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AMENAZAS INTERNAS Y NORMATIVAS DE PRIVACIDAD
Nuevos retos para la seguridad de red La frecuencia con la que se producen incidentes de seguridad se incrementado rápidamente en los últimos con un crecimiento exponencial 1998. Estos incidentes están parte causados por los nuevos gusanos, que se propagan utilizando propias redes a velocidades vertiginosas. Por poner un ejemplo, un virus actual, sofisticado, y que se aprovecha de capacidades de las redes para infectar máquinas, es capaz de replicarse velocidad muy superior a sólo un año. La capacidad inicial del virus “Slamer” en una hora, frente a los alcanzaban virus como “Code capaz de duplicar el número máquinas infectadas en sólo 8 pérdidas causadas a empresas el mundo por virus y gusanos cifran en 180.000 millones de dólares. Esto ha traído como consecuencia fundamental que la mayor parte de las iniciativas de seguridad puestas en marcha por las empresas hayan estado destinadas a combatir las amenazas externas. Sin embargo, las organizaciones de hoy día se enfrentan a dos nuevos retos: protegerse de las amenazas internas y cumplir con los requisitos de confidencialidad de datos que incluyen la mayoría de los países en sus ordenamientos AMENAZAS INTERNAS Las organizaciones de la actualidad tienen poco que ver con las empresas de hace unos años. El perfil de empleado con 20 años de trayectoria profesional dentro de la compañía prácticamente ha desaparecido. La realidad empresarial actual hace que hoy día tengan acceso a los sistemas de información de las compañías un abanico de usuarios mucho más diverso: empleados, socios, clientes, proveedores, trabajadores de terceras compañías en outsourcing, etc. Cuando la empresa interactúa con cualquiera de estos nuevos usuarios, es casi obligado que les dote de algún tipo de conectividad, para que puedan realizar sus tareas. Este nuevo conglomerado de usuarios representa una amenaza potencial para los sistemas de la empresa, incluso en el caso de que ninguno de ellos realice acciones malintencionadas. Simplemente el acceso o utilización inadecuada a determinados recursos puede causar un perjuicio considerable. Por tanto es preciso contar con los mecanismos que permitan, de una manera automatizada y dinámica aislar a los diferentes grupos de usuarios, dotándoles de capacidades de acceso y utilización de los recursos de red en función de su relación con la compañía. Se trata de evitar que puedan acceder a determinados recursos de la empresa, pero que tengan acceso a los suficientes como para poder desarrollar con éxito su trabajo. REGULACIÓN EN MATERIA DE DATOS SENSIBLES La regulación en materia de protección de datos de ciudadanos es cada vez más estricta en la mayoría de los países de nuestro entorno. Cada vez más compañías, sobre todo de determinados sectores (Administración Pública, Sanidad, Educación, Seguridad, etc.) Las empresas se están concienciando de los problemas legales que puede ocasionarles una filtración o pérdida de datos personales de clientes o ciudadanos, en un momento en que la sociedad está especialmente sensibilizada con este tema. En este punto volvemos a lo anterior. Es una falacia pensar que “los malos” están fuera del perímetro de nuestros sistemas de información y “los buenos” dentro. Estudios realizados en Universidades demuestran que un alto porcentaje de las amenazas de seguridad provenían de profesores, alumnos y empleados poco sospechosos. Se trata de proteger la información sensible no sólo de los ataques de “hackers”, sino también del uso inadecuado por parte de usuarios internos a la organización.
30 oct 2015
Artículo BIT
“Las empresas y las nuevas tecnologías",
Las empresas y las nuevas tecnologías Hace sólo unos meses, en una prestigiosa escuela de negocios de Madrid, el conferenciante lo dijo muy claro ante una audiencia de directivos que asistían a un curso sobre las nuevas formas de dirigir la empresa: “Antes se valoraba sobre todo el conocimiento. Hace unos años, a la hora de contratar a una persona, su nivel de conocimientos pesaba el 80% en la elección. Eso ya es historia, ahora se han invertido los porcentajes y el conocimiento es sólo el 20% de lo que una empresa busca en un candidato a un puesto de trabajo. Lo importante ahora son las habilidades sociales, la capacidad de adaptación, la facilidad para trabajar en grupo, la flexibilidad”. Y lo que podría ser sólo una opinión, es en realidad sólo una muestra más de un fenómeno que se constata a diario. Es habitual que las grandes empresas contraten para su primer trabajo a jóvenes ingenieros en tareas de marketing o de gestión. Es habitual que en los anuncios de ofertas de cursos, seminarios y demás medios de formación para titulados superiores, se relacione la posibilidad de encontrar trabajo al dominio casi exclusivo de estas habilidades digamos sociales. Todo esto se contradice con el objetivo que oficialmente se proclama sobre la necesidad de ir a una sociedad del conocimiento. ¿Cómo se van a poner en marcha proyectos basados en las Tecnologías de la Información (TI), si no hay personas conocedoras de estas tecnologías y, lo que es más importante, no las hay con capacidad para saber cómo se desarrollan, cómo se implantan y cómo se integran en el entramado productivo de la empresa para que ésta mejore su eficiencia? ¿Cómo se van a desarrollar unas tecnologías si los que han adquirido los últimos conocimientos en ese campo se dedican a otras cosas que no necesitan esa formación? El problema no es que no se necesiten personas preparadas, sino que, en el fondo, la empresa no ve una prioridad en invertir en ese campo y sobre todo en un momento de reducción brusca de las inversiones. Pero hay más, las expectativas de crecimiento de estas tecnologías han hecho que haya mucha gente muy bien preparada y cuando algo abunda, aunque sea bueno, no se aprecia y tampoco se paga. Esas son, a mi modo de ver, las razones para que en una escuela prestigiosa de negocios se hagan esas afirmaciones, que reflejan además el comportamiento cotidiano de las empresas. Hace unos años, en plena burbuja tecnológica, los estudios económicos decían de la escasez de técnicos en España y la necesidad de fomentar este tipo de estudios entre los jóvenes para no ver frenado el crecimiento por falta de profesionales. Ahora podemos ver que muchos de ellos están en la calle. Otro dato que viene a confirmar el poco aprecio que se tiene al conocimiento, al conocimiento técnico en particular, es observar que las empresas, cuando tienen que desprenderse de su personal, lo hacen por criterios de