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La invasión de las antenas en 4G
La invasión de las Lantenas en 4G a banda ancha móvil están llevando las redes de los operadores a una situación de preocupante congestión, debido al vertiginoso ritmo de crecimiento de aparatos conectados con altos requerimientos de ancho de banda (smartphones, tables, e-books, webcameras, etc.), respecto a los terminales móviles tradicionales. Pero esto es sólo el principio de lo que será el “Internet de las cosas”, pues de acuerdo a estimaciones de Ericsson, en el año 2020 se esperan más de 50.000 millones de dispositivos conectados, debido al crecimiento exponencial de conexiones M2M (machine-tomachine). Para aprovechar esta excelente oportunidad de negocio, es imprescindible que los operadores desplieguen redes LTE (Long-Term-Evolution). Sin embargo, debido a las limitaciones del espectro radio, este cambio de tecnología no es de por sí suficiente para resolver los impresionantes retos futuros y es imprescindible complementar los despliegues basados en macro-celdas (macro-cells), empleados tradicionalmente en 2G y 3G, con pequeñas-celdas (small-cells). Así, junto a los fabricantes tradicionales de infraestructura de red móvil (ALU, Ericsson, Huawei, NSN, ZTE, etc.), los operadores trabajarán con otros actores estratégicos especializados en este segmento (Airvana, Ip.access, Samsung, Ubiquisys, .etc.). Las “small-cells” (término que engloba a las “picocells”, “femtocells”, etc.) son desplegadas en el interior o exterior de las casas de los abonados o empresas y se conectan a la red del operador móvil (backhaul) utilizando la red de banda ancha fija del cliente (DSL, GPON, etc.). Las femtoceldas llevan disponibles desde hace unos años, tanto para 2G (CDMA and GSM/GPRS) como 3G (W-CDMA/HSPA and CDMA2000/EV-DO); sin embargo, los despliegues han sido muy reducidos, por muchos motivos: el alto precio del dispositivo, la dificultad en su instalación y posterior operación y mantenimiento, la gestión de frecuencias e interferencias, la seguridad, etc. No obstante, estos problemas se han ido resolviendo a lo largo de los últimos años y ha llegado el momento de su consolidación con los despliegues de 4G (LTE femtocells), que se espera que se aceleren durante el año 2012. Las principales ventajas de las femtoceldas para los usuarios son una mejor cobertura y una reducción de precios de las llamadas y descarga de datos. Los usuarios pueden ser informados de cuando están accediendo a los servicios del operador a través de la femtocelda (a través de un tono sonoro, un icono en la pantalla, etc.) y, por lo tanto, asegurarse de que están disfrutando de tarifas planas o de un precio especial. El operador, además de un nuevo servicio que ofrece convergencia fijo-móvil capaz de monetizar y con el que mejorar la experiencia de usuario y fidelizarlo, consigue notables ahorros tanto en CAPEX (eNodeB, backhaul, etc.) como en OPEX (consumo energético, alquiler de emplazamientos, etc.). Además, este tipo de despliegue permitirá al operador una mayor cobertura de 4G en poco tiempo y descongestionar su red a través del “offload” del tráfico a través de la conexión fija del cliente. Por todo esto, a pesar de que en España el despliegue de femtoceldas está bastante retrasado respecto a otros países como Estados Unidos, pronto las antenas celulares, una vez conquistadas las azoteas de nuestros edificios, empezarán a invadir el interior de nuestros hogares y empresas. Sin embargo, que no cunda el pánico, lo harán en beneficio de todos, tanto de los operadores como de sus clientes.3 Ramón Millán Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
Artículo BIT
Los tópicos son cuestión económica
