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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Entender mejor a la empresa: nuestra asignatura pendiente
Entender mejor a la empresa: nuestra asignatura pendiente Juan Soto HACE MAS de diez años publiqué en la Revista Bit un artículo titulado "Las multinacionales, una necesidad y una oportunidad". Eran tiempos en los que, a pesar de los intensos esfuerzos del primer gobierno socialista, todavía se detectaba en nuestra profesión un profundo escepticismo a la inversión industrial de origen extranjero. Como consecuencia, quizás, del interesado españolismo con que nuestras mentes fueron alimentadas desde muy temprana edad, así como del recelo que la izquierda ideológica había sentido siempre hacia las grandes compañías, muchas personas de buena voluntad sentían una sincera preocupación por el hecho de que, en una empresa multinacional de origen extranjero, las últimas decisiones no se tomaban sobre nuestro suelo. El inconsciente nacionalismo que teñía su juicio se trasladaba a los más altos ejecutivos de las empresas y transnacionales, a los que se modelizaba tomando decisiones empresariales que, en caso de conflicto, siempre tendían a ser muestras de un patriotismo ejemplar. Mi experiencia personal me inclinaba a no participar de tal visión, al mismo tiempo que a asumir la imprescindibilidad de la inversión extranjera en cualquier proceso de desarrollo relevante de la industria electrónica en España. Participaba de la idea, tan brillantemente defendida por Reich en su libro "El trabajo de las naciones", de que una nación no es ni su capital, ni su tecnología; de que una nación es su gente y de que el valor añadido en la generación del producto industrial suele proporcionar mucha mayor riqueza que la posesión de los medios de producción. Sobre todo si el valor añadido se incorpora en tareas de definición y diseño de productos y procesos, de gestión de las relaciones, cada día más profundas y complejas con proveedores de la industria auxiliar y con distribuidores de los productos finales, o de dirección e ingeniería de operaciones fabriles basadas en los modernos conceptos de calidad total.La década de los ochenta finalizó en España con un tejido industrial electrónico que ya no se limitaba, como había siempre sido la norma, a la industria de las telecomunicaciones. La industria electrónica de consumo y defensa y la de fabricación de semiconductores y de hardware informático contaba con ejemplos varios y muy dignos de actividad local. Sumados a un sector industrial de telecomunicaciones, en plena expansión, después de un largo penoso ajuste, componían un escenario que permitía abrigar una cierta esperanza de que nuestro país podría llegara final de siglo con un sector industrial electrónico que no desentonase tan adversamente del nivel medio de desarrollo alcanzado por el resto de la industria española. La inesperada ay dramática crisis del sector informático de comienzos de los noventa, unida a una desafortunada gestión de la economía española en la legislatura 1989/93, dejaron su profunda huella en el sector de electrónica profesional. La mayoría de las operaciones de fabricación de equipos informáticos desaparecieron. El sector de la electrónica de defensa y el de las telecomunicaciones se mantuvieron pero, en la mayoría de los casos, sólo después de masivos ajustes de su capacidad y de su empleo. Los costes de esos cierres o de esos ajustes son de tal proporción en relación a lo ocurrido en otros países de nuestro entorno que no han podido pasar inadvertidos en los cuarteles generales de las empresas multinacionales que necesitan iniciar o ampliar su presencia industrial en Europa. Por otra parte, los problemas heredados de la legislatura 89-93 son tan graves que los gobiernos que se han sucedido desde entonces dedican casi toda su atención a resolver aquellos que imposibilitarían la incorporación de España a la Unión Monetaria en 1999. La importancia de ese objetivo hace aparecer como irrelevantes otros que en tiempos de menor anormalidad captarían la atención de la sociedad. De cara al Tratado de Maastricht, el país ha suspendido por curso. Sin embargo, está decidido a quedarse estudiando toda la noche del 97 e intentar aprobar el examen de primavera del 98. Esa angustia por recuperar el tiempo perdido, antes de que la historia nos pase factura de nuevo, es muy evidente desde fuera de nuestras fronteras. Podremos provocar respeto pero, no atracción. Respecto a otras alternativas, en estos momentos no parece que seamos necesarios ni que constituyamos una oportunidad para nadie que, en el sector electrónico, esté eligiendo una plataforma europea para instalar una nueva actividad industrial. En contraste con nuestro decreciente atractivo, el Reino Unido e Irlanda, han sabido y podido captar la práctica totalidad de las nuevas inversiones electrónicas procedentes de los EE.UU. y del Pacífico Asiático en los últimos veinticuatro meses. Debido al carácter verdaderamente global de la industria electrónica, a la necesidad de que cualquier planta de fabricación electrónica sea mayoritariamente exportadora, y al alto valor con relación a su peso de los componentes y equipos electrónicos, cualquier nueva inversión electrónica destinada a Europa puede elegir con casi total libertad su localización final. Esta libertad de elección es tan excepcional, comparada con la disponible en muchos otros sectores industriales, que se puede concluir que la distribución de los destinos finales de esas inversiones son un claro reflejo de la atracción relativa del ecosistema empresarial de cada país comunitario. Nuestro país debería sentirse profundamente insatisfecho por los resultados conseguidos estos últimos años. Esta falta de atractivo español es, en cierto modo, el precio que muchos ingenieros de telecomunicación de este país están pagando por formar parte de una sociedad rígida y temerosa. Una rigidez excesiva nos pasa su factura reduciendo significativamente las oportunidades de realización de nuestros profesionales en potenciales instalaciones como las de Hewlett-Packard en San Cugat o las de Lucent en Tres Cantos. Nuestros profesionales están bien preparados para competir, pero su circunstancia nacional no les es favorable en estos momentos. En términos generales, nuestra sociedad sobrevalora todavía el objetivo de seguridad y rehúye el ejercicio de la libre iniciativa, por temor al riesgo que le es inherente. Esta actitud es una lógica consecuencia de un largo pasado en el que las naturales dificultades para la supervivencia en amplias zonas de la península, por un lado, y el carácter controlador y represivo de las clases dirigentes de nuestra sociedad, por otro, convertían en una experiencia prácticamente suicida la toma de cualquier iniciativa. Sin embargo, en las actuales circunstancias, supone un gran error aceptar que nuestra memoria histórica siga hipotecando nuestra imaginación. El gran avance conseguido en el nivel medio de educación de las jóvenes generaciones españolas y la evidente europeización de nuestra visión de vida permiten dar un paso importante en la liberalización del entorno en el que se desarrolla la actividad de la empresa en España. La salud del ecosistema empresarial condiciona de tal forma el nivel de bienestar de una sociedad que resulta sorprendente que sean los empresarios los únicos que públicamente promocionan y defienden a la empresa. Los profesionales, en particular, vemos limitadas nuestras posibilidades de realización y desarrollo por la calidad y cantidad de empresas entre las que podamos optar para trabajar. Sería pues esperado que fuéramos los profesionales quienes apoyásemos toda iniciativa que facilite