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Especial Investigación y desarrollo: sobre la investigación universitaria y otras soledades
Investigaci6n desarrollo JESUS GAl V AN analiza los problemas que afectan a nuestra investigación universitaria. Tras centrarse, en primer lugar, en los problemas de infraestructura, en concreto en los problemas de personal, de medios materiales y de organización, destaca la progresiva desmotivación de los, cada vez menos, investigadores "de a pie", para finalizar tan desalentador panorama con una serie de sugerencias para fomentar las actividades investigadoras de la Universidad. ún sin hacer un uso exhaustivo de la caracter ística hispana del h i percriticismo, resulta sumamente fácil identificar heterodoxia y capacidad investigadora a lo largo de toda nuestra historia, hasta el punto de que ilustres pensadores decimonónicos y con nombre de universidad itinerante metían en el saco de los desafectos, los heterodoxos, a quellos hombres de diversas épocas que se. hab ían caracterizado por su búsqueda de la verdad, en gran parte de los casos. La actitud actual, bien que nos pese, no difiere cualitativamente de la anterior, aunque resulta matizada por el nuevo papel, fundamentalmente económico, que la ciencia y la tecnología ha tomado en nuestros días. Hoy resulta anómalo abominar de la ciencia, cuando una sustancial parte de la población come de sus resultados. Sin embargo, los científicos siguen siendo contemplados con alejamiento, se les sigue ignorando y, en consecuencia, se les sigue pagando mal, tanto en moneda como en especies. Quizás habría que apuntar estos hechos entre las características del alma hispana, sobre cuya naturaleza tantas polémicas han desarrollado los historiadores. Las anteriores lúgubres reflexiones, emanadas de un universitario de a pie, surgen al contemplar la cantidad de tinta vertida, propia y ajena, durante los últimos años sobre el tema de la investigación universitaria, sin que, aparentemente, la situación se haya modificado sustancialmente: La Investigación universitaria española sigue siendo una labor voluntaria llevada a cabo por un conjunto de heterodoxos que, con los años, tienden cada día un poco más al desaliento. Resulta, incluso, posible que cuando el "cambio" llegue a esta faceta de la actividad nacional no encuentre más que a un conjunto de ex-investigadores demasiado desilusionados para emprender nuevos caminos. Claro, que si el "cambio" alcanza hasta la próxima generación, es posible .que algo se pueda hacer. No obstante, hace falta evitar las actitudes negativas, por lo que un somero análisis de la situacit!n puede resultar útil, al menos, según los psicoanalistas, para liberar las frustraciones y poder plantearse el cambiar de actividad con una cierta tranquilidad de conciencia. LOS PROBLEMAS DE INFRAESTRUCTURA La infraestructura universitaria de soporte a la investigaciórJ se puede dividir en tres apartados básicos: Personal, medios materiales y organización. Los tres apartados sufren de grandes carencias y problemas en la universidad actual. Comenzando por los aspectos de personal, surgen varios problemas, que se arrastran de lejos. En primer lugar, la dimensión media de los grupos de trabajo que funcionan en la universidad es muy pequeña. Ello es debido a varios factores. Por un lado, el fracaso de la estructura departamental ha impedido el alcanzar una masa crítica en la mayor parte de los casos. La inexistencia de una poi ítica de subvención de grandes programas de investigación, ha determinado la dispersi6n de esfuerzos en m iles de trabajos más o menos testimoniales. En tercer lugar hace falta señalar la relativa escasez de plantillas, sólo incrementadas en función del número de alumnos, sin tener presentes otro tipo de criterios, como pueden ser el tipo de disciplina considerada, su mayor o menor interés tecnológico, sus posibilidades de formación de postgraduados, etc. El segundo aspecto a considerar, en relación con los problemas de personal, es la d ificu Itad de poder mantener una m ínima plantilla estable en base a recién graduados o a estudiantes de últimos cursos. Desde el punto de vista económico sólo caben dos soluciones, financiar estos puestos con fondos oficiales, o hacerlo con fondos de la industria. Caso de utilizar el primer procedimiento, las becas suelen ser de escasa cuantía y con una serie de condiCionélmientos que afectan, razonablemente, a su continuidad. Si ello se une a una demanda industrial creciente de determinados tipos de profesionales, aunque éstos no se encuentren completamente formados (circunstancia que actualmente se da en ingeniería de telecomunicación), las