La calidad de los equipos de telecomunicación -------------------------------------------------------------------------------- PRESENTACIÓN Me ha pedido la redacción de la revista que escriba sobre la evolución de la calidad de los equipos de telecomunicación, entendiendo por tales, los equipos que se utilizan para la presentación de la información al público en general, aunque también se deban incluir los equipos captadores de la información que, posteriormente, será tratada, dirigida, manipulada, alterada y al final, de nuevo presentada, mediante otro equipo de telecomunicación, al usuario final. Por tanto, debo excluir en estas consideraciones, otros parámetros relacionados con la calidad, pero no contemplados en los equipos, como puede ser, calidad de servicio, calidad de las redes, calidad de los enlaces, si bien, la calidad del servicio está definida por la calidad de cada una de las partes que intervienen en el manejo y proceso de la información. GENERALIDADES El diccionario de la lengua española define "calidad" como el conjunto de cualidades que constituyen la manera de ser de una persona o cosa. Este conjunto se establece para dotar al equipo de una serie de cualidades que le hagan lo más apto posible para el fin para el cual ha sido fabricado. Una posible aplicación de esta definición consiste en establecer la calidad de un equipo como el conjunto de factores inherentes a un producto terminado que le hacen fiable, seguro, cómodo, fácil de manejar, con bajas tasas de errores en su funcionamiento, larga duración, con escasas averías, etc... Bajo otro punto de vista, puede considerarse la calidad como algo inherente al equipo que le permite dar más posibilidades de ejecución de órdenes frente a las que puede dar un equipo de su competidor, y, finalmente, bajo otro punto de vista puede considerarse la calidad como el conjunto de virtudes de un equipo que le hacen mejor, "más deseable" que otro de la competencia, siempre. bajo ciertos criterios, Un ejemplo del primer caso, puede ser cualquier equipo de los muchos que nos rodean, donde la calidad está definida por la calidad más baja de los componentes que lo conforman. La calidad depende de los materiales utilizados, del proceso de fabricación y del diseño del equipo. La comparación de calidades bajo el segundo punto de vista obedece a "que este equipo hace más cosas" que el otro, sin tener en cuenta otros detalles. El tercer caso es más complejo, ya que el usuario va a comparar "calidades" al considerar que un equipo obedece a sus necesidades de mejor manera que otro de la competencia. En estas situaciones, no es la calidad definida anteriormente la que marca la pauta, sino el usuario final y los fabricantes lo conocen muy bien. Un ejemplo típico son los teléfonos móviles para la gente joven. El éxito está asegurado si son llamativos, con carcasas fuertes y robustas, a poder ser fácilmente modificables, duraderas, mejor sin tener que abrir tapas, con posibilidad de enviar mensajes que se escriban de modo rápido, etc... aunque el interior del equipo presente menos "calidad" que los equipos destinados a otro segmento del público. LA CALIDAD OBEDECE A CRITERIOS ESTABLECIDOS En teoría, la calidad de un equipo, siempre la decide el fabricante del mismo. Pero las opciones que debe tener en cuenta pueden ser libres o condicionadas. Porque: a)	La calidad y el coste están intimamente relacionados. Evidentemente, aumentar la calidad significa aumentar el coste del equipo, sea cual sea la situación que se contemple. b)	La calidad debe ser tal que el equipo cumpla su funcionalidad con plena satisfacción del usuario. No importa tanto que el equipo sea más o menos bueno y tenga más o menos calidad, sino que el usuario se sienta feliz con él. c)	El mercado va a ser el juez que va a indicar al fabricante si la elección realizada sobre los principios de calidad que ha implementado en sus equipos ha sido la correcta. Esta situación le obliga a cumplir, al menos, unos requisitos mínimos de calidad que si no cumple le descolocan del mercado. Y el fabricante, lo que pretende es vender sin perder cuota de mercado, prestigio y nombre, conseguidos con su esfuerzo a lo largo de los años lo que le "obliga" de algún modo a mantener unos niveles de calidad en sus productos que no puede despreciar