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Artículo BIT
La injusta tasa de la televisión pública sobre las telecos
En un momento donde el Gobierno español, para reducir la creciente deuda pública, ha decidido privatizar algunas empresas que parecían “intocables”, algunas de ellas con sólidos beneficios y perspectivas de futuro, me sigo preguntando: ¿Por qué no privatizar las televisiones públicas?¿Es necesario mantener dos canales de televisión públicos estatales y trece autonómicos? Todos los Gobiernos, independientemente de su ideología, sienten un especial “cariño” por la televisión pública y la importancia de estos entes se refrendó con la Ley General del sector audiovisual español (Ley 7/2010), en la que además se estableció un nuevo y controvertido sistema de financiación. En concreto, se eliminó la publicidad, con la cual se ingresaron 661 millones de euros en 2009 y 901 millones de euros en 2008. La medida no parece tener, por lo tanto, fundamentos económicos; pero sí que podría ayudar a aumentar los niveles de audiencia y el nivel de satisfacción de los espectadores, favoreciendo así la misión por la que realmente creo que se sustenta este servicio: “influenciar” la opinión pública. Para paliar la supresión de la publicidad, entre otras nuevas tasas a otros agentes de la industria audiovisual, el Gobierno decidió imponer a los operadores de telecomunicaciones el 0,9% sobre sus ingresos totales brutos. Esta medida perjudica a un sector con una grandísima contribución al desarrollo económico y social de España, como ponen de manifiesto los informes de Redtel. Estos recursos podrían ser utilizados para mejorar la capilaridad y calidad de sus infraestructuras de telecomunicaciones, invertir en nuevos servicios y contenidos, invertir en start-up tecnológicas, etc. Es una “losa” a un sector estratégico ya de por sí maltratado, pues las operadoras soportan unas cargas fiscales muy superiores –de alrededor del 6-7% según datos de Redtel- a muchos otros sectores estratégicos (energía, financiero, etc.), entre impuestos, licencias, tasa de ocupación de espectro, mantenimiento de un servicio universal, conservación de datos, etc. Además, al final, estas tasas siempre las acaban pagando los usuarios y los proveedores. La propia Comisión Europea considera que este modelo de financiación es contrario a la legislación europea. Según datos de Deloitte, las televisiones públicas perdieron en el año 2009 la friolera cifra de 772 millones de euros y recibieron 1.362 de euros en subvenciones. Esto supone un coste por hogar de 187 euros, de los que 126 euros corresponden a las televisiones autonómicas. Es decir, los contribuyentes estamos financiando entes que no aportan ningún valor al sector audiovisual en el panorama actual. Hoy en día existen varias cadenas privadas que se pueden disfrutar en abierto a través de la TDT (Televisión Digital Terrestre). Es más, gracias a Internet, se pueden ver en abierto y de forma gratuita televisiones de todo el mundo, al igual que acceder a periódicos, canales de radio, etc. Además, la oferta en cuanto a programas de ocio y entretenimiento de la televisión pública es una réplica de las televisiones privadas, con las que traban encarnizadas luchas por la audiencia empleando como gancho la popular “telebasura” o bien, como critica Uteca, sobrepujando por hacerse con contenidos de grandes eventos deportivos que las televisiones privadas pretenden retrasmitir en abierto sin coste alguno para el contribuyente. Para privatizar por completo las televisiones públicas, simplemente habría que establecer un servicio universal donde se obligue a todos los canales a emitir un cierto porcentaje de contenidos relacionados con el fomento de los valores constitucionales, la cultura, el arte, el conocimiento, la diversidad cultural y lingüística de España y de la Unión Europea, etc. La gestión privada ha demostrado sobradamente una mejor y más eficiente gestión de los recursos y una mayor capacidad de reducción de costes. Es completamente injusto que los contribuyentes y la industria de telecomunicaciones tengan que mantener un servicio innecesario, sobre todo en el momento en el que nos encontramos.3 Ramón Millán Ingeniero de Telecomunicación Opinión La injusta tasa de la televisión pública sobre las telecos
30 oct 2015
