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Sexto continente
OPINIÓN Pluralidad de lenguaje y diálogo Viriato Candel Sexto continente a rutinaria emisión de sonidos merece una correspondencia de oposición con la divulgación de las ideas. Refiere un académico francés "si la gente no hablara más que cuando tiene algo que decir, el ser humano perdería el don de la palabra en pocas generaciones". Así, el lenguaje parece navegar por diferentes derroteros que la presencia del buen sentido y, al final la verdad padece el tormento desgarrado del disfraz, uno de los efectos característicos que los cínicos se atribuyen. Pero guste o no, de unos en otros, participa del doble carácter espiritual y material, y desde su inmersión en el pozo de la historia, ha recorrido caminos de discordia acompañando limitaciones y temores. Entre pantanos y palmeras, entre ríos (Mesopotamia), tal es la génesis de la Babel (Babilonia) de los textos cuneiformes, lengua de aluvión y caliza de celebrada fertilidad en la que Tigris y Eúfrates parecen hermanarse hasta confundirse, tierra de hombres acreedores y deudores de sí mismos, torre de la soberbia que estrecha el cielo y legado de causa de la dispersión. También anduvo en lenguas la necesidad de comunicación, atributo humano esencial, en tiempos del rey egipcio Samético I. Herodoto escribe de esto y apunta una experiencia a la que sucumbió el prudente e inteligente adorador de Apis: Hizo cuidar y alimentar a un recién nacido no sólo sin instrucción y educación, sino sin diálogo. Pasado el tiempo, y con ocasión de que un criado le ofreciese pan, el niño exclamó "bekos, bekos", expresión frigia que significa precisamente pan. De suerte que la conclusión apareció evidente y el frigio fue atribuido a la primera lengua articulada. En cambio, científicos posteriores introdujeron métodos nuevos a la investigación antropológica. Algunos sabios desde Platón y Aristóteles a san Gregorio Niseno, trataron de las dificultades originadas por la oceanía de idiomas existentes, pero ninguno sugirió la formulación de un único modo de hablar. Acaso Rogerio Bacon, precursor de Galileo y Newton, conciliase la abstracción con la ciencia en alguno de los trabajos donde menciona máquinas de volar, dispositivos capaces de mover un carruaje sin tiro (automóvil), aumentos de velocidad en naves con un solo remero (motor) y desdichas. Luego de la Edad Media, vino la conveniencia de una escritura de concierto promovida por Jorge Dalgamo, que culminó el perfeccionamiento del sistema ideográfico mediante la expresión por signos de las manos, vehículo de reciprocidad y constatación de identidad de los pueblos latinos. La imperfección y ausencia de aplicaciones prácticas posteriores guardan celosamente el lugar relevante del sacerdote español Sotos Ochando. Bonifacio Sotos Ochando, erudito nacido de las vertientes de los ríos Cabriel y Júcar, en Casas Ibáñez, el 5 de junio de 1785, escribió la última voz en Munera el 9 de noviembre de 1869, tras dedicar buena parte de sus muchos años a los estudios lingüísticos y gramaticales, estableciendo el primer sistema de idioma universal ampliamente reconocido y la palabra de sexto continente. Los afanes y conclusiones del religioso manchego sirvieron de antecedente a proposiciones que vieron la luz transcurridos diez años de su fallecimiento. La voluntad de estos proyectos de lenguas de autor trae una tendencia entre original e imitación del modelo natural que el párroco suizo Juan Martín Schleyer denominó Volapük, Dios sabe con qué propósito. Semejantes consideraciones alientan el Doktoro Esperanto -doctor que espera- debido al médico polaco Lázaro Luis Zamenhof, quien añadió a manuales y diccionarios la traducción de la tragedia de Shakespeare "Hamlet", y otras auxiliares nacidas de simplificación a raíz de los Congresos celebrados con motivo de la Exposición Universal que inauguró el siglo XX. Emerge hoy la posesión de alrededor de seis mil lenguas, concurso que un académico español no duda en calificar de "calamidad", junto a muestras de paralelismo dentro de las definiciones aplicadas al lenguaje y su homónimo informático, incluso opiniones acertadas desde el ámbito de las telecomunicaciones que prevén una severa disminución en el intercambio verbal frente a la utilidad de la interconexión entre máquinas. * Viriato Candel Viriato Candel es ingeniero de Telecomunicación. Menos atinada parece la reciente pretensión de defensa de las nuevas tecnologías como ansiado lenguaje sin excepción capaz de retormar a aquella condición mítica anterior al enojo divino, sugerencia de incipiente radicalidad que contradice los fundamentos coincidentes de meros instrumentos y herramientas de traducción en medio de idiomas singulares. Sigue el acercamiento a tales premisas nuestro inocente egipcio, aún objeto de experimentación y víctima; trasladado a la actualidad debería argumentar ante el alimento "bit, bit", y los franceses concurrentes apresurarían la hora de la comida. Sin embargo, medios de relación como Internet ayudan a la supervivencia de la pluralidad de lenguas habladas en la Tierra, multitud de fuentes inagotables de cultura, patrimonio que plasma de manera desigual ánimos compartidos y acento esperanzador de humildad. Y elogio de quienes espigaron el sueño de superación de la falta de entendimiento entre los hombres.