Opinión Comentarios de apariencia inocente, asumidos con frecuencia por los ciudadanos, hacen un flaco favor a la economía española. A menudo se trata de cuestiones que no responden solo a la realidad de un país concreto, pero los que salen bien parados en esas creencias obtienen ventajas de la vigencia del tópico. Si hiciéramos una encuesta preguntando a nuestros conciudadanos acerca de a qué países nos referimos ante noticias muy recientes, nos llevaríamos algunas sorpresas. Por ejemplo la que hacía referencia a que en un país europeo, un banco controlado por el Estado había cometido un error de cálculo que, una vez descubierto, hizo que la deuda pública de ese país bajara de la noche a la mañana en un 2,6 % del PIB. O aquella que informa que un país europeo maquilla las cifras de paro al no contar 100.000 mayores de 58 años. No, estas noticias no las protagonizan los países europeos desprestigiados por no ser serios en el control de sus cuentas públicas o con fama de “engañar” a los países fiables. Si hubiera sido uno de esos países, su prima de riesgo habría subido significativamente y su economía se habría resentido todavía más duramente de lo que ya lo hace. El país protagonista de estos titulares no sufrió ningún ataque especulativo, ni vio disminuida su credibilidad de país serio y solvente. Otra noticia que ha pasado casi desapercibida, es la que se refería al presidente del banco central del país banquero por excelencia, que ha tenido que dimitir acusado de haber utilizado, presuntamente, información privilegiada en su beneficio. Si eso hubiera pasado a un país sin buena fama, su pobreza habría aumentado instantáneamente. Ya lo dice el refrán: “Cría buena fama y échate a dormir”, pero aunque no lo diga el proverbio, los recién llegados a la buena fama la pierden rápidamente si se descuidan. España en los últimos años se había ganado fama de país serio y moderno. Por eso las empresas y los profesionales españoles han competido, con excelente nivel y buenos resultados, con los de otros países. Ahora esa buena fama se está perdiendo y no, no sólo es cuestión de porcentaje de déficit o de deuda. Las cifras que marcan estos parámetros no son suficientes para justificar estos ataques. Hay otros factores. Uno de ellos es puramente económico y de corto plazo. Si varios países compiten en el mercado internacional de capitales, el que tiene fama antigua de serio no tiene más que sembrar dudas acerca de la capacidad de su competidor. El efecto es casi inmediato, a uno le piden un interés alto por el préstamo y al “serio” casi se lo dejan a ganancia cero o, como ha llegado a pasar en algún momento, a interés negativo. Como el método funciona, se sigue utilizando. El otro aspecto a considerar es algo más sutil. No hace nada, España era el invitado nuevo y pobre en la Europa de los cinco grandes. En poco tiempo ha llegado a ser casi un igual y las decisiones, no lo olvidemos, las toman personas. A nadie le agrada verse al mismo nivel o incluso superado en algunos momentos por quien era considerado el torpe de la clase. Pero el torpe, no lo era tal, estaba atrasado por otras razones. Puntualidad y rigor son lo habitual ahora que hay infraestructuras adecuadas. Los hospitales no tienen nada que envidiar a los otros, ni tampoco las libertades sociales. Ahora “el atrasado” compite con los que se consideraban elegidos y, además, por idioma y cultura empezaba a tener una gran influencia en países emergentes fuera del ámbito europeo. Demasiado éxito para un recién llegado. En el ámbito que más nos incumbe: ¿Alguien cree que nuestra ingeniería tiene peor nivel que en otros países de nuestro entorno? Por eso, es mejor no contribuir a los tópicos que nos perjudican. 3 Teresa Pascual Ogueta Ingeniera de Telecomunicación Los tópicos son cuestión económica
30 oct 2015
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Emprender sinónimo de éxito
