Opinión La formación universitaria para la Sociedad de la Información -------------------------------------------------------------------------------- ¿Está la Universidad en condiciones de dar una respuesta adecuada a las exigencias de formación que se derivan del proceso de implantación de la Sociedad de la Información en España?. En un momento en el que se está planteando el porvenir de la Universidad al tiempo que asistimos al inicio del desarrollo de la Sociedad de la Información quizás sea una pregunta pertinente. Estas notas pretenden abordar, para su discusión, algunos aspectos que pueden ayudar a encontrar una contestación a la pregunta planteada. Centraremos nuestros comentarios en el análisis de dos aspectos que consideramos relevantes y definitorios de la Sociedad de la Información: el primero se refiere al incremento de la tecnificación de la sociedad y el segundo guarda relación con la velocidad de cambio de las cosas y su incidencia en los perfiles profesionales de la enseñanza superior. Solo después podremos abordar algunos aspectos que pueden reflejar la situación de la Universidad, en el proceso de creación de la Sociedad de la Información y presentar al lector algunas ideas para su consideración y, como no, para su discusión. Este debate no es específico de las Escuelas de Ingenieros de Telecomunicación2 pero creemos que puede serles de utilidad abordarlo. Sería bueno si, al menos, intentaran llevarlo a cabo. La tecnificación creciente de la sociedad en la Sociedad de la Información Si la Sociedad de la Información es aquella en la que una parte cada vez más importante del bienestar y la riqueza generada dependen de la producción, la transformación, la difusión y el consumo de la información mediante la utilización de dispositivos informáticos y redes de telecomunicaciones, el desarrollo de la Sociedad de la Información implicará una necesidad de un nivel cada vez mayor de conocimientos tecnológicos por parte de las personas que produzcan, transformen, difundan y utilicen dichas informaciones. El crecimiento progresivo de la Sociedad de la Información nos está conduciendo a una sociedad cada vez más necesitada de conocimientos relacionados con las tecnologías de la Información y las Telecomunicaciones. Esta necesidad afectará directamente al ciudadano, en su calidad de usuario de la información, bien sea a través de su ordenador, de su televisor, de su teléfono móvil o de quien sabe qué en un futuro. En este sentido, los estrategas, pensadores y responsables de los poderes públicos coinciden en la urgencia de introducir, sin dilación, el uso de Internet como instrumento de trabajo en todos los niveles de la educación: primaria, secundaria, profesional, vocacional y, por supuesto, universitaria. Igualmente, esta situación va a afectar cada vez más al ciudadano en su actividad laboral como consecuencia de la introducción de equipos informáticos y de telecomunicaciones en su puesto de trabajo. Quizás aquí la sensibilidad hacia la necesidad de una formación preventiva sea menor, pero seguro que aquellas organizaciones que decidan seguir por ese camino van a tener que reaccionar con celeridad, bien para formar a su personal, bien para substituirlo; pero eso es otra cuestión que no vamos a abordar aquí. Y, por último, esta nueva situación afectará, también a los profesionales que tengan que participar directamente en los procesos de desarrollo, implantación y gestión de todos aquellos productos y procesos específicos de la Sociedad de la Información. Una buena parte de estos profesionales serán titulados universitarios y la formación que reciban será decisiva en el proceso de desarrollo, implantación y gestión de la Sociedad de la Información. Velocidad de cambio y nuevos perfiles profesionales Por si no fuera suficiente lo anterior, hay que constatar que, en el entorno de la Sociedad de la Información la tecnología está evolucionando a una velocidad inusitada hasta el extremo de que los cambios resultantes se hacen cada vez más difíciles de asimilar. En estas circunstancias la sensación de la importancia de lo nuevo se hace cada vez más patente hasta el extremo de pasar a formar parte del lenguaje diario: nuevas tecnologías, nueva economía, nuevas profesiones, nuevo marco reglamentario. Aunque, normalmente, lo nuevo suele resultar casi siempre de una evolución gradual de lo anterior, que, de pronto, pasa a ser considerado como viejo. En el entorno de la Sociedad de la Información la velocidad a la que se están produciendo los cambios es tan elevada que puede dar la sensación de que todo lo que aparece es tan distinto de lo que le precedió que nada tiene que ver con su propio pasado. Un análisis simplista de este fenómeno podría conducirnos al error de que nada de lo anterior vale. Vamos a considerar este fenómeno en lo relativo a la formación. Es cierto que la creación de la Sociedad de la Información conllevará la creación de nuevos puestos de trabajo, pero abusar del termino de nuevas profesiones como la solución del problema laboral en la Sociedad de la Información puede conducir a consecuencias negativas y, quizás, dar lugar a actitudes oportunista. En lugar de hablar de nuevas profesiones consideramos, quizás, más correcto utilizar el término de nuevos perfiles profesionales, que a nuestro juicio refleja mejor la necesidad de adaptar las actuales titulaciones a las necesidades de la Sociedad de la Información. Esta situación también está afectando directamente a la actividad de la Universidad. La Universidad en el proceso de creación de la Sociedad de la Información De acuerdo con todo lo anterior, para responder a la pregunta que nos formulábamos al principio deberíamos contestas previamente a otras dos cuestiones. La primera sería: ¿Está la Universidad española realmente en condiciones de formar, de manera adecuada, al personal responsable del proceso de desarrollo, implantación y gestión de la Sociedad de la Información?. Y la segunda es: ¿Cómo debería procederse para adecuar las actuales titulaciones