30 oct 2015
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La ingeniería del siglo XXI
Aquilino Morcillo La ingeniería del siglo XXI on motivo de la conmemoración del IV centenario de la muerte de Felipe II, y en una de las exposiciones que al respecto se han celebrado en Madrid, he tenido la ocasión de conocer que este Rey, en la cumbre su poder, fue incapaz de cambiar la anquilosada Universidad española para adaptarla a la formación de los estudios de ingeniería necesarios para realizar las obras técnicas que el reinado requería en el mundo, por lo que se vio obligado a crear la Academia Real Mathematica, cuyo plan de estudios encargó a Juan de Herrera. El dato cronológico de que estemos acabando el Siglo XX no tiene mayor transcendencia, a no ser porque está coincidiendo con un cambio de cultura, que nos está llevando de una sociedad industrial a otra muy diferente de la sociedad de la información, por lo que aquellos valores que han estado prevaleciendo durante más de un siglo, comienzan a cambiar por otros aún no totalmente formulados, pero que serán los necesarios para la adaptación al nuevo entorno que ha creado la tecnología. Este cambio tiene su traducción cuantitativa en que la información pasa a ser el elemento productivo por excelencia, ocupando a más del 50% de la población y generando más del 50% de la renta nacional. Si el cambio de la época agrícola a la industrial originó un impacto social tan dramáticamente reflejado en la literatura del siglo XIX, y cuyas consecuencias han sido tan revolucionarias como la integración social de la mujer, la más que duplicación de la esperanza de vida al nacer (estancada durante milenios), y la eliminación del hambre y de las epidemias para cada vez mayor número de seres humanos, la nueva época nos está trayendo no menos dramas y nos legará no menos avances, pues el momento actual es precisamente el de crisis o cambio, por lo que conviene prever las medidas para afrontar el futuro. Unas de los efectos de la globalización generada por una red mundial de comunicaciones que ha eliminado las históricas barreras de espacio y tiempo entre los habitantes del planeta, es el instantáneo flujo de capitales que buscan la máxima rentabilidad, lo que trae como consecuencia que las empresas sólo prevalecen si son competitivas en el nuevo entorno, lo que determina una precariedad en la permanencia de las mismas, lo que se traduce en el fin de la breve época del pleno empleo. Ello no implica que falte el trabajo, sino que mientras unos pocos privilegiados mantendrán su empleo en los organismos estatales y en las grandes corporaciones multinacionales, la mayoría de los trabajadores provendrán de PYMES (Pequeña y Mediana Empresa), o del autoempleo, como autónomos. Puesto que esta realidad es difícilmente evadible, la misión del Estado debe centrarse no sólo en que no falte el trabajo, sino en que los ciudadanos tengan siempre acceso a los beneficios de la seguridad social, aunque carezcan del mítico empleo de por vida. Esta nueva situación laboral ya ha incidido en nuestra profesión, máxime cuando es tan idónea para gestionar la sociedad de la información como lo fue las de los ingenieros industriales para gestionar la anterior sociedad industrial, y es conocida gracias al estudio elaborado en 1972 por el COIT, y a los cuatro informes del "Proyecto de Estudios Sociológicos sobre los Ingenieros de Telecomunicación" (PESIT), realizados entre los años 1984 a 1997. Entre las empresas públicas, enseñanza y Telefónica, el 68% de la profesión empleada en estos organismos en 1972, pasó a ser del 52% en 1997. El empleo de "por vida" no sólo disminuye constantemente, sino que el grado de satisfacción por el trabajo realizado pasó del 90% de los colegiados en 1984 al 81% en 1997. Lo más significativo es que mientras en 1975 la actividad de alta dirección ocupaba al 20% de los ingenieros, en 1997 el tanto por ciento había disminuido a la mitad. En consecuencia, en ese año la opinión de "cómo creemos que nos ve la sociedad", indica que casi un 70 % creen que como tecnólogos, y sólo el 30% que como gestores. Siendo la tecnología importante, el problema es si únicamente con este bagaje se puede afrontar una nueva etapa en la que la gestión de la misma puede abandonarse en otras manos (como abogados y economistas) cuando la creación de trabajos tecnológicos es la competencia específica de la titulación superior de ingeniería. El 60 % de los ingenieros de telecomunicación creían en 1984 en sus posibilidades de promoción, mientras que en 1997 la proporción había bajado al 44%, y posiblemente sea esta la razón por la que tanto en adecuación de medios como en aspectos prácticos, los ejercientes en 1997 califican con suspenso (4,8) a la enseñanza recibida en la ETSIT, mientras otorgan un 7,5 a los aspectos teóricos. En esta nueva etapa, en que la competitividad es una exigencia con un peso que no tenía hace 20 años, la tendencia es que el ingeniero ejerza labores que necesitan de un entorno de trabajo en equipo, mientras que pierden peso las actividades que pueden desarrollarse en solitario y a golpe de genialidad. No hay que olvidar que la Investigación y Desarrollo no ha superado el 14% ocupacional de los profesionales en el último cuarto de siglo, y la tendencia es de disminución. El ingeniero del futuro necesita una fuerte preparación teórica, pues la "Ley de Moore", cuya vigencia no parece que decline en los próximos 20 años, nos garantiza la obsolescencia de equipos no exactamente cada año y medio, pero si cada 5 años, por lo que es absurdo profundizar en herramientas que ya no estarán en el mercado cuando se termine la carrera. De igual modo, la necesidad de trabajar con equipos humanos le obligan a conocer la modernas técnicas de gestión, tal y como las va a estudiar mediante un cursillo cuando su empresa lo necesite en esta actividad, pero con la diferencia de que la sociedad le comienza a exigir es que sea el profesional quien cree la nueva empresa que sólo él puede gestionar por ser poseedor de la tecnología adecuada. Normalmente, y con datos de los EE.UU., esa empresa no tendrá una vida promedio superior a los 5 años, pero entonces tendrá que reconvertirse a diferente tecnología. Como sabemos los profesionales, lo que perviven son los sistemas, pero no los materiales. * Aquilino Morcillo Aquilino Morcillo Crovetto es ingeniero de Telecomunicación. Esto implica un radical cambio de mentalidad, tanto en la enseñanza como en el ejercicio profesional, pues la realidad está progresivamente dejando de ser aquella para que se preparaban las promociones hace sólo 25 años. ¿Seremos capaces de afrontar el reto?. Sólo deseo más suerte a los actuales gestores de la enseñanza que la que hace cuatro siglos acompañó a Felipe II cuando en España no se ponía el Sol, y no se encontró con más base teórica que unos gremios en los que se pasaba de aprendiz a oficial, y de oficial a maestro, sin necesidad de saber leer un plano. El cambio necesario hoy en día no es menos brutal, y mi confianza es que puede realizarse.
