década de 1920, y en 1928 estaba ya firmemente establecida en muchas partes del mundo. Numerosos transmisores de onda media y larga estaban ya en servicio, y como en aquellos años no era normal que se compartieran las frecuencias, después de la puesta del sol la recepción a largas distancias no ofrecía dificultades. Las experiencias que se realizaron para la transmisión a largas distancias utilizando barcos en alta mar como repetidores no tuvieron éxito, pero la radiodifusión en ondas cortas se desarrollaba rápidamente y se utilizó ampliamente durante la Olimpiada de Berlín. Además, los radioaficionados, gracias a sus asignaciones de frecuencias, jugaron un importante papel en los Juegos de Los Angeles enviando noticias y estableciendo comunicaciones a larga distancia con las familias de los participantes. Para la recepción solían utilizarse antenas exteriores, y los programas se escuchaban con auriculares o con un altavoz separado. La técnica de la amplificación de radiofrcuencia estaba ya anticuada en 1936, y la mayoría de los receptores llevaban circuitos superheterodinos lo que suponía una gran mejora en sensibilidad y selectividad. Los medios de producción de radiodifusión sonora hicieron grandes progresos, y en los Juegos de Berlín ya existían los micrófonos labiales (también llamados de "bigotera") para hablar a corta distancia, evitando la captación del sonido ambiente. La grabación de sonido constituía algo esencial para la producción, y el problema se resolvió en Berlín utilizando un sistema de grabación del sonido en disco por medios mecánicos. La telegrafía, basada en cables submarinos y líneas terrestres, se utilizó en gran medida para enviar noticias a los radiodifusores extranjeros, y en los Juegos de Berlin ya se disponía de telex. La telefonía jugó también un papel importante en la operación de los Juegos, proporcionando los necesarios circuitos para las posiciones de comentarista. Sin embargo, los circuitos disponibles no eran suficientes para satisfacer la demanda y, con frecuencia, los circuitos tenían que ser compartidos por dos o más usuarios. Ni la prensa, ni la radiodifusión sonora, ni la fotografía podían captar fielmente la sensación de movimiento de un atleta. El único medio era la película y no es de extrañar que las filmaciones hayan jugado siempre un papel importante en las Olimpiadas. El cine y el moderno movimiento olímpico nacieron en el mismo año. En Berlín se utilizaron dirigibles Zeppelin para enviar las películas con noticias de los Juegos a los Estados Unidos. No puede dejar de mencionarse la extraordinaria película oficial de los Juegos de Berlín que recibió el título de Olympia. La película, producida por Leni Riefenstahl, es uno de los mejores documentales deportivos que se han hecho. Las técnicas de captación de imágenes utilizadas por Leni Reifenstahl se han convertido desde entonces en modelos que todavía se siguen en la producción de películas y de televisión de las Olimpiadas. Nipkow (1960 - 1946) fue el primero en producir imágenes de televisión mediante un dispositivo mecánico de exploración, pero poco después surgió otro sistema basado en el tubo de rayos catódicos. El ingeniero Vladimir Zworykin, nacido en Rusia, presentó el sistema en Nueva York en 1929. Las demostraciones de los dos sistemas realizadas en los primeros años de la década de 1930 dejaron clara la superioridad del sistema electrónico basado en un tubo de cámara denominado iconoscopio. En Berlín, la televisión se utilizó por primera vez en unos Juegos Olímpicos. Se instalaron dos cámaras electrónicas con distintos tipos de iconoscopios y diferente número de líneas. Una de las dos cámaras funcionaba en 625 líneas, número que años más tarde se adoptó como norma europea. Además, para producir señales de televisión diferidas se utilizó una cámara especial cinematográfica montada en el techo de una unidad móvil equipada con un tren de revelado. La información sobre los resultados y cronometraje cambió mucho de 1928 a 1936. Cronómetros y dispositivos fotográficos se utilizaron en Amsterdam en 1928, y su precisión aumentó hasta 1/100 de segundo en 1936. Los resultados se distribuían por teletipo en 1932 y en 1936. En Los Angeles se distribuían a los periodistas copias impresas de los resultados. Londres (1948), Helsinki (1952) y Melbourne (1956) Después de la Segunda Guerra Mundial la tecnología de la radiodifusión sonora alcanzó un alto nivel de desarrollo. Los micrófonos labiales eran ya de cinta en 1948 y se utilizaron en los Juegos de Londres y, por primera vez, discos de identificación, cuyas señales se inyectaban en los circuitos de salida de comentarista. En Helsinki se utilizó por primera vez en unos Juegos Olímpicos la grabación en cinta magnética del sonido. La grabación en cinta magnética