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Infoneurastenia (4) Tecnopoder
Infoneurastenia (4) Tecnopoder Profesor Fernando Sáez Vacas Universidad Politécnica de Madrid Me referiré hoy a una visión neurasténica recurrente que me ha vuelto a primeros de marzo durante el acto de presentación del informe sobre “El Desafío de la Convergencia de las Nuevas Tecnologías (Nano-Bio-Info-Cogno)” o, para entendernos, NBIC (véase Infoneurastenia (1)). Escuchando allí sentado, mientras mi memoria revoloteaba, me atrapó de nuevo la muy vivida sensación de cómo en aquellos asuntos públicos, donde los componentes técnicos –no necesariamente tecnológicos- juegan un papel importante o capital, el rol desempeñado por los técnicos humanos está manipulado casi siempre por los dirigentes sociales. A mis oídos llegaban las palabras de los tres conferenciantes, un economista, un filósofo y un profesor americano de ciencia política, al tiempo que mis ojos recorrían las páginas del informe, detectando al vuelo sus manifiestas deficiencias en materia de infotecnología y cierta incongruencia terminológica. En el elenco escrito de expertos veía una vez más la “ausencia” de los que verdaderamente saben, cuya presencia raramente sobrepasa el 10%, según mi estadística particular de observador de varias decenas de casos similares. ¿A que da que pensar? Ese y otros informes poco exigentes, se convierten, gracias a la fuerza simbólica de la institución que pueda estar detrás de su encargo –pongamos por caso un ministerio, consejería, fundación o macroempresa-, en una referencia cuyas conclusiones, recomendaciones o criterios se difunden sin crítica, cuando no con aspavientos admirativos, entre los agentes sociales. Su posible influencia sobre decisiones en las esferas políticas, económicas y sociales los trueca en instrumento de poder (tecnopoder). Uno no cree que la lógica del análisis técnico solvente y fundamentado tenga que anteponerse a los intereses públicos, sólo aspira a que se integre sanamente en ellos. Pero cuando el poder político o económico manipula tendenciosamente esa lógica –que no es el caso del ejemplo citado-, eligiendo o nombrando suficientes asesores y expertos dóciles, correligionarios, amiguetes o incompetentes recomendados, que apoyen o callen ante sus decisiones, la técnica, los técnicos de cualquier rama y los organismos técnicos quedamos degradados como instrumento social democrático. ¿Ejemplos actuales muy públicos?: CNE, CMT, TDC, CAC, etC. Me pregunto si llegará el día en que a cada uno de nosotros nos convendrá pensar que guiarnos por principios éticos, independencia, libertad de expresión y solidaridad, además de ser una actitud poco práctica, podría tomarse por dudoso desorden mental.
30 oct 2015