30 oct 2015
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Los nuevos operadores ante la construcción de sus redes de telecomunicación
Jose A. Alonso Hernandez Los nuevos operadores ante la construcción de sus redes de telecomunicación ucho se ha hablado y escrito acerca de los profundos cambios que, en estos últimos tiempos, están sacudiendo al sector de las telecomunicaciones. La evidencia de estos cambios resulta patente no solo en lo tecnológico sino en la variación del escenario empresarial causada por la aparición de los segundos y terceros operadores y el nacimiento de los operadores de cable. Estos cambios están, a su vez, originando modificaciones sustanciales tanto en la organización y gestión de los referidos operadores como en los suministradores de servicios, empresas fabricantes y sociedades de ingeniería e instalaciones. Uno de los factores del cambio ha sido la aparición de la competencia que podríamos definir como global y que ha dado al traste con los monopolios que caracterizaron universalmente en el pasado al sector de las telecomunicaciones. Otro factor causante de la transformación del sector, es la evolución de la tecnología y los servicios que pone a disposición nuevos equipamientos y sistemas que permiten una gran variedad de aplicaciones y una reducción de precios de los equipos y de la construcción de las infraestructuras. Los cambios han afectado tanto a los operadores tradicionales como a los nuevos. En efecto, los primeros han debido variar sus estructuras y sus políticas de gestión con miras a cubrir las nuevas áreas de negocio en base a los nuevos servicios emergentes y a poder enfrentarse con éxito a la competencia. Durante mucho tiempo estos operadores trabajaron en territorios geográficos propios y limitados, sin competencia alguna ni variaciones rápidas en la propia oferta de servicios. Los desarrollos y evolución de sus redes fueron progresivos en el tiempo hasta cubrir el territorio de su área geográfica. Como contraste, los nuevos operadores de servicios de telecomunicación, se encuentran ante el reto de crear sus redes en breves espacios de tiempo, usando la mejor tecnología disponible para transportar por ellas servicios suficientemente atractivos como para ser capaces de captar clientes y acortar los plazos del retorno de las enormes inversiones puestas en juego. Para conseguir la difusión amplia de los servicios, las nuevas redes que se deberán construir tienen que realizar una cobertura del territorio lo mas capilar posible utilizando, para este fin, todas las infraestructuras disponibles y construyendo aquellas nuevas que sean necesarias. Se trata de proyectos complejos que, como se ha dicho, conllevan fuertes inversiones y cuya ejecución está limitada en el tiempo. Estas circunstancias hacen que, en opinión del que suscribe este artículo, los operadores deben darles un tratamiento especial y diferente a lo que ha sido la tradicional forma de contratar la construcción de redes. En efecto, las antiguas administraciones de telecomunicación se planteaban la construcción de la red subdividiendo las diferentes tareas o actividades (ingeniería, obra civil, instalación. ...) entre diversas sociedades cada una de ellas especializada en cada sector en particular. Esta fórmula no es adecuada para los nuevos operadores por la falta de experiencia y recursos técnicos y de gestión y control que padecen en sus recién constituidas organizaciones. Un aspecto importante a tener en cuenta son los problemas de coordinación que es necesario afrontar. Esto puede provocar, a su vez, la dificultad de delimitar responsabilidades en aquellas tareas en las que las referidas responsabilidades quedan siempre difuminadas ante la problemática de definir sus fronteras y acotarlas contractualmente en su totalidad. Todo esto, al final redunda en una pérdida de eficacia, un alargamiento de los plazos de ejecución y en definitiva retardo en la llegada de los servicios a los usuarios y por tanto retraso en la generación de los recursos económicos para rentabilizar las inversiones realizadas con la construcción de la red. Por otra parte, los operadores tradicionales, a lo largo de su historia han logrado constituir, organizar y hacerse con un Know How de definición, control y valoración de unidades, así como con una selección de empresas colaboradoras de su confianza, y conocimientos precisos de la mejor fórmula de contratación lo que, unido a la realización paulativa y progresiva de la construcción de las redes, permitieron ir tejiendo poco a poco las infraestructuras actualmente disponibles. Esta progresividad y avance paulatino en el tiempo no es aplicable a los nuevos operadores porque es precisamente la variable tiempo la que resulta escasa y limitada para alcanzar los objetivos requeridos. Para obviar las carencias puestas de manifiesto y conseguir la celeridad, fiabilidad y calidad exigidas, la solución está en buscar el apoyo de una entidad capaz de constituirse en un auténtico "integrador de sistemas". La forma de contratación adecuada en estas circunstancias que garantiza una auténtica efectividad de los resultados finales al concentrar de forma precisa las responsabilidades es la "llave en mano". Esta modalidad permite integrar la totalidad de las tareas partiendo del análisis de las necesidades del Cliente hasta llegar a la entrega final del sistema funcionante garantizando, al mismo tiempo, la consecución de la funcionalidad técnica dentro de los plazos y dentro de los presupuestos económicos previstos. *Jose A. Alonso José Antonio Alonso Hernández es Ingeniero Superior de Telecomunicación y Director del Departamento de Tecnología y Sistemas de SEIRT S.A. El "partner" o sociedad de integración debe ser capaz de ofrecer todos los servicios conexos con la creación de planta de forma contemporánea y por tanto disponer de los conocimientos, experiencia, herramientas de control y software de aplicación adecuado a las diferentes etapas que constituyen la "network creation". Las sociedades o empresas que tradicionalmente han realizado trabajos de construcción de redes y están dispuestas a afrontar los nuevos mercados deben, en primer lugar, reconsiderar su propia organización, buscando tecnificarse y así incrementar el bagaje técnico de sus ofertas para adecuarse a las nuevas necesidades que requieren capacidad para ofrecer proyectos innovadores a costes contenidos. Esto abre amplias perspectivas a los profesionales de la telecomunicación que están llamados a ser los artífices de la creación de una sociedad mundial "on line" cuyos miembros podrán interconectarse entre si y con miles de centros servidores de información en cualquier momento y desde cualquier lugar del orbe.