La palabra emprender se ha puesto de moda y parece que no hay otra opción, pero sobre todo, se da a entender que quien no quiere emprender, es que aspira a ser prácticamente un parásito. Hace años, bastantes, no se le llamaba emprender sino montar un negocio. Estaba claro para quienes empezaban a estudiar en una escuela de ingeniería, que allí no iban para hacerse inmensamente ricos. Estudiantes en la adolescencia, se fijaban en los coches de los profesores, de los que tenían dedicación completa a la universidad y de los que la compatibilizaban con su trabajo en la empresa privada. La conclusión, a la vista de esos signos externos de riqueza, era que estudiar en una escuela de ingeniería para hacerse multimillonario no era una buena idea. En aquel momento, quienes mejor vivían eran los que tenían un negocio. Un negocio de cafetería, de frutería o de pescadería. Los datos indicaban que ahí había dinero. Muchos optaron por esa opción, bien porque podían heredar un negocio familiar, bien porque con ayuda lo montaron por su cuenta. Desde entonces las cosas han cambiado mucho, pero independientemente del camino elegido, no parece que en ninguno de los dos casos una gran mayoría se haya hecho rica por ello. Al menos rica en el sentido y el nivel que parece ser el destino prometido a quienes emprendan en las nuevas tecnologías. Las posibilidades de emprender, y como consecuencia de ello convertirse en multimillonario, dependen fuertemente del medio en el que se desenvuelve ese emprendimiento. Ahora lo llaman ecosistema. Cualquiera que haya viajado por países que no tienen suficiente grado de desarrollo, se habrá dado cuenta de que está lleno de emprendedores. En cada calle y en cada rincón hay una persona emprendedora ofreciendo sus servicios o vendiendo su producto (desde un montón de ajos, a cualquier cosa por diminuta que sea). Luego no parece que emprender sea en sí mismo sinónimo de riqueza. Sin embargo es lo que se da a entender con los mensajes que se lanzan desde todos los ámbitos a los estudiantes españoles. Las razones por las que se invita a los estudiantes actuales a que se hagan emprendedores son otras. En aras a reducir al mínimo posible las inversiones y gastos en recursos humanos altamente cualificados, recursos imprescindibles pero costosos para las empresas, la figura del emprendedor resulta muy atractiva para las grandes corporaciones. Primero fue la externalización de determinadas tareas rutinarias y de poco valor añadido a otras empresas. Ahora se trata de no tener en nómina a las personas que tienen iniciativa y buscan la excelencia. La idea de que desde un garaje se puede crear un imperio es el gancho, pero ningún alto ejecutivo deja la gran empresa para irse a la cochera de su casa a crear algo para hacerse inmensamente rico. Lo más difícil en un proyecto es tener una idea y hacerla posible. Después, lo importante es hacerla exitosa. El objetivo de la gran empresa es claro. Cuando alguien ha llegado al punto de demostrar que aquella idea inicial es suficientemente buena, la gran empresa la compra. Se produce así una selección natural y las empresas emplean recursos en los proyectos ya refinados, en las apuestas seguras. En el camino se han quedado multitud de proyectos fallidos que la empresa se ha ahorrado. El fracaso ha ido a la cuenta de la persona emprendedora, cuya idea no ha tenido éxito suficiente. Se dan a conocer las empresas incipientes exitosas, pero no se detallan los porcentajes de fracasos que se cosechan y con ellos, cuántas personas valiosas se quedan en el camino. Ley de vida sí, pero que tiene que conocer quien está decidiendo qué hacer y cómo enfocar su vida. Por cierto, las empresas pequeñas exitosas, al hacerse más grandes, contratan a los expertos que no se han hecho emprendedores. 3 Teresa Pascual Ogueta Ingeniera de Telecomunicación Emprender ¿sinónimo de éxito?
