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Necesidad de un cambio de enfoque para las telecomunicaciones en Europa
El Gobierno ha aprobado recientemente el anteproyecto de Ley General de Telecomunicaciones que tiene como objetivo principal transponer al derecho español el contenido de las directivas que configuran el nuevo marco regulador europeo para las redes y servicios de comunicaciones electrónicas. El texto propuesto refleja bastante fielmente, en general, la regulación europea y deja varios puntos abiertos para su concreción posterior en reglamentos, lo que puede ser una buena técnica legislativa pero crea un elevado grado de incertidumbre y por tanto no mejora la seguridad jurídica. Aprovecha también para poner orden en el entramado de competencias y reguladores que actúan sobre diferentes aspectos en el sector y aunque se producen avances al clarificar los objetivos y competencias de cada uno de los tres reguladores actuales (CMT – MCyT – MEconomía) y se evita crear otro nuevo, como habría sido la Agencia Estatal de Radiocomunicaciones, todavía se está lejos del objetivo deseable de un único regulador con una capacidad de intervención limitada a casos específicos. Uno de los aspectos dónde la Ley de Telecomunicaciones debería avanzar decisivamente es en la eliminación de las diferencias respecto a otros sectores de servicios públicos en el tratamiento del Servicio Universal y de las obligaciones de Servicio Público para acabar con la singularidad española, que es única en el mundo. En efecto, el sector de las telecomunicaciones sigue estando claramente discriminado respecto a otros sectores básicos como el suministro eléctrico, o de agua, soportando a costa del propio sector obligaciones de extensión de servicio a cualquier zona o usuario sin límite en el coste de provisión de servicio. Aunque está previsto un mecanismo compensatorio para los costes extraordinarios globales netos, en realidad este mecanismo no se ha puesto en marcha hasta el momento y Telefónica soporta en solitario una carga que ahora se quiere aumentar forzando la sustitución del TRAC para usuarios que no precisen comunicación de datos, sin tiempo para poder optimizar los costes de la solución técnica. Por otra parte, aunque se hubiera puesto en marcha, la legislación actual establece que sea el propio sector, es decir todos los operadores, los que soporten esta carga. Resultaría más proporcionado, en línea con la situación de otros países europeos limitar las obligaciones de prestación de servicio hasta una nivel de coste unitario razonable soportando la diferencia el usuario final, para lo que podría contar con subvenciones similares a las existentes para mejoras de vivienda, turismo rural, explotaciones agrarias, generación de energía solar, etc. Esta situación es doblemente injusta en un sector que necesita los recursos para el desarrollo de los nuevos servicios e infraestructuras de la Sociedad de la Información. Sí el Gobierno y el Parlamento consideran necesaria la persistencia de estas obligaciones, a pesar de no existir dicha obligación en otros sectores con necesidades más básicas, deberían ser los fondos públicos los que financien esta extensión de servicio, posibilidad que se ha eliminado en la últimaÔ BIT 137 ENE.-MAR. 07 2003 El anteproyecto de LGT es mejorable Necesidad de un cambio de enfoque para las telecomunicaciones en Europa Luis Lada Director General de Estrategia Corporativa y Regulación de Telefónica, S.A lu Opinión El nuevo marco europeo se diseñó con unos objetivos ambiciosos y compartidos por la industria y los usuarios.redacción del anteproyecto. Tampoco está claro que las obligaciones de servicio público que se impongan y que produzcan un coste neto, vayan a ser compensadas a los operadores, en un entorno en que también se incrementan los requerimientos derivados de la seguridad nacional y de la colaboración internacional. Un aspecto positivo tanto en la ley como en las directivas europeas es la amplia liberalización del régimen de licencias y autorizaciones para prestar servicios y explotar redes, aunque en la práctica el régimen anterior no constituía una barrera importante, como lo demuestra el elevado número de títulos habilitantes concedidos y de operadores con actividad en el mercado. El tema central del nuevo marco regulatorio tanto en la LGT como en las directivas europeas es la regulación de los operadores con peso significativo en el mercado y de los mercados en competencia. Es en este aspecto dónde los objetivos no coinciden con las realidades y dónde se requiere un giro significativo hacia la desregulación de los mercados, la desaparición