(una perspectiva histórico-científica de la robótica) "Salomon saith: There is no new thing upon the earth. So that as Plato had an imagination, that all knowledge was but rememb rance; so Salomon giveth his sentence, that all novelty is but oblivion. (Francis Bacon: Essays LVIII)". Citado por Borges en El Inmortal. "En la actual idad hay un total de unos 60.000 robots en todo el mundo, instalados en fábricas, como hemos visto en la empresa Toyota. Su localización es la siguiente: 6.000 robots en Alemania Federal, 3.200 en los Estados Unidos, 600 en Suecia, 300 en Francia, 180 en Gran Bretaña, un centenar o menos en media docena de otros países. y 47.000 en el Japón". A quien lea esto, y lo puede leer cualquiera en la página 214 de la edición española del libro El Desafío Mundial, de Servan-Schreiber (1980), acaso se le ocurra preguntarse si existirá una estad ística similar acerca de los robots instalados en el mundo geopol ítico de la fantasía: los cómics, las narraciones de ficción cient ífica, las series TV y el cine, desde "Metrópolis" hasta "Odisea 2001 ". ¿O, tal vez, habría que retrotraerse a épocas anteriores? Si el mismo lector cayera en la curiosidad intelectual de investigar la significación precisa del término "robot", con toda certidumbre ello le conduciría a adentrarse en un laberinto semántica, algunos de cuyos caminos discurren a lo largo del túnel del tiempo. La moderada pero sutilmente lábil polisemia del término le serviría de cualquier cosa menos de sol ícito lazarillo Paseando azarosamente por los diccionarios de uso general y por la literatura narrativa, cualquiera podría comprobar que los vocablos "robot" y "autómata" se entrecruzan casi recursivamente, cuando no conviven en sospechosa confusión. El mundo de los robots parecería una historia de hoy, pero quizás forme parte de una historia increíblemente vieja, la historia de una secuencia de "infinitesimales procesos" (Borges), con los que la humanidad se ha ido dando artefactos animados de movim iento y cargados de simbolismo. madas, más o menos complicadas a tenor del estado cient ífico y técn ico de cada época, parece haber sido una de las necesidades elementales de las comunidades humanas desde tiempos inmemoriales. En las prácticas ceremoniales, el hombre primitivo utilizaba máscaras articuladas zoomorfas y estatuas animadas a través de las cuales brujos y sacerdotes revestían una nueva personalidad, en un juego de símbolos y signos. En Egipto, por ejemplo, pequeñas estatuas, algunas hoy dormidas en los museos, que reproducían los movimientos cotidianos, ofrecían morada a las almas de los muertos en su peregrinar. Pero fueron soberbios ingenieros griegos alejandrinos y de Bizancio, al tiempo matemáticos y médicos, quienes inventaron mecanismos accionados por el agua, el fuego, el aire y la tierra desde el siglo qu into antes de nuestra era. Entre ellos se ha conservado memoria -por sus escritos o por las traducciones que de los mismos han llevado a efecto sabios árabes mil años después- de Ctesibios, Filón, y Herón de Alejandría. Ciertamente, éstos combinaron, en forma inigualable, pistones, sifones, resortes, ruedas dentadas, vasos comunicantes, levas, para diseñar clepsidras, lavabos automáticos, juguetes, máquinas escénicas. Al menos en teoría, y según se desprende de los esquemas rescatados a la voracidad del tiempo, la idea de autómata llegó a alcanzar una gran perfección en la mente de Herón: 1. Los mecanismos actúan en virtud de su estructu ra interna; 2. La acción procede de una organización de las fuerzas motrices, natu rales co n el peso (materias pesadas, agua) y artificiales con el vapor de agua o el aire comprimido; 3. Los más perfeccionados son móviles, pudiendo desplazarse solo el conjunto. Occidente recogió de manos del inefable intermediario árabe la herencia de estos in gen ios, que se traslada y perfecciona hasta el Renacimiento, después de una trayectoria de jardines y relojes adornados con autómatas, de intentos de autómatas androides, a lo largo de los siglos XII, XIII, XIV y a lo ancho de España, Sicilia y Alemania. Italia y Francia recogen esa antorcha, que se ilumina ahora con el refinamiento renacentista en juegos de agua, instrumentos musicales automáticos, artefactos antropomorfos o zoomorfos y relojes