el nacimiento, desarrollo y multiplicación de la especie-empresa en nuestro territorio, y, muy en particular, la "competitividad legislativa" frente a nuestros colegas comunitarios en todas las variables que impulsen la fortaleza de nuestras empresas. La empresa no se encuentra todavía a gusto en España. Durante mucho tiempo ha visto su nombre usado para dignificar meros negocios, se ha sentido sobreprotegida y por ello infradesarrollada, ha sido con frecuencia presa fácil de algunos malos empresarios que la han expoliado o utilizado para defraudar sus obligaciones fiscales, y de trabajadores desesperados que le exigen que siempre acierte, que garantice a todo trance sus puestos de trabajo, e inevitablemente la convierten en el chivo expiatorio de sus aspiraciones a una imposible seguridad. En los países de la Comunidad Europea, los procesos de solidaridad se producen principalmente a nivel de nación-estado. Es la ciudadanía soberana la que elige por mayoría el nivel de distribución solidaria que desea y, por ello, deben ser los ciudadanos, accionistas, trabajadores y consumidores, los responsables de su financiación. La empresa no vota, sino que es objeto permanente de voto por parte de los demandantes en el mercado global, expuesta a un continuo proceso de selección darwinista. No es prudente ni conveniente utilizarla abusivamente para la satisfacción de las justas aspiraciones de cohesión social de los ciudadanos. Es perfectamente compatible la competitividad empresarial y la solidaridad social pero delimitando con claridad los campos de juego. La sociedad debe tratar a la empresa como un instrumento privilegiado, origen de su nivel de bienestar. Sobre todo a las empresas industriales que no necesitan la proximidad geográfica a sus mercados finales. Los conflictos provocados por el atractivo fiscal recientemente introducido por algunos gobiernos autonómicos, históricamente muy sensibles a la criticidad del papel que la empresa juega en el desarrollo de la sociedad, deben ser reconducidos desde una visión voluntariamente compartida de que ése es uno de los caminos a seguir recorriendo para hacer más competitivamente atractivo nuestro ecosistema empresarial. Igualmente, profundizar en la clarificación de la responsabilidad de la empresa con relación a la estabilidad de su empleo permitiría reducir sus incertidumbres al campo de juego del mercado global en plena competencia, ya de por sí repleto de riesgos y desafíos. Como el hombre, al empresa es ella y sus circunstancias. Optimizar sus circunstancias para aumentar su fertilidad y su longevidad sólo beneficia a la sociedad. Salud social y empresarial son casi la misma cosa.
30 oct 2015
Artículo BIT
EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: La importancia de las nuevas T.I.
La importancia de las nuevas T.I. Antoni Subirá i Claus Consejero de Industria de la Generalitat EN LAS PUERTAS del siglo XXI, ya nadie se atreve a discutir que estamos entrando en una nueva era marcada por los avances tecnológicos en el campo de la electrónica y las telecomunicaciones. En lo que se refiere a las esferas tecnológicas y de infraestructuras, los servicios de telecomunicaciones se han configurado como un elemento clave en el progreso tecnológico y de modernización productiva de los países avanzados. Sin embargo, es difícil conocer cuál será el alcance de los cambios que estos avances pueden llegar a ejercer sobre nuestra sociedad, pero en cualquier caso, no es arriesgado asegurar que estamos en las puertas de una revolución que puede ser comparable a la revolución industrial del siglo pasado. Sobre la importancia que está alcanzando el sector de las telecomunicaciones, tan sólo tres apuntes: en primer lugar las inversiones de 10,5 billones de pesetas que prevé el informe Bangemann en el contexto europeo y en el horizonte 1999; por otra parte el hecho de que desde 1991 las inversiones empresariales en los Estados Unidos de América en informática y equipos de telecomunicaciones superan a las de la maquinaria industrial, minera y agrícola; y finalmente el crecimiento exponencial del número de usuarios de Internet. A nivel español, cabe señalar que si la contribución española al PNB europeo es del 9%, el mercado español de telecomunicaciones sólo alcanza al 6% del europeo y el de la informática se queda en tan sólo el 3%. Por ello es de esperar un crecimiento más importante de estos sectores que el de la media europea para poder llegar a un nivel equivalente. Aunque de momento todavía son muchos los que asocian los servicios de telecomunicaciones al ocio y más concretamente a la televisión por cable, otros servicios avanzados como por ejemplo la telemedicina, la teleenseñanza, el teletrabajo, la telecompra, la videoconferencia o los servicios empresariales serán los que tendrán más impacto tanto sobre la calidad de vida como sobre la economía productiva. Además, algunas aplicaciones relacionadas con el ocio, como por ejemplo el vídeo a la carta, han encontrado más dificultades tecnológicas de las que se habían previsto en un principio y es posible que su comercialización sea incluso posterior a la de algunos de los servicios mencionados anteriormente. Pensemos un momento en el impacto de tan sólo dos de estos servicios avanzados. Con la teleenseñanza se crearán campus virtuales con lo cual se abrirá la posibilidad de realizar estudios universitarios a muchas personas que hasta ahora por uno u otro motivo no podían trasladarse de una forma permanente a la ciudad donde se impartían. De este servicio disponemos en Catalunya de una experiencia, la Universitat Oberta de Catalunya, que, después de los primeros años de funcionamiento ha resultado un éxito importante. Por otra parte la deslocalización de los puestos de trabajo como consecuencia de la implantación del teletrabajo puede llegar a convertir muchas segundas residencias en primeras residencias, con el consiguiente efecto dinamizador de comarcas interiores. Centrándonos en el mundo empresarial, las nuevas tecnologías y servicios de la información constituyen un referente básico en las actuaciones de los diferentes agentes económicos, para los que el acceso a la información se ha convertido en un nuevo, y muy importante, factor de competitividad y que por tanto han de adaptarse a la utilización de las nuevas herramientas de una forma cada vez más eficiente. Por ello es fundamental que los responsables de las empresas sean conscientes del valor estratégico de las nuevas tecnologías de la información y sean capaces de utilizarlo para conseguir una ventaja sobre sus competidores. En efecto, la utilización adecuada de las telecomunicaciones conlleva una reducción de costes y del tiempo necesario para llevar a cabo los procesos o transacciones más comunes en el mundo de la empresa. Un estudio realizado recientemente por el Departamento de Industria, Comercio y Turismo de la Generalitat de Catalunya ha puesto de relieve que un 75% de las empresas establecidas en Catalunya utilizan algún tipo de herramienta telemática. La previsión es que esta cifra abarque en pocos años la práctica totalidad de las empresas y que las redes de telecomunicaciones soporten todos los intercambios de documentos o de datos entre las empresas y sus clientes y proveedores. En este mismo sentido, hoy en día ya son muchas las empresas que utilizan Internet para dar a conocer sus productos o como fuente de información. En un escenario de este tipo, la disponibilidad de acceso a una red de telecomunicaciones de banda ancha será tan decisivo para decidir la implantación de una empresa como lo puede ser hoy en día la disponibilidad de infraestructuras energéticas o viarias adecuadas. En este entorno, la política de la Generalitat