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Artículo BIT
Ante la convocatoria de elecciones generales
80.- EDITORIAL Ante la convocatoria de las elecciones generales. La convocatoria de las elecciones generales nos debe brindar la oportunidad de conocer las propuestas de quienes aspiran a ser los máximos rectores del sector de las tecnologías de la información y, más en concreto, de nuestras telecomunicaciones. Los ingenieros de telecomunicación confiamos y deseamos que nuestros políticos sean capaces de exponerlas durante la campaña electoral que pronto empezará, donde la incertidumbre del resultado final debe contribuir a elevar el tono de un debate que en pasadas convocatorias no ha estado a la altura de lo que este sector merece. Las telecomunicaciones, en la encrucijada. Aceptado que el proceso de liberalización de las telecomunicaciones es una realidad incuestionable, la experiencia internacional demuestra que existen distintos modos de afrontarlo, y, en consecuencia, muchas preguntas en el aire. ¿Qué modelo de liberalización defiende cada partido político? ¿Qué rango administrativo debe tener el órgano encargado de ejecutar la política nacional de telecomunicaciones que se establezca? ¿De Dirección General? ¿De Secretaría de Estado? ¿De Ministerio? La LOT y el contrato entre el Estado y Telefónica son los instrumentos reguladores más importantes, pero ¿son adecuados? ¿Qué previsiones se tienen sobre el desarrollo reglamentario? ¿Cómo se aseguran los compromisos de nuestro primer operador? ¿Es suficiente el actual PNT como instrumento de planificación estratégica de nuestras telecomunicaciones? ¿Debe corregirse en algún sentido? En definitiva, ¿cuál va a ser la naturaleza y el calendario de los principales hitos del proceso de liberalización propuesto por cada partido político? En cualquier caso, preguntas que los profesionales no querríamos dejar sin respuesta antes de ir a votar. Retevisión, Hispasat, Televisión por cable, TV de baja potencia… son actuaciones concretas de la articulación de los agentes y desarrollo de nuevos servicios que merecerían una respuesta política de quienes desean llevar las riendas de un sector que todos definimos como estratégico para este país. Nuestra industria, en crisis. Cualquiera que sea el resultado electoral, sea quien sea quien gane las elecciones, deberá tomar, por agotamiento del actual, otro modelo económico que mejore el estado general de nuestra industria y logre una evolución positiva del empleo. Pero ante algo tan evidente como esto, surgen muchas preguntas. ¿Qué modelo propone cada partido político? ¿Cómo se van a enfrentar cada uno de ellos con la crisis económica? ¿Qué medidas se tomarán en la lucha contra el desempleo? ¿Se continuará solucionando todo vía medidas macroeconómicas? ¿Qué preocupación existe hacia la situación por la que atraviesan nuestras balanzas tecnológica e industrial? ¿Qué se hará para mejorarlas? ¿Piensan, en fin, los partidos políticos utilizar el poder adquisitivo del Estado para potenciar nuestra industria? ¿Se planificarán, por fin, las compras públicas? ¿Qué van a hacer, en definitiva, los partidos políticos, que no sea únicamente esas medidas de apoyo horizontal que se han demostrado insuficientes, para mejorar la competitividad de nuestras empresas? Muchas preguntas, cuya contestación demostrará el talante de los partidos a la hora de enfrentarse con el futuro de nuestra industria, a la que se tiene que sacar de su estado actual, pues un país, al final, no es sino la suma de las capacidades de sus empresas.