animados, de fin ísima factura. Al decir de los cronistas, el ingeniero francés Salomón de Caus diseñó, a principios del siglo XVII, las primeras máquinas cuyo programa de funcionamiento estaba perforado en un tambor giratorio. Todo esto es muy interesante, pero más que todo lo es la significación humana y filosófica que el progresivo dominio de la tecnología mecánica y fluídica proyecta: una visión mecanicista del organismo del animal y del hombre es trazada, con gran fuerza por de Vinci, Rabelais, Vesalio (quien en su obra principal utiliza la palabra "fábrica" para referirse al cuerpo humano) y Descartes, ent re ot ros. Es el francés Vaucanson quien, a mediados de los mil setecientos, eleva la construcción de autómatas mecánicos a la catego ría de "cu m laude" e incluso proyecta hombres artificiales para demostraciones anatómicas. La misma tradición se extiende a los siglos XVI" y X IX, aunqu e a fi nales de éste cabe detectar el inicio de una rama, que pudiera denominarse de autómatas lógicos, culminada genialmente y en clave de tecnología electrómecánica por el ingeniero español Torres Quevedo (Jugador de Ajedrez (1912/1920), Telequino (1902)). De esta rama de los autómatas y de su entrelazamiento con otras líneas de desarrollo, como las calculadoras y las máquinas estad ísticas, nacerían los computadores. y también otra clase de autómatas y robots muy peculiares, en nada parecidos a los autómatas mecánicos. A partir de este hito, la morfología cederá el paso a la funcionalidad y los conceptos abstractos ocuparán la primera línea. (Véase cuadro con opiniones de Torres Quevedo (1852-1936) Si el cu rioso destino hiciera que el mismo lector desembocara, sin previo aviso, sobre determ inadas definiciones de "autómata", como el "autómata de estado finito" o el "autómata estocástico", probablemente le ocasionaría molestos problemas, no sólo por su dificultad de comprensión, sino por lo que implican de súbita disociación cultural. Porque ¿qué demonios tienen que ver estos últimos autómatas con los que vienen descritos en los diccionarios? Ese lector tendrá identificados a estas alturas al autómata con el robot y el robot con el autómata. Ya no le suena extraño imaginar los robots de la ficción cient(fica como descendientes de los viejos autómatas de la historia. Y, de repente, se tropieza con estos autómatas, que no tienen brazos ni piernas, que sólo son fórmulas y se dividen en clases abstractas: autómatas MT, ALL, AP, AF, por ejemplo, iArdua tarea la de encontrar alguna relación entre tales clases y otras más familiares de robots, tal vez los robots SPD, QT, DV, individualizados por Asimov y convertidos por el mismo hecho en amigos del lector: SPD-13 es Speedy, QT-l responde por Cutie, a DV-5 se le puede llamar Dave,donde: obra, los operarios robots se rebelan y matan a sus creadores. 1926 ve el lanzamiento de Amazing, la primera revista dedicada Llnica y exclusivamente a la ciencia-ficción. En 1927 se estrena la película "Metrópolis" de Fritz Lang, que escenifica la dominación del hombre por la~máquinas. 2, Engelberger, al que algunos toman por el pope occidental de la robótica industrial, considera al gran d ivu Igador científico Asimov como inventor de la palabra "robótica" (también, "robotología") por el año 1942. Los robots de Asimov son simpáticos y comprensivos y no atentan contra sus creadores, sujetos como están (los robots, no los creadores) -por construcción- a respetar tres leyes E 8S lIn conjunto finito, de entrada, cuyos elermmtos llamaremos S es un conjumo finito,cuyos elementos símbolos de salida. es una funciÓn O 8S un conjunto llamado , de estados. llamada funcién de Hansicóón G funció 9 es una función g: E Q , S, llamada Esta definición tOrrnal puede interpretarse con la descripción matemática de una máquina que, si en el instante recibe una entrada e f E V o,e encuentra en el estado q f Q, entonces da un,; salida 9 (e,q), V pasa 8 estado f (e, q) en el instante t + 1, Un autómata stocástico o probabil es una quintUpla donde: E, S, J son, le;, autómatas deterministas, 105 alfabetos de entrada salida el conjunto de estados, que supondremos finito: S es 18 función de s1ida (consideraremos sÓlo autómatas de tipo Moore), que se supone dr"erminista, P: de probabiiidades de transición: realiza el propósito