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Informatizadores e informatizados
"nformatlzadores e "nformatizados. Una de las primeras imágenes que nos "exporta" la visión del futuro es la de millones de individuos tntnsmitiéndose mensajes de náufragos solitarios, a través de una tupida red de ordenadores copectados entre sí. Iniagen tópica quizás, facilona acaso, demagógica tal ve, pero no inevitablemente falsa. Esta muy extendida, en todo caso, la aprensión de que unl mayor aislamiento y una mayor soledad sean los obJigados corolarios de ese inmenso tráfico de cotnunicaciones por el que va a circular el futuro. Es",curioso que la microelectrónica, antes inchso de haber instalado sus reales en nuestra vida cotidiana, haya generado ya tan copioso y negativo caudal de tópicos y prejuicios sobre sus directas e irdirectas consecuencias. ¿Hay que ver en ello ese re~lejo de inseguridad y zozobra que siempre produce el cabio y lo desconocido, como dicen esos sociólogos y sicólogos encargados de amaestrar a la sociedad pa a rendirla a la tecnología? Nq parece que sea el advenimiento del cambio ni ,an siqui,era la mutación, que así como enfáticamente se anuncia a bombo y platillo la doble y simultánea re~olución de la microelectrónica y de la biología molecular lo que desencadena esas manifestaciones de rechazo o de aprensión. Más bien habría de verse eneaas un felino reflejo social de gato escaldado.a los ciudadanos a esta nueva tecnología, en vez de hacer lo contrario. Formulación que da ya por sí sola la peor respuesta posible a la cuestión básica que, según Jean Jacques Salomon, es esta: . "Hacia qué fines se dirigen la ciencia y la tecnología? En otras palabras: ¿hacia qué clase de sociedad? ". Esa es la cuestión central, en efecto. Por ello, quienes así lo ven con claridad, temen intenciones aún más que los resultados. No es fácil conjeturar los profundos efectos y repercusiones sociales, económicos y políticos que puedan derivarse de la difusión social de la microelectrónica. y no lo es porque las aplicaciones de ésta se anuncian tan inmensas y diversificadas, que ni sus propias foIjadores han sido capaces de identificarlas en su totalidad, hastll el punto de haberse constituido esta búsqueda en un campo específico de investigación. Además, el progreso en esta tecnología es realmente vertiginoso y hace imprevisibles las perspectivas que pueden abrir las vías de investigación en la micro-óptica, las fibras de vidrio, los micro-lasers semiconductores, etc. Ateniéndose únicamente a la parte visible del iceberg de la microelectrónica, y a sus aspectos más "profanos", se ha podido ya repertoriar una gama de reacciones por parte de estudiosos y profetas. Básicamente, esa gama de reacciones ha sido resumida por Simon Nora y Alain Minc, en "L"informatisation de la societé" (de la que hay reciente traducción al casMlano en Fondo de Cultura Económica, Madrid) con estas palabras: "Los pesimistas subrayan los riesgos: aumento del paro, rigideces sociales, trivialización de lilS actividades. La informática consagra para ellos el caracter impersonal de los empleos. Los informáticos y los "informatizados", los utilizadores y los utilizados. . . Los optimistas, por el contrario, dicen: informática igual a información; información, igual a cultura; cultura ilJUal a emancipación y a democracia. Hablar ahora de paro es c;:omo mentar a la cuerda en casa del ahorcado. Y cuando se habla aquí de paro no se está ya en el dominio de la conjetura ni de la prospectiva. Ya hay datos detrás. Las artes gráficas y la industria relojera ya han incorporado a gran escala los microprocesadores. Y la auto matización verdadera 1ue éstos permiten amenaza dramáticamente a los sectore de la siderurgia, máquinas-herramientas, textil, aeronáutica, automovil. En los servicios de oficina, la invasión de las máquinas de escribir totalmente automatizadas por un microprocesador incorporado les canta ya el requiem a las me~ógrafas. La escoba de la informática barre en todos los campos de actividad. Barre puestos de trabajo, hasta los de ingenieros y delinealltes. "La revolución de la microelectrónica es la mayor amenaza contra el empleo que se haya producido desde la crisis de Wall Street, de 1929", se afirmó en una conferencia sindical internacional, celebrada en Londres en 1979 (Computer Technology and Emphyment. NCC Publications. Londres, 1979). Es difícil cuantificar por ahora los efectos de la automatización en el empleo, porque la crisis los confunde y enmascara. Pocos son los estudios prospectivos publicados. No hay que extrañarse. Es que son impresentables. Entre los ya hechos públicos cabe citar el realizado en Francia para la Banca y los Seguros, que prevé una