30 oct 2015
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Instrumentos reguladores y papel del primer operador
81.- EDITORIAL Instrumentos reguladores y papel del primer operador. En el editorial anterior, BIT dirigió a los partidos políticos que concurrían a las elecciones generales, un conjunto de preguntas claves sobre la política de telecomunicaciones y la política industrial en el sector de tecnologías de la información. Los programas electorales y el debate preelectoral que promovimos desde el COIT y la AEIT –al que asistieron representantes del PSOE, PP, IU y CDS- no han servido para obtener respuesta a las preguntas planteadas. Una vez conocido el resultado electoral, las juntas del COIT y la AEIT se sienten en la obligación de hacer públicas sus respuestas a través de sucesivos editoriales. Comenzaremos planteando nuestra posición sobre tres temas concretos: el modelo de liberación, los instrumentos reguladores y el papel del primer operador. Somos partidarios de un proceso controlado de liberalización, que tenga en cuenta la posición de nuestro principal operador, pero que, al mismo tiempo, considere los intereses y posibilidades de desarrollo de los demás agentes económicos y sociales. Que garantice el acceso y uso de los servicios básicos en las regiones de menor renta, pero que permita el desarrollo de los nuevos servicios. Somos partidarios de acelerar el proceso de adecuación de las tarifas a los costes y de la paulatina introducción de la competencia en los servicios portadores. Es necesario avanzar decididamente en la separación de las funciones de regulación y explotación. El órgano regulador debe tener rango de Secretaría de Estado, de manera que aparezca diferenciado de las infraestructuras de transportes que por su volumen tienden a ocultar a las telecomunicaciones. Debe dotársele de los medios materiales y humanos suficientes para asegurar su autonomía. Sin duda, serán necesarias nuevas modificaciones de la LOT para adecuarlas a las directivas comunitarias. Que la ley sea periódicamente revisada por el Parlamento no tiene demasiados inconvenientes y, en cambio, es una manera de acercar las telecomunicaciones a la clase política. Con todo, queda pendiente dotar al desarrollo reglamentario de un calendario preciso que proporcione un horizonte estable y transparente a todos los agentes involucrados. Es necesario iniciar el proceso de revisión del contrato del Estado con Telefónica, evitando negociaciones apresuradas de última hora. El tratamiento de algunos temas –véase, por ejemplo, el alquiler de circuitos- que están en franca contradicción con las actuales tendencias. Existe el peligro de que se conviertan en un cuello de botella que dificulte el desarrollo armónico de nuestras telecomunicaciones. Saludamos los recientes éxitos de gestión y expansión internacional de nuestro primer operador. Asimismo, nos congratulamos de que se cierre la etapa de inversiones “espamódicas” de los últimos años que ha tenido que abordar el actual equipo rector de Telefónica, como consecuencia de los errores cometidos durante el quinquenio 1983-1988. En estas condiciones, ya no hay excusas para involucrarse en un proceso concentrado de adecuación al nuevo ambiente liberalizador. Es obvio que Telefónica es nuestro principal activo en telecomunicaciones. Por tanto, debe ser apoyada para que salga, si cabe, más fortalecida de este proceso. Pero este apoyo debe estar condicionado a la mejora y transparencia en su gestión y al cumplimiento riguroso de sus compromisos. La extensión del servicio telefónico a zonas geográficas no rentables desde el punto de vista económico, es una cuestión de solidaridad y por tanto, una cuestión política. Es responsabilidad de los poderes públicos buscar fórmulas de financiación de las inversiones y de los déficits de explotación que no distorsionen la gestión del operador. Es urgente dar pasos significativos en la adecuación de las tarifas a los costes. Somos conscientes de la dificultad del problema, fundamentalmente por la correcta asignación de costes en la red y la poca viabilidad a corto plazo de establecer criterios directos de mercado para los servicios básicos, aunque estos mecanismos serán inevitables a medio plazo. En cualquier caso, habría que separar nítidamente los distintos componentes de las tarifas –limitando su dependencia del IPC y buscando otras fórmulas de amortización de la red. En definitiva, el Gobierno debe exigir a Telefónica un plan de empresa con hitos claramente identificables.