de Catalunya en materia de telecomunicaciones se asienta sobre los siguientes cuatro objetivos básicos: * Garantizar la existencia de unas infraestructuras de servicios de telecomunicaciones en línea con las de los países más avanzados, tanto en capacidad como en costes y calidad, para garantizar la competitividad del conjunto del tejido socioeconómico catalán. * Aprovechar al máximo las oportunidades que aparecerán con el crecimiento de las telecomunicaciones para desarrollar en Catalunya un nuevo sector industrial específico competitivo y un marco del I+D idóneo en todos los aspectos relacionados con las telecomunicaciones: infraestructuras, contenidos, servicios, etc. * Introducir los mecanismos necesarios para garantizar que las redes de telecomunicaciones se conviertan en un elemento integrador del territorio, propiciando el reequilibrio territorial. * Asegurar la presencia de la lengua y cultura catalanas en los servicios y contenidos. En este sentido la Generalitat de Catalunya ha firmado un acuerdo con las dos asociaciones municipalistas de Catalunya, que agrupan la inmensa mayoría de los municipios catalanes, para asegurar que todo el territorio catalán disponga lo antes posible de unas redes de telecomunicaciones avanzadas en la línea con las de nuestros competidores más directos. Este acuerdo ha dado sus primeros frutos positivos al constituirse unas demarcaciones que agrupan prácticamente 800 municipios con cerca del 98% de la población total de Catalunya, y haberse elaborado unos pliegos de condiciones para los concursos de segundos operadores de telecomunicaciones por cable que han de permitir que en un período razonable de tiempo la práctica totalidad del territorio catalán tenga acceso a los servicios avanzados de telecomunicaciones. Por otra parte la Generalitat de Catalunya hizo públicas recientemente una serie de diez medidas que recogen cuál debería ser, a nuestro parecer, el marco general idóneo para conseguir los objetivos reseñados anteriormente, y que aunque ya han sido difundidos en diversas ocasiones, paso a enumerar de nuevo: 1. Realizar lo más pronto posible los concursos para la prestación del servicio de telecomunicaciones por cable. 2. El Reglamento de la Ley de Telecomunicaciones por Cable ha de ser un elemento de dinamización del sector. 3. Liberalizar el uso de todas las infraestructuras susceptibles de soportar el transporte de telecomunicaciones. 4. Regular la interconexión de las redes de distintos operadores y la numeración. 5. Crear el agente regulador de los mercados de telecomunicaciones. 6. Establecer mecanismos de compensación interterritorial eficaces y no inhibidores. 7. Presentar en el Parlamento un nuevo proyecto de Ley de Ordenación de las Telecomunicaciones. 8. Privatizar totalmente Telefónica de España, S.A. 9. Favorecer la aparición de nuevos operadores integrales. 10. Estudiar un trato fiscal incentivador a las inversiones de las empresas en telecomunicaciones y en informática. Sin duda alguna, en los últimos meses hemos avanzado en la dirección correcta, pero todavía nos queda mucho trabajo por realizar para asegurarnos de que somos capaces de aprovechar íntegramente los retos que impondrá la nueva sociedad de la información.
30 oct 2015
Artículo BIT
EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Las telecomunicaciones motor en la economía del nuevo milenio
Las telecomunicaciones motor en la economía del nuevo milenio Pedro de Torres Presidente de RETEVISION EN PRIMER LUGAR, mi felicitación a los responsables de la revista BIT por estos 100 números de una publicación que es punto de referencia obligado para todos aquellos a quienes nos interesa el sector de las telecomunicaciones. Un sector, aun a riesgo de repetirse hay que decirlo, que está llamado a convertirse en uno de los principales motores de la sociedad futura, una sociedad donde la información desempeñará, ya lo hace actualmente, el papel protagonista del desarrollo económico y de la generación de empleo y de riqueza. La revolución de este final de milenio es la revolución de la información y, por tanto de su transporte, de las telecomunicaciones. Su alta capacidad de influencia como se ha dicho hasta la saciedad es equivalente, "mutatis mutandi", a la que tuvieron antes el ferrocarril o el barco de vapor, que cambiaron las sociedades occidentales en la segunda mitad del siglo XIX y principios del presente. La revolución en el comercio mundial e interno, ampliando y universalizando los mercados, permitió una mejor asignación de los recursos a nivel global, dando lugar a una reducción de los precios de muchos bienes y provocando aumentos de productividad. Un impacto equivalente está teniendo y, sobre todo, va a tener el desarrollo de las telecomunicaciones en competencia. El abaratamiento del transporte de la información --no es otra la función realizada por las telecomunicaciones--, en conjunción con la Informática y el Audiovisual, contribuirá a configurar la Sociedad de la Información que se está instaurando. La revolución que esto significa es enorme, especialmente cuando la tendencia, impulsada por las nuevas tecnologías, apunta a reducir drásticamente el coste por la distancia. Para un país como España, periférico respecto a su mercado natural europeo, esta tendencia es fundamental: los costes de ser periférico se reducen, tienden a eliminarse. Los efectos de este proceso sobre la localización de las inversiones y sobre la competitividad de los sectores productivos nacionales serán extraordinariamente positivos. La apuesta por la liberalización de las telecomunicaciones es, sin duda, una de las grandes apuestas de la política española. El proceso de liberalización emprendido hasta la fecha ha sido arduo y complejo. Las telecomunicaciones han estado situadas en la órbita de los llamados "monopolios naturales" desde la década de los años veinte. Los avances tecnológicos, la globalización de la economía y, sobre todo, el peso creciente de las comunicaciones en la mejora de la competitividad de las economías nacionales han contribuido a que las medidas de introducción de competencia hayan ido generalizándose, no sin una fuerte oposición por parte de los operadores dominantes. Todavía actualmente el servicio de telefonía básica es prestado en régimen de monopolio en 13 de los 15 estados miembros de la Unión Europea. Tan sólo el Reino Unido y Suecia cuentan con más de un operador de telefonía básica. España ha ocupado hasta hace poco tiempo el furgón de cola del proceso de liberalización de las telecomunicaciones en Europa, en relación con los grandes estados miembros. Sin embargo, una medida, el Real Decreto Ley 6196, ha modificado sustancialmente nuestra posición, colocándonos en la cabeza de los países comprometidos con la liberalización, no como un fin en sí mismo, sino como condición imprescindible para el desarrollo de la nueva Sociedad de la Información. Con el horizonte puesto en la competencia plena del sector, el Gobierno ha definido un escenario de introducción progresiva de estas medidas. Una de las herramientas principales que el Decreto Ley contempla para este fin es la creación del segundo operador de telecomunicaciones, un modelo que el propio Colegio de Ingenieros de Telecomunicación estudió y aportó como solución hace ya varios años, como el medio idóneo de agrupación de infraestructuras y capital español previo a la liberalización completa del sector. El sector de las telecomunicaciones es un sector basado en redes, y en sistemas de este tipo una simple apertura del mercado no garantiza la existencia de competencia efectiva. Para un nuevo operador de telefonía básica, prácticamente todas las llamadas terminan en la red del primer operador, por lo