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La unión de la ingeniería
a ingeniería en España nació hace más de 150 años y, desde entonces, ha jugado un papel fundamental en el desarrollo de nuestro país. Los enormes avances logrados estas últimas dos décadas, internacionalmente reconocidos, han sido posibles gracias a la existencia en nuestro país de empresas capaces; pero, no lo olvidemos, empresas capaces porque al frente de sus valiosísimos recursos humanos ha habido y hay dirigiendo y trabajando magníficos ingenieros con una sólida formación a sus espaldas. Además, las aportaciones de nuestros ingenieros a las infraestructuras y a muchos de los servicios que soportan la economía, el día a día y el progreso de nuestro país, han sido permanentes. Sin embargo, desde la sociedad no se percibe este hecho con la intensidad que se merece, en cualquier caso menor de la que, por ejemplo, tienen médicos o arquitectos, que cuentan con una presencia mediática y real de sus logros mayor entre la ciudadanía. Probablemente influya en ello la histórica desunión de las ingenierías, que han venido defendiendo en exceso los intereses sectoriales de cada una de las ramas por encima de los que representarían al conjunto, generando entre ellas diferencias difícilmente superables. Diferencias que, en demasiadas ocasiones, acaban en los tribunales, lo que ahonda aún más el distanciamiento entre unas y otras ramas de la ingeniería. Y la existencia de dos niveles en la ingeniería española, con enfrentamientos permanentes entre uno y otro no ha ayudado a mejorar esta situación. El nacimiento de la Unión Profesional de Colegios de Ingenieros (UPCI), hace casi dos años, fue un primer paso para iniciar una intensa colaboración entre los Colegios de Ingenieros. El llamado proceso de Bolonia ha sido ahora de enorme importancia para superar esa situación, gracias a la fuerte unión en torno, primero, a la elaboración de una propuesta común de toda la ingeniería, y a su defensa razonada después. Ahora estamos a las puertas de la elección de Presidente para el Instituto de la Ingeniería de España. Quien de ese proceso salga elegido sabe que tiene ante sí la ingente labor de lograr que estos próximos cuatro años sean los de la unión de la ingeniería. Unión que estará enormemente condicionada a una reflexión conjunta sobre las fronteras de las atribuciones profesionales entre unas y otras ramas de la ingeniería, y el respeto a los conocimientos reales que cada uno atesora. Los Colegios a través de la UPCI y las Asociaciones con el IIE han de buscar, además, sinergias, objetivos comunes, y una misma visión de la realidad: la de resolver problemas y buscar soluciones, que ha de compartir toda la ingeniería. Quien sea el próximo presidente del Instituto de la Ingeniería de España sabrá que nos tiene dispuestos a ello, porque esta imagen de desunión no beneficia a nadie.
30 oct 2015