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Del triunfalismo a la expectativa, pasando por el fenómeno gratis
Qué duda cabe de que el dinamismo y empuje de nuestro sector ha traspasado el sólo conocimiento de los técnicos y se ha instalado de manera muy importante en nuestra Sociedad. Tan es así, que hemos vivido durante los recientes años una fiebre inversora del pequeño accionista en valores tecnológicos en los que se predecían altísimas rentabilidades por lo novedoso mismo de la actividad que estas empresas desarrollan (electrónica, telecomunicaciones, Internet, biotecnología,...). Lo cierto es que al final, la bolsa en general y los valores tecnológicos en particular, han sido una decepción para mucha gente y sobre todo, para aquellos a los que les ha supuesto una considerable pérdida económica (y si no que se lo pregunten a los que compraron “Terras”). Y es que el nuevo “El Dorado”, impulsado por el crecimiento espectacular de Internet y de las expectativas lanzadas por los medios de comunicación y las propias empresas, hicieron desbordar el afán por invertir, sin detenerse a examinar con criterios objetivos el valor real de las oportunidades, hecho que luego evidentemente se ha pagado. Tal vez unos se quejen con razón de su pérdida. Otros, entre los que me incluyo, de la oportunidad perdida, de haber estado cerca de tocar el limbo de los sueños económicos y haber sido sólo testigo del vaivén de los millones (de antaño, que también en algunos casos eran de los de ahora). Ahora, cuando todo parece volver a su cauce, nos encontramos la resaca de una mala experiencia y desgraciadamente la lucha empresarial constante por conseguir financiación para acometer nuevas inversiones o nuevos retos (ahora el dinero vuelve a negarse al emprendedor, sólo es asequible para aquel que demuestra que no lo necesita). Y el sector, maltrecho, se está enfrentando a una de las crisis más duras de nuestra historia reciente (y si no que se lo digan a los que han suspendido pagos, los que han cerrado, los trabajadores despedidos, los prejubilados, etc...) Y es que el hoy tecnológico es difícil y a la vez diferente, porque por ejemplo, quién nos iba a decir hace pocos años que lo importante en un teléfono móvil no iba a ser la duración de la batería o la calidad de la voz, sino su estética, la posibilidad de coordinarlo con tu ropa o ligarlo a tu personalidad (véanse si no los actuales anuncios de móviles en televisión), además de hacer otras cosas muy diferentes de las que en principio se pensaba. Y es que las cosas cambian y las tecnologías se convierten en instrumentos para conseguir estados nuevos de necesidad y al menos teóricas cotas de mayor bienestar. Recientemente, siguiendo con ejemplos, y a la luz de la reciente campaña electoral, se han formulado compromisos, al más alto nivel, de dar mayor protagonismo al soft- Del triunfalismo a la expectativa, pasando por el fenómeno gratis Pedro López Gomar Director de seleRED y Vicedecano del Colegio de Ingenieros de la Comunidad Valenciana Ô lu Horizontes valencianos BIT 140 AGO.-SEP. 90 2003ware libre, es decir, el software gratuito. Y ¡ala!, todo el mundo a poner una pica en Flandes, y es que eso de gratis, ya se demostró en Internet, al usuario le gusta mucho y sin duda puede dar votos. Ya el propio Microsoft, de la mano de Steve Ballmer, asegura que Linux, principal abanderado del software libre, es su principal competidor. Sin embargo, si bien el software libre puede hacer crecer la demanda de servicios locales, abre un saco peligroso en el que todo el software no puede ni debe tratar de meterse. Una mala interpretación del “gratis” puede conducir a que no se tenga en cuenta que un trabajo a medida no es lo mismo que una herramienta estándar, reproducida aprovechando economías de escala. Se trata de un trabajo personalizado, que requiere el esfuerzo temporal y dedicado de recursos y que por lo tanto debe tener otro valor. Es como el teatro, ¿acaso estamos resignados a que muera el arte de la interpretación en directo ante la oferta de masas que nos propone el cine?. Todos creo que podemos tener claro que no puede valer lo mismo una entrada de cine que una de teatro, donde el actor actúa para un grupo reducido de personas, en directo. Hoy, tenemos un mercado de demanda decepcionada, porque es difícil calificar de otra forma el comportamiento actual de las empresas frente a las nuevas tecnologías e Internet en particular, o tal vez de demanda engañada, y en este contexto, todo elemento distorsionador del esfuerzo que supone la prestación de servicios en este sector (siempre orientados a costes – también deberían imitarnos otras industrias) puede tener un impacto muy negativo en el devenir de nuestras empresas de servicios TIC. Si se entiende bien, todo lo contrario, se dotará de un mayor protagonismo a los servicios y por tanto, a la cercanía al usuario, particular y empresas. Como dijo Machado, “sólo un necio confunde valor y precio”. Lo que puede suceder en un contexto en el que el software se ofrece gratis, es el reforzamiento del valor de un servicio excelente, en el que se planteen soluciones concretas orientadas a resultados de negocio a corto, medio y largo plazo para las empresas. La Administración por su parte, debe ser favorecedora del conocimiento de las amenazas y de las debilidades de quedarse inmóvil ante las nuevas tecnologías, tanto a los usuarios particulares como a las empresas y al contrario, de las oportunidades y fortalezas que se pueden conseguir en un contexto global de actuación gracias a las nuevas tecnologías. En este empeño creo que nuestras Administraciones deberían focalizar todos sus esfuerzos, acometiendo urgentemente acciones para acabar con la inercia, verdadero enemigo de la empresa. Acciones que impulsen el conocimiento de las tecnologías, que permitan reconocer capacidades nuevas, ver más allá del dia a dia y crecer en competitividad. En la Comunidad Valenciana es bien conocido que se han acometido proyectos pioneros desde la Administración Pública y sin duda existe el convencimiento de que la Administración debe ser una e-administración, pero me pregunto, ¿para qué vale una e-administración sin e-ciudadanos? ¿Para qué valen los e-marketplace verticales u horizontales orquestados institucionalmente sin e-empresas?. De verdad que hemos de reflexionar cada cual en nuestro papel, pero el mercado sólo se abre generando la demanda o la necesidad, cuando existe inmobilismo, es difícil la rotación tecnológica y por tanto muy difícil la inversión intensiva en TIC, incluso a pesar de inundarlo de oferta. Para el futuro sólo queda lo de siempre, trabajar duro. Esperemos que los mensajes que se lanzan desde el Colegio, o las patronales del sector ANIEL o Sedisi, calen en nuestros dirigentes en apoyo de nuestro sector y para beneficio del resto. ¿para qué vale una e-administración sin e-ciudadanos? ¿Para qué valen los e-marketplace verticales u horizontales orquestados institucionalmente sin e-empresas? BIT 140 AGO.-SEP. 91 2003
30 oct 2015