30 oct 2015
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El pensamiento complejo en la ingeniería
Opinión -------------------------------------------------------------------------------- Uno de los graves problemas que deben encararse hoy en la toma de decisiones está relacionado con la drástica evolución que está sufriendo la sociedad, y por ende nuestra profesión, en el tránsito de una cultura lineal o dicotómica a una cultura compleja o sistémica. En una cultura simple o lineal, es más o menos fácil enfocar un problema como un asunto de elección entre alternativas excluyentes, en las que una causa, y sólo una, precede a un efecto; sólo hay que identificar y relacionar la causa con el efecto para actuar en consecuencia Si bien las precedentes culturas cazadora (paleolítica) o agrícola, eran complejas debido a que operaban con una naturaleza imprevisible, las crcencias religiosas, tanto chamánicas como politeístas o monoteístas, las convertían en lineales al introducir el factor de intervención activa del hombre en las fuerzas de la naturaleza por su relación directa (oración) con los espiritas o divinidades que las controlaban o con los que las identificaban. La época industrial, implantó el triunfo de la linealidad. La máquina es controlable en sus efectos si se le aplica la causa adecuada a su operatividad. Los paradigmas científicos reforzaron la idea de que el cosmos newtoniano y el hombre, junto con sus artefactos tecnológicos, no eran sino máquinas. La contestación de Laplace a Napoleón refleja este optimismo: "Dios es una hipótesis innnecesaria (ante el comportamiento del sistema solar). Es el triunfo de la Mecánica. Pero en el siglo XX este paradigma ha continuado más de lo que Henry Poincaré, la mecánica cuántica o el principio de incertidumbre hubieran permitido, debido a la simplificación dicotómica que impera en la programación de ordenadores, y que ha transcendido a los arboles de decisión. El célebre rombo interrogante nos obliga a definir una pregunta cuya respuesta sólo admite dos opciones contrapuestas, dirigiendo el proceso por un camino en el caso afirmativo, y por otro en el negativo. Al principio los resultados fueron óptimos, pero conforme ha ido aumentado la cantidad de elementos, se ha conducido al software a un callejón sin salida, habiendo sido ampliamente superado por el hardware. La lógica borrosa es el intento por revolucionar una tecnología en la que la mera dicotomía no es aceptable, pues la realidad responde a principios de complejidad, y no de simplicidad. La complejidad fue analizada teóricamente a final de la década de los 60 por Ludwing VOtl Bertalanffy, estableciendo la Teoría General de Sistemas, e inmediatamente por Ashby, Weinberg, Whyte, Wilson y otros, de forma que en la década de los 70 ya existía un paradigma matemático de la complejidad que luchaba contra el tradicional, máxime cuando Ilya Prigogine fundamentó la Termodinámica de los Procesos Irreversibles, N. Lorenz había formulado su "efecto mariposa", acabando con el determinismo lineal, y dando origen a la nueva disciplina del Caos. Aunque a nadie se le ocurrió enterarse del caos y de las tres ecuaciones de Lorenz en la página 130 del volumen 20 de Journal of the Atmospheric Sciences, un nuevo paradigma con claras aplicaciones a los procesos biológicos y sociales, acababa de nacer. La gran ventaja de escribir para ingenieros, es que no me veo obligado a explicar qué es un sistema y su inherente complejidad como conjunto de elementos interrelacionados, ni qué son sus grados de libertad, y mucho menos las ecuaciones de Lorenz o de la termodinámica de las estructuras disipativas pues si no formará una parte de su bagaje teórico. esta intelectualmente preparado para comprenderlo con sólo leer el original. El objeto es enunciar los fundamentos por los que el paradigma de la linealidad ha sido desbancado teóricamente para las estructuras complejas y las implicaciones que esta nueva realidad tiene en la toma de decisiones. Cuando como ingenieros tratamos con máquinas nada nos obliga a no considerarlas como simples sistemas lineales pues en caso contrario complicaríamos el problema con suposiciones innecesarias. En la nueva realidad. tratar a los sistemas como si fueran máquinas. garantiza el error. Si mi experiencia profesional de casi 35 años tiene algún valor éste es el convencimiento de que la mayoría de mis decisiones han tenido más que ver con sistemas que con máquinas. Crear empresas en el extranjero o implantar equipos de comunicaciones para las autopistas o empresas o celulares para diversos paises - entre ellos el mio - tiene una vertiente sencilla que es la técnica pues para eso nos han preparado, pero otra vertiente realmente complicada, que es la de las interrelaciones personales en el seno de atlas sociedades complejas. Las mismas causas pueden provocar diferentes resultados. en función de las interacciones de las fuerzas implicadas, y el éxito en la complejidad lo determina la formación humanística y el carácter al objeto de integrarse en el medio ampliando sus grados de libertad para conseguir con la mínima violencia el fin propuesto. si la obra se desea duradera. Uno de los casos prácticos actuales puede ser el de la centralización y la descentralización de un sistema. En el paradigma anterior. estos eran términos dicotómicos: si se optaba por la centralización el mecanicismo del paradigma imperante nos obligaba a no consentir la descentralización de decisiones y viceversa. Podemos observar que hasta este siglo el paradigma ha cumplido su función con eficacia: la independencia de las partes era imprescindible para colonizar y explotar los recursos de un mundo inexplorado. lo cual hubiera impedido la ingobernable burocracia de sistema centralizado. No es casual que la característica más destacada de este final de siglo en el que ya no hay territorios que explorar ni explotar exhaustivamente sin graves riesgos de aniquilación del medio (pues ya actúa la realimentación negativa del sistema). sea precisamente la globalización conjuntamente con el aumento de libertad. Europa se integra en la U.E. gracias a que los estados miembros se consideran más libres con esta unión. Delegan poder para aumentar su libertad en un mundo globalizado Esta fortaleza se consigue simultáneamente con la centralización y la descentralización algo inimaginable con el anterior paradigma. En una empresa conforme se van implantando los descentralizadores sistemas informáticos la jerarquización comienza a ser sustituida por las relaciones horizontales pero simultáneamente la politica de la misma se integra por encima de su ubicación en paises diferentes. Ello implica fuertes tensiones en aquellos mandos ávidos de poder o temerosos del ignoto futuro pero ello se considera mero atavismo. Es la hora de descentralizar pero considerando que tan propio del pasado es el deseo centralizador como el de secesión en reacciones propias de una sociedad agonizante que sólo mantienen los que desean permanecer con un paradigma obsoleto. Aquilino Morcillo Crovetto Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
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"Telecos del Tercer Milenio".
