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Colaboradores: EN MI OPINIÓN. El fin y los medios
EN MI OPINIÓN. El fin y los medios Por Fermín Bocos La ciencia y sus aplicaciones técnicas están cambiando nuestro viejo mundo para bien de cuantos en él vivimos, pero me temo que el precio a pagar por la forma actual de concebir esta manifestación del Progreso va ser muy elevado. Sobre todo en mella del que a mi juicio es el mejor de cuantos frutos cabe esperar del pensamiento humano. Me refiero al sentido común. Digo esto porque desde que se generalizó el consumo de productos informáticos crece a su sombra toda una teoría acerca de la importancia de estos procedimientos como esencia de los días que están por venir. En ese sentido la propaganda de los fabricantes de este tipo de ingenios ha llegado a cuajar con tanta fuerza que hay quien poco menos que ha llegado a identificar el futuro desarrollo de la Humanidad con el que pueda derivarse de la propia evolución en los diseños y capacidades de estas máquinas con entrañas de silicio. Un ejemplo de pasión con desmesura por lo que entraña la vanguardia de cuanto nos ofrece la moderna tecnología electrónica aplicada a la comunicación vendría a ser el reciente -aunque muy implantado- culto al denominado sistema "Internet", iglesia ya de ámbito y feligresía planetaria. No negaré, sería una estupidez, que como procedimiento de archivo, procesamiento y comunicación a distancia de datos, imágenes o noticias, el sistema "Internet" es de una utilidad manifiesta; es una herramienta que puede acortar alguno de los tramos por los que circula una idea, un conjunto de ellas o la simple o compleja transcripción de un informe. Se trata, qué duda cabe, de un instrumento de gran ayuda para los más diversos profesionales especializados en todo tipo de saberes. Dicho esto, hay que apresurarse a escribir que ni sirve para todo -es incapaz, por ejemplo, de pensar y, no digamos, crear o, simplemente, soñar- y tampoco es imprescindible para que la vida siga girando alrededor de las viejas y eternas preguntas que acompañan al ser humano desde el alba de sus días. Lo digo así para atajar cuanto antes, para salir al paso de cuanto en el entorno de "Internet" se perfila como moderna idolatría. Mi experiencia en la redacción de periódicos o emisoras de radio y televisión me dice que una vez instalados los equipos informáticos diseñados para cubrir todas las operaciones que reclama la puesta sobre el papel de una noticia o su traslado al oyente a través del micrófono o la cámara, al final, el teclado no resuelve nada por sí solo. La pantalla puede convertirse en un almacén de daros, incorporar un diccionario, dividirse para que las palabras aparezcan traducidas a una, dos, tres, o, en el futuro, todas las lenguas conocidas -vivas o muertas-; lo que se quiera y más. Casi todo menos alumbrar una sola idea propia; un simple pensamiento capaz de delatar el ser. Por eso, confío en que siempre será necesario, imprescindible, el respirar irremplazable del ser humano. Progreso sí, cuanto más mejor, pero a la medida del hombre; siempre a escala suya, para que siga siendo la medida de todas las cosas como querían los clásicos. Sería imperdonable que por imprudencia o falta de escrúpulos, los medios puedan acabar primando sobre los fines. De ser así, habría que concluir que entre las posibles definiciones de "Internet", una podría rimar con estupidez.