constituyó una auténtica revolución en la producción de radiodifusión sonora y en muy poco fue adoptada en todo el mundo. Para la grabación de entrevistas los magnetófonos portátiles fueron de gran utilidad en los Juegos Olímpicos. La calidad de la radiodifusión sonora, y especialmente la recepción móvil, aumentó sensiblemente con la introducción de la tecnología de FM a partir de 1950. Cuando se celebraron los Juegos Olímpicos de Londres, la tecnología de producción de televisión había progresado rápidamente. Los tubos de cámara iconoscopios habían sido sustituidos por los tubos de imagen CPS Emitron (una especie de supericonoscopio), y las cámaras equipadas con torretas de tres objetivos facilitaban el trabajo de los operadores de cámara (aunque las cámaras eran todavía muy pesadas). Se utilizó en Londres el sistema británico de 405 líneas. Los radiodifusores filmaban las secuencias deportivas y el material se utilizaba para los programas de televisión. Con este fin se facilitaban equipos de telecine. Los rótulos se captaban directamente con las cámaras. En Melbourne el servicio de televisión comenzó con una limitada cobertura de los Juegos. Para los radiodifusores extranjeros, en los Juegos de Melbourne y de Helsinki la única posibilidad de cobertura de televisión era la filmación en película. El material se enviaba a los estudios de los radiodifusores en el extranjero donde se difundía, una vez convertido en señales de televisión. Para noticieros y documentales, se generalizó la filmación en color, pero para aplicaciones de televisión se utilizaba blanco y negro. Las cámaras Arriflex, introducidas al final de la década de 1930, constituyeron un estándar de facto para aplicaciones de televisión. En los Juegos de Londres, Omega utilizó una pistola eléctrica para las salidas y un sistema fotográfico para las llegadas (photo- finish). Para los resultados y otro tipo de información, en los Juegos de 1956 se instalaron en las sedes tableros electromecánicos. Además del telégrafo y el teléfono internacionales para las comunicaciones a larga distancia, en las tres Olimpiadas el telex se utilizó con gran profusión. Los nuevos cables submarinos y otros modernos medios contribuyeron en gran medida a aumentar la disponibilidad de circuitos telefónicos. Roma (1960), Tokio (1964) y Ciudad de Méjico (1968) El desarrollo de los transistores al principio de los años 50 produjo un considerable impacto en la industria electrónica. En lo que respecta a la radiodifusión, en muy poco tiempo los componentes de estado sólido sustituyeron a las válvulas y, sin duda, el transistor es el elemento que más ha contribuido a la mejora de los equipos para estudio y retransmisiones. La tecnología de circuitos integrados ha continuado constantemente reduciendo el tamaño, el peso y el consumo eléctrico de una amplia gama de equipos de producción aumentado al mismo tiempo la estabilidad y la fiabilidad. Las cámaras estaban ya equipadas con tubos orticón-imagen, una generación de tubos de cámara adecuados para captación de imágenes en el exterior. En lo que respecta al mercado de consumo, la proliferación de los receptores de transistores extendió aún más la audiencia de las emisiones de radio de los Juegos. Las noticias y los comentarios sobre los Juegos podían oírse en cualquier sitio, en el lugar de trabajo, en el coche y hasta en la playa. Los fabricantes de televisores también aprovecharon la tecnología de los transistores pero, a diferencia de los receptores de radio, no era posible una apreciable reducción del tamaño ya que el componente más importante de los televisores es la pantalla. Crecía la demanda de pantallas de mayores dimensiones, y la forma de las pantallas se fue haciendo más rectangular y más plana. Al campo de la producción de televisión llegó una importantísima innovación: la grabación magnética de las señales de televisión, que se utilizó por primera vez en los Juegos de Roma. Anteriormente, el único medio para grabar señales de televisión era el llamado kinescopio, dispositivo que captaba con una cámara cinematográfica las imágenes presentadas en un monitor de televisión. Con independencia de la calidad, la ventaja más importante de la grabación en cinta magnética es que las señales grabadas pueden ser reproducidas inmediatamente. El primer magnetoscopio - cuadruplex de 2 pulgadas - a pesar de su volumen, de su peso, y de los defectos de las imágenes, llegó a ser el primer estándar mundial. Al principio, el montaje de las cintas se hacía por medio de mecanismos de corte mecánico pero el sistema fue pronto sustituido por técnicas electrónicas. En la Olimpiada de Méjico se utilizó por primera vez un equipo de movimiento lento basado en técnicas de disco magnético. En Tokio se utilizaron cámaras de televisión de color