progresiva de la intervención ex-ante y la aplicación de las normas de la competencia, de la misma forma que se realiza en otros mercados. En todo el anteproyecto legislativo no aparecen objetivos claros en este sentido, ni plazos de tiempo para la desaparición de la regulación intervencionista aplicada actualmente. Siguiendo el marco europeo, se fuerza la existencia de la competencia mediante una fuerte regulación del mercado con el riesgo de que se extienda este modelo a otros mercados emergentes o en expansión, en aras de un principio de neutralidad tecnológica mal aplicado. Este no es un problema exclusivo de la legislación española, sino que es el modelo de las directivas europeas, que apartándose de los objetivos declarados, amenaza con ser una rémora para el desarrollo de las inversiones en el sector. Por otra parte, la ley debería premiar la iniciativa eliminando expresamente la capacidad de los reguladores para limitar cualquier tipo de oferta comercial que no sea predatoria; establecer los mecanismos de salida del mercado para los operadores que lo deseen, con el mismo grado de libertad que se establece para su entrada en el mercado y limitar la capacidad de las administraciones locales para frenar el desarrollo de determinadas infraestructuras (caso de los móviles) o para desvirtuar la competencia con recursos públicos aplicados a determinadas infraestructuras. El nuevo marco europeo se diseñó con unos objetivos ambiciosos y compartidos por la industria y los usuarios. Planteaba la necesidad de abordar una etapa basada en la convergencia de redes y servicios, con una progresiva menor intervención regulatoria, para conseguir que sean las leyes generales de la competencia las que regulen el sector. Se planteaba también la problemática de la diferente regulación del mundo de las telecomunicaciones, de Internet y de los contenidos y la competencia en este entorno convergente, apuntando a una regulación tecnológicamente neutra, eliminando la regulación existente e introduciendo únicamente regulación si se demostraba que existían fallos perdurables en el mercado, así como la ausencia de alternativas viables, es decir, la regulación debía ser una excepción y no la norma principal, como ocurre en la práctica en estos momentos. El planteamiento y los objetivos declarados eran consecuentes con el impulso necesario para desarrollar la Sociedad de la Información. Sin embargo, en la implementación práctica se está tomando el camino equivocado. Cuando se habla de regulación tecnológicamente neutra, en lugar de disminuir la regulación de los sectores más regulados, lo que se hace es incrementarle en los sectores menos regulados, como es el caso de la telefonía móvil o de los servicios de acceso de banda ancha. Se insiste en la reducción de precios y se introduce una doble regulación para, en teoría, fomentar los accesos de banda ancha. En la recientemente aprobada recomendación europea sobre mercados relevantes, la Comisión Europea insiste en regular el DIFERENCIAS ENTRE OBJETIVOS Y MEDIDAS REGULATORIAS EN EL MARCO EUROPEO BIT 137 ENE.-MAR. 08 2003 lu Opinión La discrepancia entre los objetivos identificados para impulsar la Sociedad de la Información y su implantación práctica tiene su origen en la falta de valentía inicial de las instituciones europeas para abordar un cambio de modelo.BIT 137 ENE.-MAR. 09 2003 mercado mayorista de ADSL además del mercado de acceso al bucle de abonado desagregado, cuando hubiera sido suficiente con la regulación del acceso al bucle en las zonas donde el cable no esté desarrollado para asegurar la competencia en banda ancha. Esta discrepancia entre los objetivos identificados para impulsar la Sociedad de la Información y la implantación práctica de los mismos tiene su origen en la falta de valentía inicial de las instituciones europeas para abordar un cambio de modelo, reduciendo las modificaciones a la introducción de un modelo regulatorio flexible que permitiría, en teoría, aumentar o disminuir la regulación en función del grado de competencia en cada mercado. El paquete regulatorio mantiene la persistencia de todas las medidas actuales hasta que el regulador decida que hay competencia y, además, extiende el concepto de acceso mediante la posibilidad de regular el acceso a cualquier facilidad del operador que se considere con poder significativo de mercado. Esto supone, en la práctica, la persistencia y extensión del modelo actual de fuerte regulación del operador dominante y el régimen de ayudas regulatorias a los operadores virtuales y oportunistas, que, como ha demostrado la experiencia, no favorecen la inversión e innovación que precisa este