coste. No intervienen, en la generalidad de los casos, el nivel tecnológico de los trabajadores, sino su sustitución por otros que sean más baratos. Este es un dato más que avala la hipótesis de que ahora el conocimiento técnico no se valora. ¿Qué está pasando para que las empresas no aprecien, ni potencien lo que les va a hacer crecer y competir en el futuro? Es cierto que no se puede generalizar con los fenómenos que ocurren en épocas de crisis, pero con los conocimientos no se puede im- provisar. Exigen años de continuidad y esfuerzo y si, deslumbrados por la coyuntura, no tenemos una visión de más largo plazo, nos estamos jugando el futuro porque insisto, la excelencia en la formación técnica no se improvisa. Sospecho que con las nuevas necesidades de gestión y de marketing, pasa como hace unos años con el conocimiento de inglés. Era tal la carencia de personas que hablaran inglés con fluidez, que en muchas empresas, a la hora de contratar a alguien, lo que más valoraban era su conocimiento del inglés por encima de la especialidad que había estudiado y de sus resultados académicos. Sin embargo, un buen ingeniero, si es inteligente y capaz, puede aprender las nuevas técnicas y habilidades gerenciales sin ningún problema, pero es evidente que no se puede dar el caso contrario. Todo lo dicho hasta aquí no es más que una parte del problema. Hay otro aspecto que influye de manera importante en el atraso en la incorporación al entramado productivo de las nuevas tecnologías. Muchos empresarios y gerentes no conocen qué les pueden aportar estas tecnologías a la mejora de los resultados de sus empresas. Están anclados en poco más que en la utilización de procesadores de texto o de hojas de cálculo y las TI no van más allá de la automatización en la elaboración de unos informes periódicos. Como no saben lo que se puede hacer, no saben lo que necesitan. Si en la empresa no hay un experto en nuevas tecnologías (telecomunicaciones, desarrollo software,...) no tienen a nadie que desde dentro de su negocio les indique qué se puede hacer y a qué coste. De la misma manera que cualquier gerente recurre a los servicios de los especialistas en temas fiscales, contables o del derecho para suplir su falta de especialidad en estos asuntos, debería ser común la figura del asesor o gestor de tecnología. La Administración, que está avanzando en tantos aspectos en este campo, tiene todavía carencias inconcebibles. Este vacío se da no sólo en pequeños ayuntamientos, sino en los de grandes ciudades, que entre toda su plantilla cuentan, en el mejor de los casos, con sólo un especialista telecomunicaciones o en tecnologías de la información. Pongamos un ejemplo muy simple. En el área del transporte, donde existen excelentes especialistas que son ingenieros de caminos, los ingenieros de Telecomunicación aportarían la tecnología ya existente, a un coste razonable, para aumentar la seguridad y el control, requerimientos cada vez más pedidos por las empresas de explotación y por los usuarios. 2004 CONCLUSIONES Hay un doble lenguaje público que afecta al conocimiento en general y al de las TI en particular. Se proclaman unas necesidades y unos intereses que no se plasman en el día a día de la contratación y del tipo de trabajo de los profesionales que tienen que llevarlas a cabo. Hay unos intereses a muy corto plazo de los gerentes empresariales que no necesariamente coinciden con los que a medio y largo plazo tienen las grandes empresas y el país. Se tiene que decidir qué modelo económico se quiere seguir. Y si éste es el que se proclama en los distintos programas de gobierno, hay que hacer políticas activas para conseguirlo porque la realidad demuestra que sin la ayuda de la Administración no se consigue. La formación es la mejor inversión para mejorar la productividad. No puede basarse la competitividad de las empresas españolas sólo en el bajo coste de la mano de obra. Por ese camino nos quedamos sin futuro (bajo nivel de vida o deslocalizaciones de empresas). Es imprescindible que se fomente desde la Administración la formación/información a gerentes y directivos de las PYME de las posibilidades de las TI. Son necesarias políticas fiscales que incentiven no sólo la inversión en equipamiento hardware y software, sino en la incorporación de las nuevas tecnologías en el tejido productivo de las empresas. Esto puede lograrse ofreciendo incentivos a las empresas que incorporen sistemas que mejoren su competitividad o aumenten su eficiencia. También se debe incentivar económicamente el hecho de que se dé a conocer a otras empresas cómo esa implantación tecnológica ha mejorado los aspectos de la producción. Se necesitan profesionales conocedores de las últimas tecnologías, con capacidad para “ver” las necesidades de los distintos sectores productivos y de servicios y que puedan proponer soluciones. Consultores/gestores tecnológicos. “Lo importante ahora son las habilidades sociales, la capacidad de adaptación, la flexibilidad”
30 oct 2015
Artículo BIT
Las oportunidades de la crisis
Las oportunidades de la crisis “Todavía no he visto ningún problema, por complicado que fuere, que al ser examinado de la manera correcta no se complique aún más” (Paul Anderson). Se perciben signos de que el sector de las telecomunicaciones ha iniciado su recuperación. Los mensajes positivos predominan sobre las quejas y reivindicaciones; la capitalización bursátil vuelve a mostrar valores tranquilizadores; los resultados abandonan los tonos rojizos y empiezan a teñirse de color negro; se comprometen cifras de inversión para los próximos años y cuando asistes a las terapias de las mesas redondas con los actores más relevantes del sector ya no sales con la dosis de depresión que te invadía hace pocos meses atrás. Sin embargo, no es como para sentirse satisfechos ya que se trata de previsiones aún modestas y son visibles las heridas y cicatrices de los duros procesos de saneamiento a los que han sido sometidas la mayoría de las empresas. Los mensajes predominantes asocian la salida de la crisis con el éxito de las nuevas tendencias tecnológicas. Una nueva generación de sistemas móviles, la banda ancha, la convergencia de servicios sobre IP (Internet Protocol), la televisión digital, el acceso WI-FI, entre otros, se anticipan como fórmulas que acompañarán a la recuperación del sector. Es una estrategia atractiva que motiva a la industria y a los inversores y estimula a los técnicos y a los comerciales. Siempre ofrece más aliciente empezar desde cero: asumir que lo “nuevo” es la oportunidad por la que hay que apostar y marginar lo “viejo” como una