30 oct 2015
Artículo BIT
1998
82.- EDITORIAL 1998 Continuamos la línea iniciada en nuestro anterior editorial para dar respuesta a las cuestiones planteadas a los partidos políticos, en la confianza de que el nuevo Gobierno las haga suyas. Si a este país le queda alguna apuesta en el área de telecomunicaciones, está relacionada con la creación de un segundo operador, capaz de dar servicios portadores. A la vista de la prevista liberalización de los servicios de voz en alguna fecha entre el 1 de Enero de 1998 y el 1 de Enero de 2003, si se quiere controlar dicho proceso, tendrá que ser abordado de inmediato. Si decidimos esto, es porque creemos que debería ser el Estado quien tomara la iniciativa y liderara el proceso de creación para poder controlarlo, teniendo en cuenta los intereses del operador tradicional y aprovechando las infraestructuras ya existentes para no dispersar las inversiones. Estamos hablando de apoyarse en las redes de Correos, Retevisión, Hispasat, Compañías Eléctricas, etc. Legalmente, las bases están creadas, y bastaría con aprovechar el artículo 14.3 de la LOT para conceder a una determinada organización la operación de servicios portadores, sin tener que crear una legislación especial. Para que el patrocinio que se propugna no se convierta en control por el Estado de este segundo operador, tal y como sucede con Telefónica, y se garanticen por tanto las condiciones para establecer una competencia legítima, se propone crear una Sociedad Anónima, que resultaría ser propietaria de todas las infraestructuras de que disponen los organismos y grupos citados, y a la que se le daría la concesión correspondiente. Una vez operativa, la empresa resultante debería ser privatizada siguiendo el esquema de cualquiera de las operaciones llevadas a cabo con Repsol o Argentaria con lo que, además, se generarían unos beneficios atípicos, que permitirían cubrir otras necesidades. Esta operación debería aprovechar la creación de la Vicepresidencia Económica, que actuaría como elemento de coordinación para romper el “triángulo maldito” de las telecomunicaciones, cuyos vértices siempre han sido el Ministerio de Hacienda, el Ministerio de Transportes, Comunicaciones y Medio Ambiente y el Ministerio de Industria, aglutinando intereses parciales, en un proceso imparable en el que se corre el riesgo de que además de dar la fiesta en casa, tengamos que bailar con la menos atractiva, desde el punto de vista nacional. Con respecto a las áreas que están pendientes de completarse en el régimen concesional (Trunking y Célula GSM) la única apostilla es que se sigue frenando la dinamización del sector, por lo que solamente cabe reclamar una acción rápida y que, a ser posible, prevea contrapartidas industriales en los respectivos pliegos de condiciones.
30 oct 2015
Artículo BIT
Privatizaciones
83.- EDITORIAL Privatizaciones. Las reacciones que la crisis económica ha suscitado en el mundo occidental han sido de diferente naturaleza a ambos lados del Atlántico: mientras Estados Unidos se repliega sobre sí mismo para proteger su mercado interno, la CEE no parece encontrar una fórmula común para sus Estados miembros, si bien una corriente de privatizaciones de las industrias estatales se está desarrollando en algunos países de la CEE. España, en particular, que lucha por unirse a la Europa de gran velocidad, se encuentra en una dramática situación de empobrecimiento de las arcas públicas, consecuencia, en parte, de la recesión mundial y, en parte, de los ostentosos gastos e inversiones realizados con motivo de nuestras celebraciones de años pasados. Es lamentable que estos gastos se hayan realizado sobre todo en compras al exterior, y no se haya aprovechado la oportunidad de estas inversiones para dar un empujón a nuestra maltrecha industria. El Estado español, en línea con la corriente europea y en su búsqueda de fondos para reducir el déficit público, ha encontrado en la privatización de empresas públicas una fórmula rápida para mejorar la situación de sus arcas. Dos son las razones fundamentales esgrimidas por el gobierno para justificar esta venta de sus empresas: la posibilidad de conseguir fondos para el Estado, y la confianza en la mejor calidad de gestión por parte del sector privado. Ambas razones son susceptibles de ciertas matizaciones. La privatización de empresas priva al gobierno, por una parte del control de una herramienta generadora de empleo, riqueza y soberanía sobre un sector básico de la economía