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DECEM2 Alternativas financieras para ayuda al desarrollo (1)
DECEM2 Alternativas financieras para ayuda al desarrollo (1) Jaime Pozuelo-Monfort1 Ingeniero de Telecomunicación http://jaime.pozuelo.org Con esta colaboración el autor comienza una serie de artículos fundamentalmente innovadores que pretenden proponer mecanismos financieros alternativos para recaudar fondos que se puedan destinar a ayuda al desarrollo de los países del Tercer Mundo. A lo largo de una serie de diez contribuciones, se hará hincapié en la implementabilidad de las ideas sugeridas y se propondrán argumentos a favor y en contra de las mismas. l sistema económico-financiero mundial está articulado en torno a una serie de instituciones multilaterales que fijan, en muchas ocasiones, la línea de las políticas económicas de las diferentes administraciones nacionales. Estas instituciones se conocen por el nombre de Bretton Woods3 y su origen se remonta a finales de la Segunda Guerra Mundial en 1944. En aquella época, el economista norteamericano John Maynard Keynes propuso la creación de instituciones de alcance mundial que contribuyeran a la estabilidad económica y pudieran asegurar el crecimiento económico y el progreso en las distintas naciones del mundo. La foto en blanco y negro muestra a los economistas Harry Dexter White (izquierda) y John Maynard Keynes (derecha) durante el transcurso de la conferencia. El papel bien definido, tanto del Banco Mundial como del Fondo Monetario Internacional (FMI), se ha ido -en opinión del autor- difuminando con el paso del tiempo y, en numerosas ocasiones, sus labores e intenciones se solapan parcialmente. Históricamente, el Banco Mundial ha ejercido de manera más notable su papel como actor en contra de la pobreza extrema de muchos países, proponiendo políticas económicas que fomenten el crecimiento y realizando préstamos a proyectos de desarrollo sostenible. Por el contrario, el FMI propone, grosso modo, políticas macroeconómicas austeras a los países altamente endeudados (deuda externa), con el fin de que éstos no incurran en déficits fiscales que les conduzcan al impago de sus obligaciones a los acreedores del Primer Mundo, a la vez que “rescata” a países en crisis económica de la situación de quiebra o bancarrota, utilizando préstamos monetarios e imponiendo posteriores políticas macroeconómicas (excesivamente) austeras. Se trata pues de un escenario relativamente estático en el que, aparentemente, las reglas del juego están fijadas de antemano y en el que queda poca cabida para soluciones alternativas que permitan generar recursos monetarios adicionales. Un sistema que no ha existido siempre del mismo modo. Un sistema cuya naturaleza se ha ido forjando a lo largo de los años y de las crisis económicas. Un sistema que no es, a pesar de lo que aparenta, estático, aunque su mastodóntico tamaño y naturaleza burocrática lo hacen un gigante incapaz de reaccionar a los retos y amenazas del mundo presente. ¿Cuál es el papel de las economías nacionales? Dentro del contexto orientado a proponer medidas que permitan aumentar de forma considerable el montante económico que el Primer Mundo dedica anualmente a ayuda al desarrollo, las economías nacionales de los países desarrollados pueden y deben ejercer un papel más activo y no necesariamente alineado con las políticas austeras impuestas por los organismos multilaterales a los que se ha hecho referencia en la sección anterior. Existen mecanismos alternativos que no se han tenido en cuenta en la actualidad y que podrían ser implementados con consecuencias fundamentalmente positivas para los países más desamparados. Políticas económicas diseñadas - en y desde el Primer Mundo- para cambiar el escenario de pobreza extrema al que se enfrenta la mayoría de la población mundial. Dentro de este contexto, proponemos en este artículo inaugural de la serie de diez, el primero de los mecanismos que se sugieren como alternativa. La deuda nacional: un tesoro público con mucho potencial La deuda nacional es una herramienta que permite a los gobiernos actuar en tiempos de crisis económica para financiar, con gasto público, infraestructuras y servicios públicos que, por un lado, permitan conservar el “Estado del Bienestar”, y por otro, mantengan la tasa de desempleo en niveles sostenibles. Son los famosos déficits y superávits que siempre se entremezclan en los informativos de sobremesa con la comida de las tres. Déficits y superávits que se suelen alternar en tiempos de bonanza y crisis económicas. Una política económica austera impondrá un techo máximo al déficit, de modo que una economía nacional no se endeude en exceso. En cierto modo, es la manera en la que el “Tío Sam” está financiando la alargada guerra en Irak o las inundaciones de Nueva Orleans tras el paso del