Opinión -------------------------------------------------------------------------------- Cemento, hierro y cobre han forjado la infraestructura de la era industrial para que personas y mercancías puedan desplazarse con entera libertad por tierra, mar y aire, mediante una tupida red de estaciones, puertos y aeropuertos; el subsuelo de nuestras ciudades se ha llenado de cobre, facilitando así la intercomunicación telefónica. Desde el comienzo de la revolución industrial, y muy particularmente en la segunda mitad del siglo que ya termina, toda la actividad económica ha venido centrada en la fabricación y consumo de bienes materiales, de los que el automóvil ha sido siempre el rey. Todo este despliegue de materiales ha condicionado en gran medida, no sólo el tipo de nuestras instituciones sino, y lo que es más importante, el perfil de los líderes de estas organizaciones. Las ingenierías industriales y de obras públicas, o si se prefiere de caminos-canales-y-puertos, han aportado un gran número de dirigentes quienes, junto a economistas y hombres de leyes, han ido forjando empresas y partidos políticos. La Sociedad de la Información, o cualquier otro nombre que se le quien dar, va a requerir una infraestructura totalmente distinta a la que hemos venido empleando durante las últimas décadas. El silicio y la fibra óptica parece que serán los materiales con los que construir esas autopistas de la información a través de las cuales viajarán en perfecta armonía, voz, textos e imágenes. Internet es la primera realidad de ese nuevo entorno en el que va a desarrollarse nuestra existencia durante el próximo milenio. Si durante muchos años el nivel de desarrollo de cualquier país podía medirse por los kilómetros de sus autopistas y el número de aeropuertos, en un próximo futuro la conectividad (PCs, teléfonos fijos y móviles, ordenadores, servicios por cable y satélite, servidores, redes, internet, ...) será sin duda alguna el factor condicionante de una sociedad en la que el movimiento de lo inmaterial va a tener supremacía sobre el desplazamiento de lo material. De la era del automóvil vamos a pasar al milenio del infomóvil, en el que los artilugios inteligentes y portátiles serán nuestra conexión con el mundo exterior. Las telecomunicaciones son noticia de portada, inundan las páginas salmón de la prensa diaria y traen en jaque a las bolsas más importantes por las billonarias transacciones que hacen pasar de manos el control de las operadores globales. Y no sólo se trata de fusiones o adquisiciones dentro del sector, sino también de la entrada de empresas de gran relevancia en otros campos. Estas empresas, a pesar de la automatización, se han convertido en generadoras de empleos e impulsoras del crecimiento económico de los países occidentales. Hasta aquí una breve síntesis del telefuturo que nos aguarda, y con la que deberíamos poder dar respuesta a la pregunta clave ¿cuáles serán las profesiones que lideren el tránsito social a lo largo del tercer milenio?. Parecería lógico que los Teleco tuviéramos bastante que decir, pero mucho me temo que nuestro marcado espíritu ingenieril no nos deje pasar del tercer nivel en el organigrama de gobiernos o empresas privadas. A nadie le regalan nada, y es responsabilidad de todos nosotros hacer lo posible para que se nos permita asumir las responsabilidades que nos competen. De una vez por todas hemos de dejar claro que la tecnología tiene cuatro dimensiones, y no una sola, como se nos intenta hacer creer cuando se trata de ubicarnos en funciones técnicas. A esta dimensión hay que añadir las relativas a la aplicación, gestión e impactos. Desde esta nueva perspectiva las cosas cambian, pues no es lo mismo dimensionar, por poner un ejemplo, una red ATM en función del tráfico esperado, que hacerlo teniendo en cuenta las aplicaciones que se van a explotar, la gestión que se va a realizar, y los impactos sociales de todo tipo que su puesta en funcionamiento pudiera conllevar. No se trata de corporativismo, sino de una cuestión de pura solidaridad. Si vamos a vivir rodeados de silicio y fibras ópticas, y somos los profesionales más cualificados sobre ambas materias, justo es que se nos confíe un liderazgo social que hasta ahora se nos ha venido negando. La nueva infraestructura que emplearemos en el tercer milenio, va a exigir una reingeniería social en la que los Telecos tenemos (y debemos) mucho que aportar. El silicio y la fibra óptica ya están poniendo su granito de inteligencia, ahora toca a nuestra profesión poner el suyo. Luis Arroyo Galán Doctor Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
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De Román a Akio, unas ideas sobre la innovación tecnológica
Opinión De Román a Akio, unas ideas sobre la innovación tecnológica -------------------------------------------------------------------------------- ROMÁN.- Inventen, pues, ellos, y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones. Pues confío y espero en que estarás convencido, como yo lo estoy, de que la luz eléctrica alumbra aquí tan bien como allí donde se inventó. (Miguel de Unamuno. El pórtico del templo. Salamanca, julio de 1906). Los más de noventa años transcurridos desde que Román dijera por primera vez esta sentencia, tantas y tantas veces parcialmente repetida con las más diversas intenciones, han sido testigos de la dificultad con que los economistas y políticos han entendido, si es que ya lo han conseguido, las consecuencias económicas del conocimiento científico. No se sabrá nunca si esta frase de D. Miguel fue escrita desde un desprecio por el valor de la tecnología, que ciertamente lo colocaba muy por detrás del de la ciencia, o desde una admiración por las consecuencias de la aplicación de aquella, acompañada, eso sí, de la ignorancia de la dificultades que entraña el aprovechamiento del cambio tecnológico. Al aprovechamiento del cambio tecnológico se le llama hoy innovación tecnológica. Se trata del proceso que permite convertir en riqueza el conocimiento científico. Para ello este conocimiento debe ser utilizado para crear, comprender o mejorar las técnicas, es decir las maneras de utilizar recursos materiales o humanos para hacer cosas útiles. Una técnica entendida y conservada o mejorada gracias al conocimiento científico es una tecnología. Lo que con toda seguridad D. Miguel no preveía era que los años venideros del siglo verían como las tecnologías irían cambiando a un ritmo cada vez más creciente y que permitirían idear y materializar artefactos que serían más baratos o más útiles. Tampoco debió prever que las sociedades capaces de controlar este proceso serían las que mejores niveles de bienestar alcanzarían y, seguramente tampoco, que conseguir que la "la luz eléctrica" siguiera alumbrando igual de bien que en cualquier otra parte iba a ser, desde el punto de vista económico y social, mucho más difícil que inventarla. La dedicación de recursos a lo que hoy se denomina el sistema científico y tecnológico ha sido siempre una garantía de activación de la capacidad de creación de ciencia. Por su propia estructura social, el colectivo investigador premia la excelencia y reacciona con eficacia a la inyección de recursos. España es uno de los últimos ejemplos, pero no el único. Después de más de una década de que el país se aplicara con constancia a cuidar su sistema científico, la producción científica española ha alcanzado, por peseta gastada, una calidad y una cantidad homologable con la de los países más eficaces de nuestro entorno. Desgraciadamente, las consecuencias económicas de esta