Artículo BIT
"Resetear" nuestra sociedad
87.2.- EDITORIAL “Resetear” nuestra sociedad. Quisiéramos llamar la atención sobre el actual espíritu de crispación e incertidumbre política tras el 12-J que, a nuestro juicio, domina la vida pública española, y la desconfianza entre los grandes grupos de intereses: políticos, trabajadores y empresarios. En los momentos actuales, parece difícil sostener que gobierno, oposición, sindicatos, empresarios y nuestra sociedad en general, estemos todos en el mismo barco, ése que constituiría nuestro país y la defensa de sus intereses. De estarlo, da la impresión de que cada uno reme en direcciones diferentes. Puestos los miembros de nuestras Juntas a reflexionar conjuntamente sobre el marco nacional en el que actualmente se desenvuelve nuestra vida pública, nuestra situación se nos torna en realmente desalentadora. ¿Puede salir adelante un país en el que los estamentos más significativos y vitales desconfían unos de otros tanto como sucede en España? ¿Puede evolucionar positivamente una sociedad en la que los políticos no creen en las capacidades de sus propios empresarios, éstos y aquéllos afirman que las organizaciones sindicales son una rémora para el progreso, y todos que la mayoría de nuestros políticos están corruptos, y son culpables de la “cultura del pelotazo” y de la crisis en que estamos inmersos? Independientemente de existan o no fundamentos para que unos y otros piensen así, ¿podemos pensar en entendernos en medio de este ambiente de desconfianza mutua como el que nos rodea? En términos electrónicos, tendríamos que “resetear” nuestro país y retomar la confianza de unos en otros. Un país sin tejido industrial propio, sin organizaciones modernas que defiendan los intereses de los trabajadores, y sin unos profesionales dedicados a la “res pública” que merezcan el respeto y la confianza de todos, difícilmente logrará vencer los importantes retos que el competitivo mundo en que nos movemos impone a sociedades como la nuestra. No se trata de un problema de ideologías. Se trata más bien de una incapacidad secular de tener fe en nuestras propias potencialidades, de buscar fuera lo que bien podríamos confiar a nuestra propia sociedad. Algo que, aunque de carácter histórico, debemos cambiar ya. Este es el auténtico cambio al que estamos llamados.
30 oct 2015