Artículo BIT
Dónde estamos. A dónde vamos
¿Dónde estamos?¿A dónde vamos? Siempre me han llamado la atención este tipo de títulos que, a base de preguntas intentan captar nuestra atención con enunciados trascendentales. Y es que muchas veces nos olvidamos de contextualizar nuestra realidad y focalizarla a un menor alcance, es decir, a lo que tenemos más cerca. Y aquí, aunque me gustaría, no voy a hablar de la importancia de ayudar al prójimo o hacer feliz al que se tiene más cerca. Quiero que todos pensemos, como Ingenieros de Telecomunicación que somos, que seguramente dedicamos nuestra actividad profesional a desempeñar una serie de tareas y trabajos en función de unos objetivos o líneas estratégicas de nuestras empresas. Somos evaluados y reconocidos en función de nuestros logros y consecución de los objetivos que hemos conseguido superar. Pues bien, a nuestra querida España le pasa lo mismo. Nuestro país define sus propias estrategias y escribe la carta a los Reyes Magos plasmando con ayuda de indicadores lo que podríamos ser. ¡Qué lejos estamos de conseguirlo! ¿Dónde se ha quedado la Estrategia de Lisboa, que pretendía que en el año 2010 el 3% de nuestro PIB se dedicara a innovación? ¿Cuál es realmente nuestra inversión en innovación? ¡Pero si no la medimos! ¿Cómo lo vamos a saber? Mejor no saberlo. Y para no saberlo, no medirlo. ¿Alguno de vosotros ha navegado por el Instituto Nacional de Estadística para buscar indicadores de I+D+i? Muy triste: os encontraréis apenas tres explotaciones acerca de la inversión en alta tecnología o personal con doctorados incorporado al tejido productivo en I+D. Me alegra comprobar que entidades como ICONO (Observatorio español de la Innovación y del Conocimiento) tienen previsto iniciar trabajos en esta línea. Siempre nos quedará Europa. Ella nos da unos fondos fenomenales que no sabemos ni aprovechar. Releo esta última frase y opto por cambiar ‘aprovechar’ por ‘gastar’, que es más impactante. No sabemos en qué gastar el dinero que nos da Europa. Prueba de ello es el resultado del Informe de Ejecución del Programa Operativo de I+D+i por y para el beneficio de las empresas-Fondo Tecnológico 2007-2013, del que se desprende que: para el eje de Convergencia el total programado ascendía a 1.188.193.633,00 € de los cuales, a fecha 31 diciembre 2009 se ejecutaron 169.881.211,13 €. Esta cifra supone una ejecución del 14,30% sobre el total programado en 2009 y un 5,80% sobre el total programado para el año 2013; Y para el eje de Competitividad Regional y Empleo: el total programado ascendía a 185.120.096,00 € de los cuales, a fecha 31 diciembre 2009 se ejecutaron 121.545.650,87 €. Esta cifra supone una ejecución del 65,66% sobre el total programado en 2009 y un 27,03% sobre el total programado para el año 2013. ¡No aprovechamos la ayuda de Europa! ¿Sabrán esto los empresarios españoles? Mientras escribo estas letras, un Comité de Expertos está reunido en Aranjuez para que el Informe de Ejecución del año 2010 vea pronto la luz. Y que, cuando ese informe vea la luz, y nosotros tengamos en nuestras manos, no nos destelle y seamos capaces de pensar estrategias firmes, coherentes y responsables que nos hagan llegar a nuestras metas aprovechando todo lo que tenemos a nuestro alcance. Moraleja: Si este año quieres hacer el mejor turrón, no hace falta que encargues las mejores almendras a Cuenca y te las trituren en el molino más antiguo de La Mancha. Pregúntale a tu madre, que seguramente ella tiene unas estupendas de la panadería más cercana y te sale más rico y además, subvencionado.3 María Nuño Valdés Ingeniera de Telecomunicación Miembro de la Junta de la AEIT
30 oct 2015
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Comisión de Eventos de Networking, nuestro punto de encuentro