30 oct 2015
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Wifi 75–Móvil 25
Opinión Wifi 75–Móvil 25 Parece un resultado deportivo, pero el título sintetiza la información de que “el 75 % del tráfico de datos originado por los dispositivos móviles (teléfonos inteligentes, tabletas) accede a la red utilizando tecnología wifi”. Ante tan contundente noticia, dudo si aprovecharla para cuestionar la amenaza de congestión de las redes móviles así como para reflexionar sobre la eficiencia de invertir en nuevos márgenes de espectro. Pero no; hoy no toca discurrir por esos senderos tan expuestos por los que seguro me confundo. Mejor dedicarnos a reivindicar el éxito de una tecnología, la wifi, que, como intermediaria entre lo móvil y lo fijo, se ha hecho omnipresente. La encontramos en el ADN de los portátiles, de las tabletas, de cualquier terminal móvil o consola de videojuegos que se precien de avanzados, y, ya anuncian su presencia en los televisores, radios o cámaras fotográficas. Quizá sea el fenómeno tecnológico de más rápida, sencilla y eficaz globalización. Fabricantes y operadores, sin distinción de continente y color, han apostado por su integración y difusión. El factor más determinante del éxito radica en la utilización de frecuencias de “uso común” (sin licencia). Por ello, la disponibilidad de espectro no ha obstaculizado el proceso de desarrollo e industrialización, y su evolución está siendo ágil y fácil de implementar. En fin, una ganga de tecnología, aunque la subestimen los amigos de lo complejo y no tenga padrinos influyentes que defiendan la atribución de nuevos márgenes de frecuencias. Cuando viajamos, nos afanamos por encontrarla en la habitación del hotel, y, si estamos en el extranjero, nos alivia de las desagradables facturas provocadas por el roaming de datos. Pero no todos son parabienes; hay quienes acusan a la wifi de torpedear, con la complicidad de los operadores de redes fijas, la iniciativa de usar el cableado de distribución de energía eléctrica (tecnología PLC) como medio de conexión a Internet. Mi impresión, nada científica sino de mero observador y consumidor, es que el uso intensivo de la wifi no se sitúa en las zonas abiertas –pocas y mal dotadas– ni en los ámbitos públicos cerrados –con velocidades restringidas–. Intuyo que un resultado tan rotundo (75–25) es la consecuencia de competir en canchas privadas, donde, además de eludir la tarifa de datos y de permitir mayores velocidades de navegación, la wifi mitiga la tortura de las limitaciones de cobertura. Porque los sistemas móviles más modernos, digan lo que digan sus partidarios, ofrecen, en demasiadas situaciones, unas deficientes condiciones de acceso, especialmente con su cobertura en interiores. Ya se sabe que la cobertura es un concepto estadístico, voluble y gaseoso, y que las operadoras no parecen interesadas en convertirla en algo sólido y estable, aunque dispongan de frecuencias más idóneas. Bien mirado, el resultado no resulta inquietante: la wifi refuerza la defensa y contribuye a controlar el juego para alimentar a unos accesos fijos de banda ancha por los que también se cobra. Funcionan las sinergias.3 Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
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El teletrabajo como solución a la insostenibilidad de los parques empresariales españoles
El teletrabajo como solución a la insostenibilidad de los parques empresariales españoles os parques empresariales de las grandes capitales españolas no cuentan con buenas comunicaciones por carretera, amplias áreas de aparcamiento, buenas comunicaciones por transporte público y buenos servicios. Es más, en la mayoría de los casos, los centros empresariales son realmente áreas residenciales donde hay una mayor densidad de edificios de oficinas. Como ejemplos, tenemos los parques tecnológicos de Arroyo de la Vega en Alcobendas o los de Las Tablas o Las Mercedes en Madrid. Los parques empresariales deberían constituirse sobre extensas áreas a las afueras de la capital y de otras ciudades cercanas, donde no se entremezcle área residencial con área empresarial, con buenos accesos y amplias vías de comunicación, cercanas al aeropuerto, con zonas de parking y con buen transporte público por autobús, metro y tren de cercanías. También es importante que cuente con servicios: guarderías, farmacias, bancos, supermercados, etc. La