nacional. Si tenemos en cuenta que, parejo a este proceso de privatización, se va a desarrollar el proceso de liberalización de ciertos servicios básicos para la sociedad, cabe reflexionar acerca de quién va a tener el control al cabo de unos años para tomar decisiones sobre el rumbo que deben seguir los sectores industrial y de servicios de nuestro país. Decisiones que pueden ser estratégicas para el conjunto de la sociedad española. Si la única salida para nuestras empresas públicas es la privatización, un principio básico de ese proceso debe ser el de mantener el control de la empresa dentro de España. Y ello podría lograrse bien porque el reparto accionarial así lo garantice, o porque el socio mayoritario, no siendo el Estado, sea un grupo privado español. Así actúan en países de nuestro entorno. En Francia, el debate podrá ser si el capital de sus empresas será, o no, público; pero pocos dudan de que deberá seguir siendo francés. El capital, en contra de lo que muchos quieren creer, porque les beneficia, tiene corazón y nacionalidad, y es bueno y saludable, y hasta necesario, que las empresas españolas estén en manos de españoles. Es cierto que no abundan en España las vocaciones de empresarios industriales; pero no es menos cierto que la política económica de los pasados años en nuestro país ha contribuido bien poco al desarrollo de esas vocaciones. Se ha fomentado el crecimiento rápido y fácil a través de negocios especulativos y no se ha favorecido en absoluto la inversión en creación de tejido empresarial industrial que produce resultados a más largo plazo y con más riesgo, si bien al final es la única riqueza real de que dispone un país. Hay que dar un giro radical a esa política y desarrollar una política industrial a través de incentivos a la inversión industrial privada española que permita que, a medio plazo, podamos ser alguien en el concierto de las naciones desarrolladas. A nadie se le oculta que esto es difícil; pero jamás se resolverá simplemente vendiendo al mejor postor, venga éste de donde venga. El otro gran argumento es el de la mejora de la gestión. No cabe duda de que la toma de decisiones y la gestión empresarial es mucho más eficaz en la empresa privada que en la de titularidad pública, no obstante, es absolutamente imprescindible asegurarse de los intereses a medio y largo plazo de estos gestores privados. El reciente caso de SEAT es, en este sentido, paradigmático. La gestión privada y de alta reputación alemana de VW ha llevado a la empresa a una situación de grandes pérdidas financieras, posiblemente en favor de otras empresas alemanas suministradoras de piezas para SEAT. La pérdida de control por parte del Estado español costó casi 300.000 millones de pesetas hace menos de cinco años y hoy se plantea una situación que va a ser difícil resolver. Probablemente sea éste el momento de señalar que hay mucho responsable público que piensa que un problema deja de serlo cuando él, y el Estado, se lo quitan de encima.
30 oct 2015
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La llegada del desempleo
84.- EDITORIAL La llegada del desempleo. A las juntas de gobierno actuales nos ha correspondido la desagradable tarea de comunicar la aparición de desempleo en el colectivo de ingenieros de telecomunicación. Este fenómeno no se conocía desde hace una década. En efecto, a finales de Noviembre, el número de compañeros que figuraban como desempleados en nuestras bases de datos alcanzaba la cifra de 900 (casi un 18% del colectivo censado en el COIT/AEIT). De ellos, 650 estaban buscando su primer empleo y 250 se encontraban en paro como consecuencia de la pérdida de su empleo. Al analizar el desempleo según la edad, se observa que sigue una función exponencial decreciente que alcanza a más del 50% de los ingenieros de telecomunicación de 26 o menos años de edad, cae rápidamente al 10% en los ingenieros de 30 años, para ir gradualmente disminuyendo hasta prácticamente desaparecer en los ingenieros de más de 45 años de edad. Al separar las dos componentes del desempleo, la búsqueda de primer empleo y el paro, se observa lo siguiente: - El porcentaje de parados es todavía pequeño, apenas alcanza al 5% del colectivo. Por el contrario, el número de nuevos titulados que buscan su primer empleo es muy alto y se concentra en la última promoción que ha acabado sus estudios en el curso académico 1992-1993. - Aunque se ha producido un ligero aumento de la ocupación neta de ingenieros de telecomunicación, este