posibilidades de llevar a cabo una labor de investigación razonable en base a este tipo de material humano, resultan muy escasas. En el caso de utilizar financiación de parte de la industria para poder contratar a este personal, la organización universitaria se adpata muy mal al proceso. Normalmente esta contratación es claramente ilegal, en la mayor parte de los casos, resultando en una inseguridad manifiesta para el estudiante o postgraduado y una asunción de responsabilidades inadmisibles por parte del responsable del grupo o departamento que realiza la contratación, que se convierte en empresario sin empresa, debiendo generar constantemente recursos para alimentar (en el sentido literal) a su personal, convirtiéndose en un minigerente que, ni siquiera, maneja completamente los resortes de la estructura que pretende controlar desde los puntos de vista de administración y medios materiales disponibles. Y ello sin poder acerca"rse nunca a salarios de un nivel de equivalencia aceptable con los de la industria, aunque sólo sea por no establecer un agravio comparativo con el profesorado del grupo de investigación, es decir con el personal propio de la universidad. Si se consideran los medios materiales disponibles en la universidad, su equipamiento, se pueden constatar fácilmente varios aspectos negativos: su escasez, su obsolescencia, su falta de mantenimiento y las dificultades que entraña su renovación. La magnitud de las inversiones dedicadas a equipamientos, en una estructura universitaria que ha permitido la creación de multitud de nuevos centros sin la más mínima previsión sobre su dotación en medios y personas, ha sido tan escasa, que, sólo la acumulación de muchos años, ha permitido disponer de un m ínimo de infraestructura material para poder atender a las necesidades más perentorias. Un ejemplo próximo al autor lo constituye el hecho de que una escuela como la E.T.S.I. de Telecomunicación de Barcelona, ha recibido en once años algo más de 60 millones de pesetas en inversiones de equipamientos, debiendo atender a unos dos millares de alumnos. La situación se agrava por el mantenimiento de unos criterios de "café con leche para todos", que permiten el reparto de la mantequilla en una fina y uniforme capa independientemente del rendimiento que pueda caber esperar a las eventuales inversiones. Esta penuria sólo ha sido paliada, en parte, por las inversiones realizadas por los grupos de investigación en base a la financiación de proyectos por parte de la Comisión Asesora de In vesti gaci ón Ci en tí fi a y Técnica (CAICYT). Todo ello determina que el material disponible sea viejo, en gran parte y adquirido sin una perspectiva de cómo poder financiar su mantenimiento. Tan solo a lo largo de los últimos tres años, el Ministerio de Educación ha concedido un 1 % del valor de los equipos inventariados, con un valor de compra superior a las cien mil pesetas, por año, para poder asumir su mantenimiento. Así, en unas recientes reuniones en el Ministerio de Industria sobre el tema de los laboratorios que pod ían realizar homologaciones de equipos electrónicos, se constató que, prácticamente, ningún laboratorio universitario, de entre los considerados, hab ía calibrado sus instrumentos de medida desde que fueron adquiridos, aparte de otras razones (como la falta de patrones a nivel nacional), por falta de partidas presupuestarias que permitiesen hacer frente a los consiguientes gastos. Como tercer aspecto a considerar en la infraestructura universitaria, que afecta intensamente a la actividad investigadora, es indispensable referirse al b"urocratismo que impregna a toda la universidad. La realización de gastos éorrientes, la adquisición de equipos y el conjunto de la gestión, resulta de tal complejidad y lentitud que constituyen un freno de primera magnitud para la investigación. Resulta inadmisible que un equipo tarde en llegar un año o más desde que se comienzan las gestiones para su adquisición, o de que exista un ambiente de complicidad culpable cada vez que un profesor solicita la realización de un viaje para asistir a un congreso científico ("ya se sabe, vacaciones pagadas"). A este respecto, resulta muy interesante la labor que la Fundación Universidad Empresa viene realizando, agilizando la utilización de fondos procedentes de la industria. Lamentablemente ello no es posible con los fondos de origen estatal. Si bien es cierto que las dificultades de orden material y humano dificultan la actividad investigadora universitaria, no lo es menos el que el ambiente general que rodea a este tipo de actividades, dentro y fuera de la institución, no es de lo más favorable para"conseguir una