huracán Katrina. Una preocupación, la del endeudamiento excesivo en el tiempo actual, que tendrá repercusiones en nuestros hijos y nietos, según dicen algunos. Por qué causas merece la pena endeudarse en exceso a nivel nacional, es otra pregunta a la que algunos de nuestros dirigentes deberían responder. El nivel de deuda nacional relativo al Producto Interior Bruto (PIB) varía en función del país que consideremos. La siguiente figura indica el nivel de deuda como porcentaje del PIB para una serie de economías de países integrantes de la Unión Europea4: El nivel de deuda varía en función del país que se considere, habiendo países escasamente endeudados, como Luxemburgo, y otros altamente endeudados, como Italia o Grecia. Por otro lado, la economía española alcanzó su máximo de deuda pública sobre el PIB en 1996, con un 57 por ciento, y ha ido disminuyendo el nivel de deuda paulatinamente hasta llegar a niveles de en torno a un 40 por ciento. Entre los requisitos del Tratado de Maastricht, de adhesión a la Unión Económica y Monetaria, se encontraban dos relacionados con el nivel de deuda: que el déficit público no supere en ningún caso el 3 por ciento del PIB, y que la deuda pública no supere el nivel del 60 por ciento del PIB. En repetidas ocasiones, estos niveles han sido rebasados, como ha sido el caso reciente de Francia y Alemania respecto al límite del 3 por ciento en el déficit fiscal, o Grecia e Italia, respecto al límite de deuda pública del 60 por ciento del PIB. Observando el nivel actual de deuda en España y otras economías de la zona Euro, concluimos que sería posible incrementar la deuda en unos cuantos puntos porcentuales con el fin de destinar los fondos obtenidos de este modo a la creación de un gran fondo de ayuda al desarrollo5. Impacto de un nivel elevado de deuda En anteriores artículos hemos presentado el papel desempeñado por las “Agencias de Rating” o de calificación crediticia6. Del mismo modo que una agencia asigna una calificación crediticia a una empresa, también la asignará a una economía nacional. Son los denominados “rating soberanos”. La siguiente tabla indica el número de países que han obtenido una calificación crediticia desde 1970 y la calificación crediticia en cuestión: Como observamos a partir de la tabla siguiente, en 1970 tan sólo ocho economías nacionales obtenían calificación crediticia6. En el 2006 este número aumentó de forma considerable hasta alcanzar casi el centenar. La calificación crediticia es fundamental para una economía porque, en función de la misma, la economía nacional tendrá un coste de endeudamiento mayor o menor. España tiene en la actualidad una calificación crediticia AAA o máxima, lo que equivale a afirmar que el riesgo de impago o de quiebra (como le ocurrió a Argentina a comienzos de la década) es mínimo. Por tanto, el inversor en deuda pública española con una calificación crediticia AAA exigirá un tipo de interés reducido a cambio (el lector no debe olvidar la relación entre riesgo y rentabilidad). El nivel de endeudamiento afecta muy directamente al riesgo de impago o quiebra de una economía nacional. A mayor endeudamiento, mayor será el riesgo de impago o quiebra, fijado por la calificación crediticia. El nivel de deuda actual de una economía nacional determina si la misma puede o no llevar a cabo un endeudamiento adicional de un nivel importante (en torno a un 10 por ciento). Incurrir en un endeudamiento adicional conlleva la obligación de realizar futuros pagos a aquellos inversores que deciden invertir en deuda. Un nivel sostenible de deuda garantiza el pago futuro y un incremento no excesivo no supondrá un empeoramiento de la calificación crediticia soberana. El siguiente diagrama pretende resumir las limitaciones expresadas más arriba. Notas 1 Sobre el autor: Jaime Pozuelo-Monfort finalizó Ingeniería Superior de Telecomunicación en la Universidad Politécnica de Madrid en el 2000. Tras cursar el MBA del Collège des Ingénieurs en París y el máster en Análisis Financiero en la Universidad Carlos III de Madrid, finalizó el máster en Ingeniería Financiera en la University of California at Berkeley. Actualmente cursa el máster en Desarrollo Económico Local en la London School of Economics. 2 “Decem” es el término en latín equivalente al número diez. 3 Con el objetivo de reconstruir el sistema económico internacional, delegados de 44 naciones aliadas se reunieron en la ciudad estadounidense de Bretton Woods, en una conferencia que dio origen a los mencionados organismos. 4 Según datos recopilados de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). 5 Con posterioridad se explicará la forma de administrar los fondos obtenidos como resultado de incrementar el nivel de deuda en un 10 por ciento del PIB. 6 Moody’s, Standard and Poor’s y Fitch son las tres principales Agencias de Rating.
30 oct 2015