equipadas con tubos orticón-imagen muy voluminosas, pero en la Olimpiada de Méjico las cámaras equipadas con los nuevos tubos plumbicon eran mucho más ligeras. El plumbicon abrió el camino a una nueva generación de cámaras portátiles que podían utilizarse en operaciones en el exterior (EFP) y también en las de periodismo electrónico (ENG). La Unión Europea de Radiodifusión había establecido una red permanente de circuitos de radioenlace para permitir el intercambio de programas entre sus miembros y la distribución a destinos múltiples de programas de interés común. Esta red, llamada Eurovisión, en 1960 cubría la mayoría de la Europa Occidental y podía conectarse con la red de Intervisión, utilizada por los países de Europa Oriental. En los Juegos de Roma, la distribución de la señal a toda Europa se realizó mediante la red de Eurovisión, y las cintas magnéticas grabadas con los programas de los Juegos se mandaban por avión a Estados Unidos y Japón. En Méjico, se utilizaron enlaces terrestres para transmitir las señales a los Estados Unidos. En 1964 las señales de televisión de los Juegos de Tokio se mandaron a los Estados Unidos por el satélite geoestacionario Symcom III. Situado sobre el Océano Pacífico, estaba diseñado para misiones distintas de las transmisiones de televisión. La UER utilizó también los programas, que se transmitían a Montreal, donde una vez grabados se enviaban por avión a Europa. También se transmitían directamente resúmenes de las grabaciones en cinta utilizando el satélite no geostacionario Relay I a pesar de que había sobrepasado el tiempo previsto de su vida útil. En 1968, el sistema Intelsat estaba ya en servicio pero debido al fallo del lanzamiento del satélite Intelsat III F1, para transmitir las señales de televisión de los Juegos de Méjico se tuvo que utilizar el satélite experimental de la NASA ATS-3. Las señales se convertían al sistema europeo PAL de 625 líneas por medio de un nuevo tipo de convertidor, de memoria de campo, que se utilizó por primera vez en esta ocasión. Los Juegos Olímpicos de Méjico fueron los primeros Juegos de verano en los cuales cada uno de los participantes era cronometrado automática y electrónicamente. La introducción del Omegascope con la consiguiente presentación simultánea en directo del cronometraje supuso una revolución en la cobertura de los deportes. El sistema consistía en una pistola para dar la señal de salida, células fotoeléctricas a la llegada, un grabador de tiempos, un cronógrafo fotográfico, un reloj público sincronizado, y un cronógrafo digital junto con una cámara para producir las imágenes de televisión. Munich (1972), Montreal (1976) y Moscú (1980) Las cámaras de televisión en color eran mucho más reducidas y de menor peso gracias a los tubos plumbicon, que habían sustituido a los orticon-imagen, y a la tecnología de estado sólido. Habían proliferado las cámaras portátiles sin cables de enlace, algunas instaladas en pequeños vehículos (autocámaras). El concepto de ENG (periodismo electrónico) por primera vez se aplicó para la cobertura de los Juegos en Montreal. Para las transmisiones de las señales producidas por las cámaras portátiles se utilizaron enlaces de microondas: Por primera vez se utilizaron en Munich cámaras robotizadas así como magnetoscopios de banda alta para la grabación en color. Aunque se utilizaron también otros nuevos formatos, las operaciones de televisión estaban basadas en magnetoscopios de 2 pulgadas y, además, en Moscú unidades portátiles también de 2 pulgadas. En los Juegos de Munich se utilizaron por primera vez generadores de caracteres para proporcionar información en las pantallas de televisión. Nunca se hubiera podido conseguir una audiencia en todo el mundo de las transmisiones de los Juegos sin los satélites de telecomunicación. La característica de operación multidestino de los satélites ha sido un factor decisivo en la distribución de la televisión. Con una sola transmisión hacia el satélite se pueden cubrir muchos países o regiones. Los satélites son también adecuados para las transmisiones unilaterales y, además, pueden proporcionar todos los circuitos de sonido necesarios para las transmisiones de los Juegos. El sistema Intelsat cubría ya todo el mundo, y se utilizaron los satélites del Atlántico, del Pacífico y del Indico para distribuir las señales a las diferentes partes del mundo. También se utilizaron satélites domésticos para distribución nacional. Durante los Juegos, cualquier periodista o radiodifusor interesado en una determinada competición, automáticamente recibía una copia impresa de los resultados obtenida por ordenador. Además, cada centro de prensa estaba equipado con terminales de ordenador que permitían a los periodistas obtener los resultados oficiales o cualquier