facilmente. Teniendo en cuenta todo ello, la calidad de un equipo, siempre será definida por el fabricante del mismo. Los criterios que permitan asegurarla deben ser considerados en la etapa de diseño del producto, en la elección de los materiales, en el proceso de fabricación y en la distribución, siempre teniendo en cuenta que debe minimizar el producto calidad-coste, pero fijando los mínimos para la calidad y las prestaciones que pretende proporcionar con el equipo. Asi, los fabricantes de equipos de radio, fabrican, dentro de unos márgenes, un único tipo de equipo y de esa forma rentabilizan los costos de hardware, al existir una única cadena de fabricación con una calidad uniforme. Posteriormente, mediante programación, el fabricante personalizará cada equipo para el cometido que vaya a desempeñar y lo adaptará al fin previsto (canalizaciones, frecuencias de trabajo, filtros, portadoras, canales de control, etc...) Una vez diseñado el equipo, el fabricante deberá tener en cuenta los materiales a utilizar para su fabricación, sin olvidar el proceso de ensamblaje que, también deberá optimizarse. Son dos las partes que debe considerar: de una, los componentes, conjuntos y subconjuntos que conforman el equipo, normalmente no accesibles al usuario, y de otra los elementos que sirven para su manipulación, pantallas, teclados, botones, clavijas, conectores, formas ergonómicas, etc... La calidad tiene relación con las funcionalidades del equipo, aunque con menor peso que en las consideraciones anteriores, si bien juega un papel importante la necesidad del usuario, presente o futura, ya que, en definitiva, va a ser el comprador del equipo. LA CALIDAD DE UN EQUIPO PUEDE SER VOLUNTARIA U OBLIGATORIA A priori, como definición es válida, aunque el cumplimiento de unos mínimos es siempre obligatorio. En realidad, superados esos mínimos, la calidad es voluntaria, y la decide el fabricante del equipo. Ahora bien, ni ha sido siempre asi, ni es asi en algunas circunstancias actuales, porque el coste asociado a la calidad es un factor deteminante en el proceso de fabricación. Podemos referirnos a los equipos terminales de radio, donde la calidad de los mismos, muy inherente al costo y por tanto al precio de venta, ha estado practicamente definida por el fabricante en el devenir de los tiempos, tanto para equipos emisores como para receptores y transceptores. El costo ha venido determinado por la competencia entre los fabricantes y, en muchos casos, no ha sido un factor determinante. De hecho, el mayor volumen de ventas de este tipo de equipos (emisoras de radiodifusión, equipos militares, equipos de comunicaciones para la marina y para la aviación), están definidos por características inherentes a la calidad, (duración del equipo, tiempo medio entre averías, simplicidad en el mantenimiento, aseguramiento de repuestos, etc...) con una consideración secundaria el coste de los mismos frente a la calidad ofertada. Sin embargo, en los equipos denominados de línea, tanto los adquiridos directamente por los operadores de redes, como los adquiridos directamente por el público, la calidad ha evolucionado de obligatoria a voluntaria en muy pocos años, aunque hoy en dia, persistan situaciones en las que la voluntad del fabricante no es libre para definir, en muchos casos, la calidad de sus productos. Hasta finales de los años ochenta, en casi todos los estados miembros de la Unión Europea, por citar los más próximos a nuestro entorno, se presentaba una situación como ésta: El fabricante tenía que fabricar un equipo con una calidad perfectamente determinada por el operador y no podía alterarla bajo ningún concepto. El operador alegaba que el equipo formaba parte de su plan de transmisión, normalmente analógico, y por ello tenía que imponer ese tipo de parámetros de calidad. Si el fabricante no aceptaba las reglas de juego, el operador no compraba ni permitía que el equipo terminal se conectase a su red. La guerra estaba declarada porque los fabricantes siempre alegaban que con esos requisitos de calidad impuestos, el costo era muy superior a lo que el operador estaba dispuesto a pagar y el asunto era el del plato de lentejas, o las comes o las dejas. Una solución, utilizada ampliamente, consistía en eliminar problemas y reducir la calidad del producto