que si no se le impone al operador principal, por ejemplo, unas condiciones aceptables de interconexión, la viabilidad económica del nuevo competidor es prácticamente nula. La importancia de la regulación es vital para la existencia de competencia efectiva y, por ello, el Gobierno ha decidido, junto a la constitución del segundo operador, la creación de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, nuevo órgano regulador sobre el que recaerá la responsabilidad de arbitrar las relaciones entre operadores. Al contrario de lo que ocurre en casi el resto de los sectores, los competidores en telecomunicaciones tienen necesariamente que colaborar, algo que está prohibido normalmente por las reglas de la competencia. La creación del Segundo Operador, como ya he señalado, constituye una solución táctica y, por lo tanto, susceptible de debate y discusión. Creo que no es relevante el número de competidores que exista en una primera etapa, sino garantizar que se dé verdaderamente competencia en el sector. El ejemplo de la telefonía móvil digital en nuestro país es un caso paradigmático de esta realidad. En menos de un año, España ha pasado de ocupar los lugares más bajos del ranking europeo de penetración de este servicio a situarse como el país con mayor crecimiento interanual, (175%). Y esta situación se ha debido fundamentalmente a la aparición de un segundo operador de GSM, AIRTEL, que ha dinamizado el mercado y ha provocado la respuesta del operador principal. La existencia de dos operadores en telefonía móvil digital demuestra que es un modelo válido para la introducción de competencia efectiva en el mercado de las telecomunicaciones. Un modelo que aporta ventajas y beneficios para el sector, para los clientes y para el conjunto de la economía: - Producirá una mejora de la calidad de los servicios disponibles, la aparición de otros nuevos y una reducción de tarifas para los clientes finales. Generará también un efecto de estímulo sobre el operador actual. - Permitirá optimizar y rentabilizar las inversiones en infraestructuras públicas existentes, encauzándolas en un proyecto de enorme futuro, poniéndolas en el mercado rápidamente. - Facilitará la agrupación, en torno a este nuevo operador, de capital financiero, tecnológico y humano español con interés en las telecomunicaciones. - Favorecerá el desarrollo del sector, garantizando una opción diferente de la del primer operador para las empresas de valor añadido, y un nuevo mercado para la industria de telecomunicaciones radicada en España. El proceso de construcción del Segundo Operador toma como punto de partida al Ente Público RETEVISION, que desarrolla ya una importante actividad en servicios de telecomunicaciones, principalmente audiovisuales, a través de una red propia presente en toda España. La ruptura de un monopolio que se ha ejercido durante los últimos 70 años es una tarea administrativamente complicada. A ello estamos dedicando nuestro esfuerzo en los últimos meses. Primero, en la constitución de una sociedad anónima a la que transferir los activos y licencias en posesión del Ente Público, que se configura como un tenedor de acciones de la sociedad y que, además, conserva la licencia de difusión de Televisión, aunque la actividad la subcontratará con la sociedad anónima. Hemos avanzando en 13 identificación y valoración del negocio futuro, para lo cual contamos con el apoyo de empresas colaboradoras expertas. No partimos de cero, ya que el año pasado se realizó el mismo ejercicio con un banco de negocios y con una empresa consultora. El siguiente paso es la convocatoria del concurso de privatización de RETEVISION, S.A., que culmine en el lanzamiento del operador alternativo español, y que ese inicio de actividad se realice en un marco normativo lo más clarificado posible. Hemos iniciado uno de los proyectos empresariales más atractivos y ambiciosos que caben actualmente en el sector y vamos a empeñar todo nuestro esfuerzo en que la empresa llegue a buen fin. Queremos aportar nuestro conocimiento y medios para que, con la colaboración de otros muchos profesionales y empresas, construyamos un operador alternativo que contribuya a la modernización de la economía española. Respetamos a nuestro competidor y reconocemos su labor, dentro y fuera de nuestras fronteras. Sabemos que está notablemente mejor situado que otros operadores extranjeros para el reto de la liberalización. Por esta razón, queremos vertebrar un proyecto empresarial sólido y eficaz, que aporte una competencia dura, pero leal, y que redunde en una mejora de los servicios en el horizonte del nuevo milenio.
30 oct 2015
Artículo BIT
EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Una perspectiva industrial
Una perspectiva industrial Eugenio Vela Vicepresidente y Consejero Delegado de AMPER EN LA ACTUALIDAD, en el desarrollo de la denominada sociedad de la información se dan cita las principales fuerzas actuantes de nuestro tiempo, tanto tecnológicas como económicas y, naturalmente, políticas. Se puede hablar con rigor de los albores de una "era de la información" porque realmente se están construyendo los cimientos de un nuevo estilo de vida que va a afectar hondamente a la actividad económica y social de los países y va a suponer un mundo crecientemente globalizado e interrelacionado, donde la información, fluyendo con enorme rapidez, actuará como motor del cambio, determinando una sociedad dinámica e interactiva, en términos nunca conocidos hasta ahora. Como es bien sabido, la nueva situación tiene su origen en el vertiginoso desarrollo de las tecnologías de la información, resultado de la convergencia de la informática y las telecomunicaciones, sobre la base común de una tecnología microelectrónica que permite una creciente miniaturización e integración de componentes y una multiplicación exponencial de las capacidades de cálculo y de almacenamiento de datos. Desde la doble perspectiva de las telecomunicaciones y de la industria dentro de ellas, lo primero que destaca es la relevancia del mercado mundial de equipos de telecomunicación, que en 1996 supondrá unos 120 miles de millones de dólares, casi el 20% del mercado mundial de telecomunicaciones. Dentro de aquéllos, aproximadamente un tercio corresponde a conmutación, otro tercio a terminales y el resto conjuntamente a transmisión, cables y otros. La industria mundial de equipos de telecomunicación vive una época de cambio como consecuencia de las profundas modificaciones tecnológicas, regulatorias y de mercado que está experimentando el sector en su conjunto. Inmersa en un presente convulso y enfrentada a unos desafíos de enorme envergadura, la situación actual de la industria de equipos de telecomunicación permite identificar algunos rasgos definitorios, que se exponen a continuación. En primer lugar, hay que destacar la elevada concentración de los mercados, ya que los operadores pertenecientes a los siete principales países (USA, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña y España) representan el 75% del mercado mundial. En segundo lugar, el grado de concentración de la industria es muy elevado, ya que los diez primeros grupos industriales del mundo, pertenecientes a sólo seis países, controlan dos tercios del mercado mundial de equipos. Por otra parte, la liberalización de los mercados, con la progresiva y universal rotura de los monopolios de las operadoras nacionales está provocando la quiebra del modelo tradicional de vinculación entre la industria y la operadora de cada país. Esto implica la progresiva internacionalización de la industria, aunque persistan todavía sólidos lazos estratégicos con la operadora local, que se tratan de mantener sin dejar por ello de intentar la conquista