información sobre alguno de los participantes. Los Angeles (1984) y Seul (1988) Para la cobertura de las competiciones se utilizaron equipos más ligeros y con más flexibilidad. La reducción drástica del tamaño de los tubos plumbicon permitió a los fabricantes aprovechar al máximo las ventajas de la tecnología de estado sólido y de LSI (integración en gran escala) para construir cámaras compactas, muy apropiadas para aplicaciones de ENG y de cobertura de deportes, junto con equipos de microondas de dimensiones reducidas. En Seúl se utilizaron también prototipos de cámaras equipadas con CCD (dispositivo acoplado por carga). Este dispositivo electrónico de captación de imágenes, introducido en 1985, puede hacerse tan pequeño como una insignia de solapa y, a pesar de su tamaño, produce imágenes de una increíble calidad. En los Juegos de Los Angeles se utilizaron, casi exclusivamente, magnetoscopios helicoidales de una pulgada tipo C. En Seúl se utilizaron magnetoscopios de 1/2 pulgada Beta-SP y MII. Los sistemas de gráficos por ordenador junto con generadores de caracteres perfeccionados, añadieron un nuevo valor a las imágenes de televisión. En los Juegos de Los Angeles se utilizó por primera vez el sistema de super movimiento lento. Algunas competiciones se cubrieron también en televisión de alta definición con el sistema de 1125 líneas desarrollado en Japón. Aunque los Juegos también se cubrieron con filmaciones, ninguna de ellas se utilizó para televisión y, por primera vez, no se montó un laboratorio de revelado. La tecnología de fibra óptica, introducida en los primeros años de la década de los 80, se utilizó con profusión en los Juegos. La característica de banda ancha de la fibra óptica permite la transmisión de las señales de televisión tanto para distancias cortas como largas, sin las limitaciones que impone el espectro de radiofrecuencia. Esta tecnología se utilizó principalmente para la transmisión de las señales analógicas desde las sedes a los locales del IBC (Centro Internacional de Radiodifusión). Barcelona (1992) En los Juegos de Barcelona, se introdujeron en la producción de televisión dos revolucionarias innovaciones. La primera consistió en la utilización de cámaras CCD de calidad de radiodifusión y la segunda, la adopción de magnetoscopios digitales para toda la operación. Se eligió el formato D3 de 1/2 pulgada. La tecnología CCD permitió una extraordinaria reducción del tamaño de las cámaras, característica que, junto a la robótica, hizo posible que se construyeran varias cámaras para aplicaciones especiales que realzaron la cobertura de televisión. Además de la cobertura normal de los Juegos, muchas competiciones se cubrieron también en televisión de alta definición, utilizando simultáneamente dos sistemas diferentes: el japonés de 1125 líneas y el europeo de 1250 líneas. Las dos operaciones fueron independientes y separadas. Las imágenes de los dos sistemas tenían una calidad similar, muy alta en los dos casos. Se utilizó una red de contribución de fibra óptica para el transporte de las señales, en formato digital, de las sedes del área de Barcelona al IBC. La señales de otras procedencias se transportaban mediante enlaces radioeléctricos a la red de fibra óptica de la ciudad. La señales producidas en el IBC se encaminaban hacia el exterior por medio de fibra óptica y radioenlaces. La señales se enviaban a los países vecinos por circuitos terrestres, y a los otros países mediante transmisiones desde las tres estaciones terrenas españolas a 10 satélites de telecomunicación. En el área del IBC se instalaron estaciones terrenas transportables para transmitir las señales de la televisión de alta definición europea utilizando el sistema HD-MAC y también técnicas digitales. Para proporcionar información y los resultados existían casilleros electrónicos con pantallas sensibles al tacto e impresoras incorporadas. Además el sistema llamado AMIC podía proporcionar información desde noticias de las competiciones hasta correo electrónico. El CIS, innovador sistema de información para comentaristas, se instaló en las posiciones de comentarista de 8 sedes. Este sistema de base de datos constaba de un monitor con pantalla sensible al tacto y opciones tales como listas de participantes, datos en tiempo real de las competiciones, sumarios, estadísticas y records. En Barcelona, la señal internacional, además de las imágenes directas, contenía repeticiones de movimiento lento y super lento, cronometraje, nombres de los participantes en la competición, bandera e iniciales de los países, resultados y records olímpicos y mundiales. En algunas sedes los datos podían obtenerse de forma automática de la red de datos por medio de un terminal IBM PS/2 que también controlaba los letreros de un generador de caracteres.