terminado, presentando un producto final que cumplía los requisitos pero que, a la postre, aumentaba el número de averías del equipo vendido al operador de la red. Recuerdo aquellos equipos telefónicos fabricados en la década de los años 70 y hasta comienzo de los 80 donde la herramienta más importante era un alicate de puntas redondeadas para el ajuste de los flejes-contactos que movía una tecla cada vez que se pulsaba y que cerraba-abría muchos circuitos ohmicos simultáneamente. Esa herramienta era imprescindible para el trabajador que, pomposamente se denominaba "control de calidad final del equipo". La calidad dejaba mucho que desear, pero se cerraban contactos óhmicos y los equipos funcionaban, eran aceptados por el operador y era lo único que importaba. La calidad no era de libre elección del fabricante, sino que venía obligada por operador, que en definitiva era el cliente. Tampoco tenía influencia el mercado, porque, además, el operador era el que marcaba los precios al usuario final y podían tener muy poca relación con la realidad del coste. Esta situación perdura en nuestros días, en algunos casos en los que el fabricante se ve obligado a reducir el precio de costo del equipo, lo que le obliga a rebajar la calidad de sus productos para poder seguir vendiendo, sin entrar en un proceso de pérdidas por esta causa. Otro procedimiento para asegurar la calidad de forma obligatoria, que en su día supuso una revolución y que fue pionero de los sistemas actuales del aseguramiento de la calidad, son las normas militares de calidad, conocidas por las siglas PECAL. No eran normas de calidad específicas para la fabricación de equipos cuyo destino fuese militar, sino más bien normas de comportamiento en los procesos de fabricación de esos equipos que permitiesen garantizar una calidad determinada. Pero no por ello dejaban de ser obligatorias porque el estamento militar compraba esos equipos solamente si habían sido fabricados siguiendo esas normas y criterios de calidad previamente impuestos que, además, evaluaban de forma periódica en los procesos de fabricación. EVOLUCIÓN DE LA SITUACIÓN En lineas generales, la situación ha evolucionado paulatinamente, hacia sistemas de calidad implantados de forma voluntaria, movida por el mercado, la liberalización de las telecomunicaciones y las necesidades y demandas de la sociedad actual. Para los equipos de telecomunicación, el primer hito se marca en 1988, con la creación del Instituto Europeo de Estandarización (ETSI). Verdad es que existía CEN, CENELEC, y otros organismos de normalización, pero la cohesión y el modelo de normativa americanos hicieron comprender a los europeos que o se apuntaban a la misma idea o Europa iba a ser un reino de taifas en lo que se refería al mantenimiento de la calidad obligatoria por los operadores de red. El planteamiento es tan simple como decir que las normas hay que armonizarlas, lo que obliga a armonizar las exigencias de cada operador. De este modo aumenta el grado de libertad de los fabricantes, con lo que pueden implementar la calidad más a su criterio que en la situación anterior. La liberalización de las telecomunicaciones, desde finales de los ochenta hasta nuestros dias, permite la aparición de nuevos operadores de telecomunicación, nuevos servicios, nuevos equipos, nuevos sistemas y mayor competencia y ello obliga a que los operadores de redes se preocupen más de sus redes y no dependan de los equipos terminales para garantizar el servicio ofertado del mismo modo que dependían en el escenario anterior a la liberalización y con calidades similares. Los usuarios, van a poder elegir libremente el equipo terminal que mejor satisfaga sus necesidades, siempre que cumpla unos requisitos mínimos que los Organismos reguladores de las telecomunicaciones impongan a los fabricantes. El siguiente paso se dio en 1991 con la Directiva 91/263/CEE, por la cual se establecían unos procedimientos de certificación de equipos terminales por cumplimiento de unas normas claras y definidas. No tenían que ser evaluadas por el operador de la red, sino por laboratorios independientes que fuesen de la confianza del organismo regulador de las telecomunicaciones en cada estado miembro de la Unión Europea, con lo cual aumentaba más el grado de libertad del fabricante. Además, los