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Libros: requiem por un escritor
Libros Requiem por un escritor El sábado 1 de nero de 1982, fue encontrado, en su casa de San Diego (California), el cuerpo sin vida de Ramón J. Sender. Con su muerte desaparece uno de los pocos escritores vivos, pertenecientes a un grupo conocido como "Nueva Romanticismo", "Romanticismo Revolucionario" o "Generación del 27", aunque esta Clitima denominación se suele re serva r para su s poetas, cuya fama nublÓ la indudable capacidad creadora de sus novel istaLa Guerra Civil marcará, como un hierro incandescente, la pluma de unos escritores que forjarán sus planteamientos !iterarios a través de un valuntario prom iso social. Serán estos intelectuales, formados, en su mayoría, en el Ateneo madri. leilo y las Tertulias de café. los que pongan de manifies. to y critiquen una injusta realidad social. La República, por la que combatieron durante la Guerra Civil, popularizó sus obras. A partir de 1939, el exilio, la diáspora, abrigo pa. ra muchos, también les arro. pó. Durante 25 aiios la brutal censura sumió, prácticamente en el anonimato, a estos esci"itores. de los que la generaciÓn de los ,lijos cincuenta sólo tendrá una vaga noción de su existencia. En los allos sesenta. coincidiendo con el los movimientos obrero y universitario. empezó a dejarse sentir un cambio en la vida cultural de nuestro país y, poco a poco -en ediciones muy caras y escasas-, fueron apareciendo libros de autores exi!iados, publicados generalmente por editoriales sudamericanas. La vida de Ramón J. Sender, aragonés de pura cepa, fue más propia de un hombre de acción que de un intelectual, categoría de la que desconfiaba e inc1uso despreciaba. Muy joven, debe abandonar sus estudios para trabajar como mozo de botica en Zaragoza, donde sus inquietudes sociales, pronto se tradvcirán en sus primeras actividades literarias y políticas. A los 17 ailos se escapa a Madrid, para realizar algu nos cursos de filosofía y Letras regresando, al poco tiempo, a Huesca como redactor, prácticamente en solitario, del semanario "La Tierra". En esta época obtiene ya dos premios hterarios menores. De nuevo en Madrid, tras el paréntesis del servicio militar en Mc1illa, trabaja como colaborador en varios periódicos de signo izquierdista. De hecho, será c pcriodismo c que le introducirá, definitivamente, en la literatura y la política, campos en los que su actividad estuvo determinada por un compromiso visceral con ]a libertad que se plasmaría en un anarquismo de corte humanista. La década de los treinta será la de su consagración como uno de los novelistas españoles más prestigiosos. Entre otras obras, había escrito Ján (1931), novela antimilitarista en la que relata sus experiencias bélicas en Africa; Orden Público (193 1), denuncia el sistema penitenciario y policial que conoció en sus tres meses de encarcc:lamiento durante la Dictadura de Primo de Rivera; Siete Domingos Roios (1932), planfleto anarco-sin. dicalista donde narra el desarrollo y represión de una huelga general, y Misler WiUen en el Cantón (1935), por la que se le concedió el Premio Nacional de Literatura. Durante la Guerra Civil, fiel a sus planteamientos po. líticos, combate, en un principio como miliciano y luego como comandante de Estado Mayor, por defender a una República por cuyo naci. miento luchó pero que también ]e había decepcionado. Exiliado a Francia en 1938, será profesor de español en Guatemala y México, hasta instalarse definitivamente en Estados Unidos. En el destierro su obra se transforma profundamente. Abandona, por completo, el partid ismo anarco-sindicalista, para concentrarse en la naturaleza humana, tema que analizará desde muy diversas perspectivas, sin que ello signifique que la Guerra Civil y su contexto político desaparezca, pues sigue sien. do el marco de referencia de gran parte de sus obras. En esta línea dos novelas destacan Crónica del Alba, narración autobiográfica en que relata cuarenta años de vida espafiola y por la que se le concedió el Premio de la Crítica y Requiem por un Campesino Epañol, una impresionante descripción de la tragedia del mundo rural. Este autor, de extensa pro d u cción literaria, era prácticamente desonocido, hasta que en 1969 se le concede el Premio Planeta por En la Vida de Ignacio Morel, iniciándose de esta, una larga "operación retorno" que culmina con apoteósico regreso a España en 1974. Efectivamente, Ramón J. Sender volvió y, con él, otros, igualmente triunfadores fuera de su país, y que se encontraron con una sociedad que, en muchos casos, no les comprendió, Quizá se esperaba más de ellos, tal vez fueron excesivamente mitificados. Estos presos del exilio volvían viejos, cansados, portando una pesada carga sobre los hombros: vivir duo rante cuarenta años fuera de una reaiid a d (la española) conformadora del futuro. En definitiva hubo una decepción mutua, la España de sus suenas no existía y tampoco esos cerebros intactos, libres y combativos que habíamos idealizado. Ramón J. Sender ha muerto, quedará corno uno de los testigos más preocupados por España y como uno de nuestros narradores más importantes.
30 oct 2015