en la conducta animal y humana y de cómo puede ser imitado por medios mecánicos y eléctricos, Es el inicio de una larga serie de máquinas y robots cibernéticos diversos, hasta nuestros días. En 1948, Wiener publica las bases científicas de la Cibernética, reinventando el nombre y algunas ideas. Por lo menos Platón V Aristóteles y, más recientemente, Ampere y Maxwell pueden ser considerados como ancestros de su concepto central. (Para Aristóteles, desde el punto de vista económico, el esclavo (de aquí viene el término "siervo" y el prefijo "servo") no es sino "un instrumento animado" de su amo), Punto 5. Durante las décadas de los cincuenta y sesenta se desarrolla fuertemente la teor ía matemática de los autómatas (los aqu í denominados autómatas lógicos), Cabe decir, aunque no de modo absoluto, que, en un plano conceptual, la teoría de autómatas forma parte de la Automática y ésta de la Cibernética, De otro lado, la misma teoría es componente básico de los cimientos de la Informática, imbricándose en éstos con las teor (as, em i nentemente abstractas, de lenguajes y de la computación. En la discreta medida en que nuestro seudodiagrama darwiniano sea resumidor de la marcha evolutiva del autómata/robot, apreciamos en él dos grandes líneas, Una, popular, cuyas raíces se hunden en el pasado, que da el "autómata vulgaris" y, luego, el "robot vulgaris", que son el mismo salvo el cambio de nombre y de significación. El calificativo "vulgaris" se aplica en su acepción de asequible-alhombre-de-Ia-calle, Otra línea, derivable en parte de la anterior, pero que refunde además otras ricas tradiciones técnicas y científicas tiene su culmen y charnela en la cibernética. Sus robots son producto del pensamiento y del trabajo de grupos muy especializados (cosa normal, ciertamente) y, ciertamente, su funcionamiento resulta incomprensible para la inmensa mayoría de los ciudadanos: alta tecnologmáxima abstracción, antropomorfismo nulo. (Ver diagrama). En resumen, los autómatas históricos (vulgares, ya saben, y reales por lo general, al menos en su apariencia) se transfiguran, casi directamente y por un golpe de suerte en la elección del vocablo, en robots populares (de ficción, por lo general) y en robots técnicos (véanse definiciones técnicas), estos últimos integrados por autómatas lógicos. La acepción co Supongamos que un amigo del lector ha investigado este tema. Con datos en la mano, le va a aclarar a él, y de paso a todos nosotros, sus dudas. Fue hacia 1920 -tal vez en 1917, según ciertas versiones- cuando el escritor checo Karel Capek escribió una obra teatral titulada Los Robots Universales de Rossum (R,U,R.), que se representó por vez primera en Praga en 1921. Se atribuye a un hermano de Karel la acuñación del término "robot". En la fundamentales (los robots de Asimov, no los demás robots). 3. Utilizando a veces el nuevo término de impacto, "robot", los científicos cibernetistas de la década de los 40 diseñan robots autorregulados, mediante sabia combinación de la tecnología giroscópica (entre otras tecnologías) y de las técnicas de S8rvos y computadores analógicos. Aiken, von Neuman y Wiener fundan por entonces la Sociedad Teleológica, dedicada al "estudio de cómo se En el esquema anterior, está implícito naturalmente el sigu iente esqu ema básico: sensores -;. computador -;. efecto res. A grandes rasgos, los sensores captan la información de estado y los actuadores cumplen el papel de efecto res, Es el proceso, esto es, la actividad sobre la que se ejerce el robot, quien particulariza a éste desde todos los puntos de vista. Así, el robot industrial asume tareas acordes con su nombre. Interviene en cadenas para funciones de carga y descarga, transferencias, montaje, ensamblaje, soladura, pintura, fundición, corte, Su mún de "autómata" no es de recibo en el mundo especializado y viceversa, Por desenmarañar este lío semántico, denotaremos aqu í "autómatas prerrobóticos" a los autómatas históricos, distinguiéndolos así de los autómatas abstractos, y "robots automáticos" a los robots hijos de la cibernética, diferentes éstos de los robots hijos de la ficción, que perduran en la imaginación de la gente común. (Ver Cuadro 6). Siguiendo una jerga (ciencia positiva, economía positiva.) establecida, aunque discutible, los robots