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Artículo BIT
Perplejidad e inquietud
Eso sentí al leer que “los telecos podríamos y deberíamos proyectar instalaciones nucleares o de depuración de aguas residuales”. Convendrán conmigo, que no están los tiempos para promover centrales nucleares, y en cuanto a las aguas, sinceramente, prefiero las limpias. Sí, ya sé que hay que situar la frase en su contexto, la Carta del Decano – Presidente (BIT 182). En ella, se nos advertía de que una propuesta de reforma de los servicios profesionales amenazaba con adoptar una habilitación genérica para cualquier actividad en el ámbito de las ingenierías. Admito que el estilo periodístico es libre y bienvenida sea la imaginación para sensibilizar al sector sobre las consecuencias de la proposición, aunque resulte exagerada una descripción que asocia nuestra titulación a proyectos tan alejados de nuestra especialidad. Confieso que si fuera el encargado de seleccionar a los responsables de estas tareas, calificaría de ofensa a la inteligencia la sospecha de elegir a alguien que no merezca la confianza que aporta un aprendizaje y una experiencia adecuada. Además, me resisto a aceptar que haya ingenieros que asuman la responsabilidad de proyectos complejos para las que no estén capacitados. A veces, me pregunto por la acreditación académica de los líderes de las principales empresas tecnológicas y por el plan de estudios que cursaron. Nos sorprendería comprobar cómo las materias estudiadas tienen poco que ver con su exitosa trayectoria profesional. Por ello, a la hora de imaginar un proceso de selección, prefiero un cuestionario con estas preguntas clave: ¿qué sabe hacer? ¿qué quiere hacer? ¿cómo lo haría? No quiero pecar de frívolo. Con la que está cayendo y los muchos, muchos ingenieros, que se enfrentan a importantes obstáculos para enriquecer su currículo con experiencias prácticas, y para los que el único patrimonio consiste en la credencial de haber superado satisfactoriamente un proceso de formación universitaria, hablar de liderazgo de grandes proyectos o de empresas, suena a disparate. Sobrevivimos en un entorno con un desarrollo industrial muy limitado y en el que la batalla profesional no se gana contabilizando kilómetros de red o megahercios de espectro, sino, preferentemente, por contenidos y aplicaciones. Sumergidos en la inmensidad de las TIC, nuestras señas de identidad se han diluido en proyectos multidisciplinares para los que se aprecian los conocimientos transversales y los perfiles técnico – comerciales. Antes de disparar, profundicemos en un diagnóstico que considere la proliferación de escuelas, grados y másteres con el sello de “ingeniería”; cuestione la calidad de las enseñanzas y su adaptación a la demanda de nuevos perfiles profesionales, y reinvente el papel de los colegios de ingenieros al servicio de la sociedad. Desde el esfuerzo, la excelencia y el apoyo a la competitividad, defendamos nuestras capacidades con una estrategia positiva e inteligente, que capte, y no ignore, las oportunidades que brinda la nueva sociedad.3 Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación Perplejidad e inquietud
30 oct 2015
Artículo BIT
Ingeniería y poder
