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NEUTRALIDAD DE RED. Sobre la neutralidad de la red
El debate sobre la neutralidad de Red ha saltado de forma más contundente a los medios de comunicación desde este verano, cuando la creciente amenaza de saturación de las redes por lo que se ha dado en llamar "el desafío audiovisual", empezó a estar en boca de los principales directivos encargados del despliegue y mantenimiento de estas infraestructuras. Pero no cabe duda de que este debate trasciende lo puramente tecnológico, por lo que hemos invitado desde BIT a participar a uno de los máximos especialistas del país en lo tocante a derecho de las telecomunicaciones, que desde esta tribuna hace una reflexión certera sobre los precedentes de este debate, los distintos planteamientos en confrontación y aporta algunas recomendaciones esclarecedoras. Monográfico Sobre la neutralidad de la Red Presentación: el problema La neutralidad de la red tiene dos enfoques principales. En EE.UU., donde emergió, defiende a los emprendedores de Internet ante cualquier intento de los operadores de red de condicionar su actividad. En Europa, su propósito es evitar que cualquier operador pueda priorizar los tráficos “amigos” sobre los “extraños”. Son dos caras de la misma moneda. En América se ve un mayor aprecio de la libertad (de allí viene la frase “Todos los bits nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, con ecos de su Declaración de Independencia) y, en Europa, se presta más atención al control de los operadores “dominantes” frente a los entrantes (pero no menos poderosos). En cualquier caso, el problema de fondo es el mismo: ¿debemos impedir a los operadores de red la discriminación de tráficos, imponiéndoles rigurosamente el mismo trato a todos? Esta es la cuestión. Obviamente, hay grandes intereses económicos en este debate. Quienes hacen negocios sobre las redes –Google, Youtube, Facebook, Amazon, eBay…- sostienen la neutralidad a toda costa. Los operadores de red y, junto a ellos, los proveedores de equipos, que pueden ver muy afectado su negocio si aquellos no invierten, defienden con vigor el control de tráficos. Ambas actitudes son perfectamente lógicas, aunque agudizan el enfrentamiento. Los internautas, por su Gaspar Ariño Ortiz Ariño y Asociados, Abogados parte, han abrazado la causa de la neutralidad, convirtiéndose en paladines de la libertad ante la nueva censura que creen vislumbrar; pero su facción más radical está infringiendo con gran descaro las leyes de propiedad intelectual, lo que obliga a los defensores de la ley y el orden a demandar más y mejor control de tráficos. En esta lucha, la emoción prima sobre la razón. Tratemos, por nuestra parte, de ver las cosas con cierta objetividad. Razones a favor de la neutralidad de la red Internet nació libre. Se hizo global en libertad. Lo valioso de Internet son las ideas, el conocimiento, los contenidos y los servicios, que por ella circulan. Alguien los crea e introduce en la Red; y lo hace confiando en que en ningún caso y bajo ningún pretexto serán alterados por quien los transporta. La obligación de las redes es aplicar el protocolo TCP/IP y enrutar los datos hacia su destino por la vía más rápida; si intentan hacer cualquier otra cosa, corromperán Internet. Su “neutralidad” respecto a los contenidos debe ser absoluta. Sobre este telón de fondo, los defensores de la neutralidad de red acostumbran a superponer estos argumentos: ● Jurídicos: La confidencialidad de las transmisiones debe garantizarse en las modernas redes de comunicación electrónica del mismo modo que se impuso en el pasado a las redes telegráficas y telefónicas. La fundamental libertad de comunicación así lo impone. Y confidencialidad de la transmisión, en Internet, significa intangibilidad e igual tratamiento de los datos para todos. ● Económicos: los operadores de red ya cobran por la conectividad que facilitan. Si lo hicieran también a los proveedores de contenidos o prestadores servicios, estarían cobrando dos veces. Y no tienen por qué quejarse de que los inversores valoren más a las empresas de contenidos que a las suyas, puesto que así es el libre mercado. ● Políticos. Cualquier sistema de discriminación de tráficos redundaría en perjuicio del actual dinamismo de Internet. En su extremo, llevaría a dos tipos de Internet, rápida y lenta, y acabaría matando la riqueza de información, servicios y contenidos que ha hecho de la Red de Redes lo que hoy es. Los favorecidos serían los grandes grupos económicos, que