de otros nuevos. La liberalización en los mercados de servicios y la incipiente competencia entre operadoras está provocando una fuerte presión hacia la reducción de costes de equipos y sistemas, lo que trae consigo la búsqueda de economías de escala y de localización, con fuertes derivaciones hacia la automatización y la globalización de los mercados. La convergencia digital es otra de las cuestiones clave para la industria. Se trata no sólo de la tendencia hacia productos "todo digital" sino que la inevitable convergencia entre los sectores del ocio, los medios de comunicación y las tecnologías de la información y las comunicaciones (lo que se empieza a llamar macrosector EMC, por sus iniciales inglesas de Entertainment, Media & Communications) conlleva drásticas modificaciones de la industria. Desde la necesidad de suministrar no sólo equipos sino también instalación, mantenimiento, operación y, en ocasiones, financiación, hasta nuevas formas de cooperación entre fabricantes para definir estándares, asegurar la compatibilidad y abordar nuevos desarrollos tecnológicos. Esta convergencia lleva consigo desplazamientos súbitos de la cadena de valor, como la que en los últimos tiempos se está produciendo de los equipos a las operadoras, de éstas a los productores de contenidos, y de éstos a los actores protagonistas de eventos de gran repercusión social (como artistas o deportistas, protagonistas de actos, campeonatos y olimpíadas). La vertiginosa evolución tecnológica es, quizá, uno de los rasgos más destacados de la industria de telecomunicación actual, que transforma los procesos de gestión, inversión y decisión empresariales. En cortísimo espacio de tiempo se desarrollan tecnologías, productos y sistemas nuevos de consumo masivo (como la telefonía móvil, la televisión digital e Internet, por citar algunos de los más populares), al tiempo que desaparecen o se hibernan otros. La rapidez del cambio conlleva una revolución en los procesos tradicionales de l+D cuya mejor expresión es quizá el lema de Bert C. Roberts, Presidente de la operadora norteamericana MCI: "correr como locos, cambiando constantemente de dirección"). La evolución tecnológica ligada a la incertidumbre en cuanto al momento de maduración de los mercados (cuyo ejemplo arquetípico en la España actual es la pugna entre la TV por satélite y el cable), determina un panorama inversor extraordinariamente incierto. A la estabilidad histórica del mundo tradicional de las operadoras ha seguido una gran incertidumbre en cuanto a las elecciones tecnológicas y la maduración de los mercados, que aumenta grandemente el riesgo de los proyectos, dificultando los procesos de inversión. Otros rasgos definitorios de la sociedad del futuro que repercutirán sobre la industria de telecomunicaciones son las tendencias hacia equipos sin hilos ("wireless"), la desaparición del dinero en metálico ("cash-less") por la inmediata introducción del monedero electrónico y la progresiva orientación de la distribución hacia el canal doméstico y la personalización, con la convergencia entre equipos de telecomunicación (terminales) y de electrónica de consumo (PC"s y aparatos de vídeo y televisión). En España, y según datos de ANIEL, el mercado español de equipos de telecomunicación ascendía a 286.325 Mpts., con un continuado aumento desde 1992 pero sin todavía recuperar el nivel de 1990. Las importaciones suponían la mitad del mercado interior, con unas exportaciones de dimensión equivalente en continuado ascenso desde 1990, debido a la expansión internacional de Telefónica. El sector, que ocupa a 16.000 personas, era uno de los de mayor ventaja comparativa y más intensivo en l+D (el 12% de los ingresos) de la industria española. Las industrias más importantes son filiales de multinacionales (Alcatel, Ericsson, Lucent, Siemens, ...), con la notable excepción de AMPER. Es de destacar también que algunas de las más relevantes multinacionales tienen una presencia industrial no proporcionada a la dimensión comercial de sus actividades en España. Otro hecho relevante es que muchas de estas multinacionales gestionan desde España sus actividades en Latinoamérica, reconociendo la importancia del Grupo TELEFONICA en todo el subcontinente. En el inmediato futuro es previsible la continuidad de un sostenido aumento del mercado, especialmente en servicios, debido tanto al crecimiento de actividades actuales (telefonía móvil, comunicación de datos, etc.) como al auge de otras nuevas y, en particular, de la TV por satélite y del cable. Es de esperar que las empresas españolas, tanto de capital nacional como extranjero, sepan captar para nuestro país la base industrial correspondiente al inmenso negocio comercial que representan estas nuevas actividades y se recuperen las reducidas participaciones pasadas, en particular en negocios como la televisión de pago y la telefonía móvil.
30 oct 2015
Artículo BIT
EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Cauces nuevos para la Ingeniería
Cauces nuevos para la Ingeniería José María Vázquez Quintana Presidente de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones EN ESPAÑA estamos convocados a un futuro de las telecomunicaciones prácticamente idéntico al de los demás países de la Unión Europea, y a plazo ya muy corto. La especificidad española, tantos años mantenida, se ha acabado y para bien. Y no es que estuviera peor nuestra situación institucional que la de otros países, con Telefónica como operador separado de la Administración, pero el futuro es mejor. Últimamente habíamos perdido impulso en el desarrollo de nuestros servicios, y la industria ha padecido quizá más de lo normal en la mayoría de los países europeos. Cierto que, donde y cuando los operadores de servicios progresaban más rápidamente hacia ese futuro, mayor fue el impacto negativo sobre la industria que tradicionalmente se le asociaba. Como rasgo propio, nos queda el tránsito desde nuestra situación actual hasta ese modelo común próximo, un modelo de liberalización avanzada en la prestación de los servicios. Hay más fe puesta en las virtudes de la liberalización plena que experiencia contrastada. Hay, eso sí, experiencia de los inhibidores asociados a situaciones de monopolio, y por ello se rompe el cauce antiguo, ya suficiente. Pero los cauces nuevos aún tienen que adquirir perfiles más definidos de los que podemos predecir con seguridad ahora. Siento decirlo en este número especial de BIT, tan joven, pero no es el mejor momento para la tecnología que tanto nos gusta a los ingenieros, no para los ingenieros a los que guste la tecnología. El impulso inmediato pasará por la creación empresarial, por la imaginación comercial y por la regulación de las actividades en competencia. Para nosotros es mejor hoy poner a punto empresas robustas, bien plantadas en el mercado, capaces de hacer valer su capacidad de decisión; apoyarlo con la creación de servicios avanzados en cuanto a las modalidades de comercialización, pero incluyendo también la más imaginativa apuesta por la creación de contenidos y prestaciones; y desarrollar un buen arbitraje sabiendo que el terreno de juego estará abierto a todos y que las reglas son nuevas para todos. No quiero desanimar a los vocacionados para la ingeniería de corte más tradicional y tecnológico. De ellos será una buena parte del futuro. Pero sí quisiera animar a los que puedan sentir el tirón de las nuevas demandas. No son necesariamente específicas de nuestra profesión, pero no hay nada en nuestra profesión que nos estorbe para contribuir como el mejor. Me gustaría reconocer, en el próximo BIT 200, que los ingenieros de telecomunicación estuvimos a la altura de la ocasión única que ahora se abre para nosotros.