universitarias a los nuevos perfiles profesionales exigidos en la Sociedad de la Información?. Por lo que se refiere a la primera cuestión habrá que convenir que lo que la Universidad pueda enseñar dependerá de los conocimientos de sus profesores. La clave está, pues, en saber donde y como aprenden los profesores universitarios y si eso es suficiente de acuerdo con las exigencias de la Sociedad de la Información. En una Universidad con mayoría de su personal docente en dedicación exclusiva, un profesor aprende: bien en los libros, bien como consecuencia de sus actividades de investigación y en, menor medida, como resultado de la todavía escasa colaboración con la Empresa. Es un hecho que la permeabilidad entre Universidad y Empresa en lo que se refiere a intercambio de personal de sus plantillas es prácticamente inexistente. Está claro que en las materias más básicas de un Plan de Estudios continua siendo válido el procedimiento habitual de aprendizaje del profesorado, pero lo que también es cierto es que en aquellas otras de carácter más aplicado y en contínua evolución los procedimientos tradicionales de aprendizaje del profesorado son absolutamente inadecuados. Difícilmente puede enseñarse bien lo que no se conoce ni se practica. En el entorno de la formación de los aspectos más aplicados de la Sociedad de la Información este riesgo es cada vez mayor. Una solución a este problema pasa, en nuestra opinión, por romper la situación actual de estanqueidad del profesorado universitario, de manera que sea posible fomentar, sin traumas, la permeabilidad entre el personal de dentro y de fuera de la Universidad. Pero esta solución choca de plano, entre otras cosas, con la actual estructura de plantillas, acceso a los cuerpos docentes, plazas vitalicias y procedimiento de excedencias. Lo que está claro es que mientras la Universidad continúe blindándose de su entorno empresarial y social, en particular en las carreras técnicas, habrá que continuar preguntándose si el profesorado universitario sabe lo suficiente, y lo conoce suficientemente bien, como para formar adecuadamente a los profesionales que dicho entorno empresarial y social precisa. Y esto es especialmente importante en el marco de la Sociedad de la Información. Por lo que se refiere a la segunda de las cuestiones que nos formulábamos más arriba en relación con el problema de la elaboración de los nuevos perfiles profesionales, será necesario recordar que cualquier enseñanza universitaria se rige por un Plan de Estudios publicado en el BOE. En condiciones normales, y en el mejor de los casos, el periodo de desarrollo de un nuevo Plan de Estudios de una carrera de cinco cursos suele tener una duración mínima de siete años: uno para su confección, otro para su aprobación y cinco para su implantación. De acuerdo con lo anterior, la primera promoción de estudiantes llegará al mercado laboral ocho años después que se planteara el Plan de Estudios por el que se ha formado, así hasta que se apruebe el siguiente. Esta claro que, desde cualquier punto de vista, ocho años son demasiados en el proceso de desarrollo de la Sociedad de la Información. Pánico da pensar que al socaire de la novedad se destape la fiebre de las Universidades españolas por la implantación de nuevas titulaciones en relación con la Sociedad de la Información, que no verán la luz hasta dentro de una eternidad. La solución tendrá que pasar por flexibilizar el proceso de introducción dinámica de nuevos conocimientos en los actuales Planes de Estudios de acuerdo con las necesidades del entorno. Pero esta solución que podría parecer sencilla choca de lleno con los modos habituales de proceder de la Universidad, veámoslo. La introducción de nuevos conocimientos puede conllevar la introducción de nuevas asignaturas y, como consecuencia, la desaparición de otras antiguas. Tal pretensión corre el riesgo de incidir de pleno con el carácter patrimonial de las asignaturas que históricamente ha venido asumiendo el profesorado y provocar su rechazo furibundo. Difícilmente desde dentro de la propia Universidad pueda llevarse a cabo, con eficacia, un proceso de estas características. Conclusiones En nuestra opinión el camino para que la Universidad española acabe, de verdad, estando en condiciones de dar una respuesta válida a las exigencias de formación del proceso de implantación de la Sociedad de la Información deberá pasar, entre otras cosas, por fomentar la permeabilidad de su personal docente con el de la empresa y por flexibilizar el procedimiento para la fijación de los contenidos de los Planes de Estudios. Esto supone la necesidad urgente de vencer las inercias tradicionales de la Universidad y de su profesorado, que si la propia Universidad no es capaz de llevar a cabo desde dentro parece evidente que a la Sociedad no le va a quedar más remedio que imponer desde fuera o, lo que es peor, buscar soluciones alternativas. Vaya por delante que, siempre en nuestra opinión, ni la incuestionable autonomía universitaria ni la necesaria libertad de cátedra van a ser excusas válidas para impedirlo. Esta ha sido nuestra opinión. La discusión queda, pues, abierta. Por cierto, en el Informe Universidad 2000, de casi 500 páginas, encargado por la Conferencia de Rectores y publicado el pasado mes de marzo, únicamente hemos encontrado tres menciones al término Sociedad de la Información: una en la página 6 para referirse al Libro Verde de 1995, de la Comisión Europea sobre la Educación y Formación, otra en la pagina 455 al hablar de un informe australiano sobre las nuevas tecnologías en la educación universitaria y, finalmente, una última, en la página 97, en el apartado dedicado a analizar los cambios estructurales a que está sometida la Universidad y en la que se hace referencia a la necesidad de modernización de sus estructuras y a las inversiones que se precisan para llevarlas a cabo. ¡Qué se le va a hacer! Antonio Alabau Catedrático Universidad Politécnica de Valencia
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