incremento está muy alejado del incremento en la oferta de nuevos titulados. La explicación inmediata de esta situación se encuentra en dos hechos: la contracción de la demanda como consecuencia de la recesión de la actividad económica por la que atraviesa este país, y el exceso de oferta de nuevos titulados como consecuencia del crecimiento desmesurado del número de centros que imparten esta titulación. En cinco años hemos pasado de dos a trece centros. En varias ocasiones y desde estas mismas páginas habíamos señalado la incapacidad del mercado de trabajo para absorber un número tan elevado de titulados. De hecho en 1986, cuando era evidente para todos la falta de profesionales de las tecnologías de la información, el COIT/AEIT junto con otras instituciones lanzó la propuesta de resolver esta carencia coyuntural mediante “reconversión” de otros titulados, y creación, a plazo temporal mucho más largo, de cinco nuevos centros, de acuerdo a las futuras necesidades. ¿En cuántas ocasiones hemos denunciado la debilidad del tejido industrial y la necesidad de realizar políticas industriales para este sector? ¿Cuánto empleo estamos generando fuera de nuestras fronteras? No es el momento de lamentarnos sino de buscar soluciones entre todos. Afortunadamente, trabajamos en un sector en el que todos los días aparecen nuevas oportunidades. Así, nadie duda de que las telecomunicaciones van a sufrir de aquí a final de siglo una drástica transformación que nos atrevemos a calificar de revolucionaria y que arrastrará presumiblemente al empleo. La causa última de este proceso se encuentra en el aprovechamiento de las oportunidades tecnológicas hoy disponibles. En concreto el “acceso inalámbrico”, el “acceso de banda ancha” y la “inteligencia de red”. Además, esta revolución se realizará en un ambiente muy competitivo donde será prácticamente imposible establecer barreras para los profesionales foráneos. ¿Estamos preparados para este envite? ¿Qué papel quiere desempeñar este país? Es urgente que los poderes políticos resuelvan los dos problemas estructurales que atenazan al desarrollo del sector que frenan la generación de nuevos empleos: - Hay que definir una política industrial que permita crear un tejido industrial que haga posible la existencia de una cadena de innovación propia(I+D-industria-servicios-mercado-sociedad). - Hay que establecer definitivamente la estructura de agentes y un calendario riguroso de las acciones necesarias para un proceso controlado de liberalización del sector de las telecomunicaciones. El número de profesionales no será un factor limitativo, ¿lo será su formación? El profesional de los próximos años va a desarrollar su trabajo en un entorno cada vez más competitivo, donde los usuarios tendrán mayor capacidad de decisión, y donde será constante la difusión de innovaciones. Más que nunca se hace necesario completar la buena formación técnica que tradicionalmente ha caracterizado a nuestro ingeniero, con elementos de organización de empresas y gestión de servicios de telecomunicación. Obviamente, para el COIT y la AEIT el problema del desempleo se constituye en la primera prioridad. Próximamente anunciaremos las acciones concretas que vamos a emprender.
30 oct 2015
Artículo BIT
Las autopistas de la información y la Unión Europea
85.- EDITORIAL Las autopistas de la información y la Unión Europea. Desde hace ya algunos años, el sector de las Telecomunicaciones, y de una forma más amplia el de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), está siendo considerado como un sector clave para el desarrollo de las sociedades modernas. Ya el Libro Verde para la Comunidad Europea preveía que alcanzase un nivel del 7% del Producto Interior Bruto para el año 2000. Queda poco para iniciar un nuevo siglo y nos encontramos en momentos que no permiten ser optimistas, pues, lejos de alcanzar este nivel, existe una fuerte tendencia a la baja en todo el mundo occidental dentro de una crisis económica generalizada. Por desgracia, la consideración de este sector como estratégico ha provenido fundamentalmente de posiciones tecnócratas, posición en la que la clase política jamás ha creído, ni ha mostrado ningún interés a la hora de plasmarla en sus prioridades de actuación. Mientras que esto sucede, es decir, mientras que en la Unión Europea seguimos sin mostrar interés suficiente en el desarrollo y consolidación a nivel mundial del sector de las telecomunicaciones, otros competidores fuertes, como