equipos tenían que estar certificados, evaluada su conformidad a normas, cada vez con menos requisitos obligatorios y ello bastaba tanto para poder comercializar el equipo como para que el operador no pudiese negar la conexión a la red de un equipo certificado. Comenzaba la regulación del mercado y los fabricantes introdujeron mejoras sustanciales que redundaron en un aumento de la calidad. Además, aunque este asunto no tiene nada que ver con la calidad, la posibilidad de emitir certificados válidos para equipos a comercializar en toda la Unión Europea, redujo los costes (por no tener que someterse al proceso de certificación en cada uno de los estados miembros) y permitió que los fabricantes pudiesen destinar recursos para aumentar la calidad de los equipos, manteniendo precios competitivos. La escasa regulación, la amplitud del mercado y la aparición de nuevos servicios provocó situaciones tan paradójicas de caidas en precios de más del ochenta por ciento en un año, sin merma alguna de la calidad. ¿O no recordamos el costo de un teléfono TMA entre 1991 y 1992? Recuerdo el "rasgado de vestiduras" que se provocó en el mercado cuando un fabricante ofertó sus equipos por debajo de las cien mil pesetas. Evidentemente hubo otros factores como la aprobación de las normas europeas del primitivo GSM en enero de 1992, que con la implantación del servicio de telefonía digital iba a dejar moribunda a la telefonía analógica en un plazo brevísimo, como asi ha ocurrido en todos los Estados miembros de la Unión Europea. Esta situación que era buena en lo que se refiere a la calidad de los equipos, impulsó que se estudiase la posibilidad de implementar racionalmente y con el menor coste posible los procedimientos de aseguramiento de la calidad, y asi aparecen los desarrollos de las ISO 9002, 9001; EN 29002 y EN 29001, que en definitiva son, sistemas que permiten garantizar la calidad estipulada por el fabricante en el proceso de fabricación (EN 29002) o de calidad total (EN29001) en el proceso de diseño, fabricación y control de los equipos manufacturados en una determinada factoría. Los fabricantes se acogieron a estos procedimientos y aunque su implantación y evaluación pueda parecer costosa, hoy están disfrutando aquellos retos aceptados en su dia y no hay ningún fabricante que se precie que no tenga implementado algún sistema de control de calidad en su proceso de fabricación como los indicados. Vuelvo a repetir, muy brevemente, el nuevo escenario creado en los años 90. El operador de red ha dejado de ser el ojo vigilante de los equipos terminales de linea y el nuevo elemento certificador por cumplimiento de normas es una figura llamada Organismo Notificado, el cual es nominado por la autoridad de telecomunicación, que además, mantiene la facultad de vigilar el cumplimento de las reglas del juego. Esta situación provoca que se meta en el mismo saco a los equipos terminales de linea que a los equipos de radio y que el proceso certificador sea el mismo para ambos tipos de equipos, pero con una salvedad muy importante: mientras existen normas armonizadas europeas que permiten la certificación de los equipos terminales de red (y estaciones terrenas de satélite) no existen certificaciones comunes para los equipos de radio que permitan la libre circulación de los mismos, estando sometidos a certificaciones nacionales en cada Estado miembro de la Unión Europea. Se consigue una uniformidad en el paralelismo calidad-libertad en la fabricación de ambos tipos de equipos, pero con un costo añadido por la certificación múltiple, lo cual no provoca pérdidas en la calidad sino aumentos en los costos. Para tratar de solucionar estos problemas, en 1999, aparece una nueva Directiva, la 99/05/CE para una situación nueva en un escenario antiguo, cuyos motivos de elaboración obedecen a: a)	Los fabricantes de los equipos de telecomunicación arguyen, y es palabra tabú ante la Comisión Europea, que la libertad de mercado y la libre circulación de mercancías es un impulso necesario que debe darse y no puede existir discriminación entre los equipos de radio y los equipos de linea. Por ello, la nueva Directiva, denominada R&TTE, contempla, en su campo de aplicación, todos los equipos de telecomunicación. (Hay algunas excepciones, sin mayor trascendencia, para