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Electrónica y cultura empresarial
TRIBUNA Electrónica y cultura empresarial Jesús Calvan Ruiz Dtor. Dpto. de Aplicaciones de FUNDESCO Se viene hablando desde hace tiempo, en España y fuera de ella, de la carencia de profesionales del sector electrónica-informática-telecomunicaciones. Este es un grave problema, de solución compleja, que afecta a diversos estamentos oficiales y privados. Sin embargo, en parte derivado, probablemente, del problema anterior, surge la carencia de empresarios en un sector, potencialmente, tan dinámico. Resulta evidente que hace falta alimentar las necesidades de personal de las grandes empresas del sector. Sin embargo, desde el punto de vista del autor, es mucho más importante, para el futuro del país, el disponer de un tejido industrial diversificado y muy dinámico, que permita, generar empleo, producir equipos y sistemas de forma competitiva, ocupar "nichos" tecnológicos que las grandes empresas nunca asumirán y, en definitiva, dar lugar a una industria que sea capaz de competir con las empresas Europeas en el próximo futuro. Sin embargo, la carencia de empresarios es una tradición bien fundamentada en España. Este es un país en el que la especulación ha sido una práctica habitual en los momentos de mayor auge económico. Sin ir más lejos, los años sesenta fueron una buena muestra de movimientos especulativos alrededor del turismo y la construcción. Otra característica notable de la actividad empresarial en España ha sido la patrimonialización del Estado en beneficio de ciertos colectivos. Este hecho ha sido ya analizado por múltiples observadores. Lo cierto es que aún se deja sentir un efecto de este hábito en ciertos sectores empresariales. Resulta patente el llanto continuado de estos sectores frente a la Administración, materializada en algunos notables procesos de reconversión, que no han consistido más que en un pago de pérdidas, debidas a mala gestión, por parte de los contribuyentes. A pesar de las fuertes cantidades invertidas, en algunos casos, se sigue careciendo de tecnología y de salidas viables a corto plazo en muchas ocasiones. Resulta significativo que después de un par de años de generarse excedentes empresariales, en base a una política de contención salarial del gobierno socialista, ciertos sectores empresariales siguen clamando por la falta de condiciones de inversión en el país, mientras las empresas multinacionales no parecen detectar estas condiciones adversas, engullendo sectores enteros de la actividad productiva. Peculiar concepto del liberalismo paternalista de "papa" Estado tienen algunos de nuestros empresarios. ... hay que crear en España una nueva cultura empresarial..." No obstante, es necesario mirar hacia el futuro y ser positivo en los planteamientos. El problema consiste en estudiar la forma de crear en España una nueva cultura empresarial, particularizándola para los sectores de futuro, como puede ser el de la electrónica. Esta nueva cultura empresarial debe estar basada, sobre todo, en la asunción del concepto de riesgo en las iniciativas a emprender. Ello es aplicable, tanto a la iniciativa pública como a la privada. El riesgo es una cualidad inherente a la actividad empresarial. Se han de tomar decisiones cuyo resultado es, muchas veces, incierto. Es obvio que elle implica el que alguien ha de asumir la responsabilidad de estas decisiones, con todo lo que ello supone de inseguridad personal. De alguna manera es necesario ahuyentar el complejo funcionarial que aqueja a muchos Españoles ¡en su acepción más peyorativa, que se traduce en aquello de "me pagan poco, trabajo poco, pero estoy seguro"), sustituyéndolo, dentro de lo posible, por un concepto más dinámico de la vida económica y social. Se trata de una labor a largo plazo, que no se improvisa y que constituye uno de los pilares básicos para la puesta al día definitiva de la sociedad Española. No se trata, en absoluto, de adoptar una posición ultraliberal de las relaciones económicas y sociales. Ni mucho menos. Un país democrático moderno, dentro del contexto Europeo, no puede abdicar de ciertas conquistas sociales. Hace falta defenderlas con intensidad. Sin embargo, lo cierto es que el mantenimiento de estas conquistas pasa por la creación de riqueza suficiente dentro del propio país y ello es tarea, tanto de la iniciativa pública como de la privada, tratando de optimizar los recursos materiales y humanos de que se disponga. Uno de los aspectos de esta optimización es el fomento de iniciativas empresariales. El problema consiste en establecer una política de fomento empresarial que sea capaz de generar, a medio plazo, una nueva generación de empresarios, libres, en la mayor medida posible, de los vicios apuntados anteriormente. Particularizando para el caso del sector electrónico, se pone en evidencia un requisito básico. El nuevo empresario que se requiere debe poseer una base técnica muy importante, aunque la mayor parte de su actividad recaiga sobre los aspectos de gestión. Aparece, así, la necesidad del gestor con amplios conocimientos tecnológicos. Ello implica, por un lado, el que se ha de reforzar, en lo posible, el potencial cualitativo de formación de nuestras escuelas. Es decir, en la alternativa de crear nuevos centros o potenciar los actuales, para satisfacer la demanda de profesionales, parece más lógico apurar las posibilidades de los ya existentes. Sin embargo, no basta con la formación académica. Es necesario un rodaje del recién graduado, bien en un medio propiamente empresarial o en algún tipo de centro de desarrollo, donde aprenda los hábitos necesarios para desenvolverse en el medio profesional. Resulta particularmente llamativo el escaso número de centros a los que un recién graduado se puede dirigir para adquirir esta formación complementaria. Dejando a un lado las propias escuelas, el resto de los posibles lugares de acogida suelen adolecer de una rigidez que impide la realización de este tipo de función. Se trata, en definitiva, de formar a través del propio trabajo técnico, aprovechando una de las etapas más creativas de estos técnicos. No se trata de recrear el CSIC, sino de crear alguna/s institución/es que acogiese a los recién graduados, convenientemente seleccionados, introduciéndolos en el trabajo de desarrollo sobre proyectos concretos de interés industrial a medio plazo, estableciendo, de ordinario, un límite temporal de permanencia, con el fin de que se pudiese cumplir una labor formativa continuada. Este empeño puede ser asumido, tanto por la gran empresa pública o privada, como por la iniciativa de la Administración, cumpliendo la doble función formativa y de desarrollo de ciertos tipos de tecnologías. Si de verdad existen en el país profesionales que tienen una visión clara de problemas tecnológicos, la probabilidad de que asuman el riesgo que implica una iniciativa empresarial aumenta. Para ello bastaría, prácticamente, con mantener las medidas de fomento a la creación de nuevas empresas que ahora existen, creadas por la propia Administración. La experiencia de la historia industrial del sector electrónico de los últimos años demuestra que aquellas empresas que, habiendo reunido un buen plantel de profesionales, fracasaron, por algún motivo (algunas veces por las razones más pintorescas), han generado una saga de nuevas y pequeñas empresas que, en algunos casos, están teniendo un notable éxito. Lo que resulta absurdo es que organismos como el CDTI tengan dificultades para encontrar a quien se le pueden adjudicar ayudas en un sector con un potencial de desarrollo tan grande como el electrónico. Si, como parece obligado, se ha de transmitir un mensaje en todo artículo de opinión, éste sería en este caso: Es necesario comenzar, cuanto antes a crear una nueva clase empresarial en el sector electrónico. Esta clase se debe basar en individuos con profundos conocimientos tecnológicos que asuman el concepto de riesgo empresarial. Es una tarea de años, que se ha de iniciar ya. Así sea.
30 oct 2015