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Música: año europeo de la música: Doménico Scarlatti
Música Luis Piedra del Palacio Ano europeo de la música Doménico Scarlatti El tricentenario del nacimiento de J.S. Bach, que se cumplirá concretamente el próximo 21 de Marzo, ha propiciado la celebración a lo largo de 1985 del Año Europeo de la Música. En él tricentenario de los nacimientos de Haendel 23 de Febrero y de Scarlatti 26 de Octubre. Pero el brillo casi cegador de los dos primeros citados a los que dedicamos ya el artículo anterior, podría hacer palidecer el recuerdo del ítaloespañol Doménico Scarlatti, lo que sería injusto. Italiano por nacimiento, pero en España a lo largo de los últimos 28 años de su vida, en donde murió en 1757, Scarlatti es quizá el creador de la música más para teclado solo de todo el siglo XVIII, y ello le en la Historia de la Música, desde luego mayor que el que podría asignársele en popularidad. Porque es que Doménico Scarlatti, con sus Sonatas para clavecín, de las que hasta hoy van catalogadas la elevadísima cifra de 555, es el iniciador de una moderna ejecución pianística que a partir de él fue recorriendo el largo camino hacia la luminosa y pujante independencia lograda en nuestro siglo XX. Hijo de otro fecundísimo compositor de la escuela napolitana, Alessandro, Doménico Scarlatti fue famoso como clavecinista y que en e caso de Bach las solista no son más que uno de los muchos aspectos de su obra, Scarlatti concentró sus esfuerzos en la Sonata para clave solo. No ya heredero, sino él mismo inmerso como del XVIII en las formas barrocas, supo moldearen ellas su espíritu creador, liberando al clave de servidumbre como instrumento acompañante, y personalizándolo como elemento expresivo independiente. Las Sonatas de Scarlatti son piezas breves de un solo tiempo en forma de en dos partes, sin desarrollo no hay que pensar, naturalmente, en la forma sonata propia del clasicismo sobre la forma sonata clásica, se puede consultar nuestro artículo publicado en el núm. 23 de BIT, sino en etimología de la palabra como pieza para ser sonada o tocada por un instrumento. A pesar de ello, y aunque es evidente que en Scarlatti, principal sobre el que se sustenta la construcción de sus Sonatas es la forma de danza, herencia y continuidad de la Suite evidente que dentro de ella el autor creó tipos de anunciadores de los modelos clásicos característicos de la época final del siglo XVIII. su momento nuevas posibilidades a la música para teclado sus siempre .graciosos giros presentan recursos y efectos sonoros desconocidos hasta entonces exploran todas las verdaderas posibilidades del clave, desconocidas hasta entonces, desde sus expresiones más apacibles hasta las más brillantes. Scarlatti inunda nuestros oídos con torrentes .de notas, y nos deslumbra con sus majestuosos saltos de una a otra, o con la técnica de ejecución que el intérprete ha de poner en juego para tocar estas obras, impensable para la época en que fueron escritas cruce de manos, por ejemplo. Pensemos que hasta la época de Scarlatti, el clavecín y los demás instrumentos de teclado estaban prácticamente relegados a una mera misión de acompañamiento de otros instrumentos de cuerda o de viento, o de la voz humana, cumpliendo la función del bajo continuo. Con Scarlatti los instrumentos de teclado levantan el vuelo para llegar a la primacía expresiva que alcanzó el piano a partir del siglo XIX. Todo lo anterior sitúa la importancia de Scarlatti dentro del panorama español, la figura de este autor es particularmente importante e influyente. Scarlatti era músico de cámara de la reina DB María Bárbara de Braganza, la princesa portuguesa que por su casamiento con el que había de ser Fernando VI llegó a reina de España. Escritas estas Sonatas con toda probabilidad para que las tocara al Clave D María Bárbara, no sólo incorporaron giros populares españoles que la sensibilidad del autor estiliza y eleva por primera vez a la virtuosidad del teclado no sólo sus armonías y ritmos están impregnados del sabor particular de la música española, de sus danzas y de sus instrumentos, en especial la guitarra no sólo contienen un neto españolismo de ritmos y sonoridades. Ocurre también que su nitidez, ritmo alegre, esa sensación de que todo está en su sitio sin perder por ello rasgos de tumultuosa imaginación, ejerció gran influencia sobre los compositores españoles posteriores, entre los que destaca el Padre Antonio Soler. Estamos, pues, no sólo ante un músico de gran importancia histórica por lo indicado al principio en cuanto a las posibilidades de ejecución pianística que él inició en gran medida, sino ante un italiano de decisiva influencia en los siglos XVIII y XIX españoles. Lástima que, entrado el XIX, la brillantísima trayectoria musical española se torciera por las corrientes extranjerizantes de una línea cultural decadente y equivocada pero esto es ya otra historia que todavía estamos pagando.
30 oct 2015