30 oct 2015
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Colaboradores: EN MI OPINIÓN. Éranse una vez las telecos y un país
EN MI OPINIÓN. Éranse una vez las telecos y un país Por José Manuel Burgueño Como en las películas americanas de los años cincuenta, los periodistas que cubrían la rueda de prensa que desvelaría el nombre del adjudicatario de la segunda licencia de telefonía móvil, se levantaron en busca del teléfono más cercano tan pronto se dio a conocer el nuevo operador para avisar rápidamente a la redacción de que parasen las máquinas. Eran alrededor de las seis y media de la tarde del primer aniversario de la intervención de uno de los mayores bancos del país, un día de los Inocentes también. Lo avanzado de la hora -en términos de la elaboración de un diario- habría justificado la inusitada escena, totalmente anacrónica, pero habría algo más. En varias redacciones ya estaba todo preparado para salir con el nombre de Cometa-SRM, la oferta encabezada por BBV-Vodafone. Se daba por hecho dadas las buenas relaciones que existían entonces entre este banco y el Gobierno de González, a lo que se añadía una posible compensación después del desaire que habían sufrido en la adjudicación de Banesto. Pero no fue Cometa-SRM, sino Airtel-Reditel-Sistelcom, el otro consorcio liderado por los bancos Santander y Central Hispano y el operador norteamericano AirTouch el que, para sorpresa general, se llevó la licencia. El Santander, que había tomado el liderazgo del sector financiero al incorporar Banesto a su estructura, se hacía así con las riendas del servicio estrella de las telecomunicaciones en España. El ministro responsable de las telecomunicaciones, a la sazón José Borrell, conocía bien la trascendencia de la decisión que reposaba totalmente sobre sus espaldas. Pero es muy posible que ni siquiera él hubiese calibrado en su globalidad las consecuencias que iban a derivarse de este histórico momento. El primer concurso de liberalización de cierto interés, el del radiobúsqueda, se resolvió fácilmente (tres licencias para tres ofertas) -eso sí, después de una primera convocatoria declarada sorprendentemente desierta-, sin la presencia del Santander. En el segundo gran concurso ya no cabía una decisión salomónica. La adjudicación de la segunda licencia de GSM a Airtel fue probablemente el punto en el que se abrió la brecha definitiva en el sector financiero y en general económico en España con la creación de dos grandes polos enfrentados. En un ejercicio de empresa-ficción habría preguntarse qué habría pasado si la segunda licencia de telefonía móvil digital hubiera recaído -como en aquel momento parecía lógico- sobre Cometa SRM. En primer lugar, y lo más evidente, es que el operador que estaría haciendo ahora la competencia a Telefónica Móviles se llamaría Cometa. Su socio tecnológico sería también de habla inglesa, pero de procedencia británica en lugar de estadounidense: Vodafone, acompañado de los alemanes de DeTeMobil y los suecos de Convick. Sólo coincidiría de los actuales socios el grupo Endesa, que, tan hábilmente como extraño fue que se le permitiese, había puesto el pie en las dos ofertas, en una directamente y en la otra a través de Fecsa. Entonces, BBV y la Caixa, acomodados en el operador de móvil, seguro que no habrían planteado la formación del núcleo duro de Telefónica, que quizá se hubiese formado con las entidades financieras de la oferta -en nuestro relato- perdedora, Airtel. Así, Santander y Central Hispano probablemente ocuparían en estos momentos los puestos del banco vasco y la caja catalana en Telefónica, con la incógnita que este planteamiento abre respecto a la relación entablada con anterioridad entre el Santander y BT, que ya provocó un terremoto en el consejo de la operadora española. ¿Habrían roto en ese caso Santander y BT? Es posible. Continuamos. ¿Qué Cableuropa se habría creado? ¿Estarían BBV y la Caixa, como ahora están Santander y BCH? ¿Estaría Iberdrola -que, también con seguridad, no habría planteado alianza alguna con Telefónica- en lugar de Unión Fenosa? Endesa estaría, como lo está en la actualidad. Seguramente se habría complicado la creación de Cablevisión con Canal Plus (grupo en el que participa el BBV, que estaría en la operadora móvil rival) y facilitado una alianza de Telefónica con Antena 3 Televisión, en cuyo capital están presentes Santander, Central Hispano y Endesa). Las alteraciones en el mapa económico y empresarial español no terminarían aquí. La creación de los dos polos (duopolio lo empiezan a llamar) bancarios se ha afianzado en el sector energético, en el que BBV y la Caixa se han reforzado en Repsol mientras el Santander y el Central Hispano lo han hecho en Endesa, y ésta ha entrado junto con Unión Fenosa y el BCH en Cepsa. El entramado se completa con la consolidación del banco que preside José María Amusátegui y la eléctrica pública que encabeza Feliciano Fuster en Unión Fenosa, y la entrada del Santander en Sevillana, compañía asociada al grupo Endesa. De haber sido Cometa el adjudicatario, ¿se habría hecho fuerte el BBV -ya presente tradicionalmente en Repsol- también en Endesa? ¿Habría entrado la Caixa en el grupo eléctrico público? ¿Y el Santander? Muy probablemente habría "limitado" su capacidad inversora en Telefónica para coger el timón en la operadora. De bisagra continuaría ejerciendo muy probablemente la Corporación Argentaria -presente en Telefónica y también en Endesa-, que ha asumido por ahora un papel indefinido y de muy difícil equilibrio. El mundo al revés. Por lo menos buena parte de la economía del país. Operaciones que han movido en conjunto cientos de millones habrían creado un entramado empresarial y financiero, en definitiva un mapa económico, bien distinto al que tenemos en la actualidad. Puede que la varita mágica no estuviese únicamente en la mano de Borrell, aquel 28 de diciembre de 1983. Hablando de lo que pudiera haber sido, siempre es posible introducir elementos intermedios completamente inesperados. Pero sería injusto restarle un gramo de trascendencia a una decisión polémica que, probablemente, con otros criterios singularmente técnicos, económicos y sociales -diferentes estudios de mercado, distintos perfiles de usuario, etc.- también podría haber sido la contraria.