actual falta de infraestructura de centros empresariales, genera una elevada contaminación ambiental y acústica, pero además, una peor calidad de vida para los trabajadores españoles respecto a los de otros países occidentales y una gran improductividad. El mayor activo que tiene una empresa es el conocimiento y, en las condicionales actuales, los españoles deben realizar un esfuerzo extra muy superior al de otros trabajadores de otros países, simplemente porque no se les da la oportunidad de centrar sus esfuerzos diarios en crear y en innovar. Los españoles emplean gran parte de su tiempo diario en llevar a sus hijos a la guardería o colegio, desplazarse al trabajo, estar paralizado en atascos, buscar parking, guardar colas en las distintas Administraciones Públicas realizando trámites que serían resueltos con una base de datos centralizada, etc. Además, el hecho de que las empresas se concentren en áreas bien comunicadas, favorece la creación de clústeres de experiencia y conocimiento, tipo a “Silicon Valley” en California o “Kista” en Estocolmo. La creación de nuevos parques empresariales en una situación de crisis económica es una total utopía. La solución complementaria y menos costosa y más rápida para mitigar este problema, es impulsar las tecnologías de la información y comunicaciones y fomentar el teletrabajo. En España no hay una cultura de “teletrabajo”; de hecho, muchos gestores la repelen y para ellos, el teletrabajo es mucha “tele” y poco “trabajo”. Es decir, existe un problema cultural asociado con el estilo de gestión basado en la relación y el corto plazo de los gestores españoles. En España, en el trabajo, prima principalmente la relación y la confianza; mientras que en Estados Unidos, el país donde más desarrollado está el teletrabajo, lo es la tarea y el éxito en el trabajo se consigue alcanzando los objetivos marcados. Las organizaciones en España son por lo general muy jerárquicas, burocráticas y lentas, con poco flujo de información entre diferentes niveles. Evidentemente, para adoptar el teletrabajo es necesario introducir un estilo de gestión más americano, dando más importancia al cumplimento de objetivos, más capacidad de creatividad e innovación, un mayor intercambio de información de forma informal, etc. En definitiva, las empresas americanas son mucho más eficientes, flexibles y orientadas al cliente. Sus salarios son elevados, pero saben aplicar la cultura de la “zanahoria” y el “palo” y, al final, la productividad que consiguen es muy elevada. España, en cambio, está a la cola de productividad de la propia Unión Europea y no hacemos más que ir hacia abajo, a pesar de la continua reducción de salarios. El teletrabajo es una forma de mejorar esta productividad, mejorando a la vez nuestra calidad de vida y la sostenibilidad.3 L Ramón Millán Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
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Certificaciones: son lo que tengo, no lo que soy
Con sabor rancio y con cierto afecto, así recuerdo las primeras ofertas de empleo y becas que ojeaba en los tablones de la ETSIT de la UPM, ya pasado el ecuador de la carrera. Y cuando todavía se publicaban en los periódicos. Y por supuesto los primeros portales de empleo en Internet (que luego acabaron barriendo a los periódicos). Lo que no recuerdo es haber visto la palabra “certificación” en aquellas ofertas. Las certificaciones en productos, tecnologías, roles y habilidades son una moda relativamente reciente. Y digo “moda” porque, aunque a nadie se le escapa la necesidad de rubricar ciertas cuestiones por parte de una “autoridad“, la situación ya se ha vuelto paranoica, enfermiza, una locura. Las certificaciones TIC se cuentan ya por miles. Hace no mucho asistí a un curso de IPv6 de Cisco y lo primero que preguntaron fue: “¿No hay examen de certificación?”