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Ruido
Opinión Ruido os telecos conocemos muy bien el ruido. La historia de las telecomunicaciones ilustra la permanente y despiadada contienda que mantenemos con él; enseña, también, las tácticas adoptadas, en la conquista del tiempo y de los espacios, para proteger la información (hasta aprendimos a enmascararla para que el ruido interprete que es de los suyos sin maltratarla). Esta legendaria experiencia, además de alimentarnos de realidad, debería ayudarnos a sobrevivir en ambientes contaminados por la incertidumbre y el alboroto. Sin embargo, en los últimos tiempos, tenemos problemas para gestionar, de manera proactiva, el impacto de un ruido que nos perturba profundamente. Es consecuencia de un cúmulo de circunstancias y tiene distintos protagonistas; su fortaleza le permitió superar inmune el cambio de gobiernos del que ha salido reforzado con la protección de los hombres de la troika. Pongamos que hablo del ruido producido por el aluvión de grados del Plan Bolonia que lucen la etiqueta de ingeniería de telecomunicación, así como por los másteres acreditados de los que sólo una categoría habilita para ejercer la profesión de ingeniero. Y hablo, también, de ese ruido generado por la supresión del visado para los proyectos, por la ausencia de actividades reservadas a la profesión regulada o por los límites a la colegiación obligatoria. Percibo, además, el ruido debido a las dudas sobre la coexistencia de dos instituciones afines (una, el Colegio, de derecho público y otra, la Asociación, de derecho privado), ruido que se intensifica con el continuo descenso de la demanda para el título de ingeniero de telecomunicación y del número de colegiados. Con todo ello, se detecta una inquietante fragilidad de las cuentas de resultados de ambas organizaciones y la dificultad para revertir la situación. Puede que, cuando se publiquen estas líneas y gracias a la energía consumida en subrayar las diferencias y en la defensa del statu quo, alguno de los componentes de este zumbido haya desaparecido o resulte distorsionado. Otros sectores profesionales han organizado, incluso, campañas mediáticas, con declaraciones, entrevistas y publicidad: me temo que sea una estrategia de vuelo corto. Echo en falta un debate abierto sobre la reinvención y adaptación de las instituciones al nuevo marco que nos están dibujando. Somos socios fundadores del macroespacio de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) donde las telecomunicaciones desempeñan un cometido básico y transversal: ¿por qué no aprovechar ese papel tan relevante para impulsar un plan que resalte las cosas fundamentales que compartimos; que insista en los hechos y no en los orígenes; y que apueste por un acuerdo que nos una sin insistir obsesivamente en lo que nos distingue? Sólo una iniciativa imaginativa, ambiciosa, sin exclusiones y con servicios atractivos, podrá someter este ruido que nos desconcierta. De lo contrario, me temo que terminaremos formando un coro para cantar eso de “y con tanto ruido no escucharon el final” (Ruido; Joaquín Sabina). 3 L Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación [email protected] Telecoms engineering has arduously fought a never ending battle against noise in order to achieve clear communications but recent legislation such as the Bologna Process has flooded its professional space with regulatory noise by diluting rights and responsibilities among many so-called compatible professionals. Other professional sectors have launched publicity campaigns and interviews aimed at defending their turf but this will be short lived. Maybe an open debate about reinventing and adapting to the new regulatory atmosphere can help our professional college by leveraging the relevance of ICT while emphasising our strengths while leaving differences aside. Noise
30 oct 2015