ocuparían la Internet de calidad; y los perjudicados, los jóvenes creadores que se verían expulsados de ella. Razones en contra de la neutralidad de red Las redes de comunicaciones electrónicas tienen que tener un dueño. Ni son, ni pueden tratarse como si fueran de todos. Las redes tienen que evolucionar y adaptarse continuamente a mayores velocidades y prestaciones. Si no hacemos algo para frenar el actual proceso de saturación de Internet con más y más contenidos, desde ordenadores y otros dispositivos (teléfonos móviles, webcams, PDAs, consolas de juego…) cada vez más potentes, las actuales redes se colapsarán; y, si no hacemos algo para hacer atractiva la inversión en ellas, su renovación no podrá producirse. Todos cuantos hacen negocio sobre las redes deben ayudar a financiarlas; sólo de este modo podrán renovarse y crecer. Los defensores de la “gestión” de la red esgrimen estos argumentos: ● Jurídicos: La libertad de contratación permite diversificar la cantidad o velocidad de los contenidos transmitidos en función de las necesidades de cada uno. Es justo que pague más quien más recursos utilice. La experiencia de otras industrias de red (oleoductos, gasoductos, redes eléctricas…) avala esta regla. Si se aplica de modo transparente, no atenta a la competencia. Los agrupadores y organizadores de contenidos también establecen diferenciaciones en función de sus propios objetivos (Google, p. ej., lo hace con el orden en que presenta su información). ● Económicos: La neutralidad de la red implica convertir a su titular en un “common carrier”, un “cargador común” que transporta contenidos de todos sin participar en el negocio. Un modelo pueden ser las redes eléctricas de alta tensión, que ni generan ni venden la electricidad que transportan. Este tipo de transportistas tienen sus tarifas reguladas, normalmente “orientadas a cortes” (lo que genera en ellos gran incertidumbre). En tal situación, ni tienen incentivos para innovar, ni resultan atractivos para los inversores. Los operadores de telecomunicaciones no son –ni han sido nunca- “common carriers”, sino prestadores de servicios. ● Políticos. En las circunstancias actuales, los usuarios “normales” “Confidencialidad de la transmisión, en Internet, significa intangibilidad e igual tratamiento de los datos para todos” de Internet son empujados a hacerse usuarios “intensivos” de la Red. Las tarifas planas lo permiten. La gran capacidad de los ordenadores y servidores de Internet lo favorece. La cultura del “todo gratis” lo promueve. El auge de lo audiovisual lo impulsa. Si no se empieza a discriminar tráficos o diferenciar precios, la congestión y caídas cada vez más frecuentes de las redes serán inevitables, con gran perjuicio para todos. ¿Qué se está haciendo en el mundo? En EE.UU. el Regulador de las Telecomunicaciones, la FCC, ha querido facilitar el despliegue de fibra óptica exonerándola de obligaciones regulatorias. Como reacción, las grandes empresas usuarias de las redes (Google, Amazon, eBay, Skype, Sony y otros) han incrementado sus acciones de “lobby” a favor del principio de neutralidad de red. A tal fin han promovido asociaciones como la “Open Network Coalition”, o iniciativas legislativas bajo la denominación común de “Internet Freedom and preservation Act”. Naturalmente varias operadoras y suministradoras de equipos, con Cisco a la cabeza, han tratado de contrapesar su influencia, pronunciándose a favor de la autorregulación y los códigos voluntarios de buenas prácticas. Ambos bandos han tenido éxitos y fracasos. En el asunto Comcast, p. ej., la FCC favoreció inicialmente la neutralidad, ordenando el cese en la discriminación del tráfico de un conocido programa de intercambio de archivos (BitTorrent); pero el Tribunal de Apelación del Distrito de Columbia, el pasado 6/abr/2010, acaba de revocar esta decisión por estimar que la FCC había excedido sus poderes al emitir dicha orden. Ha habido recientemente algún acercamiento entre las facciones en pugna. En el verano de este año se hizo pública una propuesta de Google y Verizon a la FCC en la que ambas empresas convienen en sancionar la neutralidad de la red, si bien admiten que el operador de red ofrezca algunos servicios “especiales” adicionales al del acceso ordinario a Internet, con pago por los mismos. Entre ellos se mencionan, por ejemplo los servicios de red inteligente, o los de telemedicina y educación avanzados. El regulador resultaría investido de poderes para controlar que el operador no haga un mal uso de esta posibilidad. La