Comisión de Eventos de Networking, nuestro punto de encuentro Cuando hace unos meses tuve la suerte de conocer a los precursores del Grupo de Jóvenes del COIT/AEIT no me imaginaba que este proyecto iba a evolucionar tan rápido. En junio de 2011 éramos tan pocos que bastaba una pequeña mesa para las reuniones. Seis meses después, somos más de cincuenta personas distribuidas en trece comisiones de trabajo; todas ellas comprometidas con la idea de que los jóvenes podemos tener cabida dentro de la estructura del COIT/AEIT y desde allí mover temas tan importantes para nuestro colectivo como la formación o el empleo. En aquellos primeros momentos me tocó echar una mano para la celebración del Primer Encuentro de Networking de Jóvenes Telecos; hoy me encuentro de Responsable de la Comisión de Encuentros de Networking. Una fuerte apuesta del Grupo de Jóvenes son los eventos de networking, fundamentales para darnos a conocer y tener, en un ambiente distendido, un foro donde encontrarnos cada cierto tiempo. El pasado once del once del once se celebró en el Instituto de Empresa un debate centrado en el emprendimiento y las nuevas oportunidades, en el que pudimos contar con perfiles como el de Miguel Ángel Panduro, Consejero Delegado de ISDEFE, o Emma Fernández, Directora general de Talento, Innovación y Estrategia de Indra. Tras el debate hubo un cocktail donde todos los participantes pudieron reencontrarse, conocer a nuevas personas y compartir un buen rato junto a los ponentes. Esta es nuestra idea, este es el ejemplo de las cosas que queremos hacer. Para ello se ha formado la Comisión de Encuentros de Networking, donde tengo el gusto de compartir esfuerzos e ilusiones con otras trece personas de incalculable valor profesional y humano. Ahora ya estamos pensando en el futuro: Barcelona, Canarias, Madrid, Valencia, Málaga... Pero estos eventos no son los únicos que se mueven en el COIT o en la AEIT. Existen otros muy relevantes dentro de nuestro sector y que son muy interesantes desde el punto de vista de contenidos y networking. Un claro ejemplo ha sido la reciente presentación del informe del Grupo de Políticas Públicas y Regulación sobre Banda Ancha Ultrarrápida, donde los asistentes pudieron conocer a grandes expertos en la materia e importantes ejecutivos de empresas del sector. Networking, una palabra tan ligada a nuestro colectivo que hoy en día se ha puesto de moda para definir tantos eventos. Es cierto que hay muchos tipos de networking, por ejemplo a través de las redes sociales, pero desde mi punto de vista ninguno comparable a poder pasar un buen rato cara a cara con personas que tienen tus mismas inquietudes, problemáticas e ilusiones. Durante este año se esta consiguiendo crear un grupo de ingenieros de telecomunicación activos, comprometidos y con ganas de ayudar a que este proyecto se consolide y tome la relevancia que se merece dentro del COIT/AEIT. Por ello os animo a que nos echéis una mano y podamos seguir llevando a cabo éstas y otras iniciativas. Debo destacar que esto no habría sido posible sin el apoyo incondicional del Decano/Presidente, quien ha promovido y ayudado al Grupo de Jóvenes desde su creación. Juan Pedro Fernández Responsable de la Comisión de Networking Grupo de Trabajo de Jóvenes Telecos
30 oct 2015
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La fibra óptica está de moda
La fibra óptica está de “moda” La fibra óptica está de “moda” y no deja de aparecer en la prensa económica y técnica diaria nacional e internacional. Los Gobiernos de todas las naciones reconocen la necesidad de desplegar redes de fibra óptica para mejorar el crecimiento industrial, la productividad de sus empresas, la calidad de vida de sus ciudadanos, la eficiencia de sus Administraciones y la sostenibilidad. A pesar de la crisis económica, los principales operadores de telecomunicaciones del mundo, junto a municipalidades, eléctricas e incluso constructoras, han comenzado, a menor o mayor ritmo según el país, el despliegue de redes de acceso por fibra óptica o FTTH (Fiber-To-The-Home) y FTTB (Fiber-To-The- Building). Según datos de la OCDE de diciembre de 2010, el número de usuarios de banda ancha fija en el mundo era de 305 millones, de los que 37,7 millones (12,3%) emplean conexiones de fibra óptica. Sin embargo, la penetración por países está muy desproporcionada. Así, por ejemplo, el 58% de las conexiones de banda ancha en Japón son conexiones de fibra. Otros países destacados son Corea del Sur con un 55%, Eslovaquia con un 29% y Suecia con un 26%. En cambio, en países como España, según las mismas fuentes el porcentaje no alcanza ni el 0,49%, con tímidos despliegues comerciales de Telefónica y GIT (del Principado de Asturias, que ha construido una red abierta a otros proveedores de servicios) principalmente. Así, en España el panorama de la fibra, el medio que