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Wifi 75–Móvil 25
Opinión Wifi 75–Móvil 25 Parece un resultado deportivo, pero el título sintetiza la información de que “el 75 % del tráfico de datos originado por los dispositivos móviles (teléfonos inteligentes, tabletas) accede a la red utilizando tecnología wifi”. Ante tan contundente noticia, dudo si aprovecharla para cuestionar la amenaza de congestión de las redes móviles así como para reflexionar sobre la eficiencia de invertir en nuevos márgenes de espectro. Pero no; hoy no toca discurrir por esos senderos tan expuestos por los que seguro me confundo. Mejor dedicarnos a reivindicar el éxito de una tecnología, la wifi, que, como intermediaria entre lo móvil y lo fijo, se ha hecho omnipresente. La encontramos en el ADN de los portátiles, de las tabletas, de cualquier terminal móvil o consola de videojuegos que se precien de avanzados, y, ya anuncian su presencia en los televisores, radios o cámaras fotográficas. Quizá sea el fenómeno tecnológico de más rápida, sencilla y eficaz globalización. Fabricantes y operadores, sin distinción de continente y color, han apostado por su integración y difusión. El factor más determinante del éxito radica en la utilización de frecuencias de “uso común” (sin licencia). Por ello, la disponibilidad de espectro no ha obstaculizado el proceso de desarrollo e industrialización, y su evolución está siendo ágil y fácil de implementar. En fin, una ganga de tecnología, aunque la subestimen los amigos de lo complejo y no tenga padrinos influyentes que defiendan la atribución de nuevos márgenes de frecuencias. Cuando viajamos, nos afanamos por encontrarla en la habitación del hotel, y, si estamos en el extranjero, nos alivia de las desagradables facturas provocadas por el roaming de datos. Pero no todos son parabienes; hay quienes acusan a la wifi de torpedear, con la complicidad de los operadores de redes fijas, la iniciativa de usar el cableado de distribución de energía eléctrica (tecnología PLC) como medio de conexión a Internet. Mi impresión, nada científica sino de mero observador y consumidor, es que el uso intensivo de la wifi no se sitúa en las zonas abiertas –pocas y mal dotadas– ni en los ámbitos públicos cerrados –con velocidades restringidas–. Intuyo que un resultado tan rotundo (75–25) es la consecuencia de competir en canchas privadas, donde, además de eludir la tarifa de datos y de permitir mayores velocidades de navegación, la wifi mitiga la tortura de las limitaciones de cobertura. Porque los sistemas móviles más modernos, digan lo que digan sus partidarios, ofrecen, en demasiadas situaciones, unas deficientes condiciones de acceso, especialmente con su cobertura en interiores. Ya se sabe que la cobertura es un concepto estadístico, voluble y gaseoso, y que las operadoras no parecen interesadas en convertirla en algo sólido y estable, aunque dispongan de frecuencias más idóneas. Bien mirado, el resultado no resulta inquietante: la wifi refuerza la defensa y contribuye a controlar el juego para alimentar a unos accesos fijos de banda ancha por los que también se cobra. Funcionan las sinergias.3 Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015