herencia con la que hay que intentar sobrevivir al menor coste posible. En este contexto cabe plantearse si en esta salida del túnel que ha significado la crisis de los últimos años, pueden identificarse oportunidades para la industria española, esa a la que hacían referencia Francisco Marín y Antonio García Marcos en sus acertadas reflexiones aparecidas en el número del 25 aniversario (BIT, diciembre – enero 2004, n° 142). Obviamente una opción es subirse al tren de las nuevas tecnologías y tratar de encontrar un lugar bajo el sol del esfuerzo inversor que promueven los operadores y prestadores de servicios. Sería un suicidio dejar pasar esta oportunidad. Lo que hay además que preguntarse es si todavía, a la sombra de las “viejas” tecnologías, pueden identificarse coyunturas que ayuden a que el sector se recupere. QUIEN IGNORA EL PASADO ESTÁ CONDENADO A REPETIRLO... Durante la travesía del desierto que ha supuesto la crisis de los últimos años, la industria de las telecomunicaciones presente en España ha sido, sin duda, la víctima más afectada. Prácticamente han desaparecido las capacidades de desarrollo e ingeniería que en las últimas décadas del pasado siglo se fueron consolidando en nuestro país en el entorno de algunas empresas multinacionales líderes en la provisión de soluciones para la creación de redes de telecomunicación. Mantienen todavía una destacada presencia técnicocomercial pero su potencialidad en investigación y desarrollo ha sido cancelada y trasladada a sus casas matrices o a otros países con mejores condiciones de contorno. Es cierto que dichas capacidades se referían a las tecnologías predominantes en la segunda mitad del siglo XX (soluciones basadas en la transmisión digital TDM –múltiplex por división en el tiempo- y en la conmutación en modo circuito) y que ahora se ven relegadas a ser testigos pasivos del auge de la tecnología IP. La mayoría del esfuerzo inversor que se anuncia está dirigido a desarrollar y extender el uso de esta nueva tecnología junto con la de los sistemas móviles, con “Durante la crisis de los últimos años, la industria de las telecomunicaciones en España ha sido, sin duda, la víctima más afectada” una reducción a niveles casi testimoniales de la inversión en las opciones tecnológicas que cimentaron el éxito de las telecomunicaciones en la década de los 90. Sin embargo, son todavía millones los usuarios de estas ya consideradas “viejas” tecnologías y previsiblemente lo serán durante varios años. Se plantea entonces la oportunidad de asegurar el soporte de estas históricas tecnologías con estrategias que consideren las soluciones específicas de diferentes fabricantes para atender las estructuras de red de diversos operadores, incluso en un contexto supranacional. Y ello con la expectativa de que será preciso invertir en la actualización de unas redes que si bien hoy funcionan aceptablemente y no protestan por la marginación innovadora, en algún momento precisarán una atención para que puedan sobrevivir y mantener la calidad que exigirán millones de usuarios cuya opinión tiene un impacto social significativo a pesar de no ser los de mayor contribución a la cuenta de resultados. El desafío no es sencillo; exige el acuerdo entre fabricantes competidores y la aceptación por parte de los operadores de que una misma empresa se responsabilizará de las actividades de soporte y evolución de sus redes. Pero no es descabellado si se reconoce que ambos protagonistas, operadores y fabricantes, tienen que resolver un problema con rasgos y perfiles comunes. Los operadores necesitan encontrar la fórmula para incrementar los recursos en la creación de una nueva red de banda ancha pero sin deteriorar la calidad de servicio que prestan a millones de clientes para los que, durante varios años, seguirán siendo adecuadas las soluciones técnicas existentes. Los fabricantes precisan dominar el desarrollo de unos nuevos productos que les exigen una ruptura drástica con los conceptos hasta ahora vigentes, transfiriendo recursos de los dedicados a las “viejas” tecnologías, pero conservando la fidelidad de sus clientes preferentes, los operadores históricos, que les seguirán exigiendo la garantía del soporte a las instalaciones hoy operativas. INNOVAR TAMBIÉN ES ENCONTRAR SOLUCIONES A PROBLEMAS DE LA SOCIEDAD... Durante los últimos años y en paralelo con la crisis del sector se han producido en España dos fenómenos relevantes: por un lado, el aumento significativo de la inmigración que ha permitido incrementar la población residente y revitalizar el índice de natalidad; por otro, la construcción intensiva de nuevas viviendas. Parecería que como consecuencia directa de estos dos sucesos se tendría que producir un aumento del número de líneas telefónicas instaladas. Las estadísticas no avalan esta eventualidad, siendo principalmente el negocio de los móviles, junto con los locutorios, los que están beneficiándose de esta nueva demanda de comunicaciones. Si nos proyectamos hacia los países de Latinoamérica, área de la que procede la mayoría de la inmigración y con una presencia determinante del sector español de las telecomunicaciones, constatamos que el índice de penetración del servicio telefónico fijo no suele superar el 20% por lo que existiría un margen nada despreciable de crecimiento en el ámbito de las comunicaciones. Hay una apuesta muy firme por la inversión en sistemas móviles por lo que previsiblemente será este negocio el que más se beneficie de la demanda potencial que subyace en la situación emergente de la mayoría de los países latinoamericanos. Vista la situación de manera conjunta, y aun admitiendo que el negocio móvil es el mejor situado para atender la nueva demanda de comunicaciones, cabe preguntarse si la industria española no podría hacer un esfuerzo de inventiva e innovación que permitiera ofrecer desde el servicio fijo soluciones rentables para atender el segmento de bajos ingresos que caracteriza a los inmigrantes en España y a una gran mayoría de la población de los países latinoamericanos. PIDO DISCULPAS... Acepto que en esta reflexión subyace una cierta nostalgia por una realidad tecnológica, consolidada en las últimas décadas del pasado siglo, y que hoy es la que soporta las comunicaciones de millones de usuarios. Resulta mucho más brillante hablar de los nuevos conceptos y tendencias, pero no sería honesto si ignorase, al menos como mera inquietud, las posibilidades que todavía pueden ofrecerse para la industria desde unas tecnologías que están muy extendidas, que funcionan correctamente y que todavía permanecerán activas durante bastantes años.