30 oct 2015
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Colaboradores: EN MI OPINIÓN. La exigencia de la tecnología
EN MI OPINIÓN. La exigencia de la tecnología Por Arcadi Espada Comprendo perfectamente que la tecnología no goce de buena fama entre los escritores. Ellos argumentan todo tipo de rutinas estéticas para justificar su desconfianza. Algunas son muy conmovedoras todavía escucho la descripción del vahído en que pareció caer recientemente un escritor de fama cuando con el ordenador estropeado acudió al cajón, sacó pluma y papel y aquel roce -el roce de la escritura manual- casi lo mata. Otros se desentienden del fenómeno tecnológico con el pretexto de que la velocidad de su pensamiento casa exactamente con la velocidad de su mano garabateando. Otros arguyen ritos, recuerdos, la inexorable herencia de la sangre azul y un montón de simplezas más. El objetivo es siempre el mismo: espolvorear con arcano y leyenda el proceso de creación de la escritura, oficio de una durísima sencillez, y escurrir el bulto cuanto más mejor. Porque contra lo que pueda parecer a primera vista la tecnología no ha venido a mejorar la calidad de vida de los escritores, ni siquiera a facilitar su tarea. Creo que por el contrario la tecnología ha endurecido ese oficio. Lo ha hecho mucho más exigente. Cohibido por el espacio, apenas puedo dar un ejemplo. Pero creo que bastará evocar la rapidez en los movimientos de texto que permite un ordenador, su capacidad para apurar sin trauma la corrección hasta el infinito, la implacable facilidad que despliega para localizar imperfecciones léxicas, sintácticas y estilísticas. Todo eso obliga a una claridad, exactitud y belleza muy superiores a lo que era convencional en la época de las tablillas de arcilla. Y hablo del procesador de textos, al fin y al cabo pura chatarra tecnológica: el camino de perfección se hace mucho más exigente observando lo que se avecina. Por lo tanto, si algunos escritores insisten en el miriñaque no es coquetería o excentricidad. Rechazando, con un énfasis que ronda la hechicería, el beneficio de la tecnología aplicada a la escritura no defienden nada más que su perfecto derecho a jugar en la segunda división. Y recuerdan, en su divina inanidad, el caso de todos aquellos que sentados frente a la última y más sofisticada maravilla tecnológica comprueban con sorprendido desaliento cómo, a pesar del gasto, la máquina sigue muda, en espera del input fundamental del talento.
30 oct 2015
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Colaboradores: EN MI OPINIÓN.¿Todavía un largo camino?
EN MI OPINIÓN.¿Todavía un largo camino? Por José F. Beaumont El paraíso prometido desde hace al menos diez años para tener acceso a los nuevos servicios todavía no ha llegado. ¿Dónde están aquellos logros tecnológicos como la banda ancha que desde el punto de vista de las telecomunicaciones auguraban un nuevo mundo de comunicación total? Se podrá tener acceso a señales de voz, datos e imágenes instantáneas, además de alta definición, desde cualquier lugar del mundo..., se nos decía. La tecnología ha venido y sólo los especialistas saben cómo ha sido. La realidad, es, por lo tanto, diferente a la anunciada. Los analistas de estadísticas y prospecciones dicen ahora que habrá que esperar entre cinco y quince años para que los nuevos servicios multimedia logren penetrar en los hogares. Todo está en el aire. Todo es futuro a pesar de que el desarrollo tecnológico se encarga de demostrarnos que los aparatos se convierten en objetos de arqueología de un día para otro. Vivimos la etapa del culto a las nuevas tecnologías de la comunicación que son la resultante de los vectores de telecomunicaciones, informática y vídeo. Vivimos también la etapa de las empresas -grandes alianzas para el desarrollo multimedia- que comienzan a dedicar enormes inversiones para el asentamiento de las redes y las primeras pruebas de servicios. Vivimos también la fiebre de Internet, la locura del ciberespacio. Pero no es tanto el oro como aparentemente reluce en los medios. Los profesionales técnicos del sector de las telecomunicaciones están de moda y probablemente tienen mucho que decir en esta etapa inestable de construcción de un nuevo sistema de comuniaciones. Pero han de tener cuidado para no creerse que son los únicos protagonistas de la historia. También hemos de ser críticos con lo que decimos quienes nos dedicamos a informar sobre estas cosas en los medios. Muchas veces damos por hechas cosas que están por venir apoyándonos en que ya las hemos visto en el laboratorio o en una importante exposición mundial. La hora de la verdad -la hora del consumidor- todavía no ha llegado, pero se acerca. Por eso, a todos los que se desenvuelven de una u otra forma en esta actividad de las telecomunicaciones, les conviene estar alerta. El problema es saber en qué consiste exactamente "estar alerta".
