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Música: reflexiones sobre la música de nuestra edad
Música Reflexiones sobre la música de nuestra edad Sería muy fácil decir que la música del siglo XX, que tiene nuestra edad, o que es más jóven que nosotros, no nos llega, o nos llega poco, porque no nos queremos acercar a ella. Esto, como casi todo lo que se enuncie de forma tópica en cualquier terreno del arte, de la polltica, o hasta de la religión, tiene su parte de verdad. Cuando comparamos el fervor con que se acoge una programación musical de repertorio con la frialdad que rodea a una programacción, no ya vanguardista, sino de música de nuestro siglo, comprendemos que nos cuesta acercamos a la música que tiene nuestra edad, y que lo dicho al principio tiene parte de verdad. Pero esta no es toda la vardad. En el fondo de esta si1Uación existe la realidad de que la música de reperto. rlo que recibimos ha sido filtrada por el paso dal tiempo, habiendonos llegado so. lamente la que permaneció por sus valores estéticos, por sus propios méritos, lo que no ocurre con la música con. temporénea. De ésta recIbimos todo, lo bueno, lo regular y lo... menos bueno, y como siempre ha ocurrido, lo menos bueno es mayorra. Y el rechazo que nos produce este elevado porcentaje de obras madiocres y menos buenas se hace extensivo injustamente a la totalidad de lo escuchado, y, lo que es peor, nos inhibe del interés por escuchar. Es ilustrativa a este respecto la lectura de crénicas musicales de tiempos pasados; por ejemplo, en los escritos de Schumann se citan no menos de un centenar de compositores de la época, de los cuales han llegado hasta nasa. tras los nombres de una doce. na, y se programan con cierta perioricidad no más allá de ocho o diez. Esto es muy aleccionador, y es asl porque una obra de arte comienza su historia cuando ha dejado de estar definida en el contexto I que la vió nacer. Es entonces, cuando se transpone a otro tiempo, con otra perspectiva, al incorporarse a un universo estético diferente, cuando las experiencias creadoras se aclaran o se destruyen. Otro ejemplo; en 1882, se escriben, nada menos que en el Conservatorio de Parrs, críticas a los músicos contemporáneos diciendo que se han hecho adeptos de una música antimelodista, influenciada por los últimos cuartetos de Beethoven, "turbia fuente de la que han salido los malos músicos de la Alemania moderna, los Liszt, los Wagner, los Schumann": Con todo lo que de chauvinismo francés pueda tener esta frase, se le ocurre a uno preguntar cuáles eran los buenos. Por todo ello es necesario establecer unas coordenadas que nos proporcionen alguna referencia a la que asimos cuando la música de nuestro siglo se trata. Esas coordenadas podrían ser los nombres que, siendo del siglo XX, forman parte ya del patrimonio de la historia de la Música, han pasado a ser ya repertorio aunque no se programen con la asiduidad que merecen. Sólo un conocimiento a fondo de la obra de estos autores nos proporcionará, y aún ello con todas las reser. vas propias del caso, un asidero para poder juzgar sobre la música contemporánea que escuchemos. Es de todo punto imposible no ya apreciar, sino juzgar, la música de hoy si no conocemos a fondo la obre de un Bartok, de un Schoenberg, de un Antón Webern, y de tantos "cia. sicos" del siglo XX como por ejemplo el norteamericano Charles Ives o el francés Edgar Varese, y es claro que la posibilidad de hacer este juicio, aún con el margen de error que conlleva, despertarra nuestro interés hacia una programación musical de vanguardia. Y ese interés nuestro haría que nos quisiera mas acercar a ella. Así, debería ser objetivo de una politica cultural con un enfoque musical adecuado el fijar esas coordenadas mediante nombres claves de creadores del siglo XX; pero más importante aún que los nombres sería detenerse, mediante ciclos organizados de manera escalonada y a nivel de gran audiencia, en la estética musical de nuestro siglo. Eso se deberla intentar, como tantas otras cosas de tipo cultural con la importante herramienta televisiva que la técnica del propio siglo XX "ha creado. El Ministerio de Cultura tiene en sus manos, si de verdad quiere promocionar la cultu ra en España, el medio más fabuloso para hacer de los espeñoles lo que la televisión quiera; bastan unos cuantos cerebros con inqu ietudes, con creatividad, con deseos de superarse en un lenguaje delicado pero apasionante. Luis Piedra del Palacio
30 oct 2015