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Crisis económica y telecomunicaciones
Crisis económica y telecomunicaciones Los datos bursátiles indican que en el plazo de un año, ocho millones de inversores de la Bolsa de Madrid perdieron ahorros por valor de 16 billones de pesetas (equivalente al 16% del PIB español), y que en el mercado continuo español, la diferencia anual entre la capitalización bursátil descendió de 73,35 billones de pesetas en marzo del año 2000 a 59 billones en marzo del año 2001, como valores de todas las empresas que cotizan en Bolsa, lo cual es un reflejo de las pérdidas de los ahorradores mundiales en este año trágico de crisis económica (en los EE.UU., las pérdidas fueron de cuatro billones de dólares, unos 730 billones de pesetas, para casi la mitad de la población, que invierte en Bolsa) Como mero ejemplo mundial, Intel, el mayor fabricante de microprocesadores, cayó en un año de un valor de 155 dólares por acción, a 29,44 (el 81%). En contra de lo que pudiera parecer, esto no es “cosa de ricos”, ya que la pérdida de los ahorros afecta a más de la mitad de las familias españolas, no sólo porque la Bolsa es el medio de obtener una rentabilidad a los ahorros, sino porque los Planes de Pensiones están colocados en Fondos de Inversión, y este descenso incide en la descapitalización de los ahorros de los trabajadores. A finales de los 90, los fondos de inversión comenzaron a eclipsar a los bancos en la captación de ahorradores Estas bajadas, que aún no han terminado, tienen unas consecuencias inmediatas, que son la recesión económica: los ahorradores, al disponer de menos dinero (e incluso al perder parte del que tenían), dejan de adquirir productos, y las empresas despiden personal o cierran, ya que sus beneficios decaen. De hecho, las 500 primeras empresas mundiales cuyos beneficios estaban sobre el 20% de aumento referidas al año anterior, cayeron a pérdidas del 17% en el plazo del año crítico. Concretamente en los EE.UU., en los cuatro primeros meses del año, los despidos alcanzaron a 572.370 personas (91.799 en el sector de telecomunicaciones, 81.903 en el del automóvil, 53.774 en el de informática, 46.668 en el de electrónica, etc.), lo que representa tres veces más que en el mismo período del año anterior, en el que no existía ni sombra de crisis. En Europa, la recesión del mercado obligó a Ericsson a prescindir de 17.300 empleados y a Phillips de 7.000, por ejemplo. Fijémonos en una empresa típica como Telefónica: el valor de su acción era el 1-1-96 de 3,5 Euros, duplica su valor en un año, pasa a valer 9 Euros el 1-1-98 y 14 Euros el 1-1-99, alcanzando los 24 Euros el 1-1-2000; pero tras llegar a los 33,12 Euros el 6-3-2000, su valor comienza a bajar, al igual que el de todas las operadoras de telecomunicaciones mundiales, y de la Bolsa en general. Según “The Economist” (24-03-01), las acciones de las empresas eléctricas y electrónicas fueron las que más se devaluaron en un año (el 60%), seguidas por las de componentes electrónicos (otro 60%) y las de telecomunicaciones (50%), mientras que las aeroespaciales se revalorizaron un 42%, las de bebidas y tabaco un 35% y las de alimentación un 25% en igual período. No todo fueron pérdidas, pero aquellas empresas en las que el mercado había confiado más (la “nueva economía”) fueron las que arrastraron a los ahorradores a perder su dinero. La principal misión de un economista es explicar las debacles económicas una vez pasadas, y esta situación la exponen como el resultado de que la “burbuja económica” generada por la “Nueva Economía” ha explotado, tal y como reflejan los índices del Nasdaq (mercado bursátil estadounidense de las nuevas tecnologías), por lo que hay que esperar algunos años a que la economía se recupere. ¿Cuántos años?. Y aquí es dónde los Ingenieros de Telecomunicación podemos aportar algo, ya que las nuevas tecnologías son nuestra especialidad en el fenómeno de la mundialización. Cabe analizar la teoría de los “ciclos” económicos, pero es demasiado inexacta para que un ingeniero pueda tomarla en consideración. La