el tema objeto de este documento). b)	Los fabricantes no entienden los costes del proceso de certificación o de intervención por Organismos Notificados. Suponen un costo añadido al producto, en muchos casos elevado, una evaluación cara en un laboratorio ajeno a ellos, para verificar el cumplimiento de una norma determinada, tardando un tiempo precioso que aprovecha la competencia y lo que es peor, el informe emitido por el laboratorio para la certificación del producto no les sirve para nada, pues no descubre nada que no supiesen de su producto. No hay ningún laboratorio europeo que esté mejor capacitado y sea más completo que el propio del fabricante, para el equipo que fabrica. Ante la Comisión Europea señalan que eliminar este proceso les va a permitir mejorar la calidad y ser más competitivos frente a otros mercados como el americano o el japonés, sobre todo teniendo en cuenta los acuerdos de reconocimiento mutuo que se están celebrando entre la Unión Europea y esos países, con un peso específico muy elevado en el mercado de este tipo de equipos. c)	La apuesta por la calidad no se evalúa con este tipo de ensayos y en estos caros laboratorios. Porque en este tipo de instalaciones solo se comprueba si el equipo cumple una norma, en el mejor de los casos, si funciona correctamente, pero no se evalúan parámetros de fiabilidad, tiempo medio de averías, servicios suplementarios no contemplados en la norma, factores externos, como oxidaciones, choques térmicos, vida del equipo, etc...soluciones adoptadas para el mantenimiento de los equipos, y estos ensayos deben seguir siendo asumidos por los fabricantes. 	No obstante, conviene señalar que este tipo de laboratorios son de una utilidad magnífica para los fabricantes que no disponen de instalaciones completas o que no quieren realizar inversiones costosas y suponen una ayuda muy interesante para evaluar la calidad de productos importados, a fin de garantizar que el importador pone en el mercado lo que realmente quiere poner y no lo que le ha vendido el oriental de turno y cuya calidad no ha podido evaluar. d)	Aceptar este compromiso es aceptar que el fabricante que pueda dar más calidad en sus productos va a poder superar la competencia y a poner en serias dificultades al fabricante que no considere la calidad como algo prioritario. La nueva Directiva reduce mucho más los requisitos considerados esenciales. Quedan tan solo tres: seguridad eléctrica, compatibilidad electromagnética y uso eficiente del espectro radioeléctrico. La Comisión Europea tiene dudas de la efectividad de esta simplificación y deja abierta una puerta para poder definir nuevos requisitos esenciales si hace falta, pero, en esta fecha, no ha existido ninguna ampliación, salvo en considerar como esenciales ciertos requisitos para los equipos de radio a bordo de embarcaciones fluviales y para los equipos de emergencia e indicadores de la posición de las personas que los llevan, ante catástrofes naturales (aplicables sobre todo en zonas de alta montaña donde hay frecuentes aludes). Evidentemente, la evolución está realizándose hacia la calidad voluntaria. Practicamente todo cabe y todo vale. Es el mercado quien va a regular los nuevos equipos de telecomunicación, por su servicio, por su calidad, por sus prestaciones, por su comodidad de uso, por la facilidad de manejo, por todo. El fabricante es quien lo define, garantizando siempre el mínimo indicado anteriormente, pero el mercado es quien regula y elige. La nueva Directiva contempla varias posibilidades para la evaluación de la conformidad a los requisitos esenciales y, en consecuencia de ello, establece diferentes marcados para los equipos de telecomunicación. 1)	El marcado CE, obligatorio en todos ellos, que significa que el fabricante del equipo ha evaluado su conformidad con los requisitos esenciales. 2)	Si el fabricante quiere, puede presentar el expediente técnico de construcción del equipo, con la evaluación realizada, ante un Organismo Notificado que va a estudiar dicho informe, va a emitir un dictamen técnico y le va a permitir asociar el marcado CE al número identificativo del Organismo Notificado. El fabricante está informando al mercado que no solo ha hecho las cosas bien sino que, además, un Organismo Certificador, ha visto y evaluado ese expediente técnico de construcción y le ha manifestado conformidad con el mismo. 