permite transmitir la “luz”, está muy “oscuro”, siendo muchos los factores: la falta de competencia, la falta de incentivos públicos, los impuestos adicionales que sufren los operadores, la crisis de consumo, una regulación que no satisface a ninguno de los operadores, etc. Sin embargo, también hay factores que dan visos de esperanza. De acuerdo a datos de la CMT de Septiembre de 2011, el número de líneas de fibra FTTH en España era de 134.233, respecto a un total de 10.977.709 líneas de banda ancha, lo que constituye alrededor del 1,22% del total y un crecimiento del 231% respecto a septiembre de 2010. De acuerdo a IDATE, Telefónica contaba con 350.000 hogares pasados de FTTH en diciembre de 2010 y de acuerdo a datos de GIT, el número de hogares pasados por ella era de 51.000 en marzo de 2011, lo cual demuestra que los abonados están deseando pagar un sobreprecio sobre la, de por sí, cara banda ancha por ADSL en España. Por otro lado, el consejo de Ministros aprobó el pasado marzo el nuevo Reglamento de las Infraestructuras Comunes de Telecomunicaciones (ICT), que entre otras muchas novedades, incluye la fibra óptica entre las redes de acceso a los edificios, lo cual facilitará las inversiones en despliegue de infraestructura y servicios de redes de “banda ancha ultra-rápida” por parte de los operadores de telecomunicaciones. Finalmente, el COIT ha hecho un llamamiento público de gran repercusión mediática a los diferentes agentes presentando una serie de recomendaciones y buenas prácticas, fruto del análisis de los planes de despliegue de banda ancha de los países de su entorno y de los mejor posicionados a nivel mundial. No obstante, son los operadores los que en última instancia pueden cambiar esta situación y ver estos despliegues de fibra como una oportunidad de mejorar su negocio a medio y largo plazo, a pesar de requerir una fuerte inversión a corto plazo, sobre todo en obra civil. En primer lugar, es una inversión que puede ser amortizada a muy largo plazo, por ejemplo, el cobre ha sido utilizado durante más de 120 años para ofrecer servicios de telecomunicaciones, siendo un medio que cuenta con muchas más limitaciones técnicas que la fibra. La obra civil ayudaría a emplear a personas procedentes del sector de la construcción actualmente en desempleo, aumentando así su renta disponible y su capacidad de gasto de servicios de telecomunicaciones. Además, la competencia en servicios de telecomunicaciones no ha parado de crecer en los últimos años y, por ello, los operadores tienen una serie de retos para hacer exitoso su negocio y la banda ancha por fibra óptica puede ayudar en todos ellos y en especial a la eficiencia en costes (reducción de centrales, reducción de necesidades de energía, redes abiertas con compartición de infraestructura, convergencia IP, etc.) y a las nuevas fuentes de ingresos y diferenciación de sus ofertas (televisión y vídeo bajo demanda de alta definición y en 3D, videoconferencia y comunicaciones unificadas, juegos en red, cloud computing, domótica, telemedicina, etc.).3 Ramón Millán Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
Artículo BIT
Perplejidad e inquietud
Eso sentí al leer que “los telecos podríamos y deberíamos proyectar instalaciones nucleares o de depuración de aguas residuales”. Convendrán conmigo, que no están los tiempos para promover centrales nucleares, y en cuanto a las aguas, sinceramente, prefiero las limpias. Sí, ya sé que hay que situar la frase en su contexto, la Carta del Decano – Presidente (BIT 182). En ella, se nos advertía de que una propuesta de reforma de los servicios profesionales amenazaba con adoptar una habilitación genérica para cualquier actividad en el ámbito de las ingenierías. Admito que el estilo periodístico es libre y bienvenida sea la imaginación para sensibilizar al sector sobre las consecuencias de la proposición, aunque resulte exagerada una descripción que asocia nuestra titulación a proyectos tan alejados de nuestra especialidad. Confieso que si fuera el encargado de seleccionar a los responsables de estas tareas, calificaría de ofensa a la inteligencia la sospecha de elegir a alguien que no merezca la confianza que aporta un aprendizaje y una experiencia adecuada. Además, me resisto a aceptar que haya ingenieros que asuman la responsabilidad de proyectos