Teresa Pascual Ogueta Ingeniera de Telecomunicación Ingeniería y poder Hasta hace poco ser ingeniero, como ser notario, era en sí una clase social. Muchos estudiaban ingeniería como una manera de alcanzar un estatus o de mantener el que habían heredado. Ahora, en general, quienes la estudian lo hacen para trabajar en el campo que han elegido. Eso es particularmente cierto en las ingenierías que no son centenarias. Este enfoque influye en cómo los ingenieros se relacionan con el poder. A principios de este curso, un estudiante de Derecho les decía a unas amigas que estudian ingeniería “Cuando acabemos yo seré vuestro jefe, ganaré más dinero y no habré tenido que hacer tanto esfuerzo como vosotras para acabar la carrera”. Esta afirmación admite muchas réplicas pero, entre otras cosas, parece mostrar que la situación que describe dista mucho de ser excepcional. Efectivamente, si observamos la formación de las personas que ocupan el poder, tanto en empresas como en instituciones, vemos que escasean los que tienen una formación técnica y, en particular, quienes la tienen en ingeniería. El estudiante avispado que hizo el comentario anterior es un buen observador o alguien le ha ayudado a analizar el entorno. Una mayoría de quienes ahora deciden estudiar ingeniería lo hacen porque les gusta la materia y quieren trabajar aplicando los conocimientos adquiridos. Eso es curiosamente lo que les aleja del poder, pero no lo único. El mito, basado en la realidad, de que los estudios de ingeniería son más difíciles que otros, dota al ingeniero de una aureola de sabiduría que le hace ser temido por ese poder. El ingeniero, utilizando como argumento sus conocimientos, se convierte a menudo en el invitado incómodo en la toma de decisiones. Son escasos y solo llegan los mejores, pero sí que se nota otro estilo de mando en las personas que tienen formación técnica y han trabajado con anterioridad en la puesta en práctica de sus conocimientos. No es extraño, si se tiene en cuenta cuánto nos modela lo que estudiamos, cómo lo estudiamos y lo que hemos sido capaces de hacer. La práctica de la ingeniería enseña que desde que se tiene una idea hasta que ésta llega a ser realidad, hay un camino plagado de imprevistos que hay que superar. Quien ha vivido esas experiencias es más difícil que se deje cegar por fuegos de artificio que deslumbran sin dejar ver. La relación entre conocimiento y poder no es un asunto de este país. Si observamos, vemos que en muchas empresas tecnológicas de éxito, es el experto en marketing el que parece tener el control. El ídolo que aparece como creador de todas las maravillas que la ingeniería nos permite disfrutar. Nadie niega la contribución del marketing a que las nuevas tecnologías sean, no sólo conocidas, sino utilizadas, pero a veces da la impresión de que lo que se necesita es solo mercadotecnia y no un buen producto para seducir al mercado. Eso parece o eso quieren que creamos. Una reciente película americana, “Margin call”, escenifica claramente cómo es la relación entre quien posee el conocimiento y el talento y el que tiene el poder económico. La película, además de mostrar cómo se gestó la caída de una gran entidad financiera al comienzo de esta crisis que sufrimos, exhibe sin pudor cómo son las relaciones de poder en una gran compañía. Sorprende que tratándose de un caso muy particular (una empresa financiera) la forma de trabajo y las relaciones de poder son similares a las de cualquier otra gran compañía. Cualquier profesional de los que quieren vivir de su talento y sus conocimientos se verá reconocido en las escenas donde se requiere al que sabe sólo para utilizar su inteligencia, pero haciéndole ver al mismo tiempo, cuánto se le desprecia. El poder tiene sus reglas y conseguirlo y mantenerlo exige seguirlas. En realidad ya lo explicó Maquiavelo.