automáticos serían materia de la robótica positiva, que resulta ser un subconjunto dentro de la Cibernética o de la Automática, según gustos. La robótica fantástica constituiría el ámbito de creación y degustación de robots generalmente imaginarios, alguna vez reales, pero en todo caso imaginativos. Suficientes indicios conducen a pensar que a corto plazo el robot técnico va a desplazar al robot fantástico, al popular robot, al robot vulgaris, de la mente de la gente común. Son señales que anuncian el crepúsculo de esta clase de robots. Dentro de poco, a lo mejor no hay más robots que los robots técnicos y la única Robótica será la que aqu í se ha denominad o Robótica Positiva. Dentro de la variedad de robots técnicos cabría practicar una pormenorizada categorización según sus funciones, estructura y grados de complejidad. Mas no siendo tal cosa, ni siquiera de lejos, el objetivo de este trabajo, solamente se consideran aqu í los robots industriales, los robots variopintos y los robots científicos. Cualquiera de ellos responde, pertrechado con algunos o con todos sus elementos, al esquema de sistema de control automático (Naslin, 1978), si bien en la práctica los niveles de automatización son extraordinariamente diversos. especificidad con respecto a las otras clases de robots nace, por encima de otros factores, de su estructura mecánica articulada, de los órganos actuadores de potencia y del órgano prensar o "mano", es decir, del manipulador en su conjunto (en su caso, telemanipulador). Nadie puede dudar que el mayor impacto práctico de la robótica le corresponde a la robótica industrial. Dicho impacto se mide, por ahora, en términos de aumentos impresionantes de la productividad, mejoras de la cal idad de los productos manufacturados, ahorros de material, eliminación de riesgos fl"sicos y también de conflictos laborales (o sea, eliminación -no física- de personal). Denomino robots variopintos a aquéllos, muchos más específicos, dispersos y menos nu merosos, que encuentran o encontrarán su aplicación en los campos de la medicina, de la aventura aerospacial, de la investigación oceanográfica o de la investigación nuclear. Por último, el robot científico es el robot donde se colocan avances últimos, especialmente en lo que toca a sensores y tratamiento de la información, con la vista puesta en conseguir mayor inteligencia, autonomía y control de entornas crecientemente complejos. La definición de "robot" por Arbib (cuadro 6) es una definición de robot científico y se encuentra explicitada en su libro, en el que el lector encontrará además una exposición simple y no simplista sobre el tema. Los invest igad ores en ro bóíica c ient ífica utilizan -cuando no son ellos mismos Generaeión 1: Un eontrol del brao Generación quienes los crean- los resultados de las investigaciones acerca de la inteligencia artificial (I.A.), y hasta tal punto hay confusión, que algunos investigadores piensan que la robótica es un apartado de GeneradÓ 2: Realirnentación sensorial de tipo tacto, presión Generación 2, 5: de coordinación brazo/vista con un conuol sensorialGeneración 3; Dotación de una cierta inteligencia artificial para , que I"s operador humano y resolver problemas, planteados por el entorno de losla inteligencia artificial mientras que otros opinan justamente lo contrario. A mi juicio, ambos extremos yerran, pues no existe relación de inclusión y sí existe, en defin itiva, una relación todo lo intensa que se pueda entre los subsistemas de elaboración de criterios y de modelos y de tratamiento de la información del esquema ya comentado y las técnicas de la I.A. Efectivamente, "la resolución de problemas, el reconocimiento de formas (patrones), el juego y la toma de decisiones, el procesamiento de lenguajes- naturales y la autoorganización pueden ser parte del cerebro de un robot". Sólo se necesita poner todas estas cosas juntas y conectarlas a efectores y sensores" E.B. Hunt, ARTIFICIAL INTELLIGENCE, Academic Press N.Y., 1975). Obviamente, el sector de robots científicos es la cantera donde cobran forma no pocas de las técnicas que emplearán los robots de sucesivas generaciones de los demás sectores. Asimismo, este sector persigue hacer realidad algunas de las peculiaridades de los robots fantásticos. Dentro de la perspectiva