mejora científica son mucho menos evidentes para España. La mejora de la ciencia es necesaria pero no suficiente, y no se traduce automáticamente en innovación tecnológica, es decir en crecimiento económico. Para que exista innovación tecnológica es necesario que la sociedad tenga la habilidad de detectar y aprovechar las oportunidades que ofrece la tecnología continuamente cambiante, para conseguir productos u ofrecer servicios con mejores prestaciones o con menores costes, creadores por lo tanto de mayor valor. Si bien es la empresa la que debe asumir el mayor peso del proceso y, especialmente, de sus últimas etapas, su entorno debe implicarse en él. Cuando un país decide recurrir a la innovación tecnológica como fuente significativa de creación de su riqueza, debe poder contar con la eficacia de lo que se ha denominado un sistema nacional de innovación. En este sistema interactúan muy diversos elementos, que deben alcanzar unas estructuras que les hagan aptos para este fin. Por esto los cambios estructurales son los que finalmente hacen posible la incorporación al club de los países innovadores, que coincide con el de los evolución económica más sana. El elemento fundamental del sistema de innovación es el tejido empresarial que debe tener un alto potencial tecnológico, recurrir a la tecnología como uno de los pilares de sus estrategias y dominar técnicas para la gestión de su tecnología. Entonces, el tejido productivo es capaz de traducir en términos de negocio las ventajas que le va ofreciendo el cambio tecnológico. La empresa española está haciendo frente con cierto éxito a este cambio estructural, que se puede medir en la excelente tasa de crecimiento de las exportaciones de productos de alta tecnología, pero está todavía lejos de una situación confortable. La calidad de nuestro sistema científico no se ve acompañada por la de sus trabajos de difusión de sus logros y conocimientos a las empresas. En este caso, el cambio estructural debe hacer más rentable para el investigador su dedicación a los problemas de las empresas, debe incorporar a su gestión técnicas que sean más fáciles de entender por el empresario, el cual debe alcanzar en esta nueva estructura la indiscutible condición de cliente. Un tercer elemento son las administraciones, en tanto que emisoras de normativa y canalizadoras de fondos a las actividades de indiscutible interés público. En ambos casos, es necesaria una nueva capacidad que permita evaluar el potencial y los diferentes caminos a través de los cuales la tecnología contribuye directa o indirectamente a la eficacia de las políticas. La dimensión tecnológica de políticas tan tradicionales como las de sanidad, defensa o educación o de otras más modernas, como las de medioambiente, de seguridad viaria, o de calidad de la alimentación tiene consecuencias no sólo para las propias políticas sino para el sano estímulo de la innovación tecnológica. Es un nuevo enfoque de la forma de hacer política, que demanda adaptaciones de fondo de nuestra estructura administrativa. Pero no menos necesario es adecuar el sistema financiero español a los instrumentos que se han demostrado aptos para compartir los riesgos, cualitativa y cuantitativamente altos, que caracterizan a los procesos empresariales de innovación. Pero esto tampoco se logrará sin un cambio en la cultura empresarial, que haga posible la presencia del capital riesgo en los fondos propios de las empresas, y sin una modificación del comportamiento del inversor, que le induzca a aportar este tipo de capital, que busca alta rentabilidad a cambio de aceptar importantes riesgos, y a participar en segundos mercados, que faciliten las desinversiones. El sistema educativo, que sin duda ha experimentado cambios importantes, no ha resuelto todavía la formación profesional y existen dudas razonables sobre la idoneidad de nuestras enseñanzas universitarias a las exigencias de la innovación. La mejora de los resultados de la investigación científica ha puesto de evidencia la distancia que nos separa todavía de los países que aprovechan el cambio tecnológico para mucho más que para aumentar su bienestar. Basar el crecimiento económico en él es la decisión más acertada que pueden tomar las sociedades avanzadas y seguramente la única que será sostenible en un próximo futuro. La verdadera modernización de España pasa por cambios estructurales que induzcan y faciliten la innovación tecnológica en todos los sectores productivos, pero especialmente en el de los servicios, que es en el que deberemos incrementar la competitividad para mantener el atractivo de nuestro mercado y la productividad para asegurar el nivel salarial que posibilita una economía desarrollada. Y en este particular aspecto juegan un transcendente papel las Tecnologías de la Información, capaces de repetir sobre el trabajo intelectual, lo que hicieron sobre el trabajo manual las tecnologías que sustentaron las dos revoluciones industriales. Es este sin duda un relevante reto al que nos enfrentamos los profesionales de estas tecnologías. Hemos sido testigos privilegiados, sino partícipes, de su creación y de su espectacular adopción por extensas capas de la sociedad, pero sabemos que su potencial está muy lejos de agotarse. Pero esta nueva fase de su extensión precisará de nuevos conceptos de aplicación, mas sutiles y más alejados de nuestro cuerpo de conocimiento. Deberemos vigilar aquellas actividades humanas que se nos acercan atraídas por el menor coste y la mayor robustez de las nuevas aplicaciones y ofrecerles soluciones a problemas que todavía no plantean, pero para ello será preciso dotarnos de metodologías que difícilmente crearemos sin una estrecha relación con los futuros usuarios. Akio Morita, al contrario de Román, advierte que se "puede tener una excelente tecnología y no saber cómo darle valor" (Akio Morita, Made in Japan, Tokio, 1986) Juan Mulet Meliá
30 oct 2015
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Información y evolución
Opinión Información y evolución -------------------------------------------------------------------------------- La información es el objeto de nuestra actividad como ingenieros de telecomunicación, que podíamos resumir como la habilidad para su manejo y transporte. ¿Qué otra cosa telecomunicamos sino información? Con la digitalización de la señal a todos los niveles, ya no hay duda alguna de que optimar el transporte de bits por los canales adecuados constituye nuestro núcleo profesional. En la pasada época industrial, los ingenieros de esa especialidad eran conscientes, como lo siguen siendo hoy, que la energía constituía su área de actividad, y con el término energía se engloban tanto los procesos industriales que transformaron la milenaria sociedad agrícola en industrial, como biológicos de equilibrio energético en ecología, de tan actualidad en el presente. No creo que los ingenieros de telecomunicación sean conscientes de la revolución de paradigma y el cambio cultural de época que se está produciendo alrededor de la información. He oído incluso decir, en nuestra Escuela, el craso error de que la teoría matemática de la información de Shannon ya no tiene nada nuevo que aportar, pues desde su formulación en 1948 se cerró en sí misma. Cuenta Myron Tribus, que al preguntarle a Shannon en 1961 sobre los orígenes de la denominación de la medida de la información, su mayor preocupación fue precisamente darle nombre. Si bien pensó primero en llamarla información, palabra demasiado generalizada, decidió denominarla incertidumbre, pero Von Neumann le dió una mejor idea. "Deberías