30 oct 2015
Artículo BIT
EL FUTURO DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: La regulación de los contenidos
La regulación de los contenidos Manuel Campo Vidal Vicepresidente de Antena 3 TV LA INDUSTRIA de los contenidos, de los canales de distribución y por supuesto de las herramientas informáticas y de telecomunicación, avanza día a día en su convergencia. Algunos analistas han identificado casi veinte sectores que se dan cita en el multimedia con fines absolutamente complementarios. Pero la especialización tiene también una lectura por países. En el nuevo orden internacional que establecerá la Revolución Interactiva comienza sin tregua el reparto de papeles. Unos trabajarán más el software, y los Estados Unidos con larga tradición en productos audiovisuales e informáticos, suministrados a todos los mercados del planeta, divisan la posibilidad de recuperar su liderazgo extraviado. Por razones culturales comprensibles, Japón no es ni será nunca una potencia en el área de la programación. Por eso juega su baza con gran éxito en la producción del equipamiento electrónico básico para las telecomunicaciones y el audiovisual, el hardware . Así pues, las candidaturas a los principales papeles del reparto mundial están ya presentadas con enormes posibilidades de adjudicación. Y Europa no se resigna a constituirse en simple mercado de expansión comercial para el doble desembarco americano-japonés . La NBC se hizo ya con Sky Channel. El magnate Ted Turner, propietario de la CNN, comenzó el 17 de Septiembre de 1993 sus emisiones europeas de dos nuevos canales, Cartoon Network y TNT, a través del satélite ASTRA, que emiten permanentemente dibujos animados y películas. El Conseil Superieur de L"Audiovisuel francés vetó provisionalmente su acceso al cable porque no respetaba las normas comunitarias en la cuota mínima de producción europea, pero el proteccionismo no parece arma suficiente ni conveniente para la defensa de Europa. Desde 1986 en Francia, por la reforma proteccionista impulsada por el Ministro de Cultura de Mitterrand, Jack Lang, las salas de cine deben respetar una cuota mínima del 30% de películas francesas, y las cadenas de televisión deben emitir un 40%. Pero el mayor problema no es de acoso exterior: hay particularidades europeas que agravan el desequilibrio, particularidades lingüísticas, jurídicas o empresariales. Ante todo, las lenguas: mientras los Estados Unidos manejan solo un idioma para 265 millones de habitantes --más los 16 millones anglófonos del vecino Canadá (60% de la población)- con el que pueden además exportar sus producciones sin costes de traducción, Europa es un crisol lingüístico. La propia personalidad de cada uno de los países que la integran, aunque constituye una importante riqueza cultural, se convierte en obstáculo para un mercado único de productos audiovisuales. Aquí Europa, más que un mercado, es una suma de mercados. Además en algunos Estados se da un fenómeno regulatorio preocupante. En nuestro país hay un auténtico bosque jurídico para las televisiones, que exige una inmediata revisión. En Italia es tal la confusión que la RAI se plantea públicamente la posibilidad de entrar en la televisión de pago, cuestionando así el concepto mismo del servicio público. Las preguntas planteadas por los representantes de las televisiones privadas ante la Comisión de Cultura del Parlamento Europeo en Bruselas, el 22 de Noviembre de 1995, resumen el núcleo de la cuestión: ¿Qué diferencias serias existen entre lo que ofrece la RAI o Berlusconi en Italia, o entre IVE y Antena 3 en España?. Los representantes de las públicas no supieron responder por qué el poder político no ha definido con claridad su estatuto. La televisión pública merece una definición por parte de las autoridades políticas para que pueda ejercer su función sin adulteraciones y sin perturbar el trabajo de las privadas. El retraso de Europa frente a Estados Unidos es notable. Baste saber que en el año 1992 la exportación audiovisual de EEUU a Europa fue de 3600 millones de dólares y la exportación de Europa a EEUU fue de 300 millones de dólares. Sin embargo apenas percibimos nuestro propio potencial. Es demasiado desconocido en España que Estados Unidos es el quinto país del mundo de habla hispana y que constituye un buen mercado consumidor. En España vive sólo el 8% de los hispanohablantes, frente al 92% residente en el continente americano. Esa población hispana, con más de 25 millones en Estados Unidos según una estimación de 1995, se encuentra unida por el idioma, aunque no es un grupo homogéneo ni económicamente fuerte: la lucha por la oficialidad del inglés y la prohibición de una educación bilingüe se plantea al comprobar que la inmigración latina adquiere un peso y unas proporciones muy grandes. La realidad cultural, social y económica de los hispanos, pocas empresas españolas la han detectado. Y a esos hispanos, ha dicho Bill Richardson, congresista del Estado de Nuevo México, "les gustaría que España tuviera una imagen y una presencia más fuerte en Estados Unidos". Lo cierto es que la participación extranjera en la cadena de televisión hispana UNIVISION, la más importante en audiencia en los Estados Unidos, fue cubierta a partes iguales por mexicanos -Azcárraga de Televisa- y venezolanos -Cisneros de Venevisión-. Que se sepa, no hubo empresas españolas que preguntaran el precio. Cuatro años después surgió el proyecto Telenoticias, impulsado por la agencia británica Reuter y la cadena hispana Telemundo, al que se incorporaron un multimedia argentino, Artear y desde España Antena-3 TV, ambos con una participación del 8%. La acogida en América de Telenoticias fue espléndida, y el trabajo de integración en la redacción de periodistas procedentes de España y de todos los puntos de América demostró que los distintos acentos y modos culturales podían fundir perfectamente en el crisol de la profesionalidad. Pero iniciativas de esta naturaleza deberían proliferar consolidando alianzas de grupos de comunicación del área hispana, o, de lo contrario, la iniciativa quedará en manos de grupos anglosajones casi exclusivamente. Crecer sólidamente es, por tanto, objetivo imprescindible para mantener en última instancia la identidad y para iniciar la expansión internacional. Ante todo contamos con la fuerza del idioma, como ya se ha descrito. Pero junto a esa ventaja estratégica, la eficaz combinación de dos realidades empresariales complementarias: una industria audiovisual desarrollada, con posibilidades de producción a gran escala y, al mismo tiempo, la sólida presencia en latinoamérica de empresas españolas, particularmente Telefónica. La combinación de esos tres factores clave -idioma, industria audiovisual y redes de telecomunicaciones- concede a este país un potencial de expansión espectacular. (Extracto del libro "la Transición Audiovisual Pendiente" de Ediciónes B)
30 oct 2015
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EL FUTURO DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Las autopistas de la información
