Artículo BIT
¿Basta el mercado para responder a un posible nuevo servicio universal?
El servicio universal (SU) responde a la necesidad social de comunicarse, a un precio asequible y con independencia de localización y facultades físicas. La CE, conforme a la Directiva 2002/22/CE del SU, está revisando su definición y alcance y, apoyada por una consulta pública a la que pocas entidades interesadas respondieron, propone mantenerlo invariable. El que en sus zonas objetivo no crezcan las líneas fijas activas y decaiga el uso de los teléfonos públicos hace dudar de que el SU responda a una demanda real. ¿Persiste la necesidad que lo originó? ¿Hay otras necesidades de comunicación que garantizar? El Considerando 25 de la Directiva fija los criterios de revisión: la evolución de las condiciones sociales, comerciales y tecnológicas para determinar los servicios disponibles para la gran mayoría y usados por ella, con el riesgo de exclusión para quienes no pueden costearlos. La CE, sin reconocer la existencia de nuevas necesidades sociales, descarta la inclusión de nuevos servicios, por haber competencia en su prestación (e.g. móviles) o por su aún baja aceptación (e.g. banda ancha). Antepone así la situación del mercado a la posible existencia de demandas sociales con riesgo de exclusión. Pensamos que en el medio plazo la comunicación interpersonal, su ubicuidad, la mensajería, y el acceso rápido y asequible a la información serán necesidades sociales. Aquel que, en cualquier momento y lugar, no pueda comunicarse por voz o texto, o acceder a la información que precise, será un excluido. ¿Podría el mercado por si solo responder a esas demandas? Es difícil. La promediación puede estar escondiendo zonas y bolsas de exclusión (i.e. sin acceso o con precios inasequibles). La maximización de beneficios desmotiva a las empresas a cubrir por sí mismas esos déficits con un coste superior al beneficio obtenido. Los Gobiernos promueven la cobertura universal de las redes móviles y de banda ancha negociando con los operadores, pero eso no resuelve la asequibilidad de esos servicios ni garantiza que la calidad local sea la mínima requerida. ¿Sería necesario redefinir el SU? Los detractores dicen que el SU distorsiona los mercados, favorece la transferencia cruzada entre usuarios y encarece su coste. Creemos que lo que distorsiona es el modelo: poner obligaciones a un único operador, y, en todo caso, son los usuarios los que pagan el sobrecoste de su provisión. Al no haber transparencia sobre las contrapartidas ofrecidas por universalizar las ofertas, cabe preguntarse si no pagaremos con exceso el sobrecoste, y sin garantizar la satisfacción de las nuevas demandas sociales. La CE parece preferir la corrección a la prevención de las posibles brechas sociales. Ignora que la incorporación de todos a las nuevas actividades económicas induce importantes beneficios en otros sectores, y que es posible otro modelo de financiación que no afecte a los mercados. ¿Basta el mercado para responder a un posible nuevo servicio universal? Emilio Lera Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015