En el principio de los tiempos J. J. Jiménez Lidón J. A. García Córcoles A. Morcillo Crovetto HACE TREINTA y tres años... no sólo éramos jóvenes en edad, los autores de este artículo escrito para conmemorar el número cien de BIT, sino que iniciábamos la prehistoria de la revista, ya que entonces nació en la Escuela de Ingenieros de Telecomunicación sita en la calle Conde de Peñalver su homónima antecesora. Aquél año de 1963 comenzó con el alivio internacional por la resolución, con empate, de la crisis de los misiles de Cuba en el año anterior, que por primera y única vez enfrentó a la humanidad ante la eventualidad de una guerra nuclear total, y en el que se había inaugurado la televisión por satélite entre Europa y los EE.UU., pero se vió empañado por la muerte del Papa Juan XXIII, y el asesinato del mítico presidente norteamericano J.F. Kennedy, que sólo cinco meses antes había pronosticado la reunificación alemana tras el grito de "Yo soy un berlinés". La NASA ponía en servicio el primer radiotelescopio espacial en ondas milimétricas en Texas, se lanzaba el primer satélite geoestacionario, seguido del primer satélite de telecomunicaciones síncrono Syncom 2, materializando las ideas del escritor de ciencia-ficción Arthur C. Clarke. Se comercializa la grabadora portátil de casette, con lo que, tras la radio a transistores, la electrónica personal de consumo se convertía en realidad. Los futuros ingenieros de telecomunicación nos sentíamos protagonistas del cambio tecnológico. En España, Julián Grimau fue ajusticiado, y en la Universidad se iniciaba un movimiento de inquietudes culturales y políticas que comenzó a introducirse en las hasta entonces pacíficas y tecnológicamente encerradas en su mundo, Escuelas Técnicas Superiores, y como no podía ser menos, entre los alumnos de la Escuela, que aún no nos llamábamos telecos. Jesús Sánchez Miñana, hoy Director de la Escuela de Madrid, ejercía de líder estudiantil en la promoción XXXVIII (plan "nuevo"), mientras Juan Soto Serrano, hoy presidente de Hewlett Packard España, ejercía este papel en la misma promoción del plan "viejo", y ambos se aunaron para crear el cine-club de la Escuela, en donde cada película visionada era una batalla ganada a la censura, así como un fracasado teatro experimental, cuando se intentó representar nada menos que "Las manos sucias" de Sartre, que obviamente fue prohibida. En este ambiente, recreamos la revista "Electrón", de la que si bien se mantuvo el nombre, y portadas de antenas modernistas, más para despistar que por otro motivo, se convirtió en el cauce de las ideas políticas, sociales (recordamos un artículo de J.A. Alberich sobre el mísero barrio almeriense de La Chanca), y culturales, pero a la que se le privó de todo contenido técnico, cosa que fue seriamente recriminada por los dos primeros firmantes de este artículo al último firmante, que entonces ejercía de director de la revista. La presión llegó a un extremo tal que el entonces director no tuvo más remedio que ceder e incluir en el segundo número de Electrón el trabajo titulado "Diodo Túnel, Principios y Aplicaciones", cuya presencia en tan humanísticas páginas hizo chirriar todos los resortes existentes. El director ha reconocido, que para salvar su honor de humanista en esta reserva impresa espiritual, resolvió la dicotomía no leyendo el artículo de sus compañeros...hasta treinta y dos años después, cuando hemos revisado esta historia. El grave problema era que ese artículo tenía una segunda parte, y los arriba firmantes no tuvimos más remedio que editar una separata en el tercer número de Electrón para no contaminarlo, pero se vio la necesidad de crear otra revista específicamente dedicada a estos menesteres, por lo que el bicéfalo director prestó sus saberes para que los científicos de la Escuela publicaran sus obras. La nueva revista se llamó bit, y su primer número surgió en Enero-Marzo de 1964. Magnífico año en el que Mary Quant presentó la minifalda, acontecimiento telúrico que se ve acompañado por el descubrimiento por A.A. Penzias y R. Woodrow de la radiación electromagnética cósmica de fondo, con la que se confirma experimentalmente el origen del Universo por el Big-Bang. Algo tendrán que ver estos dos impactantes acontecimientos cuando acuden simultáneamente a la memoria. Ese fue también el año del "incidente de Tonkin", por el que los EE.UU. se implicaron bélicamente en Vietnam, y se inició un proceso de profundo cambio en la mentalidad de la época, y que culminó en el "Mayo francés", que el primer firmante vivió intensamente "sur place" como investigador del CNRS. Hacía 16 años que C. E. Shannon había establecido la unidad de información, por lo que el término era popular entre los alumnos de la Escuela, y se jugó con la ambivalencia de ser el acrónimo de Boletín de Información Técnica. Pero bit cumplió otra misión como ser el órgano de expresión de la Rama Universitaria del IEEE de Madrid, y para describir este hecho hay que hablar del profesor Rogelio Segovia, tan cariñosamente citado por Luis Arroyo en su libro "La vida en un chip", que relata con nostalgia aquellos años de estudios en las aulas de la Escuela ya idos. Rogelio Segovia fue un vendaval de aire innovador que renovó la mentalidad técnica de la vieja Escuela de Conde de Peñalver, y nos transportó a los alumnos, sin transición, de los puentes de