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Las autopistas de la información y la Unión Europea
85.- EDITORIAL Las autopistas de la información y la Unión Europea. Desde hace ya algunos años, el sector de las Telecomunicaciones, y de una forma más amplia el de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), está siendo considerado como un sector clave para el desarrollo de las sociedades modernas. Ya el Libro Verde para la Comunidad Europea preveía que alcanzase un nivel del 7% del Producto Interior Bruto para el año 2000. Queda poco para iniciar un nuevo siglo y nos encontramos en momentos que no permiten ser optimistas, pues, lejos de alcanzar este nivel, existe una fuerte tendencia a la baja en todo el mundo occidental dentro de una crisis económica generalizada. Por desgracia, la consideración de este sector como estratégico ha provenido fundamentalmente de posiciones tecnócratas, posición en la que la clase política jamás ha creído, ni ha mostrado ningún interés a la hora de plasmarla en sus prioridades de actuación. Mientras que esto sucede, es decir, mientras que en la Unión Europea seguimos sin mostrar interés suficiente en el desarrollo y consolidación a nivel mundial del sector de las telecomunicaciones, otros competidores fuertes, como USA, lo están considerando como un factor clave para el desarrollo económico de la sociedad moderna. Corremos, de seguir así, el peligro de perder la posición de privilegio en un mercado en el que, al día de hoy, podemos demostrar una capacidad de liderazgo en el mercado mundial. Con la llegada de Clinton y su equipo a la presidencia de los Estados Unidos, se empieza a estructurar un discurso político diferente en lo que se refiere al papel de las tecnologías en el desarrollo de la sociedad moderna. Lo que es definitivamente diferente, es la identificación de unos sectores claves, basados en tecnologías avanzadas, que actuarán como motor del desarrollo económico. No es casualidad que el sector de las telecomunicaciones sea uno de los principales sectores identificados como motor de la nueva economía americana. En su discurso político, Clinton-Gore plantean una ambiciosa estrategia basada en la creación de las llamadas superautopistas de la información, conscientes de que, igual que las autopistas y los ferrocarriles fueron un factor clave en el transporte de mercancías para el desarrollo económico de este siglo, aquéllas lo serán para el siglo XXI, pues transportarán el nuevo producto básico para el desarrollo de las sociedades avanzadas: la información. Existen otros aspectos de interés que florecen de este nuevo discurso, como las ayudada a la comercialización y el uso de las aplicaciones creadas al amparo del desarrollo de las autopistas de la información, utilizando para ello el enorme potencial de la propia Administración Pública como gran usuario capaz de generar una importante demanda, utilizándola con carácter ejemplificador. Este reto, liderado por la nueva administración americana, supone, de hecho, una importante amenaza para la industria europea de telecomunicaciones. Ante ello, la Unión Europea ha respondido con la elaboración de un Libro Blanco sobre “crecimiento, competitividad y empleo”, identificando las redes transeuropeas de información como un eje clave de desarrollo. Sin embargo, mucho nos tememos que sea ésta, una vez más, una posición tímidamente asumida por los tecnócratas de Bruselas, pero difícilmente comprendida y creída por las clases políticas de los respectivos países de la UE. De ser así, significaría la pérdida de competitividad de la industria de telecomunicaciones, que pasa por ser una pieza clave del rompecabezas económico europeo. La apuesta de países avanzados por un proyecto de desarrollo de infraestructuras de comunicaciones de gran capacidad, nos parece una idea políticamente novedosa y un discurso diferente e imaginativo que posibilitará una más rápida salida de la actual crisis económica mundial. Estos planteamientos políticos surgen a los dos años de la presentación del Plan Anual de Telecomunicaciones para España, y son de tal trascendencia que aconsejan su revisión en profundidad, de forma que se incorporen nuevas líneas de actuación y una mayor participación de los poderes públicos, que permitan jugar a nuestro país el papel que le corresponde en el contexto europeo y colaborar activamente en la recuperación de un continente en el que las tecnologías de la información y las telecomunicaciones serán claves.
30 oct 2015