Artículo BIT
Perplejidad e inquietud
Eso sentí al leer que “los telecos podríamos y deberíamos proyectar instalaciones nucleares o de depuración de aguas residuales”. Convendrán conmigo, que no están los tiempos para promover centrales nucleares, y en cuanto a las aguas, sinceramente, prefiero las limpias. Sí, ya sé que hay que situar la frase en su contexto, la Carta del Decano – Presidente (BIT 182). En ella, se nos advertía de que una propuesta de reforma de los servicios profesionales amenazaba con adoptar una habilitación genérica para cualquier actividad en el ámbito de las ingenierías. Admito que el estilo periodístico es libre y bienvenida sea la imaginación para sensibilizar al sector sobre las consecuencias de la proposición, aunque resulte exagerada una descripción que asocia nuestra titulación a proyectos tan alejados de nuestra especialidad. Confieso que si fuera el encargado de seleccionar a los responsables de estas tareas, calificaría de ofensa a la inteligencia la sospecha de elegir a alguien que no merezca la confianza que aporta un aprendizaje y una experiencia adecuada. Además, me resisto a aceptar que haya ingenieros que asuman la responsabilidad de proyectos complejos para las que no estén capacitados. A veces, me pregunto por la acreditación académica de los líderes de las principales empresas tecnológicas y por el plan de estudios que cursaron. Nos sorprendería comprobar cómo las materias estudiadas tienen poco que ver con su exitosa trayectoria profesional. Por ello, a la hora de imaginar un proceso de selección, prefiero un cuestionario con estas preguntas clave: ¿qué sabe hacer? ¿qué quiere hacer? ¿cómo lo haría? No quiero pecar de frívolo. Con la que está cayendo y los muchos, muchos ingenieros, que se enfrentan a importantes obstáculos para enriquecer su currículo con experiencias prácticas, y para los que el único patrimonio consiste en la credencial de haber superado satisfactoriamente un proceso de formación universitaria, hablar de liderazgo de grandes proyectos o de empresas, suena a disparate. Sobrevivimos en un entorno con un desarrollo industrial muy limitado y en el que la batalla profesional no se gana contabilizando kilómetros de red o megahercios de espectro, sino, preferentemente, por contenidos y aplicaciones. Sumergidos en la inmensidad de las TIC, nuestras señas de identidad se han diluido en proyectos multidisciplinares para los que se aprecian los conocimientos transversales y los perfiles técnico – comerciales. Antes de disparar, profundicemos en un diagnóstico que considere la proliferación de escuelas, grados y másteres con el sello de “ingeniería”; cuestione la calidad de las enseñanzas y su adaptación a la demanda de nuevos perfiles profesionales, y reinvente el papel de los colegios de ingenieros al servicio de la sociedad. Desde el esfuerzo, la excelencia y el apoyo a la competitividad, defendamos nuestras capacidades con una estrategia positiva e inteligente, que capte, y no ignore, las oportunidades que brinda la nueva sociedad.3 Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación Perplejidad e inquietud
30 oct 2015