electrometría a los transistores, la tecnología espacial y al LASER; de los exámenes vigilados, a la autodisciplina y el compromiso personal; y de las "chuletas", a la posibilidad de disponer en el momento del examen de todos los libros que se quisieran, porque las respuestas exigían tener muy claros los conceptos gracias a un extraordinario esfuerzo en la preparación de las preguntas. De la memoria al conocimiento inteligente, y de la represión a la responsabilidad, por obra de un inteligente y humano profesor. Pero otra de las ideas que Segovia traía de los EE.UU. era la creación de la Rama Universitaria del IEEE de Madrid, la cual, contrariamente a las costumbres de la época, donde los ingenieros formaban cotos cerrados, fue abierta desde su fundación a físicos, matemáticos y a otros estudiantes de ingeniería. Los entonces investigadores, acogimos con fervor la idea de Segovia, y materializamos su idea, embarcando en la empresa a la promoción en pleno y a un buen número de compañeros de otras promociones, y mantuvimos relaciones no sólo con las Ramas homólogas de los EE.UU., sino también con las europeas, en especial con la italiana, que nos ayudó con su experiencia y ejemplo. De esta forma, en el mes de Marzo de 1964, apareció bit, que se distribuyó gratuitamente entre los miembros de la Rama Universitaria del IEEE, y de hecho entre el gran número de estudiantes que la reclamaron hasta agotar su edición de mil ejemplares. "bit" estaba estructurada como las revistas técnicas americanas de la época: editorial del presidente de la Rama, Juan J. Jiménez Lidón; secciones "Nuevos Productos", "Hemos leído para Vd.", "Actos celebrados", "Vida de la Rama", y cómo no, una serie de importantes artículos técnicos escritos por los entonces estudiantes de 4º y 5º cursos, la mayoría de los cuales son hoy profesores de la ETSITM: J. Sánchez Miñana, A. Luque López, E. González Velasco, hoy profesor de matemáticas en la Universidad de Princeton, E. Muñoz Merino, F. Sáez Vacas, alguno de nosotros y tantos más, que hablaban de la tecnología punta del momento: dispositivos semiconductores en silicio (aún desconocíamos el AsGa), que el profesor Segovia impartió por primera vez en el curso de Electrónica en 1960; satélites de comunicaciones; LASER en plan teórico, audición; efecto Hall; ruido; funciones inmitancia (muy matemático); circuitos lógicos con semiconductores, etc. Ya por entonces se empezó a oír hablar del PCM y otras muchas técnicas, hoy consagradas o sobrepasadas. El problema de la financiación se solucionaba con las contribuciones de los socios de la Rama y con anuncios, una media de diez por número, que el presidente de la Rama , "experto" en mercadeo, tuvo que conseguir, en fuerte competencia con los otros expertos comerciales de la revista "Electrón", que también necesitaban financiarse con publicidad. En sus dos años de existencia, "bit" editó tres números, y en 1965, con la salida al mercado profesional de la promoción de estudiantes que le habían dado vida, se extinguió, sin que hubiera dado tiempo ni a registrar su nombre, pues además de escribir, dirigir, trabajar como becarios y estar implicados política y socialmente en el momento histórico que vivíamos (fue el año de la manifestación de 5.000 estudiantes en apoyo de los profesores universitarios expedientados por sus ideas democráticas, y en que el SEU falangista agonizaba), encima estudiábamos y hasta aprobamos para terminar la carrera. En 1965 se materializó el fin de una época con la muerte de W. Churchill, y ya era patente que entrábamos en otra en que los ordenadores ("cerebros electrónicos" los llamábamos entonces) ocuparían un lugar socialmente predominante: se empezaron a utilizar en Alemania en el recuento de votos y en las operaciones de control de tráfico en ciudades, mientras se comercializaban los primeros robots industriales. Ya en 1960 el profesor González del Valle, aparte de enseñarnos matemáticas y mecánica, nos inició en lo que él denominaba cibernética, término bastante futurista para aquella época. No sólo operaba comercialmente el Early Bird, sino que el astronauta ruso Leonov daba el primer paseo espacial de la historia fuera de su nave, una sonda enviaba datos del planeta Marte, y los americanos ponían en órbita el primer planetoide alrededor del Sol, mientras la música de los Beatles, en concierto en España, cambiaban los gustos musicales de una generación. Atrás dejábamos una interesante e irrepetible etapa de nuestras vidas, a la que también estuvieron ligados otros compañeros de promoción, tales como R. Portaencasa Baeza, Antonio López, A. López Barajas, J.E. Villar de Villacián, S. Barceló, y tantos otros. Durante ella habíamos contribuido a abrirnos a la sociedad que nos rodeaba, saliendo de nuestro círculo interior, con un esfuerzo del que dan fe unas páginas escritas y leídas seis lustros después, y con las que estábamos abriendo un camino que otros consolidarían más tarde.. Efectivamente, cuando el entonces director de bit, y arriba firmante, estaba años después como Secretario del COIT/AEIT, y ante él se presentó un grupo de compañeros con la encomienda de que se legalizara oficialmente el órgano de expresión de nuestra ingeniería, y ante el conocimiento de que la revista se iba a llamar "BIT", los recuerdos se agolparon. Pero, como escribió Kipling, esta es ya otra historia.