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Tres mejor que cuatro
¿Tres mejor que cuatro? Ya nadie duda de que con uno menos es más complicado obtener un buen resultado. Incluso hay entrenadores que contabilizan con esmero y se lamentan del número de partidos en los que sus equipos han sido víctimas reiteradas de decisiones que les dejaron en inferioridad. Nadie defiende la boutade del fallecido Helenio Herrera de que con 10 se juega mejor que con 11. Curiosamente, ahora, se escuchan opiniones que reclaman reducir a tres años la duración de los grados nacidos bajo el amparo del Plan Bolonia: consideran un error la opción de cuatro cursos adoptada en España. Y eso que carecemos de una evaluación significativa de sus resultados, ya que las primeras promociones recién empiezan a caminar. Intento rechazar la sospecha de que la reducción no sea otro conato de recorte que alivie las maltrechas finanzas de la Universidad española. Percibo que las presiones que inducen a la rebaja proceden, principalmente, de los que se adhieren a cualquier resistencia a los cambios que plantea Bolonia o de sectores que se oponen a romper la cadena “un título, una profesión, un colegio”. Los estudiantes protestan por otro tipo de recortes y las empresas guardan un silencio expectante. Quisiera creer que la decisión sobre el modelo de “cuatro años más un máster” para obtener la habilitación profesional de ingeniero estuvo fundamentada en sólidos argumentos de adecuación al empleo, con una formación abierta y versátil; aunque, sospecho, sirvió también para conciliar los intereses corporativistas y la resistencia de los privilegios académicos. Me atrevo a pensar que, con esta opción de mayor recorrido, se pretendía incrementar las enseñanzas prácticas, facilitar la adquisición de habilidades tan importantes como la comunicación y persuasión para la venta de ideas, el trabajo en equipo y la gestión del tiempo. Incluso me animo a imaginar que habría espacio, como sucede en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), para el complemento de la educación artística y la técnica teatral a fin de estimular la imaginación, la creatividad, o el dominio del lenguaje y los gestos. Quiero suponer que con los grados de cuatro años los estudiantes estarán mejor preparados para enfrentarse al exigente máster que responda a la desmesura de los requisitos de la Orden Ministerial CIN/355/2009 y que habilita para el ejercicio profesional como Ingeniero de Telecomunicación. Les confieso que en el debate sobre títulos, competencias, acreditaciones…mi ánimo es más proclive a valorar la calidad de la formación, la experiencia y el talento, que a sumergirme por los vericuetos de las regulaciones administrativas que la realidad convierte rápidamente en obsoletas. Intuyo que usted, amable lector, me considera un incauto y un frívolo. No le falta razón; no debí meterme en este jardín en el que me siento muy inseguro. ¿Por qué lo hice? Fue un impulso al leer la entrevista a Edita de Lorenzo (BIT; Nº 192). Le recomiendo que la repase. Si bien todas las respuestas suscitan interés, las reflexiones sobre la situación de la enseñanza universitaria son todo un ejemplo de sentido común, rigor, cautela y pedagogía. ¡Chapó!3 Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación [email protected]
30 oct 2015