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La soberanía del mercado
Un día se pusieron las piedras para definir en derecho político el concepto de soberanía. Se trataba de acotar las fronteras y cimentar teóricamente lo que ha desembocado en la justificación política moderna. Pero hete aquí, que la soberanía que se aprende en Teoría Política está siendo resquebrajada a proa y popa, ora por devaneos de territorialidad, ora por multas contra la competencia desleal. Quizá sea la manifestación de una debilidad, o la falta de criterio a la hora de diseñar una legislación supranacional; pero el caso es que la soberanía, ha dejado de pertenecer al Estado-Nación para repartirla a partes iguales –en el caso de España– con los corifeos del saqueo nacionalista por un lado, y con determinadas instituciones europeas, por otro. Si la soberanía era un rey absoluto en tiempos de Quevedo, en nuestros días tiene marchamo globalizado y sigue a merced del maldito “parné”, poderoso caballero que diría don Francisco. Es como una coda que se prolonga en un círculo cerrado. La historia empieza siempre con quien tiene músculo para mover las aspas del mercado. En este caso el operador dominante Telefónica, se mueve para arañar la cuota que por la ley liberalizadora de 1998 le quitó el Estado. En virtud de su posición dominante le pega una sacudida a los precios, que solo ella puede permitirse, a la espera de que el resto de operadores doblen la cerviz en la operación. Y en un utópico escenario de competencia perfecta, nadie podría toserle a Telefónica por abuso de posición. Pero igual que hemos tenido instituciones que velaban por la moral y las buenas costumbres, la CMT tapa las acequias en caso de que haya peligro de desborde y enfanguemos de nuevo en monopolio. En el caso del super-paquete comercial de ADSL, la CMT se abstiene, pero Bruselas, en virtud de esa soberanía delegada, multa a la operadora saltando la frontera y moviéndole la silla al regulador español. En el siguiente acto aparece el Gobierno de España, que tratándose de una de las mayores empresas españolas, se pone al lado de la compañía contra Bruselas, vestido formalmente en defensa de las competencias nacionales. Pero la baraja ya se ha roto, primero porque el resto de operadores nacionales tendrían el mismo derecho a la cobertura gubernamental, y segundo, porque a ver quien le pone el cascabel al gato de las competencias, sobre una compañía que opera más arriba de los Pirineos y donde sus directos competidores continentales ya se frotaban las manos. Si la CMT pinta bastos gubernamentales, lo mismo ocurre con los criterios de la Comisión. Pero a la disfunción partidismo-mercado se une también la interpretación real decreto-directiva europea a la hora de repartir galones de sancionar. En el examen de conciencia que hacemos los europeos en estos tiempos, donde se debate si la coordinación del mercado económico tiene que incluir el pringue político, no estaría de más localizar y acotar las parcelas de soberanía, que hoy están más en la facturación que en el pueblo, en el funcionariado que en la voluntad popular, o en las opas transnacionales que en la defensa de los intereses patrios. La soberanía del mercado Gonzalo J. Moreno Muñoz Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015