sector, sobre todo en mercados emergentes como los de banda ancha fija y móvil. La Comisión Europea en su 8º Informe sobre la Implementación del marco regulatorio, saca unas conclusiones positivas sobre la evolución del mercado, achacando los problemas del sector a causas ajenas a la regulación y, en base a esto, se propone profundizar en la política regulatoria actual, extendiéndola a sectores en los que dicha política intervencionista no estaba implantada. El análisis que realiza de la situación del sector en su conjunto es engañoso y las conclusiones del mismo serían muy LA COMISIÓN EUROPEA NO RECONOCE LA REALIDAD DEL SECTOR Y PERSISTE EN LOS ERRORESdistintas si se analiza la evolución de los servicios más regulados y de los menos regulados y cuáles son los que han contribuido de manera efectiva al crecimiento del sector. Según el informe de la Comisión Europea, el mercado de telecomunicaciones alcanzó los 23 billones de euros en 2002 y creció en su conjunto entre un 5% y un 7%, habiéndose ralentizado respecto a 2001, que creció un 9.5%. Sin embargo lo que no dice el informe es que este crecimiento ha sido debido fundamentalmente al mercado de la telefonía móvil, cuyo modelo competitivo se basa en la competencia entre distintas plataformas y en el, que hasta el momento, no se han introducido los mecanismos regulatorios de ayuda a operadores virtuales que desincentivan la inversión. El mercado de la telefonía fija europeo, al igual que ocurre en España, se encuentra estancado con crecimientos muy bajos o negativos, a pesar de la introducción de un modelo regulatorio teóricamente dinamizador, pero que, en realidad, lo que ha conseguido es una reducción de precios, tanto mayoristas como minoristas, alejada de la evolución de los costes, que deja sin márgenes de actuación y sin incentivos a la inversión a todos los agentes implicados. Otro aspecto muy significativo a tener en cuenta es el importante descenso de la inversión en redes y servicios que se ha producido en España y en toda Europa y que es denunciado por las asociaciones sectoriales, según han planteado los principales operadores y fabricantes europeos a la Comisión Europea. El informe de la Comisión tampoco analiza este hecho y se limita a seguir la evolución del número de operadores y de las cuotas de mercado, sin tomar en consideración las dificultades económicas por las que atraviesan la mayoría de los operadores de redes fijas, y lo que es peor, no analiza la sostenibilidad de un modelo que disminuye sistemáticamente los márgenes y desincentiva la inversión. Dado que las conclusiones que obtiene sobre el desarrollo del mercado son positivas, en clara contraposición con el sentimiento del mercado y con el de los inversores, y al no analizar las necesidades futuras, la Comisión deduce que las medidas regulatorias son las adecuadas y que lo que debe hacerse es profundizar en las mismas, lo que parece más una justificación de su actuación pasada que la base para definir un modelo que asegure un futuro mejor. El debate actual sobre la normativa europea está desenfocado, ya que se basa en analizar el pasado y tomar medidas en función de este análisis, en lugar de centrarse en analizar como promover la inversión en un nuevo escenario distinto, que ya se está desarrollando, dónde la clave no es la evolución de la cuota de los operadores en cada servicio, sino la competencia entre distintas plataformas tecnológicas por un mercado de servicios y contenidos que está por desarrollar. El mercado actual de los servicios de voz se lo disputan los operadores de telefonía fija y móvil, y en el futuro todos los operadores de datos e internet ofrecerán voz sobre IP. De la misma forma, la principal competencia de un proveedor de ADSL o de las plataformas digitales por satélite, son los operadores de cable. Este es el escenario que hay que promover con una competencia entre plataformas tecnológicas, lideradas por operadores que inviertan y que si tienen éxito obtengan su recompensa, junto con los proveedores de contenidos o los agentes que han colaborado en el desarrollo del mercado. Y éstos no están sujetos a regulaciones cambiantes que pretendan sostener intermediarios que no aportan valor añadido. El marco actual difícilmente va a producir los efectos deseados, ya que, en lugar de analizar este escenario general y ver cuáles pueden ser los aspectos que, temporalmente, pudieran frenar el desarrollo de la Competencia, regulando exclusivamente los recursos y facilidades esenciales no replicables, se fija en analizar múltiples mercados muy estrechos para ver si existe competencia efectiva según unos criterios subjetivos y tomar medidas ex ante, de la misma forma que se tomarían si se hubiera demostrado que un operador o agente del mercado hubiera abusado de su posición de dominio en el mismo. En este modelo de regulación, los operadores que tienen una posición significativa en el mercado se convierten automáticamente en “sospechosos” y se les aplica una fuerte regulación, que elimina cualquier incentivo para mejorar su eficiencia. Se trata, por tanto, de un error de principio, que debería subsanarse tanto NECESIDAD DE UN CAMBIO DE ENFOQUE EN EL MARCO REGULATORIO lu Opinión BIT 137 ENE.