30 oct 2015
Artículo BIT
Las TIC como una herramienta para la competitividad de las empresas
La estrecha relación entre el crecimiento económico y la inversión y uso de las TIC en la sociedad ha sido estudiada profusamente en los últimos tiempos. El modelo más utilizado (1) para medir el impacto de las TIC en el crecimiento económico de un país desde el lado de los factores productivos es el representado con la fórmula siguiente: Crecimiento servicios Trabajo + Crecimiento servicios Capital TIC + Crecimiento servicios Capital no TIC + Crecimiento Productividad total de los factores = Crecimiento renta nacional El primer sumando: Crecimiento en cantidad y calidad de los servicios del trabajo depende de numerosos factores: el número de personas que trabajan, el numero de horas que trabajan. La influencia de las TIC en este sumando es difícil de cuantificar, y en general depende de la utilización de las TIC como un instrumento para acceder al trabajo en cualquier momento y en cualquier lugar ( por ejemplo el incremento del numero de teletrabajadores propiciado por el uso intensivo de ordenadores conectados a banda ancha o el incremento de la actividad productiva debido al uso de los móviles) El segundo sumando: Crecimiento del capital TIC, depende esencialmente de la inversión que se haga en TIC en un país. Especial importancia tiene la denominado Productividad Total de los factores (PTF). La PTF mide aquel incremento de la capacidad productiva de un país que no se puede imputar directamente ni al factor capital ni al factor trabajo. Aquí se contabiliza cualquier incremento producido por una gran variedad de factores de tipo cualitativo, que son difíciles de medir, pero que tienen una gran influencia en la mejora de la capacidad productiva de un país. Por ejemplo: la capacidad del sistema educativo de un país, la competencia de los empleados de las empresas, la capacidad de liderazgo de los directivos, la facilidad para que los emprendedores pongan en marcha empresas y proyectos, la eficiencia del sistema de I+D+i, , etc... En suma la PTF (1) “se puede definir como un indicador que mide la capacidad de un país de producir más con los mismos recursos productivos”. El incremento sostenido y generalizado de la PTF se puede explicar bien por una mejor utilización de la tecnología por la sociedad y/o por una mejora en la eficacia de la economía de un país. El impacto positivo que producen las TIC en la PTF se produce no solo debido al impacto propio de los sectores TIC, sino especialmente, tal y como demuestra el caso de EEUU, al impacto que se produce en los sectores no TIC, cuando incorporan a su “modus operandi” normal las TIC. En el periodo 1995-2000, la productividad laboral en EEUU creció un promedio del 2,1%. Pues bien, un 80% de esa mejora de la productividad de explica por el uso de las TIC en todos los sectores de la economía. Los datos en España son bastante distintos. En el periodo 1995-2000, el incremento de la productividad cayó hasta un 1% (2,29% en el periodo 1990-95). La razón de este bajo crecimiento y esta caída relativa se debe al modelo de crecimiento económico seguido en España en los últimos, basado en la construcción lu Opinión Las TIC como una herramienta para la competitividad de las empresas Antolín Velasco Ingeniero de Telecomunicación [email protected] “En el periodo 1995- 2000, la productividad laboral en EEUU creció un promedio del 2,1%” (1) La sociedad de la Información en España 2003. Informe de Telefónica. y en el empleo de mano de obra barata e intensiva, que sin duda ha tenido efectos positivos en el empleo, pero que no constituye ninguna garantía ni una base sólida para un crecimiento sostenido. Hemos empezado hablando en un leguaje macroeconómico, pero no es ése el único nivel de análisis que se debe utilizar si queremos entender lo que pasa y ponerle remedio. Es en el terreno de las empresas y en el de los ciudadanos, donde además se pueden encontrar explicaciones más claras y que nos pueden ayudar a comprender la situación del uso real de las TIC. ¿Por qué unos países o unas CCAA utilizan las TIC de una forma eficiente y otros no? ¿Qué tiene que cambiar en las empresas para que las TIC les sirvan como un elemento esencial para la mejora de su productividad? ¿Están los trabajadores y directivos preparados para ello? ¿responde le sistema educativo a esas necesidades? ¿Y el sistema de I+D+i? ¿Cómo se pueden utilizar las TIC para la mejora de la innovación en las empresas? ¿Cuáles son los factores clave para el uso de las TIC por los ciudadanos? ¿Cuáles son las palancas a utilizar para ello? El aumento de la inversión en TIC es sin duda la mejor manera de mejorar de forma sostenida la productividad y corresponde al gobierno poner en marcha las medidas macroeconómicas que faciliten esa inversión. El Gobierno de Zapatero , justo es reconocerlo, desde antes de las elecciones ha dicho que es esencial que España , o sea las empresas españolas, mejoren su productividad. Asimismo parece que va a poner en marcha algunas iniciativas y planes para ello, aunque de momento parece que se lo está pensando. La empresa no es nada sencilla, porque una cosa es decir que las empresas deben mejorar su productividad y otra es que realmente lo hagan. Entre otras cosas, porque eso es fácil de decir, pero nada fácil de llevar a la práctica. Al Gobierno le corresponde dar los primeros pasos y “definir el terreno de juego y las reglas del partido”. Reglas de juego claras, seguridad jurídica, aliento de la innovación, trabas a la economía especulativa, más inversión en capital humano, aliento de las inversiones en TIC hechas por las empresas, son algunas de las recetas. Y desde luego es esencial que los equipos ministeriales sean estables, que no pase lo que en la última legislatura, que cambiamos tres veces de ministro. Pero en mi opinión la clave del asunto no depende del gobierno, o mejor dicho no depende solo del gobierno. La clave reside en las empresas y en concreto en las personas que forman las empresas. En los directivos de las grandes, en los empresarios de las pymes y en los miles y miles de autónomos. Hay que invertir más en TIC y en concreto en telecomunicaciones, en eso parece que todo el mundo está de acuerdo, pero en lo que creo que más hay que invertir es en lo que se llama el capital humano, sencillamente, porque sin personas preparadas y motivadas no hay incremento de productividad que valga. Si no hay personas que apliquen la tecnología a las necesidades de las empresas, si no aumenta de forma clara la cultura internet en la sociedad, si no se ponen en marcha esos servicios amigables y que solucionen los problemas del ciudadano, si los centros educativos siguen teniendo internet de adorno o porque está de moda, si las empresas no invierten y arriesgan en proyectos a largo plazo, si no hay directivos que valoran y miman el capital humano de sus empresas, pues ni con el mejor de los planes ni con la mejor de las voluntades, mejorará la competitividad del las empresas. “Hay que invertir en capital humano porque sin personas preparadas y motivadas no hay incremento de productividad que valga”