30 oct 2015
Artículo BIT
Somos competentes
Soy ingeniera de telecomunicación y llevo diez años volcada en el libre ejercicio de la profesión de ingeniero de telecomunicación. Cuando me colegié, en el año 2002, no podía imaginar que el COIT iba a ayudarme durante más de dos años a pelear ante los tribunales por un problema de competencias, que quiero compartir a través de estas páginas con otros telecos, porque considero que mi experiencia puede ser útil a otros compañeros que se encuentren en situaciones parecidas. La historia comienza en septiembre de 2009, cuando la Consellería de Economía e Industria de la Xunta de Galicia (Delegación de Pontevedra) rechaza un proyecto firmado por mí misma para el alumbrado público en la calle Doctor Zunzunegui de Salceda de Caselas. Conviene indicar que anteriormente ya había presentado otros proyectos de la misma naturaleza, que habían sido aceptados sin mayor problema en otras Delegaciones de la misma Administración autonómica. Al consultar por las razones de esta denegación me notifican que el motivo de la misma es mi condición de ingeniera de telecomunicación. Ante esta situación decido ponerme en contacto con el COIT en busca de asesoramiento. Desde ese momento este Colegio ha apoyado y guiado cada uno de mis pasos en este proceso, además de asumir todas las costas derivadas del mismo. Decidimos entonces que el primer paso fuese la reclamación por vía administrativa ante la propia Consellería de Economía e Industria de la Xunta de Galicia en octubre de ese mismo año. Posteriormente, ante la falta de respuesta, presentamos un recurso contencioso administrativo en enero de 2010 ante el Tribunal Superior de Justicia de Galicia. En noviembre de ese mismo año, la Consellería de Economía e Industria de la Xunta de Galicia y el Colegio de Ingenieros Industriales de esta Comunidad, se personaron en el procedimiento ante el Tribunal argumentando la falta de competencia de los ingenieros de Telecomunicación en materia de baja tensión sobre la base de que la existencia de una titulación más específica en temas eléctricos como la ingeniería industrial y la complejidad de la obra hacía inviable que la misma pudiera ser redactada por un ingeniero de telecomunicación. El Tribunal ha decidido, tras dieciséis meses, dictar sentencia a favor de las tesis que el COIT me ha ayudado a sostener durante este tiempo. Ha sido fundamental el criterio jurisprudencial del Tribunal Supremo, que reconoce que nuestros conocimientos y formación en electrónica y electricidad nos habilita “para redactar y firmar proyectos de instalaciones eléctricas de baja tensión”, lo que nos anima a ser muy optimistas, aun en el caso de que esta sentencia sea recurrida ante instancias superiores. La vigilancia y defensa de las atribuciones profesionales así como el ámbito de actuación de los ingenieros es un trabajo que se construye con estos pasos que para el ingeniero libreejerciente, y también para el que trabaja por cuenta ajena, son importantísimos en un mercado laboral en el que actualmente no podemos quedar limitados o restringidos en nuestra actuación profesional y en el que la promoción de la misma es fundamental. Muchas veces la actividad del libre ejerciente es invisible para el resto del colectivo, y nuestro Colegio la respalda de forma decidida y eficaz. Aprovecho estas páginas para agradecer su apoyo e instar a otros colegiados que se encuentren en circunstancias parecidas a que, con la ayuda del Colegio, pongan en marcha cuantas acciones sirvan para defender nuestro trabajo.3 Mónica Castelo Villanueva Ingeniero Socio de IDELNOR Proyectos, Gestión y Servicios, S.L. Somos competentes
30 oct 2015
Artículo BIT
Peregrinación
Peregrinación ¿Buscan orientación para elegir estudios universitarios conformes con el Espacio Europeo de Educación Superior (Plan Bolonia)? Propongo peregrinar a la web de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (www.aneca.es). Déjense guiar por la señal que conduce a “qué estudiar y dónde” para obtener el listado de los títulos académicos evaluados favorablemente. En el buscador, tecleen “ingeniero telecomunicación”: aparecen 122 referencias (febrero, 2012). No se impacienten, que “ni están todas las que son, ni son todas las que están”. No se mencionan los títulos anteriores al Plan Bolonia, y, en cuanto a los estudios acreditados por la ANECA, sólo los que cumplen los requisitos de la Orden Ministerial CIN/355/2009, habilitan para el ejercicio profesional como Ingeniero de Telecomunicación. La visita a la web no ofrece la consulta in situ de “La Orden”. Intuyo será para que los peregrinos no se