USA, lo están considerando como un factor clave para el desarrollo económico de la sociedad moderna. Corremos, de seguir así, el peligro de perder la posición de privilegio en un mercado en el que, al día de hoy, podemos demostrar una capacidad de liderazgo en el mercado mundial. Con la llegada de Clinton y su equipo a la presidencia de los Estados Unidos, se empieza a estructurar un discurso político diferente en lo que se refiere al papel de las tecnologías en el desarrollo de la sociedad moderna. Lo que es definitivamente diferente, es la identificación de unos sectores claves, basados en tecnologías avanzadas, que actuarán como motor del desarrollo económico. No es casualidad que el sector de las telecomunicaciones sea uno de los principales sectores identificados como motor de la nueva economía americana. En su discurso político, Clinton-Gore plantean una ambiciosa estrategia basada en la creación de las llamadas superautopistas de la información, conscientes de que, igual que las autopistas y los ferrocarriles fueron un factor clave en el transporte de mercancías para el desarrollo económico de este siglo, aquéllas lo serán para el siglo XXI, pues transportarán el nuevo producto básico para el desarrollo de las sociedades avanzadas: la información. Existen otros aspectos de interés que florecen de este nuevo discurso, como las ayudada a la comercialización y el uso de las aplicaciones creadas al amparo del desarrollo de las autopistas de la información, utilizando para ello el enorme potencial de la propia Administración Pública como gran usuario capaz de generar una importante demanda, utilizándola con carácter ejemplificador. Este reto, liderado por la nueva administración americana, supone, de hecho, una importante amenaza para la industria europea de telecomunicaciones. Ante ello, la Unión Europea ha respondido con la elaboración de un Libro Blanco sobre “crecimiento, competitividad y empleo”, identificando las redes transeuropeas de información como un eje clave de desarrollo. Sin embargo, mucho nos tememos que sea ésta, una vez más, una posición tímidamente asumida por los tecnócratas de Bruselas, pero difícilmente comprendida y creída por las clases políticas de los respectivos países de la UE. De ser así, significaría la pérdida de competitividad de la industria de telecomunicaciones, que pasa por ser una pieza clave del rompecabezas económico europeo. La apuesta de países avanzados por un proyecto de desarrollo de infraestructuras de comunicaciones de gran capacidad, nos parece una idea políticamente novedosa y un discurso diferente e imaginativo que posibilitará una más rápida salida de la actual crisis económica mundial. Estos planteamientos políticos surgen a los dos años de la presentación del Plan Anual de Telecomunicaciones para España, y son de tal trascendencia que aconsejan su revisión en profundidad, de forma que se incorporen nuevas líneas de actuación y una mayor participación de los poderes públicos, que permitan jugar a nuestro país el papel que le corresponde en el contexto europeo y colaborar activamente en la recuperación de un continente en el que las tecnologías de la información y las telecomunicaciones serán claves.
30 oct 2015
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No perdamos el norte: se trata de generar riqueza
86.- EDITORIAL No perdamos el norte: se trata de generar riqueza. Sin lugar a dudas, la política económica impuesta machaconamente durante más de una década resulta, actualmente, valorada por la sociedad española como, al menos, equivocada y culpable de la calamitosa situación por la que atraviesa nuestra industria. La política macroeconómica practicada, esa que ahora se llama “del pelotazo”, y el consiguiente establecimiento de unas condiciones artificiales que sólo buscaban hacer nuestro país atractivo a las inversiones extranjeras especulativas, condujeron al sistemático desprecio hacia la potenciación de nuestras propias capacidades en una especie de suicidio industrial colectivo, al que han supervivido pocas empresas, y del que ahora sufrimos las consecuencias. Se trata, por desgracia, de una situación que pocos denunciaron cuando tenía remedio, pero que, ahora, cuando quizás sea un poco tarde, y paradójicamente, está motivando ríos de tinta. Las opiniones que unos y otros vierten, sin embargo, tienen algo en común: corren el peligro de quedarse en palabras, sin pasar al terreno de los hechos. Obvian lo más importante, lo que debería