. Pues no, no lo hay. Por favor, un poco de tranquilidad, es como si el objetivo de los cursos fuera hacer exámenes en lugar de formarse. Obviamente detrás de las certificaciones otorgadas por empresas existen intereses comerciales, pero es que incluso asociaciones profesionales parecen últimamente empeñadas en sacar certificaciones por deporte. Y algunas personas las reciben con alborozo como una oportunidad más de coleccionar otro cromo. Y por si esto fuera poco, a recertificarse tocan y a soltar la pasta, cada dos o tres años con suerte. Es como si nos obligaran a volver a la ETSIT a hacer exámenes para ver si se nos ha olvidado ser Ingenieros de Teleco y encima con el riesgo de perder el título. Las TIC, un sector en el que paradójicamente no se suele mirar mucho lo que uno ha estudiado para ser admitido en él, se muestra de repente necesitado, incluso ansioso, de una titulitis alternativa a la enseñanza oficial reglada. Verdaderamente preocupante. Algo estamos haciendo muy mal en el sistema educativo español si un titulillo otorgado por una empresa o por una organización privada son más valorados que una carrera universitaria. ¿Cómo puede tener una carrera de Teleco o Informática menor predicamento que una certificación cuyo examen resuelto circula por Internet y es objeto de compraventa? Una vez me dijo un colega que sacar buenas notas en la carrera demuestra simplemente que a uno se le da bien hacer exámenes, no es necesariamente una garantía de desempeño en el mercado de trabajo ni por supuesto de éxito en él. Pues lo mismo se puede afirmar de estos minitítulos, no te fastidia... Conozco por ejemplo algún jefe de proyecto rematadamente malo con su PMP del PMI bajo el brazo, Service Managers con ITIL, etc.Y viceversa: profesionales muy buenos sin certificar porque su empresa no lo incentiva o sencillamente porque el día tiene 24 horas y no hay tiempo para todo. Eso sí, a las certificaciones debo reconocerles una utilidad práctica: pueden permitir reafirmar o reorientar una carrera profesional. Incluso he visto con mis propios ojos a chavales que no han ido a la Universidad iniciar una carrera en las TIC gracias a haber obtenido una certificación en una academia. De nuevo este camino profesional alternativo a la Universidad debe hacernos reflexionar. Bueno, está bien, debo confesar que yo también poseo varias certificaciones, en realidad no soy tan contrario porque al fin y al cabo algo de conocimiento siempre contienen. Pero hasta ahora no he presumido de ellas en la firma de mi correo electrónico, porque de lo que más orgulloso me siento es de la carrera que hice. De ésta tampoco suelo hacer ostentación, aunque Ingeniero de Telecomunicación no es lo que tengo, es lo que soy.3 José Eduardo Mohedano Córdoba Ingeniero de Telecomunicación IBM Global Services Certificaciones: son lo que tengo, no lo que soy
30 oct 2015
Artículo BIT
3.000
3.000 No se inquieten por esta cifra enigmática. No se trata de una campaña sobre la apocalipsis del futuro cambio de milenio y que tan buenos réditos tuvo la última vez. Tampoco el anuncio de un nuevo viaje en el submarino de Julio Verne. Ni siquiera un logro en el número de seguidores en Twitter o de amigos en Facebook. Es la extensión máxima (número de caracteres, incluidos los espacios) que han de tener las colaboraciones para la sección Opinión de BIT: esta misma. Cuando te enfrentas a una página en blanco inicias una aventura excitante y perturbadora. Si, además, se hace sin propósito profesional ni ánimo de lucro, se convierte en un desafío íntimo, personal. Escribir supone complicarse la vida. Exige decidir sobre qué pretendes contar y qué mensaje deseas transmitir. Mientras escribes, descubres, a veces con sorpresa, lo que de verdad piensas y cómo interpretas lo que intentas contar. Escribir sirve para enterarse de lo que pasa, reflexionar, precisar las ideas y para destapar nuestras carencias lingüísticas. No faltan los momentos difíciles, cuando cunde el desánimo y surge la vacilación de si, como dijo Mark Twain: “Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido, que abrirla y disipar toda duda”. Si consigues llegar al final de la historia y, para no permanecer invisible, decides publicarla, tienes que encontrar a quien te la acepte y asumir la disciplina de ajustarla a una extensión predeterminada. Toca, entonces, abordar la economía de los recortes. Aprendes a aligerar el texto: sugerir mejor que explicar; adjetivar lo indispensable; prescindir de los superlativo; eliminar las palabras sobrantes, las frases inútiles y las ideas repetidas; jugar con la puntuación… Sucede a veces, que los modernos duendes de la edición (les aseguro que existen; los he visto en el BIT), perturban con sus trastadas lo que pretendía ser una sosegada peregrinación. Perdonen si parezco pretencioso, pero no intento dar lecciones de escritura. Solo deseo compartir la satisfacción que se experimenta