30 oct 2015
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Colaboradores: EN MI OPINIÓN. Están locos
EN MI OPINIÓN. Están locos Por Juan José Millás En el avión, a mi lado, iba un sujeto joven con traje azul, corbata amarilla, mandíbula cuadrada y un teléfono móvil a través del que daba órdenes compulsivamente. Eran las ocho de la mañana, y antes de que el aparato despegara había sacado de la cama a medio Madrid. No contento con eso, una vez que alcanzamos la altura de crucero comenzó a despertar a Barcelona, a donde nos dirigíamos. Cuando la azafata nos ofreció un café, yo ya estaba hecho polvo, a pesar de haber tomado un Pharmaton Complex antes de desplazarme al aeropuerto. Él, sin embargo, continuaba despertando gente con un entusiasmo aterrador. A las ocho y media telefoneó a su casa y preguntó si su hijo seguía con fiebre. Debieron de decirle que sí porque ordenó que le pusieran al pequeño un supositorio, y a él, un fax (no aclaró si por el mismo sitio) con las instrucciones del médico. Después de esta llamada se quedó mustio y dejó de telefonear. De todos modos, permaneció con el aparato en la mano derecha, cerca de las ingles, manoseándolo con el gesto distraído con el que los bebés se tocan el sexo recién descubierto. En esto, se dio cuenta de que le miraba y se puso rojo, como si le hubiera sorprendido haciendo algo feo. Cuando llegamos a Barcelona y se vio en los pasillos del terminal, volvió a excitarse con la visión de las instalaciones aeroportuarias y recuperó la rigidez vertebral anterior. Antes de alcanzar la salida había realizado tres llamadas amenazadoras comunicando que se dirigía a la reunión. Yo no llegue a pisar la calle: tome el primer avión de vuelta y regresé al lado de un ejecutivo catalán que se disponía a conquistar Madrid con un móvil oscuro colocado entre las ingles, a modo de sexo inalámbrico. Cuando llegué a casa me metí en la cama con una novela, y hasta hoy. Están todos locos
30 oct 2015
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Colaboradores: EN MI OPINIÓN. ¿Cambiará el periodismo?
EN MI OPINIÓN. ¿Cambiará el periodismo? Por Martín Prieto El periodismo es multiforme y cambiante, pero su ejercicio ha quedado tallado en la pregunta del doctor Livingstgone, desaparecido por años en el Africa negra, al corresponsal, explorador y hacedor de colonias, Stanley, quien supo encontrarle: "Cuénteme; ¿qué ocurre en el mundo?". Hacer periodismo es responder esa interrogante, pero los avances en progresión geométrica de las telecomunicaciones, llenan de matices las necesidades informativas de las gentes. Hoy un Livingstone aislado en un medio extraño y hostil bien podría disponer de al menos un receptor de radio a baterías y su pregunta mudaría por la de "¿Por qué ocurren estas cosas en el mundo?", y es que la inmediatez de las comunicaciones en el espacio radioeléctrico trae de la mano la necesidad de acompñar las noticias de su análisis. Otra cosa es que muy a menudo este sea erróneo, parcial o subjetivo. Y así Mac Luhan tenía razón y de alguna manera el medio es el mensaje, los periodistas tendremos que averiguar qué información reclama una sociedad nada pasiva capaz de optar temáticamente sobre lo que desea recibir, y hacerlo además, cada día en mayor medida, por medio de un sistema "frío" como es la pantalla de un ordenador. Ni siquiera se transmite igual, y no es lo mismo comunicar oralmene por radio que por televisión. Tampoco se escribe de la misma manera a mano, en máquina o sobre ordenador, hasta tal punto de que cuando se informatizó la Prensa estadounidiense hubieron de acoplar un sonido artificial a las terminales para no desconcertar con el silencio a los redactores envueltos en humo, café y alcohol. El horizonte de las telecomunicaciones es tan huidizo que ha afectado a una generación de periodistas hoy algo desconcertados y jadeantes, con la lengua fuera por acoplarse a sistemas de información en mutación constante.