30 oct 2015
Artículo BIT
El lugar de España en la Sociedad
La primera semana de septiembre desde hace dieciocho años, como bien saben los lectores de esta revista, reúne en la Universidad Menéndez y Pelayo de Santander al sector de las telecomunicaciones en un encuentro que sirve para presentar la visión prospectiva de la gran mayoría de agentes del sector. Desde el punto de vista tecnológico, el encuentro pone al día sobre el último estado del arte; desde la óptica empresarial, expresa el estado de humor del sector; y desde la órbita política, viene siendo sede de anuncios programáticos del gobierno. El encuentro de este año, titulado “El nuevo universo multimedia”, ha venido a consagrar la convergencia tecnológica de las técnicas digitales, la movilidad y la banda ancha; lo que exige, a su vez, una profunda metamorfosis de la naturaleza de la mayor parte de los negocios que hasta ahora conformaban, en sentido amplio, el sector. Siendo aún muy pronto para dibujar con precisión el futuro de este ya enorme mercado, se pueden adivinar enormes oportunidades en el trato –humano- inteligente de las nuevas tecnologías; hasta el punto de que ya cabe vaticinar una próxima e inédita explosión de la cantidad de información que habrán de transportar, procesar y almacenar las redes de “pasado mañana”, incluso si ignoramos, por ahora, la naturaleza específica de las principales aplicaciones y usos. Frente a ese nuevo universo multimedia, que cabe definir como: “el conjunto de nuevas formas de trabajo, vida social y relaciones económicas entre personas, instituciones y administraciones públicas que hacen posible las nuevas tecnologías de la información y la comunicación”, y que está caracterizado por su ubicuidad, movilidad, uniformidad y diversidad, debemos preguntarnos por el lugar de España en sentido histórico prospectivo; es decir, de donde venimos, donde estamos y a donde podemos y debemos encaminarnos. Frente a una visión más bien pesimista, poco matizada y un tanto tópica, de una España sempiternamente atrasada, cabe oponer otra más realista, precisa y constructiva de nuestro pasado, presente y futuro. Nuestro país, digámoslo ya, integra claramente la veintena de países que lideran la Sociedad de la Información: en comunicaciones móviles pertenecemos a la vanguardia; en redes fijas andamos atrasados en penetración, pero relativamente bien en ADSL; en redes de cable avanzamos a buen ritmo; en telecomunicaciones, en suma, estamos un poco por debajo – quizás un 15% - del lugar que deberíamos ocupar, pero no tan lejos de él. En equipamientos informáticos, frente a un irregular y en algunos casos incluso excelente – caso de la banca - nivel en las grandes empresas, las PYME todavía, aunque avanzan, se encuentran generalmente infradotadas. La electrónica embebida en procesos industriales y el sector servicios deja a España en un buen lugar; y los equipamientos electrónicos del hogar español son semejantes a los de la media de la UE, aunque aquí solemos incorporar con retraso –entre seis y dieciocho meses– las últimas novedades tecnológicas De todo lo dicho se obtiene que, desde la perspectiva de la demanda, el esfuerzo que España tiene que hacer para formar parte de la elite del universo multimedia, es perfectamente asumible y realizable. Nuestro verdadero talón de Aquiles es el lu Opinión El lugar de España en la Sociedad de la Información Jesús Banegas Núñez Presidente AETIC “Las PYME todavía, aunque avanzan, se encuentran infradotadas” déficit comercial, cuya enorme y creciente dimensión puede cuestionar a largo plazo nuestras mejores esperanzas. La debilidad de la oferta tecnológica e industrial española, de no resolverse favorablemente, puede cuestionar incluso –vía productividad- el crecimiento a largo plazo de nuestra economía. Tenemos ante nosotros una oportunidad única: tras un largo ciclo de crecimiento económico y de creación de empleo sustentado en el despliegue de actividades de bajo nivel de capital humano y tecnológico, y ayuno de innovación, que ha mantenido estancado nuestro nivel de productividad, es la hora de otro modelo económico; justamente el que posibilita, y desde ya ofrece nuestro sector. Desde que hace casi medio siglo, Robert Salow –premio nobel de economía en 1957–, descubriera y probara empíricamente las razones de fondo del crecimiento económico –la innovación tecnológica-, las políticas económicas de éxito de los países más avanzados han estado orientadas en cuatro direcciones: – Maximizar la capitalización tecnológica – Fomentar la investigación, el desarrollo y la innovación – Elevar el nivel educativo y de formación de la población – Flexibilizar los mercados de factores En España, después de una brillante etapa (1994-2000) de crecimiento de las inversiones TIC, que pasaron de 5.825 a 14.571 millones de euros al año, es decir, se multiplicaron por 2,5, hemos pasado, desde 2001 a padecer una contracción del ritmo de nuestra capitalización tecnológica que no parece tener fin; estamos invirtiendo ahora al nivel de hace cinco años. No siendo nuestro país un líder en esta materia algo habrá que hacer para recuperar el nivel de actividad del sector y con él, el de la productividad y el crecimiento de nuestra economía. Tras la larga y profunda depresión padecida por el sector, especialmente su industria, es hora de recuperar el tiempo perdido en materia de inversiones –para superar la corta distancia que nos separa de los líderes- y de lanzar un ambicioso programa de reindustrialización y revitalización tecnológica para eliminar la brecha –esta, sí, verdadera- que separa a España de su mejor y posible destino. La crisis industrial del sector, que ha reducido su dimensión y potencialidad hasta extremos muy críticos, tiene mucho que ver con el bajo nivel de innovación de nuestro país; y la ocupación, en trabajos que podríamos denominar secundarios –desde la perspectiva de su potencial educativo- de una buena parte de la oferta de profesionales de alta cualificación tecnológica, pone de manifiesto lo que recientemente revelaba el profesor Rafael Myro en su análisis de las fuentes del crecimiento económico español: nula contribución del progreso tecnológico y muy escasa del capital humano. En materia de regulación de los mercados nos encontramos con la paradoja de la liberalización del mercado de telecomunicaciones y la intervención política de sus precios; y en el ámbito laboral con un sistema poco permeable al cambio tecnológico como consecuencia de su rigidez; en la posición 25 entre los 28 países de la OCDE. Por lo visto, tenemos mucho que hacer; así que esperemos que este otoño se inicie una notable inflexión en el modelo de crecimiento económico español, y con ella, un ciclo de expansión de la demanda y la oferta de TIC que reanime amplia y suficientemente el sector. El día de la inauguración del Encuentro de este año, el ministro José Montilla, mostró su mejor voluntad de convergencia política con el sector, y en la clausura el Secretario de Estado Francisco Ros, haciéndose eco de las principales inquietudes de los ponentes, ofrecieron positivas muestras de acercamiento a los problemas reales que le aquejan y las posibles soluciones que permitirían resolverlos. Esperemos que tales buenas intenciones comiencen pronto a dar resultados y permitan afrontar el futuro con la máxima confianza. “Esperemos que este otoño se inicie una notable inflexión en el modelo de crecimiento económico español”
