Artículo BIT
Carta del Decano-Presidente del COIT
Queridos colegiados, El año 2015 se abre marcado por una serie consecutiva de citas electorales que anticipan un escenario político marcado por debates de profundo calado. Y en el COIT estamos preocupados porque estos debates se lleven a cabo sin la necesaria perspectiva y lleguen a poner en cuestión los propios fundamentos de la actividad económica de todos aquellos españoles que viven pendientes de su trabajo y de su propio desarrollo profesional o del de sus familiares más cercanos. La temática que parece va a presidir el debate electoral, apunta a que se centrará en cuestiones bastante alejadas de la realidad económica y profesional de los españoles. Espero equivocarme, pero todo parece indicar que se ignorará el aspecto de la competitividad española, de nuestras empresas y nuestros profesionales y una vez más se presentarán propuestas relacionadas con asuntos más etéreos y otras más enfocadas a criterios de reparto, más que de creación de valor. No pretendo menospreciar ninguna propuesta ni ignorar otros elementos debatibles, pero debemos abordar de una vez la necesidad de tener un país verdaderamente competitivo, eficaz, en el que el trabajo no sea un privilegio inalcanzable para muchos y en el que ser empresario y vivir de ello no sea una tarea hercúlea. Para ello, debemos preguntarnos qué sabemos y podemos hacer en un entorno global, en qué especializarnos y a qué dedicarnos. España es un país en el que a veces sus protagonistas políticos no perciben la importancia de dotar de continuidad a nuestro tejido económico y de ilusión a nuestras generaciones más jóvenes. Con demasiada frecuencia se han adoptado posturas y realizado propuestas desfasadas cuando no antagónicas con la realidad internacional, marcada por la existencia de un mercado global, altamente competitivo en el que solo los países con políticas claras en aquellas materias estratégicas pueden garantizar su estabilidad social y su desarrollo económico. En este sentido, el diseño de políticas rupturistas y la permanente obsesión con la creación de nuevas estructuras políticas y barreras administrativas por parte de algunas administraciones públicas es un error cuando el mundo está cada día más interrelacionado y nuestras empresas y profesionales compiten en el escenario internacional. España no puede seguir dando la espalda a la importancia de contar con un tejido industrial tecnológicamente competitivo en un entorno absolutamente global. Y para ello, es imprescindible que cambiemos la percepción que la industria, la creación de valor tecnológico y el apoyo al emprendimiento tienen tanto en nuestra sociedad como en la propia administración. No pretendo disminuir la importancia de otros sectores económicos, pero demasiado a menudo se comprueba cómo se minusvalora la industria, el diseño o la fabricación de bienes y servicios avanzados, mientras se enfatiza la importancia de la administración o de servicios y actividades que, por respetables que sean, no aportan el mismo valor neto a nuestra economía. Es prioritario para España que seamos capaces de crear un entorno que haga atractivo el estudio de disciplinas técnicas y que a su vez fomente la creación de empresas orientadas al diseño y la fabricación de bienes y servicios de alto contenido tecnológico. Para conseguirlo, existen dos líneas de trabajo imprescindibles. La primera, la puesta en marcha de una adecuada política educativa sólida que valore y haga valorar a la sociedad la importancia de suministrar profesionales altamente preparados y capaces de investigar y trabajar en entornos marcados por la excelencia y la competitividad. Las ingenierías, y la ingeniería de telecomunicación muy concretamente, siguen siendo el mejor vivero para la creación de entornos tecnológicos caracterizados por su alta productividad y efecto tractor sobre la economía. Pero para ello, nuestros egresados deben estar bien preparados a través de masters bien diseñados y planteados, que provean a la industria de buenos profesionales capaces de liderar la transformación tecnológica que proponemos y necesitamos. Si bien es cierto que la deficiente adopción del Modelo Europeo de Educación Superior en España ha distorsionando gravemente la enseñanza universitaria de algunas profesiones y especialidades fundamentales para nuestra industria, nos encontramos en un momento decisivo para asumir entre todos el compromiso de rectificar, más allá de las rigideces del anterior marco normativo, las ineficiencias de algunas titulaciones desenfocadas, sin una clara orientación profesional, desligadas de las necesidades de la industria y reconducirlas para proveer a nuestro país de profesionales capaces de liderar y ejecutar estos cambios. La calidad de nuestra enseñanza universitaria y un modelo adecuado y sólido de equivalencia en los títulos pre- Bolonia es uno de los fundamentos básicos para mantener un nivel competitivo de nuestro tejido industrial. El segundo elemento básico corresponde al necesario liderazgo del Gobierno y las Administraciones públicas en el diseño de una verdadera política industrial. En este número, abordamos la propuesta de la Unión Europea y de nuestro Ministerio de Industria, Energía y Turismo y sobre un nuevo modelo de industrialización. A nuestro parecer el planteamiento nos parece adecuado, pero nos preocupa que su puesta en marcha y su ejecución no sigan criterios de eficacia. Así, creemos que debe apostarse claramente por priorizar un número limitado de sectores estratégicos en los que hacer el mayor esfuerzo. Para ello, se debe analizar con rigor la previsible evolución a medio plazo de nuestras capacidades industriales y apoyar sin disimulo a aquellas más prometedoras. Mantener el apoyo a discreción y sin una selección previa, a todos por igual, es una receta ideal para dilapidar nuestros escasos recursos. Partiendo de la base que la iniciativa privada es el mejor y más seguro motor para mantener un tejido industrial competitivo en el entorno europeo. Corresponde a la Administración el crear las condiciones idóneas para fomentar la inversión privada. Y orientar claramente el esfuerzo escogido elenco de sectores estratégicos. Entre éstos, el de las Telecomunicaciones, por su capacidad de transformación y su transversalidad. Son muchos los ámbitos de su desarrollo, desde las “ciudades inteligentes” con su capacidad transformadora del entorno ciudadano, a las nuevas redes y sistemas de control energético, capaces de resolver nuestra secular dependencia energética. Y por supuesto, las aplicaciones “cloud”, las basadas en las tecnologías móviles y la ciber-seguridad. Sectores como la logística, el transporte y el sector aeroespacial entre otros, pueden beneficiarse de las nuevas tecnologías y aportar cambios disruptivos en sectores como el agropecuario, la enseñanza o la salud. En definitiva, hay que centrar los debates e intentar sumar y aportar valor, porque tenemos una magnífica oportunidad para que España se enganche de verdad a un modelo de crecimiento sostenible, basado en la eficacia y en el trabajo bien hecho. Un abrazo, EUGENIO FONTÁN
30 oct 2015