constituir cualquier punto de partida: que el objetivo fundamental no puede ser otro que la generación de riqueza en nuestro país. Ser capaces de rentabilizar la cadena ciencia-tecnología-industria por donde en esta última década ha fallado: la utilización de nuestro mercado, en su más amplio concepto, empezando por el público, para que nuestros desarrollos acaben en nuestras industrias, y se genere producto propio con qué suministrar los servicios que nuestra sociedad demanda. Este es nuestro auténtico reto. Se trata, en definitiva, de lograr que lo que gastemos se dirija hacia nuestras empresas, y de evitar que nuestras inversiones sirvan para generar tecnología y empleo en cualquier parte menos en nuestro país. Es aquí donde está la verdadera salida de la crisis, y esto es lo que continúa sin escucharse. Dudar, a estas alturas, que son nuestras empresas las que pueden dar trabajo a tanto desempleado, que éstas sólo podrán hacerlo si tienen contratos y pedidos que se lo permitan, y que estos deben salir de las necesidades individuales y colectivas de nuestra sociedad, es no entender todavía donde está el origen de nuestros males. Ni creer, por sistema, que lo que viene de fuera es mejor que lo nuestro, ni confiar a terceros el esfuerzo que nos corresponde a nosotros, han dado buenos resultados. La reciente experiencia de tanta empresa que, encontrando otros mercados más jugosos que los nuestros, que actualmente los hay, olvidan compromisos adquiridos, hacen las maletas y se van, debería hacernos reflexionar. Defender lo nuestro como lo hacen otros países, sin dejar, por ello de colaborar en la construcción de esa Europa unida que aún llevará años, es lo que echamos de menos quienes vemos día a día cómo se degrada industrial y tecnológicamente nuestro país. Probablemente, haya quien continúe pensando que éste es un mensaje trasnochado. Libre es de pensarlo, pero sinceramente creemos que es lo que nuestra sociedad demanda actualmente para salir de la crisis, o, al menos, para eliminar ese diferencial con respecto a los demás países que han provocado con su política quienes así piensan.
30 oct 2015
Artículo BIT
Los nuevos inversores en telecomunicaciones
87.1.- EDITORIAL Los nuevos inversores en telecomunicaciones. Es un proceso de liberación de carácter irreversible, generado por los avances tecnológicos y la legislación comunitaria de la última década, nuestras telecomunicaciones van a jugar un papel aún más dinamizador de nuestra sociedad, cada vez más basado en el dominio de la información, que el que no hace mucho supuso contar con una red moderna de comunicaciones por carretera. Ahora, bancos, cajas de ahorro, compañías eléctricas, y empresas constructoras, normalmente asociados a empresas multinacionales de servicios, buscan con ahínco un lugar al sol en el reparto de una tarta que parece fundamental para la diversificación y expansión de sus intereses. Todos dicen tener, además, probada experiencia en esta área aunque, tal y como se demostró en las recientes jornadas organizadas en torno a el futuro de España en telecomunicaciones, todos reconozcan que “de anchos de banda, hertzios, y esas cosas”, saben bien poco. Vienen al olor de inversiones rentables, de un mercado emergente que producirá pingües beneficios, de acuerdo con las perspectivas que marcan diferencias análogas en países de nuestro entorno. Pero, dándole la razón a nuestro ministro de industria cuando señala que “no debemos ser ingenuos al liberalizar las telecomunicaciones”, conviene hacer algunas, pocas, matizaciones: es necesario llevar a cabo un proceso que sea planificado y predecible, tanto para los operadores como para la industria, que defina adecuadamente los servicios y la cobertura de la red, y no deje todo exclusivamente al mercado; debe efectivamente generarse empleo en España de forma significativa; ha de lograrse incorporar el máximo valor añadido español a la actividad de los nuevos operadores; y, finalmente, tienen éstos que contar con nuestros ingenieros para suplir esas carencias técnicas que los propios protagonistas reconocen. Con estas cuatro condiciones, desde estas páginas les damos nuestra más cordial bienvenida. Sin duda dinamizarán el conjunto del sector y la economía nacional, y tirarán de quienes sí saben de anchos de banda “y esas cosas”. De no estar regida su actividad, como nuevos operadores de los servicios de los que se trate, por estas premisas, desde estas mismas páginas se lo demandaremos.
30 oct 2015