30 oct 2015
Artículo BIT
E-LEARNING Formación sin fronteras
E-LEARNING Formación sin fronteras Manuel Esteve Domingo Director de Área Universidad Politécnica Abierta. Universidad Politécnica de Valencia [email protected] La evolución que ha sufrido en los últimos tiempos la formación a distancia ha sido francamente espectacular. En efecto, en pocos años hemos pasado de aquellos cursos en que se enviaba al alumno la documentación por correo postal y el único contacto con el profesor y sus compañeros se limitaba a un examen presencial, a un paradigma centrado en el propio alumno y en el que la interacción entre el profesor y sus alumnos es continua. ¿El responsable? De nuevo, Internet. El e-learning es el resultado de aplicar las tecnologías web a la formación a distancia. Gracias a la Red, alumnos y profesores disponen de una gran variedad de herramientas de comunicación (correo electrónico, chat, foros, multivideoconferencias, etc.) que simplifican su relación convirtiéndola en más cercana y de un punto de acceso a esa gran fuente de contenidos y conocimiento que constituye Internet, lo que, sin duda alguna, redunda en un aumento descomunal de la calidad de la enseñanza. Obviando los de sobra conocidos beneficios de Internet (universalidad, accesibilidad, etc.), son muchas las ventajas de la formación on-line, pero una destaca entre todas las demás: la reducción de los costes de la formación. Efectivamente, el coste de impartir un curso disminuye de manera sorprendente si se imparte a través de la Red debido, fundamentalmente, al decremento de la complejidad logística asociada a la organización de un curso: ya no es necesario disponer de un lugar físico en que impartir las clases, la distribución de los contenidos resulta muy sencilla, etc. Ni siquiera es necesario adquirir una herramienta para la puesta en marcha de una plataforma de teleformación, ya que el auge de la corriente open source pone a disposición pública múltiples herramientas gratuitas (Sakai, dotLRN, ATutor o Moodle, por citar algunas). Pero también los costes de recibir un curso disminuyen, ya que el e-learning hace posible que el alumno se forme desde su hogar o su trabajo y, precisamente, en este último caso, esto supone una gran ventaja puesto que la empresa puede disponer del trabajador en lugar de “perderlo de vista” mientras está en un curso a la que vez ahorra gastos en dietas, desplazamientos y hoteles. Todos estos motivos han tenido como consecuencia la explosión de la formación on-line. Por ello, a la hora de implantar una estrategia de e-learning conviene considerar una serie de factores que van a marcar su éxito o su fracaso. En primer lugar, como en cualquier actividad docente, la calidad de los contenidos constituye un requisito sin el cual conseguir que los alumnos se motiven resulta casi imposible. Por ello, conviene someter al curso a una continua revisión pedagógica llevada a cabo por expertos que garantice altos niveles de calidad en el material docente. Además, debe proporcionarse una amplia gama de mecanismos de comunicación que consiga que el alumno pueda ponerse en contacto con quien desee, cuando lo necesite y desde donde se encuentre. En este sentido, un aspecto importante es la calidad de la atención prestada por los docentes en la que influyen, no solo el procurar ofrecer a los alumnos un trato personalizado sino también un tiempo de respuesta corto ante cualquier duda o sugerencia (un valor orientativo es el de contestar en un plazo máximo de 24 horas). En el caso concreto de la UPA (Universidad Politécnica Abierta), área encargada del e-learning en la Universidad Politécnica de Valencia, hemos dado un paso más implantando lo que llamamos LRM (Learner Relationship Management), que resulta de aplicar la filosofía propia de las soluciones e-business CRM al contexto del e-learning considerando al alumno como nuestra razón de ser. El objetivo de LRM es fidelizar al alumno ofreciéndole una interacción personalizada, sencilla, rica, flexible, eficiente y eficaz. Se gestiona toda la información sobre el alumno y su entorno de manera integrada, se analiza y se emplea en el momento idóneo y de la manera oportuna. Tecnologías muy útiles en este sentido son los portales multicanal (Red, llamada telefónica, sms y presencial) como punto de contacto y de recogida de información y las herramientas de datawarehouse y datamining que analizan toda esta información y le sacan provecho. Sin embargo, en toda esta fantástica evolución encontramos un punto negro y es la falta de estándares ampliamente extendidos. Aunque existen alguna iniciativas de estandarización (LTSC, IMS o ADL SCORM), esta carencia ha frenado considerablemente el avance de la estrategias de e-learning ya que, a diferencia de lo que ocurre con otras soluciones de negocio basadas en Red, resulta imposible la interoperabilidad de contenidos procedentes de diferentes fabricantes. Sin embargo, parece que ADL SCORM se está imponiendo como estándar de facto y esta barrera será superada en breve. Ya como conclusión, remarcar las grandes ventajas que supone el elearning para todos los actores implicados en el proceso de la formación, la importancia que las plataformas open source están adquiriendo en este contexto, el carácter crítico que tiene la personalización de la relación con el alumno en el éxito de una estrategia de e-learning y el hecho de que tan pronto como algún estándar se consolide definitivamente asistiremos, de nuevo guiados por la evolución de las tecnologías Internet, a una revolución en el ámbito de la enseñanza a distancia a la que las universidades en general, y la UPA en particular, no pueden ni deben ser ajenas. Modelo Clásico Modelo LRM de la UPA Nivel Maximizar el número Maximizar el valor que aporta cada Estratégico de alumnos alumno Nivel de La organización transmite Intercambio de información Comunicación información a los alumnos bidireccional Nivel Maximizar el número de Proporcionar el curso adecuado Comercial cursos vendidos para un alumno determinado y en el momento justo Toma de Criterios y métricas diferentes Toma de decisiones focalizada en decisiones para distintas actividades maximizar el valor de los alumnos Comparación entre el modelo clásico de e-learning y el modelo LRM. “Hemos implantado LRM (Learner Relationship Management), que resulta de aplicar la filosofía propia de las soluciones e-business CRM al contexto del e-learning considerando al alumno como nuestra razón de ser”
