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Penalti
8agosto-septiembre 2010 El árbitro había decretado la pena máxima: el portero se enfrentó a una decisión trascendental. ¿Qué hacer: lanzarse hacia la izquierda; hacia la derecha; o, quedarse quieto en el centro de la portería? Había leído el resultado de un estudio hecho por un grupo de investigadores israelíes. Éstos, después de analizar 286 penaltis de las principales ligas de fútbol, deducían que la mayor probabilidad de detener el disparo correspondía a la opción de permanecer quieto en el centro de la portería. El penalti se retrasaba por las discusiones con el árbitro. Al portero le dio tiempo para imaginar qué pensarían sus compañeros o los miles de espectadores pendientes de su actuación y, lo más inquietante, qué diría la prensa al día siguiente si decidía permanecer quieto en el centro del arco. Le acusarían de “hacer la estatua”, de no intentar algún movimiento para tentar la suerte. En el estudio de los israelíes, sólo en el 6% de los casos analizados el portero había decidido no lanzarse hacia algún lado. Las discusiones continuaban y llegó a pensar en cómo se sentiría él, después, si decidiese mantenerse en el centro y el resultado fuese gol. El ambiente le impelía a la acción por la acción. Moverse, intentar algo, era la respuesta más habitual, lo más ortodoxo; quedarse quieto haría que se arrepintiera amargamente. En las inquietas noches previas a los partidos, mientras juega a dormir, o en las posteriores en las que repasa las jugadas que ha protagonizado, se lamenta de que el puesto de portero tenga el marchamo de perdedor. Sus fallos pueden ser determinantes y no tiene la contrapartida de redimirse marcando algún gol en la portería del contrario. Era el puesto donde uno más siente la soledad y donde menos se beneficia de la ayuda de los compañeros ya que, ellos, no pueden utilizar las manos. Últimamente, en las largas concentraciones, lee artículos sobre el llamado “coaching empresarial”, e imagina dedicarse, cuando se retire del deporte, a este tipo de actividad. Se identifica con los que, como él, se enfrentan en solitario a la toma de decisiones y se sienten inducidos a la acción por la acción como estrategia dominante. Entretanto, practica con su amigo teleco cuando este le consulta sobre sus inquietudes profesionales (el visado de los proyectos, los mensajes alarmistas sobre el colapso de las redes y las tarifas planas, el despliegue de la fibra óptica hasta el hogar o las subastas de espectro). Cada vez está más convencido de que, a veces, no hacer nada es preferible a hacer algo. En ese momento crucial del penalti, ¿está dispuesto a ser consecuente con sus reflexiones? No es la primera vez que se enfrenta a esa experiencia así que, finalmente, decide actuar de la manera que mejor le hará sentirse consigo mismo. Al día siguiente, nadie se ocupaba de la decisión del portero: el disparo del penalti salió fuera, por encima del larguero. 3 Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación Penalti
30 oct 2015