evolucionista aqu í pergeñada merece subrayarse con lápiz rojo la incorporación genética del tratamiento cibernética de la información en la estructura de los robots, Tal cosa representa un salto cualitativo, una revolución, la trasposición del umbral que separa dos seres de naturaleza diferente, el autómata prerrobótico y el robot automático, y abre una puerta, pivotante sobre goznes científicos, hacia sistemas futuros con capacidades de adaptación y de aprendizaje, Morin, que ha acuñado ,el térm ino "cereb ro mecan ismos" lo ve as í (E, Morin, LA METHODE, ler tomo, Seuil París, 1977 p. 237) "EII tanto que los motores se han desarrollado desarrollando potencia energética, los computadores se desarrollan desarrollando competencia organizativa. Los computadores tienen grandes aptitudes para organizar operaciones y acciones precisas, sutiles y complicadas, en condiciones y circunstancias cambiantes, para controlar y conducir, no sólo producciones materiales, sino también comportamientos", "De ahí que los computadores manden máquinas a partir de sus competencias informacionales, y la integración de UII computador en una máquina con motor constituye un autómata, ser-máquina automovido y, aparentemente, automan dado, gobernado, controlado". Se puede apreciar aqu í la revolución que separa el autómata vaucansoniano del cibernética, El antiguo autómata estaba animado por un aparato de relojería; el nuevo está animado por un aparato informacional; el primero estaba regulado de una vez para siempre; el segundo se regula por sus operaciones, en función de las circunstancias, Este nuevo ser ya tiene qu ien lo tutele, especialmente si tiene aplicación industrial. Asociaciones Congresos, Revistas, Libros, Proyectos, Empresas, se inclinan sobre él al impulso de muy diversos intereses. Estimulante situación para el técnico, inquietante para el profano, Mientras, se replantea la vieja e infinita cuestión sobre la máquina y el hombre, vivificada ahora por el calor de las inusitadas dotes de estas máquinas. razón pesimista y un cerebro impregnado aún de seculares antropomorfismos, En esto último están unidos -es mi creencia particular- Capek y Rabelais, La humanidad se ha ido dando símbolos antropomórficos para poblar sus ritos, utopías y leyendas pretéritas y futu ras: trasgos, e! fos, golems, gnomos, mandrágoras, homúnculos, I icántropos, pantagrueles, androides.., y entre ellos podríamos incluir los autómatas o robots, según las épocas, Los hay lúdicos y divertidos, los hay terribles y hasta terroríficos (Asimov definió sus robots como antimonstruos Frankenstein), pero todos (o la gran mayoría) pertenecen a la historia del antropomorfismo, El hombre, en su concepción del mundo, ha operado habitualmente con el antropomorfismo como con una estructura constitutiva de su pensam iento, Hoy, determinadas capas poderosas de la sociedad impulsan con mejor gusto un racionalismo a ultranza: infosfera, entorno inteligente, ocio creativo.., Desde luego, los robots cibernéticos (sobre todo los industriales), amorfos, infatgables, tecnológicos, un poco muermos pero cada vez más listos, se inscriben en la estela de lo racional, Y, poco a poco, van abriéndose camino en la cultura popular, desde los libros de Clarke hasta las canci ones de Miguel R íos, Empero, por lo que atañe a las gentes, a primera vista, diríase que es el espíritu atemperado de R,U,R, el que con mayor fuerza se ha instalado en la máquina abstracta. El espíritu burlón de Rabelais está en baja, Uno, la verdad, preferiría que fuera justamente al revés.Está demostrado que fue Capek (o su hermano) quien inventó el vocablo "robot". He podido leer, aunque no comprobar, que Rabelais compuso el término "autómata", No tendría nada de extraño, ya que Rabelais demostró, a lo largo de toda su obra, ser un palabrista, además de fraile, cirujano y poseedor de una extensa cultura grecolatina. Sus libros son fuente de reires, de alegría de vivir y de pensarn iento, ¿Coincidencia casual7, Dos escritores inventan las palabras con que se designa a los objetos en los que nos estamos enredando y los dos se ocupan de seres m íticos y no reales, lo que pasa es que Capek, habitante de un mundo en el que eclosionan la ciencia y el industrialismo, trabaja la ficción científica y lo hace con un co