Las autopistas de la información Carlos Díaz Guerra Director General de Infraestructuras de Telefónica ES UNA IDEA compartida que el creciente desarrollo de las tecnologías de la información en el que estamos inmersos cambiará seguramente nuestro estilo de vida en todos sus ámbitos, desde los procedimientos de trabajo hasta la forma en que nos relacionamos y disfrutamos nuestro ocio. Los operadores de telecomunicaciones estamos ya de hecho experimentando, como actores fundamentales del proceso, profundas transformaciones en nuestro modo de hacer y de ver el negocio. Bajo la perspectiva particular de las infraestructuras de red, se puede decir que los soportes físicos tienen ya un elevado grado de desarrollo, gracias al despliegue de las estructuras de fibra óptica que se ha llevado a cabo, tanto en el ámbito de la red de transporte, en el que se dispone de una amplia capacidad de soporte de comunicaciones para todo tipo de servicios, como en el de las redes de acceso, en el que se ha avanzado con la fibra óptica hacia el domicilio del cliente, habiéndose alcanzado ya un buen nivel de capilaridad en el entorno de los clientes de negocios. De todos modos, los operadores nos estamos enfrentando al reto de diseñar e implantar escenarios para un aprovechamiento eficiente de esas capacidades de transporte de información y una interrelación óptima de los servicios soportados, retos en los que tienen mucho que ver los requerimientos del mercado y los contínuos avances tecnológicos, así como la liberalización y los desafíos de la competencia. En particular, en la red de acceso, se desarrollan nuevas concepciones que buscan aprovechar al máximo las infraestructuras existentes, para satisfacer tanto al cliente residencial como al de negocios, a la vez que se actualizan para proporcionar nuevas facilidades de banda ancha, servicios personalizados y movilidad. En cualquier caso, la mayor parte de las inversiones precisas para que las autopistas de la información lleguen a ser una realidad deberán destinarse, con este fin, a la red de acceso. En este contexto, quizá no presente una urgencia inmediata llegar con fibra óptica hasta todos los hogares de una forma generalizada. Las tecnologías tales como los módems de cable sobre estructuras híbridas fibra-coaxial (HFC) o los módems de alta velocidad (XDSL) sobre pares de cobre van a permitir que el usuario disponga de capacidades de varios Mbit/s. en sentido descendente y con posibilidad de varios cientos de Kbit/s. en el ascendente. Una nueva generación de XDSL, conocida como VDSL, actualmente en desarrollo, permitirá ofrecer a cada usuario, utilizada en combinación con estructuras tipo FTTC (fibra óptica hasta la acera), capacidades de hasta 51 Mbit/s. en sentido descendente y 2 Mbit/s. en ascendente. Asimismo, la infraestructura de transmisión de TV digital por satélite, con retorno por la red terrestre, constituye una alternativa de gran interés para la provisión de servicios interactivos. En el núcleo de la red de transporte, por otra parte, se requiere el despliegue de una tecnología de conmutación uniforme, capaz de soportar toda la diversidad de tráficos que exigen las nuevas autopistas. La apuesta en este sentido se ha orientado, por parte de los grandes operadores, hacia la técnica de conmutación y multiplexación ATM (Modo de Transferencia Asíncrono), por la suma de sus méritos inherentes. Sin embargo, un nuevo fenómeno ha emergido con una fuerza imprevista hasta el momento, como vaticinio de las impredecibles sorpresas que las autopistas de la información pueden deparar tras el siguiente cambio de rasante. Se trata del fenómeno Internet. Hace tan sólo unos cuantos meses, en un artículo como éste, probablemente no hubiera aparecido el término "Internet". Ahora, en cambio, es imposible hablar de las autopistas de la información sin referirnos a él. Efectivamente, junto al papel de "constructores" de dichas autopistas que juegan los operadores de telecomunicaciones y de televisión por cable, ahora surge además la figura de los "proveedores" de acceso y de servicios Internet. Si antes hablábamos de servidores de video ahora hay que hablar, además, de servidores Web (WWW). Si no hace mucho se consideraba que el video bajo demanda era la posible "killer application", que desbancaría a las demás en el control del mercado, ahora se vislumbran, como tales, las aplicaciones multimedia sobre el Web.En este contexto, aún no es clara la solución de terminal de usuario que se impondrá en el futuro, considerandose distintas opciones, tales como: televisor más Set-Top-Box, PC Multimedia y PC simplificado (de bajo coste) apoyado desde la red (Network Computer). Finalmente, además de las grandes compañías suministradoras de los operadores de telecomunicación habrá que considerar también a otras asociadas a los Proveedores de Información. ¿A qué se debe este cambio?. Por un lado, a que la tendencia apunta en el sentido de que el multimedia interactivo, al menos en las fases iniciales, no residirá en el televisor, sino en el PC, precisamente porque el televisor es un medio pasivo por naturaleza, como lo son sus usuarios. Por otro, a la dramática explosión del WWW a nivel mundial, así como al también espectacular crecimiento de redes corporativas utilizando el protocolo IP -las Intranets-, sin que podamos olvidar otros muchos factores tales como la ya, de por sí, generalizada capilaridad de Internet, las nuevas técnicas de compresión de voz y video, los nuevos protocolos en experimentación, los modem de cable para redes HFC, las primeras versiones software para telefonía sobre Internet, etc, etc. Y todo ello unido al hecho de que el usuario de Internet suele ser, por sus características, el típico usuario pionero para cualquier nuevo servicio. Con este crecimiento galopante, Internet requerirá pronto una gran red de transporte, con una eficiencia muy elevada, y unas redes de acceso con eficiencia igualmente creciente. El resultado de todo esto es que se empieza a contemplar, para el soporte de cualquier servicio, ya sea de voz, datos o video, sobre las nuevas autopistas de la información, el uso del protocolo Internet (IP) como posible solución en el nivel de red, soportándose en los niveles inferiores por técnicas como Frame Relay, ATM e incluso, la RDSI de Banda Estrecha, incluyendo el tratamiento de circuitos nx64 Kbit/s. La solución de las cuestiones tecnológicas y de mercado que esto suscita está haciendo que los operadores de redes revisen con detenimiento sus estrategias de desarrollo y despliegue de las redes de transporte a medio plazo. Sin embargo, aunque la Internet podría ser el embrión de las futuras autopistas, actualmente no es sino una amalgama de "caminos vecinales" y "carreteras comarcales", con algunos tramos de "autovía". Para que se pueda llegar a hablar de una verdadera "autopista" será necesario, como ya está ocurriendo, una apuesta decidida de los tradicionales operadores de telecomunicaciones, que de contemplar hasta hace muy poco tiempo a la Internet con indiferencia, han pasado a verla como una gran oportunidad de negocio. En efecto, el impulso definitivo que se precisaba para el ATM parece ya claramente que lo va a dar la Internet y las Intranets. El repentino auge en la demanda de gran capacidad para la transmisión de datos que éstas presentan, está haciendo que los operadores de telecomunicaciones empiecen a reconsiderar los planes vigentes de despliegue de la tecnología ATM, sin perder de vista otras posibles vías de desarrollo. La convergencia de la televisión, el ordenador y las telecomunicaciones se está produciendo a nivel tanto de las aplicaciones como de las redes soporte. Las aplicaciones para PC incorporan ya audio y video, mientras que la televisión se irá haciendo, lenta aunque progresivamente, más interactiva. Los operadores de telecomunicaciones están adecuando sus infraestructuras para soportar aplicaciones multimedia interactivas, pero el reto es hacerlas evolucionar hacia redes capaces de soportar servicios audiovisuales conmutados en tiempo real.