complejos para las que no estén capacitados. A veces, me pregunto por la acreditación académica de los líderes de las principales empresas tecnológicas y por el plan de estudios que cursaron. Nos sorprendería comprobar cómo las materias estudiadas tienen poco que ver con su exitosa trayectoria profesional. Por ello, a la hora de imaginar un proceso de selección, prefiero un cuestionario con estas preguntas clave: ¿qué sabe hacer? ¿qué quiere hacer? ¿cómo lo haría? No quiero pecar de frívolo. Con la que está cayendo y los muchos, muchos ingenieros, que se enfrentan a importantes obstáculos para enriquecer su currículo con experiencias prácticas, y para los que el único patrimonio consiste en la credencial de haber superado satisfactoriamente un proceso de formación universitaria, hablar de liderazgo de grandes proyectos o de empresas, suena a disparate. Sobrevivimos en un entorno con un desarrollo industrial muy limitado y en el que la batalla profesional no se gana contabilizando kilómetros de red o megahercios de espectro, sino, preferentemente, por contenidos y aplicaciones. Sumergidos en la inmensidad de las TIC, nuestras señas de identidad se han diluido en proyectos multidisciplinares para los que se aprecian los conocimientos transversales y los perfiles técnico – comerciales. Antes de disparar, profundicemos en un diagnóstico que considere la proliferación de escuelas, grados y másteres con el sello de “ingeniería”; cuestione la calidad de las enseñanzas y su adaptación a la demanda de nuevos perfiles profesionales, y reinvente el papel de los colegios de ingenieros al servicio de la sociedad. Desde el esfuerzo, la excelencia y el apoyo a la competitividad, defendamos nuestras capacidades con una estrategia positiva e inteligente, que capte, y no ignore, las oportunidades que brinda la nueva sociedad.3 Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación Perplejidad e inquietud
30 oct 2015
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Ingeniería y poder
Teresa Pascual Ogueta Ingeniera de Telecomunicación Ingeniería y poder Hasta hace poco ser ingeniero, como ser notario, era en sí una clase social. Muchos estudiaban ingeniería como una manera de alcanzar un estatus o de mantener el que habían heredado. Ahora, en general, quienes la estudian lo hacen para trabajar en el campo que han elegido. Eso es particularmente cierto en las ingenierías que no son centenarias. Este enfoque influye en cómo los ingenieros se relacionan con el poder. A principios de este curso, un estudiante de Derecho les decía a unas amigas que estudian ingeniería “Cuando acabemos yo seré vuestro jefe, ganaré más dinero y no habré tenido que hacer tanto esfuerzo como vosotras para acabar la carrera”. Esta afirmación admite muchas réplicas pero, entre otras cosas, parece mostrar que la situación que describe dista mucho de ser excepcional. Efectivamente, si observamos la formación de las personas que ocupan el poder, tanto en empresas como en instituciones, vemos que escasean los que tienen una formación técnica y, en particular, quienes la tienen en ingeniería. El estudiante avispado que hizo el comentario anterior es un buen observador o alguien le ha ayudado a analizar el entorno. Una mayoría de quienes ahora deciden estudiar ingeniería lo hacen porque les gusta la materia y quieren trabajar aplicando los conocimientos adquiridos. Eso es curiosamente lo que les aleja del poder, pero no lo único. El mito, basado en la realidad, de que los estudios de ingeniería son más difíciles que otros, dota al ingeniero de una aureola de sabiduría que le hace ser temido por ese poder. El ingeniero, utilizando como argumento sus conocimientos, se convierte a menudo en el invitado incómodo en la toma de decisiones. Son escasos y solo llegan los mejores, pero sí que se nota otro estilo de mando en las personas que tienen formación técnica y han trabajado con anterioridad en la puesta en práctica de sus conocimientos. No es extraño, si se tiene en cuenta cuánto nos modela lo que estudiamos, cómo lo estudiamos y lo que hemos sido capaces de hacer. La práctica de la ingeniería enseña que desde que se tiene una idea hasta que ésta llega a ser realidad, hay un camino plagado de imprevistos que hay que superar. Quien ha vivido esas experiencias es más difícil que se deje