30 oct 2015
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REDES SEGURAS. Una garantía para la Administración electrónica
REDES SEGURAS Una garantía para la Administración electrónica Carlos Delso Director general de Enterasys Los constantes avances en Tecnologías de la Información hacen posible que las iniciativas que las diferentes Administraciones Públicas y organismos dependientes de ellas están poniendo en marcha sean cada vez más ambiciosas, tanto por el ámbito y alcance de las mismas como por su escala. Este avance se debe en gran medida a la expansión de las redes de comunicación, en concreto de Internet, una infraestructura sobre la cual están basadas un elevado porcentaje de las iniciativas de “e-goverment”. Por ello, no es exagerado decir que las infraestructuras y tecnologías de red se han convertido en la piedra angular de los proyectos de Administración Electrónica. Sin embargo, encontramos que en España se ha producido un desarrollo muy dispar de las diferentes infraestructuras necesarias para proyectos de “e-administración”. Mientras que la inversión en aplicaciones y el desarrollo de interfaces ha alcanzado unos niveles muy altos, la inversión en infraestructuras de red que soporten dichas aplicaciones no ha alcanzado el nivel suficiente. Este desequilibrio puede hacer que más de un proyecto fracase, debido a que los ciudadanos necesitan redes seguras y con suficiente capacidad para poder acceder a los diferentes servicios que la Administración les ofrece “on-line”. Sin ellas, muchas iniciativas de Administración Electrónica simplemente fracasarán. Esta opinión la confirman estudios de diferentes consultoras han situado algunos de los servicios prestados “on-line” en España a la cabeza de Europa en grado de desarrollo y nivel de interacción con el ciudadano. Pero estos estudios se centran exclusivamente en analizar aplicaciones e interfaces web, sin prestar atención a si las infraestructuras de red que los soportan son las adecuadas. REDES SEGURAS, REQUISITO IMPRESCINDIBLE PARA LA ADMINISTRACIÓN ELECTRÓNICA La relación Administración-Ciudadano podría equipararse a la que mantiene cualquier organización con sus clientes y proveedores. Es una forma de “e-commerce” en la que una de las partes ofrece una serie de servicios que en numerosas ocasiones son de “adquisición obligatoria” por parte del cliente, en este caso empresas y ciudadanos. Dado que las transacciones pueden ser equivalentes en muchos aspectos, no es de extrañar que los requisitos que se exijan a una infraestructura de red que vaya a soportar servicios públicos sean como mínimo los mismos que se exigen a una red corporativa, es decir, seguridad, para proteger los sistemas de información de amenazas y usos inadecuados, y asegurar la privacidad e integridad de las transacciones por un lado, y continuidad, de manera que los servicios puedan estar disponibles para el ciudadano en cualquier momento, asegurando además una calidad de servicio. PROTECCIÓN DE DATOS Sin embargo, la relación Administración- Ciudadano presenta peculiaridades que exigen un plus en determinados aspectos, como la seguridad. La naturaleza de la información que se maneja en estas transacciones, y la trascendencia de los negocios jurídicos que se realizan con la Administración hacen necesario que la red ofrezca unas garantías de seguridad reforzadas. La Ley Orgánica de Protección de Datos, que exige a las empresas cumplir con una serie de requisitos relativos a la confidencialidad de datos de clientes, cobra más importancia si cabe cuando hablamos de Administraciones Públicas, debido a la cantidad y calidad de datos que manejan sobre el ciudadano. El nuevo DNI digital, que se encuentra en fase de desarrollo en la actualidad, no sólo servirá para identificarnos con él, sino que le añadirá una nueva capacidad, la de poder firmar digitalmente con él, ya que incluirá firma electrónica, que servirá para dar validez a cualquier transacción electrónica que se realice. Este nuevo DNI incorporará todos los datos relativos a la filiación del individuo y datos biométricos, como la huella dactilar. Todo ello protegido por un sistema de doble clave. En este contexto, la protección de las redes necesita ir más allá de los tradicionales sistemas de seguridad y protección. Las tecnologías de encriptación, autenticación de usuarios, sistemas de protección perimetral, etc., aún siendo necesarias son insuficientes para garantizar la seguridad de las redes en sentido amplio: no sólo la protección y confidencialidad de los datos, sino también su disponibilidad para el uso al que están destinadas, asegurando la continuidad del servicio. Un enfoque basado en políticas de usuario permite dotar de este nivel de seguridad sin sacrificar el rendimiento y la gestionabilidad de la infraestructura. CIUDADES DIGITALES Las entidades locales juegan un papel fundamental en la creación de lo que se ha venido en llamar “ciudades digitales”. Las ciudades locales son algo más que un conjunto de servicios públicos ofrecidos por Internet, sino que se trata de una verdadera ciudad virtual en la que entidades públicas, empresas y ciudadanos se relacionan y realizan multitud de actividades, desde el pago de un impuesto a reuniones virtuales de padres de alumnos. En las ciudades digitales las infraestructuras de red juegan de nuevo un papel fundamental. Vienen a ser las “calles virtuales” por donde todo el tráfico de la ciudad concurre y el medio de acceder a los diferentes “sitios”, ya sea al Ayuntamiento, al colegio o al centro de salud. Todos los expertos coinciden en que la planificación es esencial en el desarrollo de ciudades digitales y si es el Ayuntamiento el que tiene la iniciativa de esa planificación estratégica debe prestar especial atención a la infraestructura de red, sobre la cual se va a construir todo lo demás. En definitiva, la apuesta de la Administración Pública por las nuevas tecnologías es imprescindible. A fin de cuentas, todas las Administraciones son actores, y no poco importantes en el conjunto global de la economía, y es fundamental que optimicen sus procesos aprovechando las nuevas tecnologías. Por otro lado, todo esfuerzo que se realice para facilitar