30 oct 2015
Artículo BIT
Otros: Las claves de la regulación: ¿Por qué es importante la regulación para los ingenieros de telecomunicación?: El GRETEL
Jorge Pérez Martínez Decano del COIT Luis Castejón Martín Coordinador del GRETEL Las claves de la regulación ¿Por qué es importante la regulación para los ingenieros de telecomunicación?: El GRETEL Es una realidad que la regulación de las telecomunicaciones rodea nuestro entorno en cualquiera de las áreas de actividad de nuestra profesión. Conscientes de su relevancia, las Juntas del COIT/AEIT han impulsado la creación de un Grupo de Regulación de las Telecomunicaciones (GRETEL), dentro de las actividades del Comité de Estrategias. El GRETEL ha recibido la misión de acercar este tema a nuestro colectivo, iniciando un debate sobre los temas principales de la regulación en nuestro país. Con este objetivo la revista BIT ha creado una sección fija en la que se irán tratando diversos aspectos concretos. n los últimos tiempos estamos empezando a familiarizarnos con la regulación de nuestro sector y nos hemos acostumbrado a escuchar términos como interconexión, numeración, atribución de espectro o posiciones dominantes. Basta con coger cualquier periódico y podremos extraer al menos un par de noticias diarias sobre temas regulatorios, que además están en boca de la gente de la calle. Distintos agentes con intereses en nuestro sector se están posicionando en materia regulatoria, en un debate en el que como ingenieros de telecomunicación tenemos mucho que aportar y en un terreno que no debemos dejarnos arrebatar. El tema es novedoso y desde el GRETEL queremos participar activamente, aunque la presencia de nuestros profesionales en este campo es tradicional. Nuestra profesión puede y debe abrirse paso en este terreno, asentando y ampliando la posición que ya gozaba, y la mejor forma de comenzar es, desde luego, ampliando nuestra formación. Haciendo historia, hasta hace poco había más bien poco que regular: un monopolio en gestión indirecta en los servicios básicos, otro monopolio en gestión directa en los servicios de difusión de señales de TV y radio, las licencias de telefonía móvil y algunas autorizaciones en servicios de valor añadido. Aún nos queda un residuo de esta época; el que induce a algunos a identificar legislación con regulación, soslayando el carácter esencialmente dinámico de los mercados y de las tecnologías del hipersector de la información y las comunicaciones, en el que las leyes muchas veces quedan sobrepasadas por la realidad. Hasta fechas recientes, la regulación ha sido un terreno en el que sólo percibíamos sus facetas legales y administrativas. Todo lo que se conocía sobre regulación era lo publicado en el BOE en forma de leyes o reglamentos y la vigilancia de su aplicación por parte de la DGTel. Con las últimas actuaciones en el sector de las telecomunicaciones que persiguen la introducción de competencia efectiva en los servicios básicos y en las infraestructuras, la regulación comienza a tener un papel protagonista: facilitar la entrada a los nuevos operadores, sin penalizar a los operadores establecidos, mediante el establecimiento de un entorno de libre competencia. En un contexto de liberalización, las actuaciones regulatorias son promovidas por el propio mercado. La regulación pone las reglas del juego a un mercado con legítimos intereses enfrentados. La regulación no consiste en aplicar leyes; la regulación se hace mediante la anticipación a los acontecimientos y el diálogo con los agentes. El juego está protagonizado por operadores establecidos que parten con posiciones dominantes debido a su anterior posición exclusiva en el mercado. Por operadores entrantes que se forman a partir de operadores foráneos, entidades financieras, agentes procedentes de otros sectores que disponen de infraestructuras y solidez financiera, e incluso empresas creadas "ad hoc" por los poderes públicos de las Comunidades Autónomas. Por proveedores de aplicaciones y servicios que dan valor añadido sobre las infraestructuras