llamarla entropía, por dos razones: es una función de incertidumbre, que como tal se usa en mecánica estadística, pero lo más importante es que nadie sabe lo que es la entropía, por lo que siempre llevarás ventaja en un debate". Realmente, la entropía de Clausius (definida en 1864) siempre ha estado rodeada por un halo de misterio, como de hecho ocurre con la entropía informativa, o diferencia entre dos incertidumbres tal que revela el grado de información sobre un hecho. Lo interesante es que entropía proviene de una palabra griega que significa evolución, en la que el tiempo representa el factor determinante, y los nuevos paradigmas científicos realzan el papel del tiempo y de la información en los acontecimientos evolutivos. La diferencia básica del cambio de paradigma está ligada a la dispar interpretación del concepto de entropía. Desde el punto de vista termodinámico, la energía se degrada aumentándose la entropía, según una dirección que determina el transcurso del tiempo. La nuaturaleza, según esta visión, sólo puede tender a su muerte térmica o desorden caótico, a no ser que se insuflen al sistema potentes flujos de energía. Esta visión generó teorías como el materialismo dialéctico, en las que los sistemas sociales necesitaban fuertes dosis de fuerza para mantenerse estables, ya que si se dejaban a su aire se volvían caóticos. El origen de la vida se convertía en un hecho tan excepcional que la teoría de la panspermia servía para situarla más allá de nuestro sistema solar, para justificar lo inexplicable. La evidencia, sin embargo, presentaba otra cara. Conforme se encontraban más fósiles, era incuestionable que los seres vivos adquirían cada vez más complejas estructuras con el transcurso del tiempo, y si el caos era el origen, se manifestaba como una potente fuerza creadora, y la naturaleza, dejada a su aire, tiende a la complejidad, lo que indica unas estructuras con cada vez mayor caudal informativo. Como ya expliqué en un anterior artículo, Shannon definiendo la información, Prigogine estableciendo la importancia de la flecha del tiempo en las estructuras lejos del equilibrio que determinaban la evolución en complejidad por la termodinámica de los procesos irreversibles, y Lorenz con su teoría del caos como elemento creador, han cambiado totalmente el viejo paradigma científico determinista. Aún queda el escollo de que la información, entendida como incertidumbre, requiere la existencia de la mente humana, y hay quien desea objetivar el proceso sin necesidad del observador (condición que no se aplica en la mecánica cuántica para definir el principio del indeterminismo de Heinsenberg). Pero el nuevo consenso parece próximo. Veamos en que nos afecta esta nueva visión. En los libros de Biología, ya es común definir el código genético de una especie en términos de bits, pues una cadena de pares de nucleótidos de ADN por célula haploide, tienen una secuencia que para desordenar totalmente sería necesario un número de decisiones expresables en bits de información. De hecho, Carl Sagan en su libro "Los Dragones del Edén" (premio Pulitzer en 1978), reproduce en un gráfico los datos de Britten y Davidson por los que se expresa en bits el aumento de información del ADN con el tiempo de estructuras vivas tales como virus, bacterias, algas unicelulares, protozoos, celentéreos, anfibios, reptiles y humanos. Acabada la evolución celular, comienza la cerebral, según se muestra en anfibios, reptiles, mamíferos y humanos. Teniendo en cuenta que el cerebro humano siguió creciendo hasta alcanzar una vía sin salida en el Neanderthal, y que el Homo sapiens sobrevivió gracias al uso del lenguaje, puede seguirse este proceso matemáticamente. Los centímetros cúbicos de capacidad del cráneo se obtienen por paleoantropología, y el número de palabras del lenguaje por extrapolación matemática de los datos existentes, según trabajos que he realizado. Es obvio que si en la actualidad existen 100.000 millones de neuronas en un cerebro de 1.500 c.c., su capacidad de sinapsis interneuronal puede medirse en bits. Se estima, que la apreciación de nuestra memoria puede oscilar entre 1012 a 1015 bits (una gran biblioteca pública puede tener almacenados libros con 1013 bits), aunque nuestra capacidad de asimilar información no sobrepasa los 25 bits/seg., lo que nos limita en una vida de 70 años a no poder almacenar más que unos 3x 109 bits. La naturaleza nos ha sobredimensionado, preparándonos para el futuro. En 1995 el planeta tenía 5.627 millones de habitantes, y teniendo en cuenta que la capacidad de almacenamiento de información de cada uno de ellos es de 1015 bits, el actual potencial de información de la humanidad es de 5,6 x 1024 bits. (Brillouin estimó que el límite es de 1038 bits por segundo). Sorprendentemente, esta información está alineada con la obtenida por la evolución genética y cerebral, según se puede observar en el Gráfico. Puesto que la población humana alcanzó su punto de inflexión hace ya dos décadas, la única posibilidad de que el potencial informativo siga creciendo nos lo ofrecen la masiva utilización de las máquinas informativas por la humanidad, que constituyen el fundamento de la nueva sociedad de la información o del conocimiento en la que estamos inmersos como protagonistas. De seguir la Ley de Moore, en el año 2018 se habrá superado la capacidad de almacenamiento de 1014 elementos por chip, lo que constituye la próxima barrera física a vencer, en los límites de la materia, pues la información es un recurso inacabable. Nuestra misión profesional es ponerlo a disposición de la humanidad. Aquilino Morcillo Crovetto Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
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La tecnología y su evolución, ante la demanda social
Opinión La tecnología y su evolución, ante la demanda social -------------------------------------------------------------------------------- Con motivo de haber tenido el honor de recibir la medalla de oro al Mérito de la Telecomunicación, he recordado mis comienzos en la profesión y dada mi afición a la historia, he seguido el paso del tiempo hasta llegar a comparar la situación de la telecomunicación ahora y entonces Y lo he llevado a cabo bajo la idea, que he planteado en mis trabajos históricos, de que el factor que siempre ha dado lugar a la evolución de las comunicaciones ha sido la existencia de una necesidad o exigencia en la sociedad. En los años cincuenta, la telegrafía era el sistema de comunicación de las empresas, especialmente en el servicio internacional. En el caso de España, desde hacía veinte años, competían en ese servicio, además de la Administración española a través de sus líneas terrestres con Portugal y Francia y del cable submarino de Vigo, las compañías Transradio Española y Compañía Internacional de Radio Española. La primera con los cables submarinos de Bilbao y los enlaces radioeléctricos en ondas decamétricas con los países europeos y americanos. En Europa los corresponsales eran los propios PTT y en América los asociados a RCA. Por su parte Ciresa disponía de enlaces radioeléctricos con las Compañías asociadas a Mackay Radio y All América, de ITT, en los países americanos. Ambas empresas competían también en el tráfico de telegramas con los barcos. Además participaba en el mercado del tráfico telegráfico internacional, la sociedad italiana Italcable, a través de sus amarres de cable submarino en Barcelona, Málaga y Las Palmas, por medio de los cuáles cursaba tráfico a Roma, Nueva York, Amberes y a los países sudamericanos. La competencia entre