-MAR. 10 2003 El debate actual sobre la normativa europea está desenfocado, la clave es la competencia entre distintas plataformas tecnológicas por un mercado de servicios y contenidos que está por desarrollar.en el planteamiento general como en las medidas a aplicar, ya que una vez que se toma este camino, se crea una gran incertidumbre, se da lugar a divergencias importantes en la aplicación de la regulación a nivel nacional y algunos reguladores van más allá en las ayudas a los competidores, con medidas extremas como es el caso de la coexistencia de interconexión por capacidad y por tiempo, de la doble regulación de los servicios mayorista y minorista de ADSL, o la implantación del denominado bucle de abonado virtual, en el que se utiliza toda la infraestructura de acceso y conmutación del operador regulado para que un operador que compite con él, proporcione un servicio a un precio establecido por el regulador. Estos son ejemplos de medidas que se han establecido en España y que incluso se mantendrán en el nuevo marco legal recientemente presentado. Este marco desincentiva la inversión de todos los agentes, ya que obliga a los operadores con poder significativo a trasladar los beneficios de la innovación o las mejoras en productividad a sus competidores, vía servicios mayoristas, lo que, a su vez, no favorece que los nuevos operadores asuman riesgos. Por otra parte se vienen trasladando a los usuarios los excedentes de consumo vía precios minoristas regulados, todo lo cual incrementa los riesgos del negocio mucho más que en cualquier otra actividad sujeta a las lógicas incertidumbres tecnológicas. Mientras no se resuelve este problema, los inversores seguirán dando la espalda al sector que más ha contribuido a mejorar la competitividad de los países. A pesar de todas estas medidas, existen múltiples quejas de los nuevos entrantes sobre la situación del sector, reclamando más ayudas regulatorias. También hay quejas y presiones de otros agentes proveedores de servicios y de contenidos para que se reduzcan los precios de los accesos a la red, sin tener en cuenta que el acceso es un negocio que requiere un retorno razonable para que pueda sostenerse con la calidad y las inversiones necesarias. Por último, no deben olvidarse la grave situación por la que pasa la industria de fabricantes de equipamiento y los instaladores, dada la importante reducción de las inversiones. Debe tenerse en cuenta que el debate regulatorio sobre el marco necesario para desarrollar los nuevos servicios está abierto también en otros países, como es el caso de EEUU, dónde hay una tendencia clara a modificar la regulación del acceso y se plantea la evolución al escenario de competencia entre plataformas tecnológicas. En ese país hay iniciativas concretas para no obligar a los operadores locales a compartir los recursos de ADSL con otros operadores y para reducir la regulación de determinadas facilidades de acceso, manteniendo la obligación básica de acceso al bucle de abonado e incentivando a los operadores entrantes para que desarrollen sus propios servicios sobre estas infraestructuras básicas. Se considera que el recurso esencial, hoy en día, puede ser el bucle de abonado, pero no las tecnologías que puedan desarrollarse sobre él. En un futuro próximo, cuando estén más desarrolladas otras alternativas, incluso el bucle de abonado podría no ser un recurso esencial, tal como ocurre en las áreas con fuerte implantación de los operadores de cable, lo que implica asumir como relevante cada uno de los mercados urbanos. Una vez superada la etapa del monopolio en Europa, la solución para incentivar el desarrollo de los nuevos servicios que requiere la sociedad está en pasar cuanto antes a una nueva etapa, en la que prime la libertad de empresa, la inversión y en definitiva el beneficio del usuario, que tendrá acceso a más y mejores servicios con una mínima intervención regulatoria, dejando a las autoridades de competencia que actúen con un modelo similar al existente en los sectores innovadores y competitivos. BIT 137 ENE.-MAR. 11 2003
30 oct 2015