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Los que tienen que servir
Los que tienen que servir que González Sabat, D. Julio, flamante Director General de Electrónica e Informática tuvo un curioso lapsus, si asi cabe llamarlo, con ocasión del festejo organizado por los compañeros de Actualidad Electrónica. Amén de otras cuestiones, el Sr. Director General se hartó de decirles a los Sres. empresarios dibles, lo necesarios y suficientes que son los empresarios para el logro de los objetivos que nuestro sector tiene marcados con el Horizonte 92, PEIN II incluido. Y de los técnicos, que allí habla algunos a los que se premiaba por hacer realmente el producto, no dijo ni Pamplona. La anécdota habida cuenta del carácter mayo rit aria mente empresarial del audi como reflejo involuntario de un problema menos anecdótico, que afecta al sector, y puede cue al país en su conjunto y es que se sigue negando el protagonis r más, a los irreductiblemente técnicos. Los foros y los medios de comunicación sectoriales, repletos como están de marketing tecnológico y ABCs de gestión, no hacen concesiones a la hipotética visión diferencial que puedan tener los técnicos que quieren seguir siendo técnicos, y esto es contradicción con la buena imagen social que este tipo de profesionales se ha do haciendo en una sociedad que se pretende moderna. Podría entenderse que alguna relación hay entre esta desconsideración básica de los técnicos —ponerlos en su justo sitio— y el cambio brutal en las culturas empresariales que ha supuesto la entrada masiva en tres o cuatro años de nuevas generaciones de técnicos, en empresas hasta entonces poco menos que artesanas. Al cabo, la prevista proletarizado de la ingeniería se ha venido a cumplir no tanto en términos económicos estrictos como en el cambio de las actitudes profesionales. Habrá diversidad de opiniones a la hora de valorar la virtual extinción de la especie del ingeniero modelo, identificado con su trabajo en cuerpo y alma, con tintes incluso masoquistas. En esta relación se han ido entremezclando las consideraciones monetarias y la buena coyuntura del mercado de trabajo, con el resultado final que los empleadores, conservadores en la forma de abordar las relaciones laborales, como si nada hubiera cambiado, ven cómo la movilidad laboral les retrasa los proyectos, se les limitan las posibilidades de expansión i por falta de técnicos que contratar, y les enrarece el ambiente de trabajo con pretensiones insospechadas. Y recuérdese o tómese nota, la escasez de técnicos puede ser absoluta poca oferta de la producción de las Universidades en relación a la demanda del mercado pero también relativa una parte de las tensiones en el mercado de trabajo están provocadas por el tradicional desinterés de los empleadores por las condiciones de trabajo, no los salarios, no la seguridad en el empleo, sino cuestiones como el riesgo que son capaces de asumir las empresas, la proverbial racanería en la formación, o el abismo flagrante entre lo que podría hacerse y lo que los genuinos gestores consiguen hacer finalmente. Pero más allá de esto reaparece un problema de alcance más general, y que incluso se infiltra en la ideología de los perjudicados el consabido menosprecio de las funciones técnicas frente a las de gestión. Posiblemente puede alegarse que no es preciso andar recondando a cada momento los méritos de los que trabajan tras las cámaras. Pero no deja de ser cierto que las escalas de valores con las que se opera y por qué no decirlo, se paga en la práctica están muy polarizados a favor de la gestión. No otro esquema se aplica cuando muchos ejecutivos se lamentan de la falta de materias de gestión en los planes de estudios de las Escuelas Técnicas. Las anteojeras del técnico siempre se han visto como una limitación mientras la superficialidad del gestor seria consecuencia de una necesaria visión global. Y, de hecho, la forma normal de promoción profesional instaurada en las empresas la única promoción salarial viene a ser una dinámica de pe rae ion de las funciones técnicas por las funciones de gestión, renunciar a las labores de ingeniería para asumir responsabilidades. Existen, al menos en este país, demasiados techos para las funciones puramente técnicas. Hoy como siempre, ley de vida, sigue surgiendo el momento de la verdad en que el técnico de medio pelo decide que no es cuestión de quedarse a técnico de medio pelo de por vida. Algunos escrúpulos técnicos se deben dejar ir junto con esa decisión y, afortunadamente para el país, muchos no valen y otros muchos no pasan de coquetear con los folletos anunciadores de cursos de Master en gestión. En cualquier caso queda una brecha establecida entre la figura del empresario gestor como agente que maneja recursos, y el técnico subalterno como recurso que es gestionado. Si esta es la disyuntiva que se ofrece, hay que remarcar que procede siempre redescubrir urgentemente el discreto encanto del empresario innovador y competitivo serían más útiles si no llevase consigo la mistificación de cubrir indiscriminadamente con el mismo paraguas a los cientos de ejecutivos que hay en el sector, sin distinguir el riesgo que asume cada cual, sea cual, sea en una tecnoestructura I.N.l. con todos los respetos para las tecnoestructuras, sea en una empresa bajo el abrigo protecto del Estado, o incluso el riesgo de ganar dinero con la mayor empresa del país. Aunque dado que el Director General ha emitido por adelantado su veredicto sobre el caso, no queda más que unirse al sálvese quien pueda de la Técnica pura y dura. Y luego que vengan hablando de la escasez de técnicos.
30 oct 2015