cegar por fuegos de artificio que deslumbran sin dejar ver. La relación entre conocimiento y poder no es un asunto de este país. Si observamos, vemos que en muchas empresas tecnológicas de éxito, es el experto en marketing el que parece tener el control. El ídolo que aparece como creador de todas las maravillas que la ingeniería nos permite disfrutar. Nadie niega la contribución del marketing a que las nuevas tecnologías sean, no sólo conocidas, sino utilizadas, pero a veces da la impresión de que lo que se necesita es solo mercadotecnia y no un buen producto para seducir al mercado. Eso parece o eso quieren que creamos. Una reciente película americana, “Margin call”, escenifica claramente cómo es la relación entre quien posee el conocimiento y el talento y el que tiene el poder económico. La película, además de mostrar cómo se gestó la caída de una gran entidad financiera al comienzo de esta crisis que sufrimos, exhibe sin pudor cómo son las relaciones de poder en una gran compañía. Sorprende que tratándose de un caso muy particular (una empresa financiera) la forma de trabajo y las relaciones de poder son similares a las de cualquier otra gran compañía. Cualquier profesional de los que quieren vivir de su talento y sus conocimientos se verá reconocido en las escenas donde se requiere al que sabe sólo para utilizar su inteligencia, pero haciéndole ver al mismo tiempo, cuánto se le desprecia. El poder tiene sus reglas y conseguirlo y mantenerlo exige seguirlas. En realidad ya lo explicó Maquiavelo.
30 oct 2015
Artículo BIT
Somos competentes
Soy ingeniera de telecomunicación y llevo diez años volcada en el libre ejercicio de la profesión de ingeniero de telecomunicación. Cuando me colegié, en el año 2002, no podía imaginar que el COIT iba a ayudarme durante más de dos años a pelear ante los tribunales por un problema de competencias, que quiero compartir a través de estas páginas con otros telecos, porque considero que mi experiencia puede ser útil a otros compañeros que se encuentren en situaciones parecidas. La historia comienza en septiembre de 2009, cuando la Consellería de Economía e Industria de la Xunta de Galicia (Delegación de Pontevedra) rechaza un proyecto firmado por mí misma para el alumbrado público en la calle Doctor Zunzunegui de Salceda de Caselas. Conviene indicar que anteriormente ya había presentado otros proyectos de la misma naturaleza, que habían sido aceptados sin mayor problema en otras Delegaciones de la misma Administración autonómica. Al consultar por las razones de esta denegación me notifican que el motivo de la misma es mi condición de ingeniera de telecomunicación. Ante esta situación decido ponerme en contacto con el COIT en busca de asesoramiento. Desde ese momento este Colegio ha apoyado y guiado cada uno de mis pasos en este proceso, además de asumir todas las costas derivadas del mismo. Decidimos entonces que el primer paso fuese la reclamación por vía administrativa ante la propia Consellería de Economía e Industria de la Xunta de Galicia en octubre de ese mismo año. Posteriormente, ante la falta de respuesta, presentamos un recurso contencioso administrativo en enero de 2010 ante el Tribunal Superior de Justicia de Galicia. En noviembre de ese mismo año, la Consellería de Economía e Industria de la Xunta de Galicia y el Colegio de Ingenieros Industriales de esta Comunidad, se personaron en el procedimiento ante el Tribunal argumentando la falta de competencia de los ingenieros de Telecomunicación en materia de baja tensión sobre la base de que la existencia de una titulación más específica en temas eléctricos como la ingeniería industrial y la complejidad de la obra hacía inviable que la misma pudiera ser redactada por un ingeniero de telecomunicación. El Tribunal ha decidido, tras dieciséis meses, dictar sentencia a favor de las tesis que el COIT me ha ayudado a sostener durante este tiempo. Ha sido fundamental el criterio jurisprudencial del Tribunal Supremo, que reconoce que nuestros conocimientos y formación en electrónica y electricidad nos habilita “para redactar y firmar proyectos de instalaciones eléctricas de baja tensión”, lo que nos anima a ser muy optimistas, aun en el caso de que esta sentencia sea recurrida ante instancias superiores. La vigilancia y defensa de las atribuciones profesionales