3)	Permite, como otro procedimiento alternativo, la aplicación de la EN 29001 sobre la implantación de un sistema de calidad total en la factoría de forma tutelada por un Organismo Notificado. El mensaje del fabricante al usuario sería, más o menos, éste: Yo tengo implantado un sistema de calidad total en mi proceso de fabricación por aplicación de la norma EN 29001 que me permite asegurar que la calidad que he querido imponer al equipo que va a adquirir está asegurada y un Organismo Certificador ha evaluado (o ha hecho evaluar) dicho sistema de calidad utilizado y lo ha considerado conforme. Podemos referirnos a los equipos terminales de radio, donde la calidad de los mismos, muy inherente al costo y por tanto al precio de venta, ha estado practicamente definida por el fabricante en el devenir de los tiempos, tanto para equipos emisores como para receptores y transceptores. El costo ha venido determinado por la competencia entre los fabricantes y, en muchos casos, no ha sido un factor determinante. De hecho, el mayor volumen de ventas de este tipo de equipos (emisoras de radiodifusión, equipos militares, equipos de comunicaciones para la marina y para la aviación), están definidos por características inherentes a la calidad, (duración del equipo, tiempo medio entre averías, simplicidad en el mantenimiento, aseguramiento de repuestos, etc...) con una consideración secundaria el coste de los mismos frente a la calidad ofertada. Sin embargo, en los equipos denominados de línea, tanto los adquiridos directamente por los operadores de redes, como los adquiridos directamente por el público, la calidad ha evolucionado de obligatoria a voluntaria en muy pocos años, aunque hoy en dia, persistan situaciones en las que la voluntad del fabricante no es libre para definir, en muchos casos, la calidad de sus productos. Evidentemente la información que se proporciona al usuario es mucho mayor que poner el marcado CE a secas. Los procedimientos de evaluación de la conformidad están establecidos en la Directiva y no se pueden elegir tan libremente como aparenta este escrito, pero escribir sobre los procedimientos y sobre la nueva Directiva no es objeto de este artículo. No obstante, puedo amenazar al lector de BIT con otro artículo sobre la Directiva indicada ya que está dando mucho que hablar en la Unión Europea y conviene tener las ideas muy claras, o si se prefiere, transparentes. Sin embargo, asociado con la calidad, debe señalarse que existen procesos de certificación voluntarios, aplicables a los equipos de telecomunicación, muy similares a los que existen en procesos industriales desde hace algunos años. Y el salto que preconiza la nueva Directiva, aplicable en la actualidad, desde el 7 de abril de 2000 en toda la Unión Europea, está abriendo nuevos horizontes a los fabricantes en los procesos de certificación voluntaria, con marcas añadidas a la CE que quieren decir algo y que, cada vez, van teniendo más implantación en la sociedad. Estos procedimientos están muy desarrollados en países de nuestro entorno, como pueden ser, Bélgica, Francia, Reino Unido y Alemania. ¿Significa esto que acogerse a un proceso de certificación voluntaria informa a la sociedad que el fabricante ha adquirido un compromiso para mejorar la calidad de sus equipos?. A priori no, porque la certificación siempre obedece al cumplimiento de unas reglas de juego, de unas normas y la calidad solo puede mejorar o asegurarse si las normas contemplan a los procesos de calidad como tal. En caso contrario, el cumplimiento y por tanto, la correspondiente certificación de su cumplimiento, puede no significar nada en lo que a la calidad se refiere. ¿DÓNDE ESTAMOS Y HACIA DÓNDE VAMOS? Estamos en un proceso de evolución permanente que nos ha permitido pasar, en quince años, de una imposición de normas completas obligatorias con una calidad incluida y marcada en las mismas, a una relajación total en las normas, con tres requisitos esenciales cuya conformidad debe ser evaluada y que permite al fabricante asumir la responsabilidad de la calidad que quiere dar al equipo que elabora. La calidad de los equipos de telecomunicación ha pasado de estar definida por los operadores de redes y otros factores, sobre