al ciudadano sus trámites administrativos redundará en beneficio de todos, ciudadanos, empresas y Administración. Una red que soporte servicios de Administración Electrónica debe incorporar: Contexto. La red debe ser capaz de reconocer no sólo quién accede, sino en que momento accede, desde dónde y con qué fin, es decir, debe ser capaz de contextualizar y gestionar el uso de la misma de forma inteligente Control sobre quien accede a los servicios, garantizando no sólo la autenticación del usuario (certificados digitales, firma digital) sino también la autorización, es decir a qué recursos y aplicaciones está autorizado a acceder Cumplimiento. Debe garantizar la seguridad e integridad de los datos de manera que se pueda cumplir con la legislación vigente en materia de privacidad de la información del ciudadano Continuidad de los servicios, que sólo se puede asegurar a través de mecanismos de seguridad de red que permitan un control granular sobre el usuario y dispositivo que accede a la red. Consolidación. La red debe permitir integrar comunicaciones heterogéneas y procedentes de diferentes dispositivos sin comprometer el funcionamiento de los diferentes servicios y aplicaciones
30 oct 2015
Artículo BIT
Lo mismo pero diferente
Paradojas de la vida. La estructura ARPANET (Advanced Research Project Agency Network) que el Departamento de Defensa de los EE UU creó en 1969 con la finalidad de probar la idoneidad de la transmisión de datos en modo paquete para asegurar la disponibilidad de la información estratégica en caso de catástrofes, se ha convertido en la Red, INTERNET, más vulnerable de todas las que hoy en día prestan servicios de comunicaciones. Durante 2004 se detectaron unos 10.000 nuevos virus lo que obligó a la Dirección General para el Desarrollo de la Sociedad de la Información a declarar 1.150 alertas. En 2005 los expertos coinciden en que las amenazas seguirán creciendo y se nos anuncian nuevas plagas cada vez más sofisticadas. Desde las asociaciones de usuarios se intenta evitar un clima alarmista y se nos quiere tranquilizar diciendo que Internet “es tan seguro como ir por la calle”. Quizá lo que se nos quiere advertir es que al igual que la sociedad civil solicita incrementar los medios públicos para reducir la inseguridad ciudadana, haciendo además un uso creciente de los recursos privados, los usuarios de Internet tenemos que asumir la convivencia con el riesgo permanente y concienciarnos de la necesidad de invertir en la “seguridad de la Red” si queremos beneficiarnos de sus indiscutibles ventajas. Se recomienda que nos eduquemos en las amenazas, que nos asesoremos y nos protejamos. En definitiva, que nos hagamos clientes privilegiados de las empresas que comercializan los antivirus, y aceptemos que la herramienta se actualice de manera automática y prácticamente todos los días para defenderse de los ataques de gusanos que nos infectan, de los troyanos que nos secuestran y del correo basura que limita nuestro tiempo útil. Es cierto que ninguna red de telecomunicaciones es completamente fiable; siempre existe un riesgo de inseguridad, pero estamos acostumbrados a unos servicios con una disponibilidad de “cinco nueves” (99,999%) por lo que produce insatisfacción y desánimo escuchar discursos en los que predomina la resignación y se traslada al usuario la responsabilidad de protegerse, convirtiendo la seguridad en la Red en una de las oportunidades de negocio más atractivas. Puede aducirse y con razón, que Internet modifica el paradigma de la inteligencia de las redes de telecomunicación: de estar situada en el núcleo como es el caso de la red telefónica por conmutación de circuitos pasa a residir en la periferia, en los terminales inteligentes (ordenadores) que son capaces no solo de captar la información sino además de procesarla y convertirse en generadores. Esta es la gran fortaleza de la Red y desde ella se está consolidando un nuevo modelo de comunicación que nadie podrá detener ni controlar. Y es precisamente en esa inteligencia periférica donde reside toda la capacidad para crear las plagas que afectan a su seguridad; de nuevo surge el gran dilema de la sociedad: seguridad versus libertad. Me alineo plenamente con la libertad y con las posibilidades todavía desconocidas del concepto de Internet, pero me resisto a admitir que tenga que ser el usuario el que asuma la cuota más importante de la inseguridad. Cuando las instituciones apuestan por la Sociedad de la Información y del Conocimiento deberían hacer mucho más patente en sus planteamientos y estrategias que la inseguridad en la Red puede dar el traste con muchos de los proyectos e iniciativas. Se pretende que en Internet converjan todos los servicios que hoy se prestan por redes diferentes y específicas. Permítanme manifestar mi escepticismo ante la realidad de esta visión, al menos en un horizonte temporal cercano. ¿Por qué habríamos de trasladar las comunicaciones telefónicas sensibles o las transferencias de datos estratégicos a una red con tan elevado nivel de vulnerabilidad? La complejidad de la convergencia ¿no incrementará el riesgo? Dudo que la ventaja del precio vaya a compensar a las amenazas; en cualquier caso en el análisis comparativo del coste habrá que computar el gasto en la seguridad y el precio del fraude. Es urgente que los ciudadanos percibamos que la sensibilidad y concienciación por los problemas de la seguridad en la Red se materializa en un compromiso efectivo entre los operadores y prestadores de servicios para incorporar y actualizar en todos los elementos que configuran la nube de Internet las herramientas que impidan la difusión de las plagas que permanentemente crean alarma e incrementan la inseguridad; que comprobemos cómo se extiende entre los responsables de las páginas informáticas y de los servidores que las soportan la inquietud por incorporar las protecciones adecuadas; que los fabricantes del software perfeccionan los controles para verificar la seguridad de las aplicaciones que comercializan y se extiende la cultura de incorporar un logo de calidad que aumente la confianza en el proceso de desarrollo; que las asociaciones dan prioridad en sus reivindicaciones a los retos de la seguridad sin penalizar a los usuarios aunque ello implique reducir el beneficio de algunos de sus miembros. En definitiva, se trataría de reorientar la lucha contra la creciente vulnerabilidad de la Red que ahora disfrutamos de manera que el ciudadano se convenza de que lo que el futuro le ofrece es una herramienta con las mismas posibilidades de comunicación, información, conocimiento y ocio, pero con un nivel de vulnerabilidad muy diferente. “Produce insatisfacción y desánimo escuchar discursos en los que predomina la resignación y se traslada al usuario la responsabilidad de protegerse”
30 oct 2015