caida del empleo en ambos sectores de nada menos que un 30 por 100 en diez años. Un estudio de la Siemens afirma que en 1990 el 40 por 100 del actual trabajo de oficina estará totalmente automatizado. Esto significará una reducción de dos millones de puestos de trabajo sobre los cinco millones de secretarias y mecanógrafas que actualmente trabajan como tales en Alemania Federal. En España, los sectores de la Banca y de Seguros están congelando y reduciendo considerablemente la contratación de personal, es decir, creando paro proyectado. Tal tendencia se reforzará con la automatización del servicio bancario al cliente, ya en marcha. Los tecnólogos y los empresarios no hablan de esto, o lo hacen evasivamente, con vaguedades. Algunos dicen que la desaparición de puestos de trabajo es tan inevitable si se recurre a la automatización como si se intenta descartarla, porque las empresas que lo hicieran desaparecerían por falta de competitividad. Otros aseguran, y es éste un argumento tan vago como manido, que la microelectrónica compensará con creces los puestos de trabajo que robe en otros sectores. poseedores de esta tecnología, hoy por hoy altamente monopolizada por Estados Unidos. Un reciente estudio de la Comisión de las Comunidades Europeas señalaba, con preocupación, la débil posición europea en este frente de vanguardia (tan solo abastece un diez por ciento de sus necesidades en el dinámico sector de los microprocesadores) y el peligro en que se halla de quedarse definitivamente rezagada en el estratégico campo de la telemática. De todos modos, la propia evolución del empleo en la industria de los ordenadores v componentes desmiente por ahora esa predicción dI:" optimismo compensador, como muestran los cuadros siguientes: 1. Número de empleados de la producción de computadores electrónicos en Gran Bretaña: Party Manpower Subcommittee Interim Report. 2. Número de empleados en la industria de componentes electrónicos en Gran Bretaña. No se limita la microelectrónica a condenar a millones de personas al paro y al aburrimiento. A los que conserven sus puestos de trabajo no les va a ahorrar tampoco el tedio. "La informática -decía M. Lapeyre en la citada conferencia sindical, en nombre de la CFDT - divide y empobrece el trabajo, a la vez que refuerza y justifica el sistema jerárquico. Aumenta el poder y los salarios de una élite de. expertos y devalúa la calificación de numerosos trabajadores. El oficinista y el obrero sin cualificación pierden el poco interés que pueden tener por su trabajo". Pues si bien es ~erto que la automatización libera a los hombres de tareas repetitivas y penosas, no lo es menos que las sustituye por una aburrida vigilancia no menos penosa psíquicamente. Todos estos problemas obligan a los sindicatos a hacer frente a uno de los retos más importantes de su historia. El trabajo a domicilio, a través de ordenador y del videoteléfono puede tal vez generalizarse en el futuro, lo que contribuiría a mejorar el tráfico pero también a aislar a los individuos y a romper las relaciones laborales. La triste adicción o dependencia de los individuos a sus televisores puede aumentar hasta grados patológicos al convertirse aquéllos en máquinas de juegos. El espectáculo que ofrece Tokyo con esas inmensas salas públicas llenas de jugadores aislados y concentrados luchando con sus máquinas electrónicas para sacarles sus bolitas de plomo no es menos deprimente que el que puede ofrecemos aquí el futuro. Los optimistas dicen que con todo esto nos van a poner en casa. Los hay tan tecnócratas que aseguran el fin de la escuela y de la Universidad, aduciendo que la enseñanza puede ser impartida más eficazmente a domicilio, con la ventaja añadida del uso personalizado, a la medida, que hace posible el sistema. Es olvidar que la escuela y la Universidad no son, o no deberían ser, meros centros dispensadores de conocimientos sino también de educación y de integración social, y que las figuras del maestro y del profesor son insustituibles, sobre todo para estimular y desarrollar el necesario -más que nunca- espíritu crítico que aplicar a esos torrentes de información mecanizada. No voy a entrar en el tema de la amenaza que se cierne sobre cada individuo de verse encapsulado en una ficha. No por manido es menos real, y por sí solo basta a explicar y a justificar esa aprensión que hace ver a muchos en la microelectrónica un nuevo y más eficaz instrumento de domesticación económica, política, social y cultural. A fin de cuentas, a esta nueva tecnología le pasa lo mismo que a los tecnócratas que la manipulan, y que a los manipuladores de los tecnócratas: que carecen de escrúpulos. Igual que ellos, no está programada para eso. BIT-45
30 oct 2015