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Intimidad y tecnología
Por una noticia de prensa nos enterábamos hace unos años, de que la empresa más exitosa en Internet iba a poner sus servidores en barcos fondeados en alta mar porque allí “era más fácil la refrigeración”. Probablemente para una gran mayoría de la población era una razón convincente. Los papeles de Snowden han demostrado algunas cosas que solo eran intuiciones. Está por ver cómo este conocimiento de la realidad cambiará los hábitos porque aunque estos últimos años había señales suficientemente claras de lo que sucedía, personas y empresas parecían ignorarlas. Una consecuencia será que el sector de la nube sufrirá cambios y, probablemente, habrá oportunidades para las empresas que sepan proporcionar la tecnología con la confianza que se demanda. En realidad, lo único novedoso en todo esto es la herramienta empleada porque el afán de control que subyace es muy antiguo. La caída del muro de Berlín nos mostró con qué paciencia y perseverancia se ponían micrófonos y se escuchaban todas las conversaciones de los sospechosos de disidencia las veinticuatro horas del día y durante todos los días. Nada inédito pues bajo el sol, pero los nuevos instrumentos, tan poderosos, allanan el trabajo y permiten extender el control, no sólo a los sospechosos, sino también a todos por si algún día alguno de ellos lo fuera. Cualquier vecino curioso, incluso en una gran ciudad, conoce datos que hablan de cómo es a grandes rasgos nuestra vida. Puede intuir el alejamiento o no de nuestra pareja, la enfermedad incipiente o el cambio de nuestro nivel económico. Incluso la felicidad o la desgracia extremas que acompañan alguna de nuestras etapas de la vida. No necesitará haber intercambiado una sola palabra con nosotros porque las pistas que vamos dejando de nuestra cotidianidad son suficientes. Basta observar nuestros horarios, las personas que nos acompañan o la manera de vestir y de saludar. Eso sí, tiene que ser curioso o tener un interés concreto que alimente la curiosidad. Muchas de las empresas con las que nos relacionamos han demostrado ser extremadamente curiosas y algunos gobiernos, también. Las nuevas herramientas recopilan los datos y las técnicas del vecino curioso se convierten en el algoritmo que los analiza y así, en cualquier momento, cuando se precise, se puede obtener el perfil de cualquier persona. Cierto que a veces el observador malinterpreta lo que ve, pero de momento esos errores no preocupan a quienes los cometen aunque es doloroso para quien es calificado injustamente de sospechoso. En unas jornadas profesionales sobre la falta de seguridad en el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones, había quien afirmaba que la culpa era de la gente por no leerse las condiciones de confidencialidad, ésas que hay que aceptar antes de utilizar las aplicaciones. El problema está en que si las lee detenidamente y las comprende en toda su magnitud, le será difícil aceptarlas. Tampoco firmará si lee con atención las condiciones del contrato para abrir una cuenta bancaria. Si es totalmente coherente, se verá obligado a vivir ajeno a todo lo que significa Internet y eso ahora mismo supone casi un suicidio social y profesional. Lo que se paga por utilizar algunas aplicaciones es muy caro en términos de privacidad. Por ejemplo, la descarga en el móvil o la tableta de un diccionario que se ofrece gratuitamente obliga, entre otras cosas, a permitir que esa aplicación acceda al número del teléfono, al número de serie y si hay una llamada activa, al número con el que se ha establecido la llamada. La capacidad de regular estas conductas es escasa porque los reguladores son locales y las empresas globales. Si los países ya se coordinan para impedir que los enemigos de las sociedades democráticas las puedan atacar ¿intentarán los gobiernos coordinarse para preservar la intimidad de sus ciudadanos y de sus empresas? Si los ciudadanos y las empresas no lo exigen, es dudoso que lo hagan. Many of the companies we deal with on the Internet and some governments have proven to be extremely nosy. Although most of us are not aware of this, we pay a hefty price in terms of privacy for using some applications. The regulation of data privacy is largely ineffective as rules are local while companies are global. Governments will not protect the privacy of their citizens and companies unless they demand said protection.
30 oct 2015