desasosieguen con el repertorio de capacidades que deben adquirirse para el buen ejercicio de la profesión. Cabe preguntarse sobre cuántos centros educativos dispondrán de recursos para impartir todas las materias y formar en las aptitudes que se exigen. De los 29 Másteres que aparecen en las 122 referencias, solo cinco imprimen el carácter que habilita para ejercer la profesión regulada de Ingeniero de Telecomunicación. Surge la duda de si únicamente cinco Universidades propusieron un Máster habilitante, o si la ANECA hila muy fino acorde con la excelencia que persigue “La Orden”. ¿Qué cabe pensar de los demás títulos académicos de la lista? Todos han superado el protocolo de evaluación y, por tanto, han justificado su calidad, el interés social y la relevancia profesional. Descontados los planes de estudio que adaptan las enseñanzas existentes a los objetivos del Plan Bolonia, la variedad de las nuevas propuestas refleja el afán de las Universidades por rediseñar su oferta formativa y facilitar el equilibrio entre la “empleabilidad” de los estudiantes y las demandas de empleo. Así las cosas, nos cuestionamos sobre cómo evolucionará el mapa de las 29 Escuelas Técnicas Superiores de Telecomunicación reconocidas, de las que no se deberían desaprovechar ni los recursos ni la experiencia educativa. Cierto que algunas, todavía, no han hecho los deberes ni cumplido la penitencia que impone la reforma de Bolonia, y quizá no todas obtendrán el jubileo del Máster de excelencia. Pero, siempre podrán competir ofertando Grados y Másteres acordes con su idoneidad y la demanda social. Me temo que las incertidumbres sobrevenidas en esta peregrinación por los senderos de la educación superior, han impedido que regresemos con el ánimo sereno y confortado. Quizá sea porque exista información adicional que no está a disposición del común de los peregrinos. En todo caso, volvemos convencidos de que es preciso transitar desde la retórica y la exclusividad, al pragmatismo de la nueva realidad social y laboral. ¿Alguien propone otro lugar de peregrinación donde disipar esas incertidumbres?3 Nota: en la edición impresa de la publicación, por un problema en la edición, se incluyen algunos datos que no corresponden con los aportados por el autor del artículo. La redacción de BIT lamenta las molestias e incluirá una corrección en la versión impresa del próximo número de la revista. Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
Artículo BIT
La invasión de las antenas en 4G
La invasión de las Lantenas en 4G a banda ancha móvil están llevando las redes de los operadores a una situación de preocupante congestión, debido al vertiginoso ritmo de crecimiento de aparatos conectados con altos requerimientos de ancho de banda (smartphones, tables, e-books, webcameras, etc.), respecto a los terminales móviles tradicionales. Pero esto es sólo el principio de lo que será el “Internet de las cosas”, pues de acuerdo a estimaciones de Ericsson, en el año 2020 se esperan más de 50.000 millones de dispositivos conectados, debido al crecimiento exponencial de conexiones M2M (machine-tomachine). Para aprovechar esta excelente oportunidad de negocio, es imprescindible que los operadores desplieguen redes LTE (Long-Term-Evolution). Sin embargo, debido a las limitaciones del espectro radio, este cambio de tecnología no es de por sí suficiente para resolver los impresionantes retos futuros y es imprescindible complementar los despliegues basados en macro-celdas (macro-cells), empleados tradicionalmente en 2G y 3G, con pequeñas-celdas (small-cells). Así, junto a los fabricantes tradicionales de infraestructura de red móvil (ALU, Ericsson, Huawei, NSN, ZTE, etc.), los operadores trabajarán con otros actores estratégicos especializados en este segmento (Airvana, Ip.access, Samsung, Ubiquisys, .etc.). Las “small-cells” (término que engloba a las “picocells”, “femtocells”, etc.) son desplegadas en el interior o exterior de las casas de los abonados o empresas y se conectan a la red del operador móvil (backhaul) utilizando la red de banda ancha fija del cliente (DSL, GPON, etc.). Las femtoceldas llevan disponibles desde hace unos años, tanto para 2G (CDMA and GSM/GPRS) como 3G (W-CDMA/HSPA and CDMA2000/EV-DO); sin embargo, los despliegues han sido muy reducidos, por muchos motivos: el alto precio del dispositivo, la dificultad en su instalación y posterior operación y mantenimiento, la gestión de frecuencias e interferencias, la seguridad, etc. No obstante, estos problemas se han ido resolviendo a lo largo de los últimos años y ha llegado el momento de su consolidación con los despliegues