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Filosofía: Galileo un nuevo método
Juan Blanco ara Plató n, la realidad del pensar no puede agotarse en el acto simple de la observación; existen objetivos que, por sí solos, están creando un espacio peculiar: los seres matemáticos. Los objetos que pueblan este espacio tienen una naturaleza distinta de los que se dan habitualmente en el mundo; estos especímenes no los crean sólo los sentidos, interviene también en su producción la mente, que le añade la noción formal, "la idea". De esta manera, el número es lo propio de una realidad constituida por imágenes de cosas materiales y abstracciones, que tienen la capacidad de construir relaciones del tipo "igual", "proporcional", "mayor que", etc., dentro de las cuales las cosas cobran una realidad que no tenían cuando eran sólo los sentidos los que determ inaban su conocimiento. Galileo va a retomar este viejo discurso platónico de los , aunque introduciendo en él argumentos tan nuevos que, al final de la producción,lo resu Itante es otra cosa. La diferencia que existe entre ambos, se man ifiesta en el hecho de que el filósofo griego utiliza, para explicar los hechos, unos argumentos que serían imposibles de relacionar si siguiésemos los usos de una matemática estricta. Así, podemos leer en el TIMEO: "Queda, pues, establecido que los tres ángu los de los cuales están formados el fuego y los otros cuerpos elementales son el isósceles y aquel en el cual el cuadrado del cateto mayor es triple del cuadrado del menor". La matemática platónica se integra en un sistema formal que intenta explicar el mundo por medio .de un discurso en cuyo principio se encuentra la idea suprema de la belleza. El uso matemático no queda restringido al mero enunciado de relaciones abstractas, sino que participa también en el mundo de los hechos materiales: el fuego está regido por el isósceles, que le sirve de principio constructivo. Es necesario insistir en que las ideas matemáticas, aunque ideas especiales, están, para Platón, sometidas a la disciplina que les imponen las otras ideas de rango superior que habitan el reino de la abstracción pura; ideas que desarrollan nociones más cualificadas para el hombre griego, como las de verdad, bondad, justicia, amor, etc. Galileo, por su parte, -y aqu í está la diferencia con Platón considera que no es posible se pueda producir una relación de esta clase. La belleza o la bondad no entran en el campo de la cuantificación, ni se someten al número. Un triángulo no puede de ninguna manera regir la formación del fuego, y el número sólo expresa TIEMPO LIBRE razones que puedan ser devueltas como números. Las nociones de igualdad, semejanza, etc. se ubican en el campo de las rectas, los triángulos, las proporciones u otras similares, sin que puedan traspasar los I ím ites que las construcciones de tales figuras presuponen. El mundo galileiano no es cualitativo, y se representa como un todo homogéneo que se extiende por un espacio infinito, regido por las leyes proporcionales del tiempo, donde las cosas suceden con precisión mecánica. El problema básico que este mundo le presenta al hombre es un problema de "saber": saber preguntar a la naturaleza para que ésta nos revele su orden oculto, que está dado en la medida y el número. En el orden aparente, las cosas se nos presentan como elementos aislados, constituyendo una realidad que -si seguimos el orden espontáneo que se da en esa aparienciaproducen una impresión de suficiencia. Sin embargo, la mirada de los sentidos sólo presenta el lado indeterminado, desordenado del universo. Para reproducir la disposición real, el orden verdadero que existe en el mundo, necesitamos recurrir al intelecto: no es suficiente la explicación que nos proporcionan los sentidos. Por eso, precisamente, Galileo rechaza el método aristotélico, basado en la observación y que, por partir de lo sensorial, establece conclusiones que no se ajustan a la realidad. El principio de la inercia galileiano, es un ejemplo claro del contraste metód ico existente entre los procederes que se basan sólo en la observación y aquellos otros que buscan en el análisis y la composición la estructura d e las leyes. Aristóteles presum íaque el vacío no se daba en el mundo, porque pensaba que el orden mundano se pod ía determinar gracias a la relación de identidad pre-establecida entre lo que el hombre ve y lo que las cosas son. Así, por ejemplo, si ve que una bola se mueve, observa también que llega un momento en que la bola se detiene. Cuantas veces se reproduzca el ensayo, otras tantas se producirá el mismo efecto. Aristóteles describe el hecho de forma correcta, pero concluye de la descripción que si la bola se detiene no puede existir el vacío, pues, si existiese, la bola estaría en perpetuo movimiento. Galileo procede de otra manera; no realiza una simple lectura visual de lo que observa, no da por supuesto que el objeto que se le presenta es real, por el mero hecho de presentarse. Es más, considera que la naturaleza le entrega un producto complicado, cuya trama hay que descubrir. Precisamente por eso, lo primero que hay que hacer es analizar la forma que el objeto tiene de presentarse. Aristóteles partía de que la bola y su movimiento eran una misma cosa, representada verdaderamente por la imagen que daban los sentidos. Galileo, de que la bola es un problema que requiere una solución y que, como en todo problema, esa solución no se podría obtener si no se determinaban previamente los elementos que lo forman I y por los que el problema es I problema. En el supuesto del movimiento de la bola, Galileo advirtió una estructura compuesta, resultante de la unión del impulso inicial qlJe causó el movimiento, del rozamiento que se produjo y de la resistencia que le opuso el aire. Esta descomposición del movimiento no procede de la información proporcionada por los sentidos. Si se quiere saber de ella es necesario recurrir a la mente, porque es ésta quien la produce. La noción de separación nos la proporciona el entendimiento, que tiene también entre sus prop iedades la de componer, es decir, la de ordenar, desde una visión de conjunto, las partes separadas, para que constituyan un todo. En el caso de Galileo, fue esta noción de composición la que produjo el análisis. Por eso, de los fenómenos sólo extrae los datos requeridos para crear su composición, que son los que analiza, desechando las otras cualidades, no necesarias para sus propósitos. La bola galileana se movía eternamente en el reino de los números, porque atravesaba u n espacio inexistente (o sólo idealmente existente), donde tampoco ex isten rozam ientos ni resistencias, y desde el que, sin embargo, se pod ían predecir todos los movim ientos reales, por inimaginable que fuera su número. Hab(a construido un sistema nuevo de entender el mundo, donde las cosas reales píerden importancia, cobrándola las generalizacione~ que las representan. La propuesta de un método semejante es una iniciativa absolutamente nueva, y como tal fue aceptada en su tiempo. Pero, como todo lo nuevo, la doctrina galileiana provocó un impacto, que se tradujo, instantáneamente, en tensiones sociales de enorme fuerza. Lo "nuevo" es un producto activo, casi una cosa real que posee energías sociales muy pel igrosas para las clases que detentan el poder en el mundo. De que el conflicto estallara inevitablemente; la ciencia galileiana es entendida como política y la actividad del discurso científico se socializa. Las voluntades de los seguidores y detractores del método no recaen sólo sobre la objetividad científica del mismo, sino que se extienden a ese otro campo de los intereses privados, hacia los que indirectamente apunta. La ciencia galileiana intenta demostrar que el hombre puede penetrar en la naturaleza y explicarla, que las verdades científicas se pueden deducir de la constitución del sujeto, y todo ello sin necesidad de ninguna ayuda externa, sino valiéndose sólo de sus propios medios. No tiene, pues, nada de extraño que se produjese la reacción de la Iglesia Católica, fuerza dominaote en la Italia de aquella época. y con ella la condena del filósofo, que hubo de acallar su voz, aunque el silencio fuese sólo temporal. La historia ten ía que prosegu Ir su cam!no y para ello necesitaba de la parábola del sabio de Pisa.
30 oct 2015