actividad pujante, provocando una progresiva desmotivación de aquellos que disfrutan con este tipo de actividad. En primer lugar, los investigadores españoles "del interior" no suelen ser muy valorados socialmente. Sólo cuando consiguen~transmitir que han conseguido un puesto de cuarta categoría en una universidad extranjera los periódicos se hacen eco de su existencia, lamentando, una vez más, la fuga de cerebros del país. Está por verse el momento en el que los medios de comunicación del país realicen una verdadera labor de difusión y divulgación de las posibilidades científicas de nuestra universidad, poniendo de manifiesto lo mucho o poco que en ella se realiza yel conjunto de razones que determinan su estado. Sin embargo, no es sólo un problema de naturalezaexógena el que determina el ambiente negativo sobre la investigación universitaria. La masificación de los centros universitarios, con sus secuelas.de falta de selección del alumnado y de alejamiento de éste del profesorado, crean un extrañamiento entre una buena parte de los alumnos y las actividades investigadoras del profesorado, aduciendo aquéllos que estas actividades restan atención del profesor hacia sus problemas sin que, aparentemente, redunde en su beneficio. Paralelamente, dentro del cuerpo docente también se crean tensiones hacia los núcleos más dinámicos de una determinada institución, como un reflejo defensivo. La Administración tampoco contribuye a crear un ambiente investigador. Dejando a un lado su capacidad burocrática de entorpecer la investigación, no fomenta estas actividades, al no valorarlas, o hacerlo de ~na forma muy débil, por ejemplo, en la promoción del profesorado, o en la dotación de plazas, o en la adjudicación de inversiones. Finalmente, dado el tipo de sociedad en la que vivimos, resulta verdaderamente anómalo que personas, al menos teóricamente, de alta cualificación, se dediquen a unas actividades que les reportan unos niveles de ingresos sensiblemente inferiores a sus equivalentes en el mercado de trabajo. Sólo el altruismo, el disfrute con el trabajo, la comodidad o un notable sesgo masoquista lo pueden justificar. Este aspecto, en forma de pregunta retórica repetida con una periodicidad que aqmenta con los años, determina un paulatino decrecim iento del esfuerzo dedicado, en muchos años, hasta convertirse en una justificación, no correspondiendo con la disminución de las capacidades neuronales del individuo que, por el contrario, acrecienta su sabiduría. Volviendo a retomar el título del artículo, cabe concluir que la actividad, supuestamente, investigadora de los profesores universitarios, para aquellos que son consecuentes, resulta, no sólo solitaria y heterodoxa sino, incluso, llega a poder ser utilizada en su contra, en cuanto se descuide, es decir, es punible. Es una prueba más del sado-masoquismo que impregna algunas de nuestras leyes. As í, el índice de esquizofrenia que, con toda seguridad, provoca la existencia de una obligación denominada investigación, entre las labores a desarrollar por todo profesor universitario y las posibilidades reales de cumplir este deber, debe resultar extremadamente alto. La investigación universitaria, que debe ser un activo importante a corto y largo plazo de un país desarrollado, sólo es posible en un ambiente social favorable, sin restricciones burocráticas y mediante la inyección de una cantidad de recursos razonable. A manera de sugerencias, ofrecidas gratuitamente, se podrían citar las siguientes, a manera de ejemplo, para fomentar las actividades investigadoras de la universidad: 1) Financiación por proyectos, con seguimiento serio y tecnificado. 2) Gestión de recursos por los propios grupos de investigación, con rendimiento de cuentas a posteriori y eventual exigencia de responsabilidades. 3) Valoración efectiva de la investigación dentro dela carrera universitaria. 4) Flexibilización de las retribuciones del profesorado, de modo que, a mejor o más trabajo, más salario, posibilitando así la interacción a la luz del día y de forma estimulante con los proyectos de desarrollo generados por la industria. 5) Dotación, por parte de la Administración, de los recursos suficientes para poder mantener razonablemente el equipamiento existente, desarrollando una planificación adecuada para poder renovarlo en plazos adecuados. Todas estas medidas puntuales deberían ir acompañadas de la creación de un ámbiente favorable a la investigación, basándose en argumentos de tipo económico y social, haciendo uso de todo tipo de medios de difusión. En fin, confiemos que el cambio nos pille antes de que la arterioesclerosis nos haga ver las cosas mucho más claras.
30 oct 2015