así como el ámbito de actuación de los ingenieros es un trabajo que se construye con estos pasos que para el ingeniero libreejerciente, y también para el que trabaja por cuenta ajena, son importantísimos en un mercado laboral en el que actualmente no podemos quedar limitados o restringidos en nuestra actuación profesional y en el que la promoción de la misma es fundamental. Muchas veces la actividad del libre ejerciente es invisible para el resto del colectivo, y nuestro Colegio la respalda de forma decidida y eficaz. Aprovecho estas páginas para agradecer su apoyo e instar a otros colegiados que se encuentren en circunstancias parecidas a que, con la ayuda del Colegio, pongan en marcha cuantas acciones sirvan para defender nuestro trabajo.3 Mónica Castelo Villanueva Ingeniero Socio de IDELNOR Proyectos, Gestión y Servicios, S.L. Somos competentes
30 oct 2015
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Peregrinación
Peregrinación ¿Buscan orientación para elegir estudios universitarios conformes con el Espacio Europeo de Educación Superior (Plan Bolonia)? Propongo peregrinar a la web de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (www.aneca.es). Déjense guiar por la señal que conduce a “qué estudiar y dónde” para obtener el listado de los títulos académicos evaluados favorablemente. En el buscador, tecleen “ingeniero telecomunicación”: aparecen 122 referencias (febrero, 2012). No se impacienten, que “ni están todas las que son, ni son todas las que están”. No se mencionan los títulos anteriores al Plan Bolonia, y, en cuanto a los estudios acreditados por la ANECA, sólo los que cumplen los requisitos de la Orden Ministerial CIN/355/2009, habilitan para el ejercicio profesional como Ingeniero de Telecomunicación. La visita a la web no ofrece la consulta in situ de “La Orden”. Intuyo será para que los peregrinos no se desasosieguen con el repertorio de capacidades que deben adquirirse para el buen ejercicio de la profesión. Cabe preguntarse sobre cuántos centros educativos dispondrán de recursos para impartir todas las materias y formar en las aptitudes que se exigen. De los 29 Másteres que aparecen en las 122 referencias, solo cinco imprimen el carácter que habilita para ejercer la profesión regulada de Ingeniero de Telecomunicación. Surge la duda de si únicamente cinco Universidades propusieron un Máster habilitante, o si la ANECA hila muy fino acorde con la excelencia que persigue “La Orden”. ¿Qué cabe pensar de los demás títulos académicos de la lista? Todos han superado el protocolo de evaluación y, por tanto, han justificado su calidad, el interés social y la relevancia profesional. Descontados los planes de estudio que adaptan las enseñanzas existentes a los objetivos del Plan Bolonia, la variedad de las nuevas propuestas refleja el afán de las Universidades por rediseñar su oferta formativa y facilitar el equilibrio entre la “empleabilidad” de los estudiantes y las demandas de empleo. Así las cosas, nos cuestionamos sobre cómo evolucionará el mapa de las 29 Escuelas Técnicas Superiores de Telecomunicación reconocidas, de las que no se deberían desaprovechar ni los recursos ni la experiencia educativa. Cierto que algunas, todavía, no han hecho los deberes ni cumplido la penitencia que impone la reforma de Bolonia, y quizá no todas obtendrán el jubileo del Máster de excelencia. Pero, siempre podrán competir ofertando Grados y Másteres acordes con su idoneidad y la demanda social. Me temo que las incertidumbres sobrevenidas en esta peregrinación por los senderos de la educación superior, han impedido que regresemos con el ánimo sereno y confortado. Quizá sea porque exista información adicional que no está a disposición del común de los peregrinos. En todo caso, volvemos convencidos de que es preciso transitar desde la retórica y la exclusividad, al pragmatismo de la nueva realidad social y laboral. ¿Alguien propone otro lugar de peregrinación donde disipar esas incertidumbres?3 Nota: en la edición impresa de la publicación, por un problema en la edición, se incluyen algunos datos que no corresponden con los aportados por el autor del artículo. La redacción de BIT lamenta las molestias e incluirá una corrección en la versión impresa del próximo número de la revista. Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015