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Humanismo es telecomunicación
Humanismo es telecomunicación... Daniel Martín Mayorga Ingeniero de Telecomunicación En el arranque de su libro Normas para el parque humano, Peter Sloterdijk ofrece esta impactante definición: humanismo es telecomunicación fundadora de amistades que se realiza en el medio del lenguaje escrito. Como no es frecuente este homenaje, siquiera sea indirecto, a nuestra profesión, no estará de más indagar sobre el propósito de tan rotundas palabras. Peter Sloterdijk, nacido en Alemania en 1947, estudió filosofía, historia y literatura alemana en las universidades de Munich y Hamburgo. Por su formación y sus primera orientación se le clasifica como un seguidor de la , aunque tras una estancia en la India viró hacia una mayor heterodoxia y amplitud de intereses: arte moderno, literatura francesa, psicología y, sobre todo, política, medios de comunicación y globalización. Todo ello sin abandonar una línea filosófica convencional que ha producido libros como la trilogía Esferas, Crítica de la razón cínica, que se vendió y leyó como un best-seller, o los estudios sobre Heidegger y Nietzsche. Normas para el parque humano es el texto de una conferencia pronunciada en el marco de un congreso internacional sobre Heidegger. Tras su publicación -diario Die Zeit, 10 de septiembre de 1999- ha sido extraordinariamente difundida, y un fértil campo para el debate. Su tesis (resumida) es como sigue: el humanismo es un modelo (educativo, ético, político...) estructurado sobre una determinada concepción del ser humano, cuyo fundamento son las lecturas comunes de las obras que constituyen el canon literario-filosófico aceptado y que, a la postre, ha devenido en justificación y esencia del moderno Estado–Nación. De este modo, arrancando en la primera transmisión o telecomunicación (la recepción por los romanos de los textos griegos), el humanismo ha seguido un camino “expansionista y universalista” que culmina en el Estado burgués. Pero, ¿con qué propósito?. Precisamente es en este punto donde Sloterdijk expone su celebérrima tesis: la función del humanismo no ha sido otra que “domesticar” a los seres humanos (mediante el instrumento de la lectura). Y así llegamos hasta el siglo XX, a un momento que el autor sitúa alrededor de la invención de la radio y la televisión, cuando el paradigma cambia. El esfuerzo por “amansar” al hombre ha dado el pobre resultado que la historia, con sus episodios de brutalidad, guerra y genocidio, recurrentemente nos cuenta. Han desaparecido los sabios, y sus textos ya no nos son familiares ni próximos. Los hemos puesto en estanterías, los hemos “... archivado. La síntesis social no es ya –ni siquiera aparentemente- cuestión de libros y cartas”. Nuestra vida “es la confusa respuesta a preguntas que hemos olvidado dónde fueron planteadas”. Sloterdijk añade unas polémicas frases que han sido interpretadas –de manera descontextualizada, según nuestro filósofo- en el sentido de que aquella función domesticadora ha de ser continuada con los medios más eficaces que posibilita la sociedad tecnológica – incluyendo genética. Ha llegado el tiempo de la antropotécnica: “una antropotécnica política cuyo objeto no es sólo dirigir por el camino de la mansedumbre a un rebaño ya manso de por sí, sino emprender una nueva crianza sistemática de ejemplares humanos más próximos al arquetipo”. Una reflexión se nos hace presente: más allá de coincidir o no con la tesis sloterdijkiana, su apertura al debate público es pertinente. El papel a cumplir por el ser humano en la sociedad tecnológica y la educación que le debe ser impartida a tal efecto es un tema ineludible. El aprendizaje de las nuevas generaciones no usa tanto del libro como de los medios de comunicación y las tecnologías audiovisuales. El modelo de relación cultural nacido con la imprenta hoy no es el dominante, si es que lo fue alguna vez: la familiaridad con los libros siempre ha sido minoritaria, si bien parece acertar Sloterdijk al otorgar a esas minorías la condición de guías de la humanización. A su través, la cultura clásica domesticó al hombre. El problema estaría, pues, en la pérdida de influencia de esas élites, y su sustitución por una difusa y agobiante máquina de entretener, cual son los medios de comunicación de masas. Y consecuentemente, si con ello queda en suspenso esa función domesticadora, o se transforma. Sloterdijk nos da una pista: de la telecomunicación fundadora de amistades a, quizá, la eugenesia.
30 oct 2015