de 4G (LTE femtocells), que se espera que se aceleren durante el año 2012. Las principales ventajas de las femtoceldas para los usuarios son una mejor cobertura y una reducción de precios de las llamadas y descarga de datos. Los usuarios pueden ser informados de cuando están accediendo a los servicios del operador a través de la femtocelda (a través de un tono sonoro, un icono en la pantalla, etc.) y, por lo tanto, asegurarse de que están disfrutando de tarifas planas o de un precio especial. El operador, además de un nuevo servicio que ofrece convergencia fijo-móvil capaz de monetizar y con el que mejorar la experiencia de usuario y fidelizarlo, consigue notables ahorros tanto en CAPEX (eNodeB, backhaul, etc.) como en OPEX (consumo energético, alquiler de emplazamientos, etc.). Además, este tipo de despliegue permitirá al operador una mayor cobertura de 4G en poco tiempo y descongestionar su red a través del “offload” del tráfico a través de la conexión fija del cliente. Por todo esto, a pesar de que en España el despliegue de femtoceldas está bastante retrasado respecto a otros países como Estados Unidos, pronto las antenas celulares, una vez conquistadas las azoteas de nuestros edificios, empezarán a invadir el interior de nuestros hogares y empresas. Sin embargo, que no cunda el pánico, lo harán en beneficio de todos, tanto de los operadores como de sus clientes.3 Ramón Millán Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
Artículo BIT
Los tópicos son cuestión económica
Opinión Comentarios de apariencia inocente, asumidos con frecuencia por los ciudadanos, hacen un flaco favor a la economía española. A menudo se trata de cuestiones que no responden solo a la realidad de un país concreto, pero los que salen bien parados en esas creencias obtienen ventajas de la vigencia del tópico. Si hiciéramos una encuesta preguntando a nuestros conciudadanos acerca de a qué países nos referimos ante noticias muy recientes, nos llevaríamos algunas sorpresas. Por ejemplo la que hacía referencia a que en un país europeo, un banco controlado por el Estado había cometido un error de cálculo que, una vez descubierto, hizo que la deuda pública de ese país bajara de la noche a la mañana en un 2,6 % del PIB. O aquella que informa que un país europeo maquilla las cifras de paro al no contar 100.000 mayores de 58 años. No, estas noticias no las protagonizan los países europeos desprestigiados por no ser serios en el control de sus cuentas públicas o con fama de “engañar” a los países fiables. Si hubiera sido uno de esos países, su prima de riesgo habría subido significativamente y su economía se habría resentido todavía más duramente de lo que ya lo hace. El país protagonista de estos titulares no sufrió ningún ataque especulativo, ni vio disminuida su credibilidad de país serio y solvente. Otra noticia que ha pasado casi desapercibida, es la que se refería al presidente del banco central del país banquero por excelencia, que ha tenido que dimitir acusado de haber utilizado, presuntamente, información privilegiada en su beneficio. Si eso hubiera pasado a un país sin buena fama, su pobreza habría aumentado instantáneamente. Ya lo dice el refrán: “Cría buena fama y échate a dormir”, pero aunque no lo diga el proverbio, los recién llegados a la buena fama la pierden rápidamente si se descuidan. España en los últimos años se había ganado fama de país serio y moderno. Por eso las empresas y los profesionales españoles han competido, con excelente nivel y buenos resultados, con los de otros países. Ahora esa buena fama se está perdiendo y no, no sólo es cuestión de porcentaje de déficit o de deuda. Las cifras que marcan estos parámetros no son suficientes para justificar estos ataques. Hay otros factores. Uno de ellos es puramente económico y de corto plazo. Si varios países compiten en el mercado internacional de capitales, el que tiene fama antigua de serio no tiene más que sembrar dudas acerca de la capacidad de su competidor. El efecto es casi inmediato, a uno le piden un interés alto por el préstamo y al “serio” casi se lo dejan a ganancia cero o, como ha llegado a pasar en algún momento, a interés negativo. Como el método funciona, se sigue utilizando. El otro aspecto a considerar es algo más sutil. No hace nada, España era el invitado nuevo y pobre en la Europa de los cinco grandes. En poco tiempo ha llegado a ser casi un igual y las decisiones, no lo olvidemos, las toman personas. A nadie le agrada verse al mismo nivel o incluso superado en algunos momentos por quien era considerado el torpe de la clase. Pero el torpe, no lo era tal, estaba atrasado por otras razones. Puntualidad y rigor son lo habitual ahora que hay infraestructuras adecuadas. Los hospitales no tienen nada que envidiar a los otros, ni tampoco las libertades sociales. Ahora “el atrasado” compite con los que se consideraban elegidos y, además, por idioma y cultura empezaba a tener una gran influencia en países emergentes fuera del ámbito europeo. Demasiado éxito para un recién llegado. En el ámbito que más nos incumbe: ¿Alguien cree que nuestra ingeniería tiene peor nivel que en otros países de nuestro entorno? Por eso, es mejor no contribuir a los tópicos que nos perjudican. 