de los operadores. Por los usuarios que demandan servicios universales, baratos y diversos -usuarios residenciales- y nuevos servicios cada vez más sofisticados que les permitan competir en su esfera de actividad económica -usuarios de negocios-. Por la industria, fabricante y comercializadora que desarrolla y suministra los equipamientos. Y, por fin, las autoridades reguladoras (Ministerio de Fomento, CMT, Comunidades Autónomas, etc.) que estructuran y actúan de árbitros de estas piezas en movimiento. En la actualidad, la estrategia de los operadores, y en consecuencia la de sus clientes y suministradores, está cada vez más condicionadas por la regulación. Hoy cualquiera de las empresas con intenciones de entrar en algún mercado, estudia la regulación y define las ventanas de oportunidad dónde centrar su estrategia competitiva. En este sentido, conocer la dimensión y estructura de los mercados, analizar la clasificación de servicios y sus reglamentos y conocer los márgenes de actuación que permite la regulación existente, son valores indispensables para planear nuevos negocios. La regulación de las telecomunicaciones es dinámica, en tanto y en cuanto lo es la tecnología, motor del desarrollo de nuevos servicios, el capital, que busca invertir en aquellos sectores más rentables, y la estrategia de las operadores, cada vez más globales que están allá dónde haya un cliente que captar sin importar las fronteras. Ante el rápido cambio tecnológico, poco se puede hacer que no sea aprovechar las oportunidades que ofrece, antes que rendirse a la evidencia demasiado tarde. La convergencia tecnológica y la aceleración de la difusión de las innovaciones son una realidad que hay que gestionar en conjunción con el resto de elementos jurídicos, económicos y políticos que conlleva la regulación de una actividad productiva tan estratégica para el resto de los sectores económicos como son las telecomunicaciones. Nuestro sector es altamente intensivo en capital, por lo que hay que diseñar un marco que favorezca la atracción de capitales. Para ello, el diseño de la estrategia de entrada, salida y actuación de los agentes y las obligaciones técnico-económicas que se le imponen a los operadores son la herramienta con que cuenta el regulador para favorecer el desarrollo de los mercados. Las tres misiones fundamentales de los órganos reguladores en este ámbito son: asegurar la estructura eficiente de los mercados, vigilar la competencia efectiva entre agentes y actuar de árbitro en los inevitables conflictos. En la figura se recogen alguna de las principales tareas que compete a la regulación. Son, sin duda, actividades complejas que exigen un "know how" multidisciplinar con un fuerte componente técnico-económico y normativo. Una regulación eficiente pasa por un conocimiento profundo del sector de las telecomunicaciones en todas sus dimensiones: tecnológicas, económicas, jurídicas y políticas. El poder político debería adoptar un papel neutral, ante los agentes y las tecnologías, que no altere el curso de los acontecimientos más allá de los objetivos políticos que se tracen: servicio universal, política de gestión de los recursos escasos, en un contexto de multiplicidad competencial entre Administraciones locales, autonómicas, central y comunitaria. En manos del legislador está la definición de las funciones arbitrales de las comisiones reguladoras independientes. Desde su posición, el GRETEL aportará su visión sobre la regulación, una visión cuyo valor principal se encuentra en su "saber hacer" y en su capacidad de integración de los aspectos técno-económicos y normativo, derivados de su contacto cotidiano con el sector a lo largo de muchos años. El objetivo que buscamos es doble, de un lado contribuir al conocimiento general sobre la regulación y manifestar nuestra posición en los diferentes temas que se vayan sometiendo a debate público y por otro lado, animar a los ingenieros de telecomunicación a que aprovechen esta oportunidad para ampliar los horizontes de nuestra profesión.
30 oct 2015