propuesta ha sido considerada por ATT como “razonable” y severamente criticada por empresas como Facebook, eBay, Amazon o Skype, que consideran a Google traidor de sus principios. En Europa acabamos de abrir el debate. Este verano se han convocado dos audiencias públicas al respecto, una de Ofcom y otra de la Comisión Europea, cuyo plazo acaba de finalizar cuando se escriben estas líneas. El presidente de Telefónica, Cesar Alierta, hizo unas declaraciones públicas en la primavera que tuvieron gran repercusión al afirmar que “los buscadores de Internet utilizan nuestra red sin pagar nada, lo cual es una suerte para ellos y una desgracia para nosotros; pero es evidente que esto no puede seguir”. Las autoridades europeas todavía no han adoptado una posición clara en lo que atañe a la neutralidad de la red. La esperada Recomendación sobre las redes de fibra de nueva generación, de banda ancha y ultra-ancha, se ha publicado finalmente el pasado mes de septiembre, sin que de su contenido se deduzca ninguna toma de posición sobre el tema. “La esperada Recomendación sobre las redes de fibra de nueva generación, de banda ancha y ultra-ancha, se ha publicado finalmente el pasado mes de septiembre, sin que de su contenido se deduzca ninguna toma de posición sobre el tema” ¿Cómo debemos afrontar esta materia? Lo primero que debemos hacer es huir de maximalismos. Nuestro actual sistema de redes interconectadas tiene desde hace mucho tiempo su propia conformación de la “neutralidad de red”, sustentado sobre los siguientes cuatro principios: – Interconexión de redes – Interoperabilidad de servicios – Transparencia de “extremo a extremo” – Oferta de Red Abierta. Todo ello, por su propia naturaleza, impide manipulaciones voluntaristas de los paquetes de datos transportados. Por consiguiente, debe conservarse como una regla esencial de la gestión de sus tráficos a que tiene derecho cualquier operador de red. Incidentalmente diré que la oferta de red abierta está adoptando actualmente la forma de sistemas operativos, aplicaciones e interfaces cuyo código es voluntariamente puesto a disposición de los desarrolladores de nuevo software por los titulares de las redes, lo que le dará –sin duda- un gran impulso. De la neutralidad de red puede aceptarse su rechazo a las discriminaciones cualitativas, con ciertos límites. Es cierto que, en principio, todos los “paquetes de bits” deben recibir el mismo tratamiento. Aunque el ciberdelito debe ser combatido, los gestores de la red no pueden ser la policía de Internet; y mucho menos deben responsabilizarse del control de los contenidos protegidos por derechos de propiedad intelectual, por muy atractiva que resulte esta idea para sus titulares y sociedades gestoras. En este punto, la neutralidad de red puede y debe ser preservada. Pero ello no obsta para la priorización de los tráficos más sensibles a los microcortes (videoconferencia, medicina a distancia on line) frente a los que no lo son (correo electrónico); y, en todo caso, la diferenciación según la velocidad “garantizada” que requiera cada tráfico debe ser permitida. El núcleo de la cuestión está en las discriminaciones cuantitativas. No en su admisibilidad, que nadie niega, sino en el modo de establecerlas. Esta claro que en las redes de telecomunicación, como en cualesquiera otras, los dos componentes de pago, por reserva de capacidad y por productos transportados, pueden y deben aplicarse (así se hace en todas las redes). Y está claro también que la situación actual, en la que muy pocos usuarios (entre en 5 % y el 20%) puede generar la mayor parte del tráfico (hasta el 80 %), pagando lo mismo que el resto, es insostenible: como ya se ha dicho, esto genera un incentivo perverso, multiplicándose los usos ineficientes de la red. El problema radica en los productos audiovisuales, en rapidísima expansión. Estos productos consumen recursos de red a una velocidad pavorosa. Si las imágenes son de alta definición, el consumo se dispara, y aún lo hará más cuando llegue la televisión en 3D. Y, adviértase bien, cualquier ordenador personal actual representa un inyector potencial a la red de enormes flujos de contenidos audiovisuales. De hecho, ya lo están haciendo. El reciente libro “El Desafío Audiovi- “Hoy día no existen incentivos individuales para frenarlo. Los usuarios no se frenarán por si mismos. No lo harán los usuarios “normales” y menos aún lo harán quienes obtienen cualquier tipo de beneficio de los contenidos que inyectan a las redes, que son muchos” Monográfico
30 oct 2015