economía de mercado puede considerarse como irracional cuando falta el conocimiento de sus mecanismos internos. El ejemplo más paradigmático es el “culto del cargo” que aún pervive en zonas de Papúa Nueva Guinea. Estos primitivos pobladores, vieron como su vida mejoraba súbitamente en tiempos de la II Guerra Mundial, ya que los aviones estadounidenses utilizaban estas tierras como bases de aprovisionamiento en la guerra del Pacífico. Pero tan súbitamente como habían llegado los “cargos”, desaparecieron al término de la guerra, y la súbita riqueza desapareció. Entonces nació la religión del “culto al cargo”, tal y como se visualizó en la película “Mundo cane”, por la que se invoca a los cielos con una réplica en madera de avión para que los cargos vuelvan a aterrizar y regrese la riqueza. El culto pervive, y es objeto de la antropología, a pesar de los esfuerzos de las autoridades locales para impedirlo. ¿Por qué se ha generado la crisis y cuánto va a durar?. A pesar de las dificultades de analizar un fenómeno económico tan complejo (inter-relacionado), no es difícil observar sus causas. El fenómeno de la mundialización o globalización, tiene como fundamento las telecomunicaciones, gracias a las cuales el planeta ha perdido sus tradicionales fronteras de tiempo y espacio por la red telefónica pública conmutada, fundamento de Internet y de la radiodifusión y TV mundial. Y precisamente las telecomunicaciones, los componentes electrónicos y la electrónica son los sectores que encabezan el desplome de las bolsas mundiales, que han arrastrado al resto de los valores. Empecemos con la crisis de las empresas denominadas punto com. Se ha “vendido” una esperanza sobre lo que será Internet, al menos cinco años antes de que las redes estén provistas de banda ancha y los terminales posean una “amigabilidad” de la que hoy carecen. El público accedió a Internet con una ilusión que no se ha visto compensada ante la realidad de su lentitud y dificultad de manejo. El resultado es que Internet perdió presencia en los hogares de los EE.UU. por primera vez en la historia, ya que el número de hogares conectados a la red cayó en el primer trimestre de este año un 0,3%, máxime al establecerse el círculo vicioso de que el cierre de acceso y servicios gratuitos a Internet desanimó a los usuarios. Internet será todo lo que se dice (única puerta al futuro), pero aún no existe la red que soporte estas prestaciones de banda ancha. Y el desengaño ante unas promesas prematuras, originó un desplome de estos valores. Como segundo factor de la crisis, destacaré la prematura venta de la esperanza en los móviles de tercera generación (3G), cuando aún ni existen ni en al menos dos años podrán ofrecer parte de lo prometido. Sólo un dato: Las siete primeras operadoras europeas en móviles (y Europa está a la cabeza en esta tecnología), se han endeudado financieramente en 231.650 millones de Euros al objeto de obtener licencias (la mitad) y preparar infraestructuras, para una tecnología que aún no está operativa, y cuando los sucedáneos, tales como los denominados 2,5G (WAP y GPRS) están defraudando al usuario. No es extraño que las pérdidas anuales en bolsa se eleven al 50% y arrastren a los demás valores. Y esta crisis durará hasta que el mercado recupere la confianza en aquellas empresas tecnológicas que se la hicieron perder, lo cual comenzará a realizarse dentro de un año en el móvil y al menos dentro de dos o tres en Internet, siempre y cuando las empresas no detengan la inversión, pues en este caso, la crisis duraría más. Intentar resolver la crisis frenando la inversión en infraestructuras, de Internet o de móviles 3G, equivaldrá a prolongarla. La solución está en manos de las operadoras, así como una gran parte de la responsabilidad de la crisis en los gobiernos que quisieron exprimirlas con exorbitantes cantidades por las licencias de 3G, según la detallada explicación que ofrecí en la conferencia dada en la Universidad Politécnica de Zaragoza el 20-03-01 tras la amable invitación al respecto de la Delegación en Aragón de la AEIT.
30 oct 2015