Juan Blanco "El hombre es la medida de todas las cosas" (Protágoras) os jonios han supuesto, en la historia de la filosofía, la apertura del pensam iento a la naturaleza, al centrar sus esfuerzos en sacar a la luz la relación existente entre lo que vemos y lo que pensamos. La naturaleza, vista as í, es un factor inmóvil, un dato fijo, que no puede ser modificado por la posición del sujeto que lo investiga. Es evidente que tal sistema no incluye entre sus contenidos elemento alguno que estuviera relacionado con la actividad del sujeto como creador de hechos sociales. La sofística, por su parte, es un movimiento indisolublemente unido a la estructura y desarrollo de lo social. Son los hombres, como ciudadanos, y términos tales como los de justicia, poder y gobierno los que constituyen el centro de la doctrina sofística. Estos términos tienen entidad propia, se desligan de la realidad de la física, debiendo operar, por ello, de una forma distinta a como lo hiciera la filosofía de los Jonios. El poder n o se puede ded uci r de las mezclas de substancias materiales distintas, porque el territorio del poder es una construcción fundada por el hombre mismo. Una noción de moralidad, de deber ser, aparece ya en la obra de estos fi lósofos; noción derivada de la realidad existente en aquel momento histórico. Los sofistas surgen en la mitad del siglo V a.c., punto culminante del establecimiento de la democracia. Hasta llegar aquí, el pueblo griego había recorrido un camino que partía de una tradición cultural de carácter tribal, de sangre. Son los aristócratas, individuos que conocen su ascendencia, los que poseen en su memoria la historia completa de las gestas y hazañas del pueblo griego y, por eso, los encargados de mantener el espíritu tradicional, de vigilar el cumplimiento estri~to de las leyes que han de llevar a buen término lo que se supone constituye la perfección del modelo sublime del pueblo helénico. y este modelo será el que proporcione k: energía necesaria para poner en marcha los ideales culturales del conjunto social. La areté -la vi rtud- aparece como el centro del discurso poi ítico, que va a producir y desarrollar instituciones socio-poi íticas para que el concepto se haga visible y se convierta ejercicios y todas las virtudes militares de este género fueron real mente las que crearon su valor de uso. Los Sofistas rompen con el patrón aristocráti co. La evolución de la sociedad griega, producida por las tensiones sociales que corrían en su interior, ha desplazado el centro de la actividad poi ítica hacia otras formas de acción, donde los ideales ciudadanos ya no están representados sólo por el modelo de sociedad impuesto por la aristocracia. La justicia no emana ahora directamente en una acción de carácter constituyente de toda la actividad de lo griego. Pero la areté es un término al uso aristocrático, es una idea puesta al servicio de un modelo de clase. La paideia -educacióncumple un papel preponderante en esta ideología, porque articula y homogeneiza los discursos particulares dentro de una noción general que, merced a un didactismo ya tecnificado, es capaz de reproducir concretamente las propuestas del ideal aristocrático. Dentro de este esquema, la virtud significa no un término racional, cuya expresión máxima naciera de la reflexión intelectual, sino un "valor" sacado de aquellas constantes tenidas por ideales en la sociedad caballeresca griega. La fuerza física, la destreza en los del olimpo, ni los privilegiados de sangre son los que detentan e interpretan los designios de los dioses; en estos momentos, la igualdad en los derechos y en las obligaciones reconduce el campo del poder a espacios nuevos. La lucha política se realiza a la luz del pueblo que es, en definitiva quien elegirá a sus propios conductores. Los candidatos deberán pasar la prueba de la elección y, para ello, habrán de disponer de armas que ya no son las físicas. El discurso poi ítico, la capacidad de convencer ocuparán el centro de la técnica social si el ciudadano quiere habi I itarse en la práctica del poder. Estos usos, poco a poco, van a convertirse en rutina, con lo que la noción de democracia se socializa, se convierte en un hábito mental. Una nueva paideia cumplirá la función homogeneizadora del ámbito social. y los sofistas serán los maestros; maestros en la acepción moderna del término, es decir, transmisores de una cultura que se puede generalizar, y no instructores individuales como eran los pedagogos de la época anterior. El ejercicio de las facultades intelectuales, el análisis de la realidad que se puede convertir en discurso -discurso que a su vez puede verificarse por los efectos emocionales que produce- crean una retórica absol utamente real si se tiene en cuenta la clase de poder existente en aquel momento. De aqu í que di sofista anal ice rigurosamente los problemas del lenguaje, tan úti I en las prácticas poi íticas de esta clase; de aquí, también, el abandono que hacen de los valores de la tradición y el nuevo enfoque que dan a la realidad, fundándolo en valores que nacen de la personalidad del sujeto, a la que se juzga con c"riterios absol utamente subjetivos. El saber es una habilidad práctica -de cuyos resultados se desprende el poder- que puede ser enseñada y también aprendida. Protágoras establece que el hombre es la medida de todas las cosas. La frase, a la vez que dice lo que debe ser la actividad del hombre, desdice también los trabajos de aquellos sujetos que dedican su vida a cosas que no tienen que ver -según élcon lo meramente humano. Los sofistas se separan, pués, de las investigaciones que emprendieron los jonios, abriendo un nuevo tipo de discurso que ampl ía la noción misma de sujeto, al hacer discurrir su ideario por las vías de la moral idad poi ítica; un sentido utilitario, absolutamente moderno, corre por la médula de la sof ística. Si el discurso "antiguo" de los jonios se incardibana en un mundo de propuestas objetivas, si la expl icación que se pretend ía dar de él estaba organizada y presidida por la suposición de la existef1cia de un orden fundado en la naturalidad y, por tanto, en la concordancia real entre el universo físico y el mundo mental, la doctrina de los sofistas nace de un presupuesto inicial básico que lleva la investigación del saber de las cosas a otro campo que el de la naturaleza. El sofista opone al término natural idad el de cultura, en el cual los supuestos objetivos son transformados -porque dependen de la visión del sujeto que los propone- en intereses. La naturaleza es un término interesado, es algo que está sujeto a las transformaciones que el individuo puede producir en ella; el arbitrio de la voluntad es un factor operante que crea sus propias leyes, porque la existencia de las cosas depende, en Ciltima instancia, del hombre, que es quien las juzga. El divorcio que la sofística crea mediante la distinción entre cultura y naturaleza es una respuesta original pero necesaria, si se atiende al momento histórico en que sucede. La democracia se convierte -en este momento- en el centro de atención, canaliza las energías creadoras del pueblo griego que, en cierta "medida, desatiende los valores objetivos propuestos por sus antecesores en la investigación del conoci miento. y la postura "interesada" de la que hablábamos, no es sino la forma de solucionar algo que se le presenta al griego de la forma más apremiante: lo que discute es su libertad, su manera de estar en el mundo. Esta es la razón de su interés en los estudios, por ejemplo, de la linguística, de la retórica, tan separadas y, a la vez, tan unidas a los hechos inmediatos; lo que busca con estas investigaciones es la creación de un cuerpo de saberes unitario que responda a lo que sucede en el terreno real de su propia existencia. Ejercitarse en la oratoria, llegar a ser un buen retórico, supone entrar de lleno en la actividad poiítica, considerada en estos momentos como el ideal de una vida completa..