todo económicos por la imposibilidad de elegir por carencia de oferta en el mercado, a todo lo contrario, a que sea el fabricante quien libremente pueda establecer sus criterios de calidad para sus equipos y que sea el mercado el que decida por las opciones con más calidad existentes en el mismo. ¿Existe calidad en los equipos de telecomunicación en el mercado? En líneas generales se puede decir que sí. Los fabricantes españoles ofrecen calidad y servicio, comparable, y en muchos casos, superior, al resto de los fabricantes de los demás Estados miembros de la Unión Europea. También es cierto que España es un pais donde abundan los importadores más preocupados por la cuenta de resultados que por la calidad de los productos que importan, pero cada vez, el ciudadano español es más exigente con lo que compra y está pasando la fiebre del equipo telecobasurilla. ¿Cuáles son los criterios por los que decide el mercado una opción u otra y cómo evalúa la calidad de los equipos de telecomunicación? En mi opinión, hay cuatro factores a tener en cuenta que influyen en ello: 1)	El usuario, que define el mercado porque decide lo que compra. Se nota que hay una falta de preparación en la sociedad en general, bastante significativa en esta materia. Alguién debe ayudarle a tomar este tipo de decisiones y en esta línea está la responsabilidad de los Colegios Profesionales que, en parte, pueden y deben ayudar, o al menos, denunciar situaciones de auténtico engaño fraude al usuario por desconocimiento de la materia, para que no le den "gato por liebre" y le vendan lo que ni quiere ni necesita. (Se me nota bastante que fui uno de ese 69 % de colegiados que consideraron que el COIT tiene algo que decir en esta materia, según ha publicado BIT de julio/agosto de este año) 2)	La evaluación correcta de la calidad de los equipos, porque el mercado tampoco está preparado para ello, ya que lo que "manda" es el dinero y la calidad, en algunos casos no se aprecia y por ello, no se valora. 3)	Hay una mezcla-relación entre calidad-servicio-prestación-costo que a veces no es tan evidente y enmascara la calidad con otros factores que no tienen nada que ver con ella. Un ejemplo puede servir para entender este criterio. Un equipo de telefonía móvil incorpora una batería de un material no contaminante, la pila dura dos dias sin tener que recargar, pero a los cuatro meses hay que tirarla y comprar una nueva. Otro equipo incorpora una batería mucho más contaminante, dura un dia sin tener que recargar, y, normalmente, hay que cambiarla cada año. ¿Cómo se valora la calidad de ambos equipos, suponiendo que ambos dan las mismas prestaciones? Evidentemente el primero presenta más calidad que el segundo, pero si añado que sustituir la pila no contaminante cuesta 20.000,- Ptas. cada cuatro meses y la segunda 6.000,- Ptas. cada año, más nos vale no tener en cuenta la cuota de mercado porque la relación calidad-mercado no funciona en este caso, ya que se vende mucho más el segundo equipo que el primero. 4)	La información que se proporcione al mercado en general y a la sociedad en particular. Esta responsabilidad es de todos los agentes sociales que intervienen en el proceso. La Administración, la Universidad, los propios fabricantes, los Colegios profesionales, organizaciones de consumidores y usuarios y en general todas las entidades que ayuden a realizar correctamente la evaluación de la calidad de un equipo. Cierto es que no debemos caer en la tentación de confundir calidad con cuota de mercado por los errores que pueden aparecer como los indicados anteriormente, pero el fabricante tiene que conjugar las dos cosas, porque lo que quiere es vender y no puede olvidar ninguna de ellas, lo cual, condiciona en parte, la calidad del equipo. Por ello, aunque no nos guste, se está empezando a oir que, en nombre de la calidad, todo es posible y justificable, cuando realmente no es asi: la calidad es una cosa y todo lo demás, otra, aunque el binomio esté tan unido que sea muy difícil separar un factor del otro. Pero, en general, hablando de calidad: Bien. Gracias. -------------------------------------------------------------------------------- Jefe de Area de Certificación y Reglamentación de la Dirección General de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información