3 Teresa Pascual Ogueta Ingeniera de Telecomunicación Los tópicos son cuestión económica
30 oct 2015
Artículo BIT
Emprender sinónimo de éxito
La palabra emprender se ha puesto de moda y parece que no hay otra opción, pero sobre todo, se da a entender que quien no quiere emprender, es que aspira a ser prácticamente un parásito. Hace años, bastantes, no se le llamaba emprender sino montar un negocio. Estaba claro para quienes empezaban a estudiar en una escuela de ingeniería, que allí no iban para hacerse inmensamente ricos. Estudiantes en la adolescencia, se fijaban en los coches de los profesores, de los que tenían dedicación completa a la universidad y de los que la compatibilizaban con su trabajo en la empresa privada. La conclusión, a la vista de esos signos externos de riqueza, era que estudiar en una escuela de ingeniería para hacerse multimillonario no era una buena idea. En aquel momento, quienes mejor vivían eran los que tenían un negocio. Un negocio de cafetería, de frutería o de pescadería. Los datos indicaban que ahí había dinero. Muchos optaron por esa opción, bien porque podían heredar un negocio familiar, bien porque con ayuda lo montaron por su cuenta. Desde entonces las cosas han cambiado mucho, pero independientemente del camino elegido, no parece que en ninguno de los dos casos una gran mayoría se haya hecho rica por ello. Al menos rica en el sentido y el nivel que parece ser el destino prometido a quienes emprendan en las nuevas tecnologías. Las posibilidades de emprender, y como consecuencia de ello convertirse en multimillonario, dependen fuertemente del medio en el que se desenvuelve ese emprendimiento. Ahora lo llaman ecosistema. Cualquiera que haya viajado por países que no tienen suficiente grado de desarrollo, se habrá dado cuenta de que está lleno de emprendedores. En cada calle y en cada rincón hay una persona emprendedora ofreciendo sus servicios o vendiendo su producto (desde un montón de ajos, a cualquier cosa por diminuta que sea). Luego no parece que emprender sea en sí mismo sinónimo de riqueza. Sin embargo es lo que se da a entender con los mensajes que se lanzan desde todos los ámbitos a los estudiantes españoles. Las razones por las que se invita a los estudiantes actuales a que se hagan emprendedores son otras. En aras a reducir al mínimo posible las inversiones y gastos en recursos humanos altamente cualificados, recursos imprescindibles pero costosos para las empresas, la figura del emprendedor resulta muy atractiva para las grandes corporaciones. Primero fue la externalización de determinadas tareas rutinarias y de poco valor añadido a otras empresas. Ahora se trata de no tener en nómina a las personas que tienen iniciativa y buscan la excelencia. La idea de que desde un garaje se puede crear un imperio es el gancho, pero ningún alto ejecutivo deja la gran empresa para irse a la cochera de su casa a crear algo para hacerse inmensamente rico. Lo más difícil en un proyecto es tener una idea y hacerla posible. Después, lo importante es hacerla exitosa. El objetivo de la gran empresa es claro. Cuando alguien ha llegado al punto de demostrar que aquella idea inicial es suficientemente buena, la gran empresa la compra. Se produce así una selección natural y las empresas emplean recursos en los proyectos ya refinados, en las apuestas seguras. En el camino se han quedado multitud de proyectos fallidos que la empresa se ha ahorrado. El fracaso ha ido a la cuenta de la persona emprendedora, cuya idea no ha tenido éxito suficiente. Se dan a conocer las empresas incipientes exitosas, pero no se detallan los porcentajes de fracasos que se cosechan y con ellos, cuántas personas valiosas se quedan en el camino. Ley de vida sí, pero que tiene que conocer quien está decidiendo qué hacer y cómo enfocar su vida. Por cierto, las empresas pequeñas exitosas, al hacerse más grandes, contratan a los expertos que no se han hecho emprendedores. 3 Teresa Pascual Ogueta Ingeniera de Telecomunicación Emprender ¿sinónimo de éxito?