30 oct 2015
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Colaboradores: EN MI OPINIÓN. ¿Quién financia el futuro?
EN MI OPINIÓN. ¿Quién financia el futuro? Por Antonio Ruiz del Árbol No merece la pena gastar una línea en reiterar que el futuro, ya el presente, pertenece a las tecnologías de la comunicación. Tampoco es rentable hacer gasto de tinta alguno en insistir que el futuro, casi el presente, de las tecnologías de la comunicación ha de desenvolverse en un marco desregularizado. Tal vez un problema de solución menos evidente es cuestionar quién financia el advenimiento de ese futuro, tan absolutamente predecible como de costosa realización. La pregunta es ¿cual es el riesgo económico que asumen quienes invierten en hacer real lo evidente?. De modo un tanto grosero podemos asegurar que, desde la década de los veinte hasta la fecha, el trinomio inversión-oferta de servicios - consumo de servicios en las telecomunicaciones españolas no ha resultado gravoso, e incluso ha producido beneficios. Telefónica, el protagonista casi único de esta historia hasta hace pocos años, ha sido capaz de financiar con su actividad la extensión de una red troncal y sus derivaciones capilares, para servicios de voz y datos. La contraprestación ha sido el monopolio. La segunda gran actividad en la que descansan las tecnologías de la información es la de los medios audiovisuales. Esta es ya otra canción. Por referirnos únicamente a la televisión, las cuentas de la universalización de la red y de la operación del servicio, tanto antes, en la época del monopolio de RTVE, como ahora que ya hemos consumido un lustro de competencia, arrojan un saldo claramente deficitario que tiene un exponente, a veces dramático, en los balances de todas las televisiones públicas y de la mayoría de las privadas. La tercera actividad, la extensión del equipamiento y de los servicios informáticos, arroja un saldo decrecientemente positivo. La situación de libertad como marco histórico para el desarrollo de este mercado (a pesar de la importancia de las compras públicas) ha descargado las alegrías en época de vacas gordas, y las miserias en tiempo de vacas flacas, sobre el último renglón de las cuentas de resultados de las compañías suministradoras. Desde antes de ayer se han incorporado al presente y futuro de las tecnologías de comunicación dos factores que han venido a trastornar los ya de por sí inestables equilibrios en unas actividades cuya materia prima es la volatilidad; la competencia y el concepto de la integración multimedia. La suma de ambos se traduce en la aparición de infinidad de nuevos servicios y ofertas que exigen la multiplicación de la capacidad, de la inversión, y por tanto del riesgo. En España, país preñado de peligrosas fantasías, los grupos empresariales han dado la bienvenida a los nuevos servicios multimedia enredandose en un ruidosa y peligrosa proliferación de batallas, reales o imaginarias, de las que cada quien pretende salir dueño exclusivo del futuro. Podemos estar hablando del mercadeo vía de Internet, del control de Infovía, de la explotación de la televisión digital y los sistemas asociados de pagar para ver, de la fantasmagórica contradicción entre servicios de cable o la televisión por satélite o de los decodificadores. Da igual. Cualquier nueva tecnología, cualquier nuevo servicio es excusa para una guerra. Menudean las descalificaciones en prensa, el diseño de alianzas estratégicas que duran lo que cuesta anunciarlas, las presiones políticas que se traducen en leyes que nacen caducas. Da igual. Cualquier tecnología, cualquier nuevo servicio es excusa para montar una nueva versión electrónica del cuento de la lechera. Tras un cálculo flácido, se presuponen fabulosos beneficios para la explotación de servicios que, en realidad hoy en España, suponen facturaciones de nada o de muy poco y que, incluso en los países punteros, apenas han superado el embrionario. ¿Quién puede dudar que el inmediato futuro pertenece al teletrabajo, a la compra electrónica, a los sistemas de distribución por cable, a la interactividad, a las redes de redes, al uso masivo de satélites, a pagar para ver?. Pero, antes de que estos futuribles sean realidades rentables, ¿cuantos de los que hoy apuestan con desparpajo se van a quedar arruinados por el camino?. Para ganar tan sólo una pequeña parcela en el futuro de las tecnologías de la comunicación hay que empezar a hacer inversiones cuantiosas, desde ya, para generar la demanda. La volatilidad de los servicios, la rapidísima revolución en las soluciones multiplican las incertidumbres. La única certeza es la cuantía millonaria de la inversión a corto plazo. El resto de las incógnitas sólo se despejan cuando el éxito o el fracaso son hechos poco menos que irreversibles.
30 oct 2015
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Humor Gráfico: CON HUMOR. FORGES
no disponible
30 oct 2015