aquellas compañías era muy fuerte, si bien adaptada a la época y a su clientela empresarial, no se realizaban campañas de prensa ni de radio, sino que actuaban a través de agentes comerciales y existían campañas estacionales y localizadas, por ejemplo la zafra del aceite en Andalucía, la exportación de cítricos en Levante y la de frutos secos en Tarragona. Esos agentes comerciales ofrecían facilidades para aceptación y entrega por teléfono de los telegramas, atenciones a conserjes de hoteles y casinos etc. y en algún caso se garantizaba la entrega en un plazo de quince minutos. En el aspecto de las relaciones con los corresponsales en los países extranjeros, no todos los acuerdos de tráfico eran iguales, por lo que se establecían estrategias para distribuir el tráfico a lo largo del mes de la forma más conveniente, teniendo a la vez en cuenta de que operador era cliente el destinatario de los telegramas. En ese momento inicié yo mi actividad profesional y recuerdo como comentaba, que se estaban haciendo grandes inversiones en equipos, para recibir los telegramas en segundos desde Nueva York y que se los daban a un niño para que los llevara en el tranvía. No quiero decir que fuera yo el inductor, pero lo cierto es, que se adoptaron otros procedimientos de reparto, primero en bicicleta y después en motocicleta, así como la aceptación y entrega por teléfono y fax. La competencia llego a estar más en las facilidades y rapidez en la recogida y reparto de los telegramas, que en el curso del tráfico, que por otra parte desde la implantación de los teletipos no tenía problemas. Es muy parecida esta situación a la actual de los operadores de telefonía fija y móvil que basan su competencia no solo en los precios, sino también en la atención al cliente en los servicios de ventanilla única, en las facilidades de prepago, etc. Al finalizar la II Guerra Mundial existían en los "surplus" de los ejércitos aliados gran cantidad de teletipos, que en algunos países se comercializaron a bajo precio, especialmente en comercios, que establecieron, con líneas alquiladas, servicios de comprobación de pago con tarjetas de crédito En los años cincuenta, las redes telefónicas no estaban aún automatizadas en los servicios interurbano e internacional y posiblemente como consecuencia de ese hábito de utilizar un medio barato, rápido y con la ventaja frente al teléfono de la constancia de los datos de la comunicación, surgió un servicio telegráfico automático paralelo al telefónico, denominado Telex. Para establecer la red correspondiente se instalaron centrales automáticas nacionales e internacionales, que en un principio se basaban en la misma tecnología que las telefónicas, hasta el punto de que se marcaba con disco, posteriormente se adaptaron para poder hacerlo mediante el teclado del propio teletipo. A nivel internacional las Compañías de Comunicaciones Internacionales, establecieron sus propios circuitos, con sistemas de multiplexación con corrección de errores, con objeto de evitar la necesidad de repetición, a costa del usuario, para corregir el error. También instalaron sus propias centrales de conmutación conectadas a las redes nacionales por sistemas manuales o semiautomáticos. No cabe duda de que la razón de ser del Telex fue la necesidad, en los medios empresariales, de una comunicación rápida, directa entre usuarios y con información en forma escrita. Las redes telefónicas, por su parte, siguieron evolucionando y en la década de los setenta empezaron a automatizarse, llegando a hacer posible la conexión automática directa entre cualesquiera dos abonados. Se había conseguido lo mismo que el Telex; pero sin información en forma escrita y para aprovechar esa facilidad de rapidez y accesibilidad mundial, se recurrió al Fax. El facsímil fue uno de los primeros intentos, en el siglo XIX, para lograr un telégrafo con impresión; intento que se abandono y que subsistió solamente para información meteorológica y fotografías de prensa. Pues bien, el Fax conectado a la línea telefónica, permitía enviar documentos a cualquier parte del mundo, y como lo que se perseguía era la rapidez, no se espera a escribir a máquina los documentos cortos, sobre todo las portadas, y se recurre al manuscrito. Es interesante estudiar a través de los datos de las Memorias de la Compañía Telefónica y de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones, como el tráfico telefónico internacional de la primera aumenta prácticamente en la misma proporción en que disminuye el tráfico telegráfico internacional. Así hasta 1966 son semejantes las pendientes de las curvas de evolución de los productos por tráfico telefónico total, de los obtenidos por el tráfico telefónico internacional y de los procedentes de los telegramas internacionales. Sin embargo a partir de 1966, en que empiezan a descender los productos de los telegramas internacionales, la curva de productos por tráfico internacional telefónico experimenta un incremento en la pendiente equivalente al descenso del de tráfico telegráfico. Creo que aunque simplista es una comprobación del tránsito de la telegrafía hacia la telefonía Simultáneamente con el Fax, surgen también en la década de los setenta las primeras redes de transmisión de datos, como servicio más especializado hacia actividades empresariales, y sobre todo para conectar entre sí equipos informáticos de gran capacidad de proceso o de actuación automática, para los que ni el Telex ni el Fax eran adecuados. Pero no deja de ser interesante mencionar que, esa facilidad y aparente rapidez del Fax puede que halla retrasado el correo electrónico ya que era y es habitual, transmitir por él, documentos extraídos de la impresora del ordenador. Tanto la red telefónica conmutada, como las redes de datos, llegaron a ser de alcance mundial gracias a las recomendaciones de los Comités Consultivos Internacionales de la UIT, que especificaron las características técnicas de los enlaces para hacer posible esa conexión inmediata y automática. Actualmente la oferta de los operadores en competencia esta basada en una especialización de usuarios buscando nichos de mercado, en empresas de diferentes tamaños y en la publicidad hacia el gran público. En pocos casos se hace referencia a la tecnología que utilizan, ni siquiera a los servicios, que como en mis comienzos se negocian con los usuarios, ofreciendo ventajas y facilidades especiales. Actualmente se ha expandido el ámbito de utilización de las comunicaciones, es muy posible que como consecuencia de la de los móviles, que empezaron siendo de élite y en este momento puede que sean los más populares y por otra parte ha aparecido un nuevo tipo de información a transmitir, ya no de mensajes escritos o de conferencias verbales, sino de contenidos gráficos y documentales. En esta situación, se tiende nuevamente a una red universal en la que cualquier usuario pueda alcanzar a cualquier otro proveedor o usuario, como es Internet. Pero esta red ha surgido sola, sin especificaciones, ni acuerdos de tráfico ni regulación, sin embargo los usuarios han puesto de manifiesto su utilidad y la tecnología está desarrollando procedimientos como los protocolos de voz sobre IP que hagan posible también la telefonía a través de ella. Si esto llega a ser así tendremos que por primera vez se conseguirá una red única para todo tipo de información de voz, datos e imágenes; pero, sin embargo, diversa en cuanto a constitución y competitividad como aquellas compañías telegráficas internacionales. José María Romeo lópez Doctor Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015