30 oct 2015
Artículo BIT
Wifi 75–Móvil 25
Opinión Wifi 75–Móvil 25 Parece un resultado deportivo, pero el título sintetiza la información de que “el 75 % del tráfico de datos originado por los dispositivos móviles (teléfonos inteligentes, tabletas) accede a la red utilizando tecnología wifi”. Ante tan contundente noticia, dudo si aprovecharla para cuestionar la amenaza de congestión de las redes móviles así como para reflexionar sobre la eficiencia de invertir en nuevos márgenes de espectro. Pero no; hoy no toca discurrir por esos senderos tan expuestos por los que seguro me confundo. Mejor dedicarnos a reivindicar el éxito de una tecnología, la wifi, que, como intermediaria entre lo móvil y lo fijo, se ha hecho omnipresente. La encontramos en el ADN de los portátiles, de las tabletas, de cualquier terminal móvil o consola de videojuegos que se precien de avanzados, y, ya anuncian su presencia en los televisores, radios o cámaras fotográficas. Quizá sea el fenómeno tecnológico de más rápida, sencilla y eficaz globalización. Fabricantes y operadores, sin distinción de continente y color, han apostado por su integración y difusión. El factor más determinante del éxito radica en la utilización de frecuencias de “uso común” (sin licencia). Por ello, la disponibilidad de espectro no ha obstaculizado el proceso de desarrollo e industrialización, y su evolución está siendo ágil y fácil de implementar. En fin, una ganga de tecnología, aunque la subestimen los amigos de lo complejo y no tenga padrinos influyentes que defiendan la atribución de nuevos márgenes de frecuencias. Cuando viajamos, nos afanamos por encontrarla en la habitación del hotel, y, si estamos en el extranjero, nos alivia de las desagradables facturas provocadas por el roaming de datos. Pero no todos son parabienes; hay quienes acusan a la wifi de torpedear, con la complicidad de los operadores de redes fijas, la iniciativa de usar el cableado de distribución de energía eléctrica (tecnología PLC) como medio de conexión a Internet. Mi impresión, nada científica sino de mero observador y consumidor, es que el uso intensivo de la wifi no se sitúa en las zonas abiertas –pocas y mal dotadas– ni en los ámbitos públicos cerrados –con velocidades restringidas–. Intuyo que un resultado tan rotundo (75–25) es la consecuencia de competir en canchas privadas, donde, además de eludir la tarifa de datos y de permitir mayores velocidades de navegación, la wifi mitiga la tortura de las limitaciones de cobertura. Porque los sistemas móviles más modernos, digan lo que digan sus partidarios, ofrecen, en demasiadas situaciones, unas deficientes condiciones de acceso, especialmente con su cobertura en interiores. Ya se sabe que la cobertura es un concepto estadístico, voluble y gaseoso, y que las operadoras no parecen interesadas en convertirla en algo sólido y estable, aunque dispongan de frecuencias más idóneas. Bien mirado, el resultado no resulta inquietante: la wifi refuerza la defensa y contribuye a controlar el juego para alimentar a unos accesos fijos de banda ancha por los que también se cobra. Funcionan las sinergias.3 Javier Domínguez Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015