cuando cuentas lo que te gusta con un estilo periodístico y un limitado número de palabras. Les recomiendo el ejercicio si se quieren descontaminar del modelo PowerPoint que tanto hemos utilizado y que se intuye en muchas páginas de las revistas técnicas. Anímense, no se corten. Nuestra revista BIT precisa colaboraciones que la enriquezcan con diferentes opiniones, experiencias, artículos de divulgación. Conviene hacerla más dinámica, menos previsible y con mayor dosis de sorpresa en los contenidos, convertirla en un retrato actualizado de los diferentes ambientes en los que participan los ingenieros de telecomunicación. Y no basta con escribir artículos para los telecos; diríjanse también a los usuarios de las telecomunicaciones (son millones): así incrementaremos nuestra repercusión social. Estoy convencido de que, entre nuestros compañeros, hay muchos escritores anónimos que podrían cooperar con brillo en el empeño. Y si la imposición del límite de caracteres les genera rechazo, no se preocupen: el tamaño no es lo que importa.3 Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
Artículo BIT
La formación y el trabajo en equipo como elemento clave para la mejora de la competitividad
Siempre ha sido un objetivo, y hoy más que nunca, buscar una mejora de las habilidades y los conocimientos para potenciar la posición en el mercado; progresar a nivel personal y de grupo. Una finalidad para no competir como rivales, sino colaborar como compañeros compartiendo las experiencias y los conocimientos obtenidos. Es por ello que nuestra formación y el compartimiento del know-how es un pilar básico de esta progresión. Como ya decía el escritor irlandés George Bernard Shaw en su célebre frase: “Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana y las intercambiamos, entonces ambos aún tendremos una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea y las intercambiamos, entonces ambos tendremos dos ideas”, es importante fomentar la colaboración, el trabajo en grupo, el escuchar y el aprender de los demás. Todos tenemos algo que decir, conocimientos interesantes para un objetivo global; no se debe luchar por nuestra cuenta sino divulgar nuestras ideas para que el grupo aprenda de ellas. Cuando se apuesta por esta premisa conseguimos que la información no se reserve en las personas que la posean, sino que sea alcanzada por todos aquellos que desean conocerla. La formación personal comienza en la etapa escolar y universitaria, complementándose con diferentes cursos y másteres. Unos conceptos teóricos que se completan con la experiencia laboral. Pero la formación de hoy en día la debemos entender como una fase continuada que nos acompaña durante toda nuestra carrera profesional. Siempre queda algo por aprender y siempre tenemos algo que transmitir. La ingeniería de telecomunicación sufre un constante proceso de transformación; lo que actualmente es conocido como tecnología punta, dentro de diez años estará totalmente obsoleta. Esta circunstancia, que puede entenderse como un reto para mantenerse constantemente en activo, también supone un enriquecimiento de nuestra carrera profesional. El avance tan veloz del empleo de las telecomunicaciones como soporte de todo tipo de plataformas de información, obliga a una continua evolución tecnológica; y con ello de nuestra formación. La existencia de un mercado tan globalizado y la necesidad de atender tanto a un mercado nacional como internacional, derivan en otra conclusión: nuestros conocimientos no sólo deben restringirse a la formación técnica. A esto, debemos sumar la necesidad de los idiomas y de la riqueza multidisciplinar. En relación al primer término, la participación en proyectos por todo el mundo y el tratamiento con fabricantes globalizados lo hacen estrictamente necesario. El requerimiento de profesionales multidisciplinares también nace de la anterior premisa; una empresa debe contar con empleados que tengan conocimientos en la mayor parte de sus sectores de actividad y áreas de especialización. Profesionales con capacidades técnicas, habilidades comerciales y funciones de gestión, son demandados actualmente para mejorar la competitividad de las compañías en su búsqueda del liderazgo. 3 Víctor Andrés Martín Moreno Ingeniero de Telecomunicación Opinión La formación y el trabajo en equipo como elemento clave para la mejora de la competitividad
30 oct 2015