30 oct 2015
Artículo BIT
EL FUTURO DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Mercado y servicios en la sociedad de la información
Mercado y servicios en la sociedad de la información Julio Linares Subdirector General de Marketing y Desarrollo de Servicios de Telefónica QUIZA ya nos hemos olvidado que no hace mucho cuando hablábamos de servicios de telecomunicación lo hacíamos, normalmente, citando las infraestructuras que los soportaban y así nos referíamos a la Red Telefónica Básica, Red Digital, Red de Servicios Integrados, Red Inteligente, Red de Datos, Red de Circuitos, Red de Móviles o Redes de Banda Ancha. Ultimamente, es más frecuente bautizar las diferentes familias de servicios por la característica más destacable y común a los miembros de la misma y así se suele hablar de servicios telefónicos, servicios de telefonía de uso público, línea multiservicio, tarjeta personal, contestador en red, servicios de inteligencia de red, comunicaciones personales, servicios RDSI, servicios en línea, servicios corporativos, servicio centrex, servicios móviles, servicios de fax, servicios de alquiler de circuitos, servicios de datos y telemáticos o servicios multimedia. El mercado en competencia La propia terminología que seguimos utilizando denota todavía una mezcla de tecnología, infraestructura y servicio, justificable por su origen, procedente de un pasado en el que las redes y el despliegue de infraestructuras para llegar a ofrecer servicios universales eran una preocupación dominante. Hoy, en un mundo en competencia, los nuevos servicios sólo tienen sentido en la medida en que el mercado los valide y que, en consecuencia, puedan ser rentabilizados por su operador en períodos razonables. El origen de cualquier nuevo servicio debe estar en el mercado, bien porque lo demande o bien porque acepte la iniciativa u oferta del operador. Por ello, es imprescindible segmentar el mercado para conocerlo por grupos de clientes de comportamientos parecidos, que puedan mostrar una actitud similar ante un determinado producto. Cuanto más maduro es el mercado más profunda debe ser la segmentación, lo que termina exigiendo el abordar una microsegmentación del mismo que permita la realización de un micromarketing específico para cada grupo de clientes. El ritmo de evolución de los servicios Es precisamente el mercado el que con sus validaciones finales marca el ritmo de evolución de los servicios de telecomunicación, ritmo que determinará el progreso hacia la Sociedad de la Información. Este progreso se pretende que sea lo más rápido posible y, aunque algún intento ha habido para tratar de conseguir una evolución brusca, hasta ahora los principales éxitos se van consiguiendo en lo que podría considerarse una evolución incremental o paso a paso. No se han conocido cambios espectaculares en la provisión de los servicios de telecomunicación. Siempre la evolución ha tenido lugar de forma pausada, podría decirse incluso que lenta, con períodos de maduración largos. Ahora, se aspira a que los ritmos de maduración sean cada vez más rápidos y a que vayan acompañados de penetraciones en el mercado más aceleradas e intensas, que den lugar a períodos de rentabilización más cortos. Si nos centramos en los servicios multimedia interactivos como el máximo exponente de los que demanda la Sociedad de la Información, hoy puede decirse que a ellos se va llegando, porque el mercado así lo determina, más como consecuencia de incrementos progresivos de capacidades y prestaciones en base a tecnologías posibilistas fundamentadas en Internet y sus derivados que a los frutos de ambiciosos planes para llegar a ofrecer servicios de Vídeo Bajo Demanda o de Televisión Interactiva. El modelo de prestación de los servicios Durante más de una década las comunicaciones y la informática han estado convergiendo y creando nuevos paradigmas de relación entre individuos, a través de los negocios y de las organizaciones, en las diferentes naciones y alrededor del planeta. El crecimiento y la innovación explosivas de Internet y de la World Wide Web, la rápida adopción de los estándares de Internet y la conectividad universal que garantiza Internet, están cambiando la naturaleza de las comunicaciones y eventualmente la forma en que la gente vive, trabaja y se divierte. Por ello, los servicios multimedia interactivos que el mercado está aceptando son los que se han venido denominando servicios en línea ("on-line") que especialmente basados en tecnología Internet están teniendo un notable éxito, ya que dan acceso al mayor almacén de información del planeta. Este tipo de servicios son el principal paradigma actual de los que demanda la Sociedad de la Información y se configuran en base a un modelo, común a otro tipo de servicios y que cada vez se extenderá más, en el que los diferentes agentes cooperan para mezclar de forma adecuada las comunicaciones, con los servidores capaces de almacenar la información y de procesar las transacciones, con la creación de una apariencia común para un conjunto de aplicaciones y con los propios contenidos, hasta configurar un servicio que tenga utilidad real y práctica para sus usuarios. La cadena del valor Completar las diferentes capas del modelo expuesto significa contribuir a dar contenido a la cadena de valor que media entre la producción de las partes más básicas de un servicio y su usuario final, alcanzándole con aplicaciones completas en las que encuentre una utilidad clara. Llenar toda la cadena de valor, tanto horizontal como verticalmente, exige el esfuerzo y la cooperación de muchos, por lo que es importante compartirla con todos los agentes interesados y capaces de desarrollar su construcción. Si dentro de los servicios multimedia interactivos, elegimos como ejemplo InfoVía, podemos observar las múltiples aportaciones que cabe realizar para llenar de contenido la cadena de valor hasta llegar al usuario final con aplicaciones concretas que le permitan utilizar el teletrabajo, la teleeducación, la telemedicina, el banco en casa o el comercio electrónico. Este es sólo un ejemplo del tipo de servicios que demanda el mercado que representa a la Sociedad de la Información, que tiene en común con los restantes la característica de aproximarse más al usuario final, aportándole aplicaciones concretas y específicas muy cercanas a sus actividades cotidianas, dando un paso hacia adelante muy significativo en el alcance de los servicios en cuanto al valor que aportan a sus usuarios. Así, si en el pasado los servicios se caracterizaban por la infraestructura que los soportaban, tal como se comentaba al principio de esta exposición, los que demanda la Sociedad de la Información se caracterizarán por el valor que aporten al usuario y que este les confiera, es decir por el tipo de aplicación que resuelva. Esta escalada en la cobertura que los servicios deben dar en la cadena de valor entre las comunicaciones básicas y el usuario final exige múltiples aportaciones procedentes de diversos agentes, dominadores tanto de las comunicaciones como de los contenidos, que deberán colaborar para conseguir completarla en beneficio de una mayor contribución a la Sociedad de la Información. Conclusiones Los servicios que demanda la Sociedad de la Información no serán universales sino dirigidos a microsegmentos del mercado a los que se les aportarán aplicaciones específicas. Estas aplicaciones serán consecuencia de haber extendido y completado la cadena de valor, siguiendo un modelo que acoge tanto las comunicaciones como los contenidos que terminarán configurando las diversas aplicaciones. El mercado las validará si el usuario las acepta por el valor que encuentra en ellas.
30 oct 2015